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Agua y aceite para llegar a la presidencia

Fuentes: Brecha

¿Qué puede reunir a una ecologista evangélica contraria al aborto y al matrimonio igualitario con un militante socialista «progre» en lo comportamental pero aliado a políticos de derecha y a exponentes del agronegocio, el enemigo número uno de los ecologistas? Ganar una elección. Eso ha sucedido en Brasil con la «boda» anunciada entre la ecologista […]

¿Qué puede reunir a una ecologista evangélica contraria al aborto y al matrimonio igualitario con un militante socialista «progre» en lo comportamental pero aliado a políticos de derecha y a exponentes del agronegocio, el enemigo número uno de los ecologistas? Ganar una elección. Eso ha sucedido en Brasil con la «boda» anunciada entre la ecologista Marina Silva y el socialista Eduardo Campos.

El pasado 5 de octubre, faltando exactamente un año para las elecciones presidenciales, Marina Silva anunció su incorporación al Partido Socialista Brasileño (psb), y pese a tener casi el triple de intenciones de voto que el precandidato de esa fuerza política, Eduardo Campos, se mostró dispuesta a, eventualmente, ser candidata a la vicepresidencia.

La inesperada «boda» tuvo lugar un día después de que Marina -como se la conoce en Brasil- viera naufragar su deseo de disputar las elecciones nacionales con su partido, Red Sostenibilidad (Rede), que fue reprobado por el Supremo Tribunal Electoral por no haber conseguido la cantidad mínima de firmas válidas exigida por ley.

Marina llegó como un tornado que removió la arena política y dejó estupefactos tanto al izquierdista Partido de los Trabajadores (pt) de la presidenta Dilma Rousseff, que venía repuntando en las encuestas tras el desplome de popularidad sufrido a instancias de las protestas de junio pasado, como a su principal opositor, el Partido de la Social Democracia Brasileña (psdb).

A la sorpresa se sumó la dificultad para entender los motivos de la unión entre los «novios»: Silva y Campos tienen muy poco en común, a no ser el haber sido ministros, de Ciencia y Tecnología y Medio Ambiente, durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, padrino político de Rousseff y cofundador, junto con Marina, del pt.

Silva es una de las más reconocidas figuras políticas de Brasil, tanto dentro como fuera de fronteras. La ex senadora por el Partido Verde arrastra, pese a lo conservador de algunas de sus posturas políticas, a una importante legión de ciudadanos disconformes con las administraciones del pt pero reacios a votar a los socialdemócratas. Considerada por muchos -al menos hasta antes de su alianza con Campos- símbolo de una nueva política, más transparente, democrática y ecologista, Marina sorprendió en las elecciones de 2010 al recibir casi 20 millones de votos -cerca del 20 por ciento del electorado-. Según los últimos sondeos, realizados antes de su unión con los socialistas, era la más firme amenaza a la reelección de Rousseff y su postulación forzaría una definición electoral en la segunda vuelta.

Campos, en tanto, marcha último en las preferencias de voto, aunque se debe tener en cuenta que el 43 por ciento de los electores ni siquiera sabe quién es. El actual gobernador de Pernambuco, cuyo partido gobierna seis estados y más de 400 ciudades en todo el país, ha crecido políticamente aliándose, entre otros, a terratenientes y conservadores vinculados con el agronegocio. Poco antes de unirse a la ambientalista, el psb había abandonado la coalición de apoyo al gobierno del pt, al que secundó históricamente, en lo que se entendió como un primer paso para el lanzamiento de su propia candidatura a la Presidencia.

La «tercera vía» a dos voces. «Lo que me llevó a esa alianza programática fue la coherencia. Yo siempre dije que la Red Sostenibilidad no estaba con la lógica de la elección por la elección; que lo que deseábamos era discutir propuestas e ideas (.). Lo que me hizo pensar en esta posibilidad fue la coherencia con lo que nos estamos proponiendo, que es mucho más que la elección», comentó Silva.

