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Austeridad en Gran Bretaña

Fuentes: El Militante

El capitalismo, internacionalmente, parece salir de su peor crisis desde los años treinta. Existe un alivio palpable en las filas de la clase dominante pensando que han evitado el cataclismo financiero. Sin embargo, a pesar de todo lo que se habla sobre brotes verdes, existe una pesadumbre universal ante la situación actual. «Millones experimentan recortes […]

El capitalismo, internacionalmente, parece salir de su peor crisis desde los años treinta. Existe un alivio palpable en las filas de la clase dominante pensando que han evitado el cataclismo financiero. Sin embargo, a pesar de todo lo que se habla sobre brotes verdes, existe una pesadumbre universal ante la situación actual.

«Millones experimentan recortes de los niveles de vida mientras los banqueros continúan premiándose con millones en primas».

En septiembre, en EEUU los datos del paro fueron mucho peores de lo esperado, 263.000 nuevos parados, alcanzando un récord en 26 años. Fue el vigésimo primer mes consecutivo en que la economía norteamericana destruye empleo. Desde que comenzó la recesión hace casi dos años el número de parados se ha duplicado, de 7,6 a 15,1 millones. La jornada laboral semanal media cayó a 33 horas, mientras que los salarios caían un 5 por ciento, además del descenso del consumo. El paquete de estímulo valorado en 787.000 millones de dólares no está teniendo el efecto esperado y ya se habla seriamente de una recesión en doble uve.

En otras palabras, la crisis capitalista no ha terminado. La masiva crisis de sobreproducción se ha exacerbado debido al exceso de capacidad que existe prácticamente en todos los sectores de la economía mundial. «Si no solucionamos el exceso de capacidad, hará estragos en todos los países», eso es lo que dice Justin Lin, economista jefe del Banco Mundial.

Implosión financiera

Gran Bretaña ya ha experimentado una caída de la producción superior a la que tuvo en 1931. Se prevé que el desempleo alcance en 2010 los 3 millones de parados, aunque algunas fuentes lo sitúan en 4 millones. Los intentos del gobierno de rescatar al sistema bancario han socavado las finanzas públicas, mientras el desempleo aumenta y colapsan los ingresos por impuestos. Durante los próximos dos años el gobierno necesitará pedir prestado la escalofriante cifra de 350.000 millones de libras. «En este año financiero se prevé que el gobierno británico gaste 4 libras por cada 3 que ingrese. Nunca antes, en tiempos de guerra, Gran Bretaña ha tenido este déficit», estas son las palabras de Martin Wolf, un estratega económico del Financial Times.

«Una implosión financiera podría provocar un daño fiscal comparable al tamaño de una Guerra», continúa Wolf. «En realidad, es bastante probable demostrar que se trata del cuarto suceso financiero más adverso desde 1800, después de la Segunda Guerra Mundial, la Primera Guerra Mundial y las guerras napoleónicas». (Financial Times. 5/6/09).

Estas deudas se deben pagar. Eso significará recortes masivos del gasto público, aumentos de impuestos y tipos de interés más elevados. Dada la precariedad de la recuperación, estas medidas podrían empujar a la economía de nuevo a la recesión. El capitalismo británico, y la clase obrera a la que se pedirá que pague la factura, se encontrará entre la espada y la pared.

La situación es más desastrosa porque la economía británica depende la banca, de los servicios financieros y de la City londinense. Se habla mucho de la necesidad de reequilibrar la economía, pero es demasiado tarde para recrear un sistema manufacturero vibrante. El capitalismo británico a través de los intereses a corto plazo de la clase dominante ha pasado a estar totalmente dominado por el capital financiero. Entre 2005 y 2007, los sectores financiero e inmobiliario acapararon el 60 por ciento del crecimiento de la economía británica. Eso fue una consecuencia del thatcherismo miope y de la búsqueda de beneficios rápidos. Esa es la principal razón de la prolongada decadencia del capitalismo británico.

El Nuevo Laborismo continuó con este culto a la City de Londres. La falta de regulación era considerada una virtud que garantizaría a Londres el papel de capital financiera del mundo. A pesar de la crisis financiera y el papel de los bancos, la City tendrá un dominio aún mayor con el nuevo gobierno tory. Ya Cameron ha nombrado a dos poderosas figuras de la City como los co-tesoreros del partido.

El declive del consumo

Mientras se rescataba a los bancos porque eran «demasiado grandes para caer», la industria manufacturera fue abandonada a su suerte. Sin embargo, no puede haber una recuperación sostenible sin inversión masiva. Pero con una crisis de sobre-capacidad y unos mercados limitados, no existe ningún incentivo para invertir. Como resultado, las empresas británicos han reducido la inversión al nivel más grande desde los años sesenta. La inversión empresarial ha caído más durante el transcurso de la recesión que en las crisis de los años setenta, ochenta y noventa. «A menos que se revierta esta tendencia, la capacidad productiva de la economía se verá dañada y el país carecerá del stock de capital necesario para sostener una recuperación», esto es lo que afirma David Kern, economista jefe de la Cámara de Comercio británica. En agosto la manufactura volvió a entrar en recesión.

Con el declive del consumo, debido en gran parte a los altos niveles de deuda, la caída de los precios inmobiliarios y la amenaza del desempleo, junto con el colapso de la inversión privada, la demanda durante el último período ha venido principalmente por el gasto gubernamental. Pero eso también se vuelve en su contrario e intensificará la crisis.

