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Bitcoin, entre mineros y ballenas

Fuentes: La Jornada

El lunes se iniciaron las ventas de bitcoin en el mercado de futuros por la empresa especializada en derivados Cboe Global Markets con sede en Chicago. Este acontecimiento muestra cómo las grandes entidades del mundo financiero han decidido introducir esta criptomoneda al carril de alta velocidad de la actividad especulativa. La incorporación de bitcoin al […]

El lunes se iniciaron las ventas de bitcoin en el mercado de futuros por la empresa especializada en derivados Cboe Global Markets con sede en Chicago. Este acontecimiento muestra cómo las grandes entidades del mundo financiero han decidido introducir esta criptomoneda al carril de alta velocidad de la actividad especulativa.

La incorporación de bitcoin al sistema financiero formal es la culminación de la breve historia de esta criptomoneda y el comienzo de una nueva carrera que se anuncia vertiginosa. El estreno en el mercado de futuros es sólo el preludio, pues pronto vendrá la creación de derivados denominados en bitcoin. La opacidad en el casino de la especulación acaba de aumentar en varios grados de magnitud.

Bitcoin se acompaña de una nueva tecnología de transacciones basada en una red incorruptible. Esa tecnología fue diseñada por un colectivo que usa el seudónimo de Satoshi Nakamoto. Su principal aportación es la solución al problema de la falta de confianza que afecta todo sistema de pagos. Esta complicación es especialmente aguda en el caso de transacciones con medios de pago digitales. A diferencia de un instrumento como un billete que sólo puede existir en un solo lugar a la vez, una moneda digital no ocupa un espacio físico y, por lo tanto, su utilización en una transacción no la retira de su poseedor. Evitar que sea utilizada más de una vez se convierte en un problema difícil de resolver.

Tradicionalmente las soluciones para evitar la doble utilización de un medio de pago digital han recurrido a un intermediario capaz de verificar cuándo una unidad de moneda ya ha sido utilizada. Pero como el riesgo no se elimina por completo y subsiste la incertidumbre, se ha recurrido a distintos métodos de rúbricas digitales para proteger los códigos de las transacciones. Sin embargo ese recurso todavía necesita un agente verificador.

En 2008 Nakamoto creó una solución descentralizada que elimina los intermediarios (su artículo original está disponible en bitcoin.org). Se trata de un innovador sistema de cadena de bloques (blockchain) que permite identificar cada transacción encriptada y añadirla a la secuencia de intercambios de tal forma que todos y cada uno de los nodos de la cadena actualiza su contabilidad instantáneamente. La cadena es como una contabilidad global en la que se inscriben todas las transacciones encriptadas y está abierta a todos los usuarios, eliminando así el problema de la desconfianza. El registro histórico no puede ser alterado y entre más crece la cadena más se aleja la posibilidad de un ataque para perturbarla. Sólo un hacker con un poder computacional superior al de todos los nodos podría aspirar a perturbar la cadena.

Al proceso de verificación de las transacciones y su inscripción en la cadena global se le conoce como minería y es también el mecanismo a través del cual se crean los bitcoin. Los mineros aglutinan las transacciones recientes en bloques pero para ello deben resolver un complejo rompecabezas. La dificultad para armar el rompecabezas varía y es ajustada cada dos semanas. El primero que logra resolverlo puede entonces colocar el nuevo bloque en la cadena y es recompensado con las cuotas de transacción (de todas las operaciones en el bloque) y con bitcoin.

Pero subsisten problemas que esta ingeniosa tecnología no puede resolver. El más grave es el de la especulación. Bitcoin es, al igual que cualquier medio de pago, un activo con reserva de valor. Desde ese punto de vista, es un objeto codiciado por los especuladores que aspiran a adquirirlo cuando su precio está aumentando para venderlo más caro el día de mañana.

Otro problema asociado al de la especulación es el del apalancamiento y la concentración de bitcoin en pocas manos. Los poseedores de grandes cantidades de bitcoin son conocidos como ballenas y hoy tienen gran poder sobre la determinación del precio de esta criptomoneda. Alrededor de 50 por ciento de los bitcoin en circulación está detentado por unas mil personas.

En los pasados 30 días el valor de bitcoin pasó de 5 mil 822 a 17 mil 298 dólares. A los precios que corren no es difícil que muchas ballenas quieran vender una parte significativa de su acervo. Estos grandes cetáceos del océano financiero también pueden comunicarse a grandes distancias para coludirse y afectar los precios. Todo esto es una pesadilla para los reguladores de los mercados financieros. Bitcoin es una criptomoneda, pero formalmente todavía no es un título financiero. Por el momento todavía escapa al radar de las agencias reguladoras, pero las operaciones seguirán siendo difíciles de detectar cuando surjan los derivados como opciones y swaps exóticos de bitcoin en los mercados de futuros.

Se afirma que la tecnología de la cadena de bloques tiene muchas otras aplicaciones al aniquilar el problema de la desconfianza. Pero en sus laberintos nos recuerda aquéllas palabras de T. S. Eliot en sus Coros desde la roca al evocar a aquellos hombres que tratan de escapar de la oscuridad interior soñando con sistemas tan perfectos que nadie necesitará ser bueno.

@anadaloficial

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/12/13/opinion/022a1eco