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Austeridad, un castigo innecesario

Fuentes: Red del Tercer Mundo

Las políticas de austeridad con que los gobiernos quieren enfrentar la nueva crisis económica mundial puede ser socialmente dañina y económicamente equivocada, advierten las Naciones Unidas en momentos en que el rigor fiscal tiende imponerse como la nueva moda. Al estallar la crisis financiera en setiembre de 2008 con la caída de grandes bancos de […]

Las políticas de austeridad con que los gobiernos quieren enfrentar la nueva crisis económica mundial puede ser socialmente dañina y económicamente equivocada, advierten las Naciones Unidas en momentos en que el rigor fiscal tiende imponerse como la nueva moda.

Al estallar la crisis financiera en setiembre de 2008 con la caída de grandes bancos de inversión y el colapso de las bolsas, los gobiernos reaccionaron socializando las pérdidas de los bancos para evitar catástrofes peores y estimulando las economías, ya sea mediante «estabilizadores automáticos» como los seguros de desempleo o con paquetes de estímulo para sustituir con gastos públicos la ausencia de demanda privada en los mercados. Tres años después, las bolsas del mundo se desplomaron de nuevo a mediados de setiembre y grandes bancos alemanes, franceses y estadounidenses están otra vez al borde de la bancarrota, pero ahora la receta política es la inversa: cortar los gastos gubernamentales en vez de expandirlos.

Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), los países ricos y pobres reaccionaron de distinta manera a la crisis de 2008. «El crecimiento económico en los países en desarrollo, como grupo, sufrió menos el impacto, gracias a las activas políticas fiscales contra-cíclicas» de aumentar el gasto público cuando la economía se contrae, sostiene el Informe sobre Comercio y Desarrollo 2011 recién publicado. «En consecuencia el resultado fiscal mejoró en 2010 y la relación entre la deuda y el producto se mantuvo bajo control».

En cambio, en los países desarrollados los estímulos se dirigieron a recomponer activos bancarios y reducir los impuestos a los millonarios, la conversión de la deuda privada en deuda pública. El nivel de endeudamiento llegó a sesenta por ciento del producto en el promedio de los países desarrollados y más del cien por ciento para la mayoría de los miembros del G-7. Así, «los gobiernos comienzan a cambiar del estímulo fiscal al rigor fiscal, en un esfuerzo por mantener o recuperar la confianza de los mercados financieros sobre su solvencia, que es vista como clave para la recuperación económica».

Todo el mundo sabe que la crisis de 2008 fue el resultado del fracaso de los mercados financieros. Sin embargo, después de haber rescatado a bancos que actuaron irresponsablemente, amparados por equivocadas evaluaciones de riesgo de las agencias calificadoras, ahora los gobiernos vuelven a confiar en el juicio de estos financistas sobre qué constituiría una política financiera y macroeconómica adecuada, aun a costa de tomar medidas antipopulares.

Según la UNCTAD, «el rigor fiscal es prematuro en muchos países donde la demanda privada no se ha recuperado lo suficiente y donde el estímulo sigue siendo necesario para evitar el estancamiento. Es una política suicida, puesto que «se debilita la recuperación, se obstaculiza la mejora en la recaudación y entorpece el crecimiento económico, con lo cual se termina por no lograr el equilibrio fiscal que se quería».

Y no obstante, la moda se extiende, no sólo entre los países ricos altamente endeudados, sino ahora también entre los países en desarrollo que no tienen este problema.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha estudiado las políticas sociales y fiscales en ciento veintiocho países en desarrollo, y concluye que si bien la mayoría de los gobiernos protegió a sus poblaciones vulnerables, y en particular a los niños, del impacto de la crisis en 2008 y 2009, a partir de 2010 comenzó a registrarse una contracción prematura del gasto social. Más de noventa países (setenta por ciento de los encuestados) habrán reducido sus gastos en 2012 y una cuarta parte está en camino de una «contracción excesiva», o sea un corte de sus gastos sociales a niveles inferiores a los que tenían antes de la crisis.
La experiencia indica que los niños y los hogares pobres son los más impactados por las medidas de austeridad, dice el equipo de investigadores de UNICEF dirigido por la española Isabel Ortiz. «La ventana de oportunidad en el desarrollo fetal y del infante es pequeña y una privación hoy puede tener impactos irreversibles en las capacidades físicas e intelectuales, que reducirán la productividad del adulto y costará muy caro al país».

A través de un estudio detallado de los informes del FMI sobre cada país, UNICEF concluye que cincuenta y seis de los ciento veintiocho países en desarrollo analizados están considerando cortar subsidios al agua, la energía eléctrica, los combustibles o los alimentos. Más de cincuenta van a cortar o limitar los salarios, treinta y cuatro están «racionalizando» -eufemismo por reducir- los gastos sociales, veintiocho están recortando las pensiones y cincuenta y tres aumentando impuestos a las ventas o al valor agregado sobre los productos que consumen los pobres. Más de cien países están planificando medidas en por lo menos dos de estas categorías.

Aun suponiendo que la necesidad de reducir el déficit fiscal fuera imperiosa en algunos de estos países, Ortiz argumenta que hay «un extenso menú de opciones» para llegar a este resultado por otras vías, como por ejemplo redistribuyendo el presupuesto y recortando gastos en defensa, aumentando los impuestos a la renta, al patrimonio o al consumo suntuario, reduciendo la fuga de capitales, usando productivamente las reservas acumuladas en los bancos centrales e incluso revisando las doctrinas macroeconómicas para admitir que un poco de déficit fiscal puede ser una buena idea para evitar la pérdida del capital humano.

http://agendaglobal.redtercermundo.org.uy/2011/09/30/austeridad-un-castigo-innecesario/