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In memoriam

André Henry: sindicalista combativo y militante revolucionario

Fuentes: Viento sur

[A continuación reproducimos el texto del discurso de Daniel Tanuro en la ceremonia. La familia y los camaradas de André estuvieron presentes en gran número para rendirle homenaje. André Henry se marchó de la misma forma que terminaba cada una de sus huelgas: con aplausos y el canto de la Internacional. GA]

A finales del siglo XIX, se formó en Estados Unidos una asociación de trabajadores llamada «Caballeros del Trabajo». Se extendió internacionalmente. La Union verrière de Charleroi formaba parte de ella. Estos Caballeros tenían un código de honor: promover la solidaridad y la fraternidad frente al capital. Esto es lo que hizo André Henry durante toda su vida. Se negó a aceptar la injusticia. Era una especie de Caballero del Trabajo moderno. Desinteresado, noble de corazón, benévolo, modesto, fiel a su palabra, a sus amigos, a sus principios. Una vez, el jefe de la vidriera Glaverbel intentó comprarle por diez millones de francos belgas, pero André era incorruptible. Fue un gran hombre de la lucha de clases, un «héroe de la clase obrera».

André empezó a trabajar a los 14 años. A los 16 se incorporó a la cristalería de la calle de la Disciplina en Gilly. Comenzó su carrera con los jóvenes obreros metalúrgicos de la FGTB. La huelga de los años 60-61 fue su bautismo de fuego. Una generación de jóvenes obreros quería plantar batalla a la dictadura patronal. Apoyaron a André Renard contra la socialdemocracia, pero querían ir más lejos e imponer reformas estructurales anticapitalistas. Tras la huelga de Gilly, algunos de estos camaradas fundaron un grupo sindical de izquierdas: La Nouvelle Défense.

André tenía el temperamento de un organizador de los oprimidos y explotados. Sus reflejos nunca le abandonaron. En la residencia donde pasó sus dos últimos años, al menor problema, nuestro camarada parecía querer organizar a todo el mundo. Las y los residentes están muy bien atendidos en esta institución, y muy amablemente. De no haber sido así, la dirección podría haberse enfrentado a la ocupación de los locales por un comité de protesta formado por residentes y personal…

André y sus compañeros de Gilly libraron y ganaron tantas batallas que habría que escribir un libro sobre ellas. Afortunadamente, el libro existe: L’épopée des verriers du Pays Noir. En él, con la ayuda de Denis Horman y Céline Caudron, André repasa los acontecimientos de su vida militante.

Lepopee des verriers du pays noir

He aquí algunos elementos destacados.

1963: Creación de La Nouvelle Défense.

1967: Jubilación anticipada, a los 63 años con el 75% del salario, luego a los 60 años con el 85% del salario, con contratación compensatoria. ¡Una primicia!

1970: Voto de confianza. El equipo de Nueva Defensa sustituye a la delegación burocrática de colaboración de clases. André se convierte en delegado principal.

1973: Ocupación de la fábrica, elección de un comité de huelga y mantenimiento de la planta bajo control obrero. Los trabajadores se oponen al despido de un director (un psicólogo del departamento de personal) demasiado conciliador con los obreros. Es una cuestión de principios: quieren controlar todos los aspectos de la gestión y cuestionar todo lo que no les guste.

1974: Huelga regional del vidrio con ocupación, mantenimiento de las herramientas, elección de comités de huelga en 13 fábricas y centralización de los comités en un comité de huelga regional. Reuniones diarias de este comité. Victoria en la lista de reivindicaciones del convenio. Previamente, Maurice Carrota, delegado en Multipane-Gosselies, que había sido despedido por huelga, fue readmitido. Mientras tanto, los trabajadores de Roux siguieron el ejemplo de los de Gilly: un voto de confianza y la elección de una delegación de combate. Fue un contagio.

Enero de 1975: La multinacional francesa BSN-Gervais-Danone anuncia el cierre de Glaverbel-Gilly. Quería cortar la cabeza del sindicalismo combativo para liquidar su sector del vidrio para ventanas. Siete semanas de huelga. Ocupación, comité de huelga, reuniones diarias y, por supuesto, mantenimiento de la fábrica. Venta salvaje de vidrio para recaudar dinero para el fondo de lucha de los huelguistas. Encuentro con Piaget, de LIP. Manifestación internacional por iniciativa de la base sindical. Ocupación de la sede de BSN en París. Los trabajadores obligan al director general, Antoine Riboud, a un increíble debate contradictorio con André Henry, que somete al capitalismo a juicio.

Febrero de 1975: Acuerdo histórico: se mantiene el cierre pero no hay despidos. Algunos trabajadores fueron reclasificados en otras plantas, mientras que otros serían contratados en una nueva planta que construiría BSN; los trabajadores excedentes serían reciclados en aislamiento y renovación. Mientras tanto, seguirán percibiendo sus ingresos íntegros (salario y primas) por tiempo indefinido, pagados por la empresa a través de un fondo social. Nunca habíamos visto nada parecido, ni lo hemos vuelto a ver. Si otros sectores hubieran entrado en la brecha, la clase obrera estaría en mejor posición en este país.

1975-1983: Los trabajadores excedentarios lucharon con uñas y dientes para que se respetara el acuerdo. André y sus compañeros impusieron el principio del reciclaje colectivo y el control de los trabajadores sobre su formación. Exigieron una empresa enteramente pública. Se redactó un proyecto de ley. La empresa -SETIR- fue creada por el gobierno valón, pero su capital era tan pequeño que el ministro de Economía pudo estrangularla rápidamente, en nombre de las leyes del mercado.

