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Incontrolable aumento de la desocupación

Adiós prosperidad… ¿nos volveremos a ver?

Fuentes: APM

La población económicamente activa vive en carne propia los efectos de la explosión financiera. Atrapados en una bola de nieve que se agiganta, millones de personas ven cómo se derrumba su futuro.

En un mundo interconectado o mejor dicho «globalizado», las acciones llevadas a cabo en un país, repercuten directa o indirectamente en otro, y de esa manera se da inicio a una rueda de relaciones. Con la crisis internacional que golpea desde hace varios meses, la rueda ha comenzado a girar y los protagonistas han ido mutando. Hoy millones de desocupados se han convertido en la cara visible del derrumbe económico.

Tal como se esperaba -aunque no con gran expectativa-, los efectos de la hecatombe financiera, comenzaron a hacerse cada vez más evidentes. Quedando al descubierto -aun más- que este año será difícil, porque durante el 2009, la vida económica, política y social, al parecer transitará caminos difíciles de recorrer.

Según Gabriel Oddone miembro Cinve/CPA Ferrere, se va dar comienzo a «una fase negativa del ciclo económico, luego de uno de los períodos de bonanza más intensos de los últimos 60 años».

Estudios y encuestas realizadas en diferentes partes del mundo, ponen al descubierto cifras inquietantes. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), asegura que a nivel mundial, aproximadamente 51 millones de empleos podrían desaparecer para finales de este año. Esto significa que 230 millones de personas en todo el mundo podrían quedar cesantes.

Sin dudas estos números alarman a cualquiera, por más frialdad que se intente poner, porque los altos índices de desempleo impactan negativamente en el comportamiento y el crecimiento de la economía mundial.

La desocupación trae de la mano infinidad de problemas sociales, fundamentalmente el deterioro en la calidad de vida y lo que ello significa, al bajar la renta muchas familias ven peligrar su vivienda por ejemplo.

Además, la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores genera descontento y un fuerte descreimiento y recelo hacia el sector político, lo cual no es favorable porque para sobrellevar una crisis es necesario que todos «tiren para el mismo lado».

Frente al aumento de este flagelo incontrolable, la OIT propone la creación de planes de rescate para las familias de bajos recursos, muchas de las cuales están obligadas a vivir con menos de un dólar diario.

Además, es importante no olvidar otra realidad, que lamentablemente se hace cada vez más tangible: la falta de empleo y la necesidad en los hogares, obligará a que muchos niños dejen la escuela para trabajar y ayudar a sus familias. Deteriorándose de alguna manera las proyecciones a futuro.

El fenómeno que hoy se registra y que tiene a millones hundidos en la desesperanza, no afecta sólo a los países pobres o del >»tercer mundo». Según el Banco Mundial (BM) más gente cae en la pobreza en los países en desarrollo, es decir, que la crisis ocupacional es global y quienes más sienten los golpes son aquellos que siempre se sintieron «amos del mundo».

Al respecto el director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, señaló que las principales economías se encuentran en una profunda depresión, y sostuvo que lo peor aún estaba por llegar.

Si se tiene en cuenta que al verse perjudicado el crecimiento económico, habrá 46 millones de personas más en el mundo debajo de la línea de pobreza (tendrán ingresos diarios de un dólar con 25 centavos de dólar), y otras 53 millones de personas vivirán con 2 dólares o menos al día. No quedan dudas que los «presagios» son poco alentadores.

Es común que al desatarse una crisis económica las empresas empiecen a disminuir su producción y en consecuencia a prescindir de empleados, con el afán incansable de perdurar y sobrevivir muchos años más.

Por eso el actual contexto internacional ha empujado a empresas -de las más poderosas- a decir «adiós». No sólo se han visto forzadas a saludar la prosperidad que durante años los acompañó, sino que han despedidos centenares de empleados, sobre todo aquellos menos calificados o inmigrantes.

Un dato a tener en cuenta es que al profundizarse la crisis, muchos países comenzaron a cerrar sus puertas a inmigrantes que como siempre ocurre, buscan escapar de la penuria de sus naciones, e intentan trabajar en otras tierras. (Ver: «Apunten contra los inmigrantes». APM 05/11/2008)

Las grandes transformaciones que han sufrido las economías han llevado a que esta ola de despidos se convierta en el común denominador de cuanto país hay en el mundo. Por lo cual, no es una exageración decir que el desempleo hoy es una de las principales problemáticas derivadas de la crisis.

En América Latina se ha registrado un crecimiento acelerado de desempleo, hay entre 1,5 y 2,4 millones de desocupados. Este aumento en la tasa de desocupación sin dudas se debe a que la crisis ha comenzado a pisar fuerte en el Sur.

Es importante tener en cuenta que en esta región hay emplazadas muchas sucursales de empresas multinacionales, por lo que su cierre genera inevitablemente un aumento en el número de personas que en edad activa, carecen de empleo asalariado o independiente.

Estos despidos como se viene haciendo mención, son consecuencias directas de las reducciones que vienen viviendo los países. En la Unión Europea (UE) por ejemplo el Producto Bruto Interno (PBI), se redujo un 1,5 por ciento, en el cuarto trimestre de 2008, cayendo por tercer trimestre consecutivo.

