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América Latina y el Caribe bajo la línea de pobreza

Amasando discursos

Fuentes: Argenpress

Más allá de los virajes de la dirigencia, lo concreto -según datos de la FAO- es que 224 millones de personas viven en América Latina y el Caribe bajo la línea de pobreza. Y de esos 224 millones, el 25% sufre la desnutrición. Los progresos, estancamientos y retrocesos en relación con los Objetivos del Milenio, […]

Más allá de los virajes de la dirigencia, lo concreto -según datos de la FAO- es que 224 millones de personas viven en América Latina y el Caribe bajo la línea de pobreza. Y de esos 224 millones, el 25% sufre la desnutrición. Los progresos, estancamientos y retrocesos en relación con los Objetivos del Milenio, son reflejados a duras penas por la estadística de la ONU, ya que quienes deben suministrar la información no lo hacen regularmente, o sencillamente no lo hacen.

‘No escatimaremos esfuerzos para liberar a nuestros semejantes, hombres, mujeres y niños, de las condiciones abyectas y deshumanizadoras de la pobreza extrema, a la que en la actualidad están sometidos más de 1.000 millones de seres humanos. Estamos empeñados en hacer realidad para todos ellos el derecho al desarrollo y a poner a toda la especie humana al abrigo de la necesidad…’

Así reza, con una fuerza que ni los años ni los vaivenes históricos pueden quitarle, la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas. A partir de ese compromiso, en sucesivas cumbres en las que se revelaron, con mayor o menor precisión, las estadísticas del hambre, el analfabetismo y la pobreza, fueron establecidos los llamados Objetivos del Milenio, un programa que apuntaba a achicar la desigualdad entre el Norte desarrollado y los países del Sur (ese hemisferio de pobreza y dolor, hasta no hace mucho denominado Tercer Mundo).

Hipocresía y genocidio

Claro que -como escribió el poeta Enzensberger- la palabra pan no reemplaza al pan, y la palabra libertad -muchas veces- está en boca de los carceleros.

Y esos compromisos firmados en las salas climatizadas de las Cumbres son violados y olvidados y traicionados, por lo general, en el mismo acto de refrendarlos y pregonarlos a los cuatro vientos.

‘La erradicación del hambre avanza en América latina con un ritmo menor al requerido, debido a la falta de compromiso político de los mandatarios’, manifestó a la prensa, por estos días, José Graziano da Silva, representante latinoamericano de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

‘América latina y el Caribe es una región que podría erradicar el hambre, porque tiene un excedente productivo que le permite plantearse ese objetivo’, agrega Graziano. Pero no lo hace, acotamos.

Si analizamos el caso de Brasil, potencia que despertó el entusiasmo (y luego la frustración) del mundo con su programa Hambre Cero, allí el excedente productivo -nos informan- será dedicado a la producción de biocombustibles.

Había escrito el relator de la ONU Jean Ziegler, en 2002: ‘El modelo de desarrollo agrícola que escogió en su momento Cardoso, fue el de los Estados Unidos, es decir, gigantescas empresas agroalimentarias, en número reducido, que producen, gracias a la racionalización extrema de la producción… producción que está destinada a la exportación’.

El actual presidente de Brasil, Lula da Silva, mantiene esos lineamientos trazados por su antecesor. Lo que se dice una ‘política de Estado’…

Más allá de los virajes de la dirigencia, lo concreto -según datos de la FAO- es que 224 millones de personas viven en América Latina y el Caribe bajo la línea de pobreza. Y de esos 224 millones, el 25% sufre la desnutrición.

Los progresos, estancamientos y retrocesos en relación con los Objetivos del Milenio, son reflejados a duras penas por la estadística de la ONU, ya que quienes deben suministrar la información no lo hacen regularmente, o sencillamente no lo hacen. Eso sí, ante la inminencia de alguna Cumbre, los embajadores y funcionarios lustrarán sus lapiceras y se dispondrán a firmar una vez más declaraciones contra el hambre y la pobreza universal.

El año 2015 fue el último límite fijado por las Naciones Unidas para el cumplimiento de los Objetivos del Milenio. Ya se ha comenzado a hablar, en los pasillos de las últimas Cumbres, de la conveniencia de fijar una nueva fecha, para poder prorrogar la asistencia financiera a los respectivos programas.

Así las cosas, los reyes de la soja y los barones del maíz, los bío-ministros de países combustibles, los avezados pilotos de tormenta del cambio climático, exhiben periódicamente, desde exóticas capitales de nombres impronunciables, su preocupación por el hambre y la pobreza. Sin embargo, la palabra pan (lo saben los hambrientos) no basta para quitar el hambre.

Y la palabra libertad (lo vemos a diario) es otra mentira amasada en la boca de los carceleros.