Rechazó asimismo la idea de que su unión con Campos sea una venganza contra el pt, al cual culpó de haber incidido en la decisión judicial de no habilitar a su partido. «No es venganza, es una sed muy grande de esperanza», aseveró, resaltando que estar dispuesta a ser vicepresidenta de Campos, aun teniendo un caudal electoral mucho mayor, es un acto de desprendimiento que demuestra que su objetivo en la vida «no es ser presidenta de Brasil». «Es una gran ambición de que la política puede ser mejor, de que Brasil puede ser mejor.»

«El desarrollo sostenible es la relectura contemporánea más próxima al socialismo democrático», arremetió a su vez Campos para envolver de lógica la confusa situación ideológica que lo vincula, en los hechos, tanto a los socialistas, como a los latifundistas y, ahora, a una ecologista religiosa.

«Dos movimientos políticos que actuaban a la defensiva notaron que su alianza transformaría la estrategia en una posibilidad ofensiva», agregó el político de 48 años. «El psb estaba empeñado en construir gestiones democráticas, innovadoras y serias, luchando por valorizar la función primera del Estado: servir a la sociedad. La Rede, buscando comprender y reunir la inmensa energía represada en las aspiraciones de los jóvenes, en las preocupaciones con el bienestar de las generaciones futuras, en la búsqueda obsesiva por una economía renovada y más democrática. El objetivo mayor es reforzar lo que nos identifica: el deseo de construir una nueva política en Brasil».

Durmiendo con el enemigo

Si para Marina la alianza con Campos es redituable porque le proporciona un espacio partidario en el cual poder actuar, también implica amenazas desde varios frentes: por un lado, tener que demostrar que el haberse alineado a un «partido de ocasión» para poder disputar los comicios no significa que haya abrazado las mismas prácticas, típicas de la «vieja política» que siempre denunció, tal como le imputan sus detractores, también tendrá que conciliar la defensa de su principal bandera, la «sostenibilidad», con una trayectoria «políticamente incorrecta» de su nuevo socio, acusado por integrantes del gobierno de haberse aliado a quienes defendieron en 2012 las posiciones «más conservadoras» en el debate del polémico Código Forestal, que definió límites para el uso de la propiedad rural y fue duramente atacado por Marina y grupos ambientalistas.

Según la analista Laryssa Borges, de la revista Veja, la sostenibilidad será clave a la hora de construir un programa de gobierno conjunto, y un verdadero desafío para Marina, a raíz de una «tendencia a la derecha» que venía mostrando el partido socialista de la mano de Campos, que lo preside desde 2006. «Partido con setenta años e ideario de izquierda, el psb venía haciendo una curva a la derecha con apoyos de la familia Bornhausen y del líder ruralista Ronaldo Caiado», constata la columnista. El liberal Paulo Bornhausen fue diputado por el derechista partido Demócratas, y recientemente adhirió al psb y asumió la presidencia regional de la fuerza en Santa Catarina.

«Aparentemente es una contradicción», dijo Campos en su momento respecto al fichaje de Bornhausen. «Hay momentos políticos importantes en la historia en que hay ese tipo de encuentro. Todas las veces que Brasil se preparó para hacer cambios importantes fueron construidos frentes políticos y frentes sociales para hacer ese tipo de inversión», agregó, arrancando del analista Josías de Souza, del portal uol una ironía: «Eduardo Campos prevé una revolución que ni te digo o inventó algo que te voy a contar: el ‘socialismo de derecha'».

También Borges pone en duda lo socialista del psb. «Ni siquiera la gente del psb cita el nombre del partido por entero hace mucho tiempo. Hacerlo exigiría mencionar la palabra ‘socialista'».