1983: La ofensiva austeritaria está en pleno apogeo. La patronal, el gobierno y las burocracias sindicales querían deshacerse de los trabajadores excedentes, de los huelguistas, de los agitadores. Los medios de comunicación se volvieron locos contra estos aprovechados del fondo social. El fondo se suprimió. El golpe final fue asestado por el aparato carolorreguiano [de Charleroi] de la Centrale Générale FGTB: André fue expulsado de sus responsabilidades. Años más tarde fue rehabilitado. Mientras tanto, el daño ya estaba hecho: un burócrata corrupto había clavado su cuchillo en la espalda de los que habían salvado la industria del vidrio en el Pays Noir [región de Charleroi, por la producción de carbón]…

En este torbellino incesante y agotador, André aún encontró tiempo para implicarse en las luchas intersectoriales. Sólo un ejemplo. Un viernes de 1982, los trabajadores del Borinage llevaban cinco días de huelga general contra los decretos de poderes especiales del gobierno Martens-Gol. La FGTB de Charleroi celebró una reunión interprofesional. Una amplia delegación de trabajadores del Borinage acudió a la reunión. A excepción de 2-3 representantes, tuvieron que permanecer fuera de la sala. Dentro, Ernest Davister, presidente de la FGTB de Charleroi, obstaculizó la votación de una moción de huelga. André subió a la fuerza al estrado, tomo la palabra y organizó una votación a mano alzada. La moción fue aprobada. Sin embargo, no fue aplicada. El lunes siguiente, Davister convocó otra reunión en la que tenía asegurada la mayoría. Para superar la burocracia, habría sido necesaria una poderosa «Nueva Defensa» intersectorial. Por desgracia, no existía.

André se mantuvo al lado de los trabajadores en lucha. Los de AGC Fleurus, antes Splintex, lo recuerdan. La empresa nació del histórico convenio de 1975. En 2005, la dirección anunció 300 despidos forzosos. Más de cien días de huelga. André, en el piquete, retoma la historia y aboga por la ocupación. Los huelguistas no se atrevieron a dar el paso. Pero recuerdo una manifestación en Charleroi, ¡durante la cual corearon su nombre! ¡André Henry, André Henry, André Henry! Treinta años después de la gran huelga de Gilly, la «revuelta de la disciplina» seguía siendo un símbolo de resistencia y dignidad.

Frente a este extraordinario historial, a menudo oímos decir: «Entonces era posible, los sindicatos eran más combativos, más democráticos, la gente estaba más concienciada; hoy no podríamos hacerlo».

Sí, muchas cosas han cambiado. Los bastiones obreros se han derretido, el individualismo hace estragos y la extrema derecha extiende su veneno. Pero no debemos embellecer el pasado. El final de la huelga de los años 60-61 fue una grave derrota para los vidrieros. El horno se deterioró a causa del abandono. La patronal aprovechó la situación para imponer una recontratación selectiva y humillante, con recortes salariales y paz social. Los aparatos socialdemócratas y democristianos dominaban los sindicatos. El racismo y el sexismo no eran menos frecuentes que hoy. André y sus camaradas no se subieron a una ola revolucionaria en la que todo era fácil, ¡no! A fuerza de coraje y tenacidad, reconstruyeron una relación de fuerzas. A contracorriente.

¿El secreto de André Henry? Está en una conocida frase de Karl Marx: «La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores». Nosotros añadimos: y de las propias trabajadoras. A André le gustaba citar esta frase. Sobre todo, la ponía muy bien en práctica. Para él, resumía el programa, la estrategia y la táctica anticapitalistas.

André era mucho más que un delegado sindical comprometido con la democracia sindical: era un intelectual obrero, un pensador práctico de la línea que había que trazar para derrocar al capitalismo mediante la acción unida de los trabajadores y fundar una sociedad socialista verdaderamente democrática. Esto es lo que explicó en el 75, en su discurso al final de la huelga, que se muestra en este vídeo. Esto es lo que detalló dos años más tarde en su pequeño libro Syndicalisme de combat et parti révolutionnaire.

El pensamiento de nuestro camarada estaba enraizado en las mejores experiencias del movimiento obrero, como la Comuna de París y la Revolución Rusa en su breve periodo verdaderamente soviético. André había sido formado por su padre Arthur, miembro de un grupo de sindicalistas comunistas internacionalistas estigmatizados como trotskistas. Un miembro de este grupo había dirigido la huelga de mineros de 1932, que incluyó -¡vaya por Dios! – la ocupación de los pozos, la elección de comités de huelga y la centralización en un comité de huelga regional. Se llamaba Pierre Wouvermans. Había escrito un folleto, Le secret des victoires ouvrières. Basta leerlo para sentir las sólidas raíces que unían a André con las luchas pasadas por la emancipación.

Ése era el secreto. Por eso André no era un dirigente obrero más. Para él, el liderazgo significaba crear los mecanismos y órganos que permitieran a los trabajadores dirigir sus propias luchas y prepararse para dirigir la sociedad en su conjunto.

André estaba orgulloso de ser miembro de la IV Internacional y de su organización belga, la Gauche anticapitaliste. Nosotros estamos aún más orgullosos de que fuera uno de los nuestros. Adiós camarada, adiós noble corazón. Adiós y gracias. No olvidaremos lo que hiciste. Reeditaremos tu libro Syndicalisme de combat et parti révolutionnaire. Organizaremos un encuentro pluralista con los testigos de tus luchas. El capitalismo nos arrastra hacia un abismo bárbaro. Este sistema absurdo y cruel destruye cada vez más la sociedad, la naturaleza y nuestros derechos democráticos. Mil peligros nos amenazan y tenemos mil razones para continuar vuestra lucha. Ojalá seamos dignos de vuestro ejemplo.

Texto original: gaucheanticapitaliste.org

Traducción: viento sur

Fuente: https://vientosur.info/andre-henry-un-caballero-del-trabajo-moderno/