Se habla mucho en los medios sobre el gasto «excesivo» en un inflado sector público. Todos los principales partidos políticos se han unido al coro. Cameron ha dicho que las acciones de un nuevo gobierno tory le convertirán en el gobierno más impopular desde la guerra. Nick Clegg, líder de los Demócratas Liberales, ha hablado de la necesidad de recortes «salvajes» además de la congelación del salario de los trabajadores del sector público. Mientras, Gordon Brown, anuncia al TUC que los «recortes de costes garantizarán la eficacia donde es necesaria, aceptando acuerdos salarios realistas en el sector público, desprendiéndose de los bienes improductivos porque no necesitamos pagar por servicios que no necesitamos». Después siguió Ed Balls, ministro de infancia, educación y familia, que anunció recortes por valor de 2.000 millones de libras en el presupuesto de escuelas, le siguió Andy Burnham, secretario de sanidad, prometiendo que el NHS conseguirá «ahorrar de manera eficaz» entre 15 y 20.000 millones de libras. Quienquiera que gane, lo que sí está claro es lo que espera a los trabajadores públicos y al sector público.

La austeridad se ha convertido en el grito de batalla de la clase dominante. No se trata de un ejercicio delicado sino del uso del hacha. El capitalismo británico ya no puede ofrecer las reformas del pasado. Cualquier conquista temporal no será duradera. Se ha enviado a altos funcionarios a recibir cursos sobre los programas de austeridad de los años veinte. En particular, están estudiando al Comité Geddes que recomendó recortes del 25 por ciento. En los años veinte, bajo la presión de la crisis, se aprobaron una serie de medidas de austeridad destinadas a equilibrar las cuentas públicas. Eso llevó a recortes masivos del gasto público y reducciones salariales. «Todos los trabajadores de este país tienen que afrontar reducciones salariales para ayudar a la industria a ponerse en pie», estas son las palabras del entonces primer ministro tory, Stanley Baldwin, precisamente esa situación provocó la huelga general de 1926.

«Independientemente de quién gane las elecciones, aunque tenga un fuerte celo reformador, el próximo gobierno será recordado como un cortador», esto es lo que decía una editorial de The Financial Times (18/8/09). «Ninguna reforma puede salvar al Estado británico de su venidero re-esculpido».

Los tories se preparan para su llegada al poder. Será un gobierno fiel del capital financiero, dispuesto a cumplir sus deseos. Cameron ya ha expresado su deseo de que su gobierno se parezca a Tesco y J. Sainsbury, el conglomerado de supermercados. Gran Bretaña entonces tendría un auténtico gobierno de comerciantes millonarios, un epitafio adecuado para su ignominioso declive. Sin embargo, ya están afilando los cuchillos para el masivo recorte de los servicios públicos necesarios para esta «era de austeridad».

Existe un ala del pensamiento conservador que nunca ha desaparecido sino que ha quedado en segundo lugar oculta por la idea del mundo de Blair y Cameron. La contracción del gasto público dará viento a sus velas y les dará la oportunidad de ser más radicales», decía Tony Travers, experto de Longres en LSE. Por «ser más radicales» debemos leer ser «más contrarrevolucionarios».

El National Institute for Economic and Social Research como respuesta a la crisis ha pedido al gobierno que eleve la edad de jubilación a los 70 años.

La alternative al aumento de la edad de jubilación dicen que es una combinación de medidas extremas como la congelación de los salarios del sector público durante cinco años, la pérdida de 120.000 empleos públicos en cinco años y un aumento de 7 peniques de los impuestos básicos a todo, excepto los alimentos y la ropa infantil.

Incluso eligiendo una de estas dos elecciones dolorosas, según dice Barrell del NIESR, eso no conseguiría que el gasto público alcanzara un nivel sostenible. Claramente necesitan un programa aún más virulento de ataques.

No hay otra alternativa que la lucha

La perspectiva de la clase obrera sobre la base del capitalismo es muy sombría. La mitad de todos los trabajadores durante la recesión ya han hecho frente a recortes salariales o de su jornada laboral. Les dijeron que sería un sacrificio temporal necesario para salvar sus puestos de trabajo. Sin embargo, es la calma que precede a la tormenta con los temores de una recesión con doble pendiente.

Brendan Barber, secretario general del TUC, avisó de que los recortes empujarían a la economía a una nueva recesión y aumento del desempleo. «La última vez que sufrimos recortes económicos tuvimos los disturbios en las calles de Liverpool». Sin embargo, esta advertencia caerá en oídos sordos. La clase dominante no se mueve por este tipo de consideraciones, sólo por intereses materiales de clase, es decir, medidas urgentes que rescaten al capitalismo y restauren sus beneficios. Los capitalistas están preparando una crisis como la que hizo Baldwin y que llevó a 1926. Ese es el significado de las lecciones de Geddes.

La clase obrera no tendrá otra alternativa excepto la lucha, como les sucedió a sus antepasados. Se darán cuenta que en la dura escuela de Cameron no hay solución a sus problemas bajo el capitalismo. Sin embargo, la lucha para derrotar a los tories, si llegan al poder, debe ir de la mano con la transformación del movimiento laborista y sindical. El actual ala de derechas del Partido Laborista, que será la responsable de la derrota, será echada a un lado. La tarea será forjar un partido que no capitule ante las grandes empresas, que lleve adelante la transformación socialista de la sociedad. Sólo de esta manera se pueden eliminar de una vez por todos los males de la crisis capitalista: desempleo, recortes, falta de vivienda y pobreza. La única elección a la que hoy se enfrentan los trabajadores, en palabras de Rosa Luxemburgo, es «socialismo o barbarie».