Si compartir partido, campaña electoral e incluso, eventualmente, mitines con Bornhausen puede ser una enorme piedra en el zapato para Marina, la ex senadora ya tuvo su primer triunfo en su «nuevo hogar socialista», al «expulsar» al diputado derechista Ronaldo Caiado, quien había apalabrado una alianza con Campos en su estado, Goiás. Tras ser catalogado por Marina como «enemigo histórico» de los trabajadores rurales y los ambientalistas, el legislador retiró su apoyo al psb y disparó: «Esa tesis de enemigo histórico es política de talibanes».

Dudas

El bachiller en filosofía y ciencias políticas Hélio Schwartsman pone en duda si la alianza fue realmente un «golpe maestro» o un «embarque en una canoa agujereada».

«Si resolvieron juntarse es porque confían en que la alianza va a alterar la dinámica del proceso electoral, rompiendo la polarización pt-psdb que se repite en grados variados de magnitud desde 1994. Es una apuesta interesante», opina el analista, quien considera que ambos, juntos, tienen a su favor el hecho de poder presentarse «como una oposición a la izquierda del pt, lo que en Brasil siempre tiene más éxito que el discurso liberal o conservador».

Otro «peligro» que Campos enfrentará a partir de su unión con Marina es el señalado por el analista Rogério Gentile, quien apunta que el gobernador abandonó su alianza con el pt como primer paso para lanzar su propia candidatura, y que si bien sumar a Marina a su partido implica tener un alcance a nivel nacional -en cuanto a visibilidad, presencia en la prensa y conocimiento popular, del que hoy carece-, se expone a tener que abdicar de ser presidenciable en caso de que las encuestas de opinión revelen que el enorme caudal electoral de Marina no lo acompañe. Si eso ocurre, vendrán presiones -un tanto obvias- para que la ex ministra sea la candidata a presidenta y él el vice, algo que, en principio, no está en sus planes.

«Al unirse al psb, Marina creó el principal hecho político desde la elección de Rousseff y encima le echó a Campos la responsabilidad de crecer en las encuestas en poco tiempo», afirma Gentile. Antes de su «casamiento» Campos no pasaba del ocho por ciento en la intención de voto, y sería todo un triunfo que llegara al 15. Ahora, «después del empujón de la ex senadora, si Campos no alcanza ese nivel en los próximos meses, antes de que comience la campaña electoral, podrá ser forzado a abdicar de la candidatura en favor de Marina, bajo el riesgo de quedarse con la carga de haber sido quien dificultó la real ‘tercera vía'».

Para el oficialista pt, la unión de ambos políticos con reconocida trayectoria en la izquierda constituye un golpe bajo a la estrategia con la que alcanzó el gobierno nacional y triunfó en tres elecciones consecutivas: la lucha entre «el bien y el mal». «Fue un derechazo al hígado», sintetizó Lula da Silva.

Para los socialdemócratas y su más firme candidato a la Presidencia, Aécio Neves, el «fin del círculo perverso» o de la «hegemonía pt-psdb», que se impone desde hace décadas, tampoco es prometedor. Aun cuando sus líderes celebraron el hecho de que haya «más opositores» al poderío del pt, el partido del ex presidente Fernando Henrique Cardoso deberá echar mano a partidos aliados al gobierno que quedaron «sueltos» tras la salida de los socialistas, para poder hacerle frente a una eventual segunda vuelta ante Rousseff.

Según el último sondeo dado a conocer en agosto, realizado por el instituto Datafolha, vinculado al diario Folha de São Paulo, Rousseff ostenta el 35 por ciento de las intenciones de voto, Marina el 26, Neves el 13 y Campos el ocho.

Pese a las muchas conjeturas, la coincidencia nacional es que la alianza fue un «movimiento táctico de alcance electoral indiscutible» que tiene gran potencial para poner en riesgo la permanencia del pt en el poder, en lo que sería su cuarto gobierno consecutivo, en caso de que explote sus fortalezas debidamente. Una jugada política genial encabezada por una «no-candidata» que hoy por hoy atrae la atención y ocupa espacios más que los propios candidatos.

Fuente: http://brecha.com.uy/index.php/mundo/2749-agua-y-aceite-para-llegar-a-la-presidencia