España, que durante años se convirtió en destino obligado de aquellos que escapaban de la crisis. En la actualidad, es uno de los países europeos que más fuerte siente los golpes económicos. Tanto es así que ya no es la tierra de oportunidades que supo ser.

De hecho, en el país ibérico se calcula que los desempleados superan los 3,3 millones. En este contexto, quienes se ven más perjudicados con la precarización laboral son los inmigrantes que en España representan el 11,3 por ciento de la población.

Datos extraídos de la agencia TELAM, sostienen que 449.505 extranjeros han sido despedidos en dicho país.

Estas personas que años antes buscaron prosperidad y trabajo en otras tierras, en la actualidad se plantean volver a sus patrias en busca del sustento deseado y necesario para vivir. Pero esta situación genera descontento en compatriotas que, con su llegada, ven amenazados sus empleos. (Ver: «Xenofobia a la europea». APM 08/02/2009)

Por otra parte, pero transitando el mismo camino, se encuentra Gran Bretaña, que ha registrado la mayor cifra de desempleados de los últimos 11 años. Según la Oficina Nacional de Estadísticas, los desempleados alcanzan 1,97 millones de personas -es decir el 6,3 por ciento-, y se debe a que varias empresas anunciaron la eliminación de miles de puestos de trabajo para reducir sus costos.

Al conocerse las dimensiones de la crisis y la eventual inestabilidad de Estados Unidos, todas las miradas comenzaron a apuntar hacia China. El gigante asiático se vislumbraba como el Mesías capaz de controlar la crisis. Sin embargo, los meses han pasado y Asía también muestra una fuerte recesión.

De hecho China informó que sus exportaciones sufrieron su peor caída en una década. Hay que tener en cuenta que al consumir menos el mundo, sobre todo Estados Unidos, la producción industrial se ve afectada, porque lo que se podría vender al mercado estadounidense o europeo se va a ver achicado.

Lógicamente al no vender la misma cantidad de productos -y no generar el dinero deseado-, las importaciones también disminuyen, de hecho se hundieron un 43 por ciento con respecto al mes pasado.

Las estadísticas aseguran que las principales industrias afectadas por la explosión de la burbuja inmobiliaria en el país del norte, son las pertenecientes a la construcción, turismo, finanzas, servicios, automotriz e inmuebles. En Europa se produjeron más de 100.000 despidos en estos sectores en los últimos meses de 2008 y principios de 2009.
En muchos casos, los empleadores disponen de suspensiones temporales de trabajadores a los fines de evitar costos económicos y sociales durante un período determinado.

Como es sabido, los gobiernos deben actuar como garantes del mantenimiento de las fuentes de trabajos. Es por eso que en un intento por paliar la crisis y sus efectos, los mandatarios del mundo han comenzado a idear planes financieros y sociales, que permitan rescatar a la sociedad. Pero sobre todo intentan salvar al Dios que los guía: el mercado.

Estados Unidos, cuna del problema, está padeciendo el menor crecimiento económico registrado desde 1982, y por eso espera poder contener el aumento incesante del índice de desempleo, que actualmente asciende a 7,6 por ciento. Hasta el momento la solución depende de un masivo plan de obras públicas.

Según el presidente estadounidense, Barack Obama, el plan estímulo, de 787 mil millones de dólares -el segundo gran rescate financiero de los últimos meses-, «salvará o creará más de 3,5 millones de empleos durante los próximos dos años, impulsará el gasto, tanto de empresas como consumidores, y sentará nuevas bases para nuestro crecimiento económico y prosperidad perdurables». (Ver: «Quinteto Informativo». APM 15/02/2009)

La desesperación por conservar el trabajo es tan grande, que en Brasil, los sindicatos decidieron cambiar sueldos por empleos.

Cinco centrales de trabajadores de la mayor economía latinoamericana, firmaron el «Pacto de Acción Sindical», que consiste en exigir contrapartidas sociales, como garantía de empleos, y establecen una reducción del 20 por ciento en las jornadas de trabajo y disminuciones variables en los salarios que van del 10 al 17 por ciento.

Los empleados se han mostrado dispuestos a ceder, para lograr de alguna manera estabilidad. Faltaría que los empleadores -o sea las grandes empresas- se den cuenta que esta ola de despidos no es la solución a sus problemas.

Si bien están acostumbrados a que sus balances anuales resulten millonarios, deberían aceptar que el juego económico se ha transformado y que al despedir masivamente empleados difícilmente pueda alcanzarse una salida óptima de la crisis, porque si bien disminuyen sus gastos, las personas consumen menos y se crea una crisis productiva encadenada.

Si entendieran que la solución debe buscarse en forma conjunta, disminuiría la brecha entre empresarios y trabajadores Siempre y cuando, claro está, los ricos estén dispuestos a ceder parte de sus ganancias en beneficio de quienes en definitiva trabajan para engrosar sus cuentas. Quizás solo esa sea la solución para volver a transitar el camino de la prosperidad mundial.

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