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Entrevista a Ricardo Antunes, profesor de Sociologia del Trabajo en la Universidade de Campinas

Brasil entrará en una época de manifestaciones sindicales y sociales

Fuentes: Jornal do Brasil

Pamela Mascarenhas.- El entonces presidente interino defendió la propuesta de reforma laboral, con el argumento de que la intención no sería retirar derechos, sino mantener empleos. Temer también informó que debería enviar la propuesta de reforma laboral y de regulación del proceso de tercerización al Congreso antes del final de este año. Hoy, prometió «modernizar […]

Pamela Mascarenhas.- El entonces presidente interino defendió la propuesta de reforma laboral, con el argumento de que la intención no sería retirar derechos, sino mantener empleos. Temer también informó que debería enviar la propuesta de reforma laboral y de regulación del proceso de tercerización al Congreso antes del final de este año. Hoy, prometió «modernizar las leyes laborales «, «para garantizar los actuales empleos y generar nuevos».

El año pasado, cuando conversamos, usted reforzó la idea de que el proyecto de tercerización aprobado por la Cámara de Diputados generaría esclavos modernos, y que era imperioso derrotarlo. ¿Dónde estamos ahora?
 
Ricardo Antunes.- Estamos en el peor momento. Ningún gobierno que destruye derechos, dice que va a destruir derechos. Acabamos de ver, por ejemplo, en Francia, el gobierno de [François] Hollande iniciar un proceso de destrucción de una parte importante de los derechos laborales, diciendo que no iba a destruir derechos.

La victoria parlamentaria que consolida el ‘golpe’, en el  sentido parlamentario del término, que hoy se consolidó destituyendo al gobierno de Dilma, abre camino para una serie de cambios que son profundamente destructivos en relación a la clase trabajadora. Esto es muy importante que se tenga claro.
 
Primer punto, el precepto, el principio fundamental del gobierno Temer es el principio del «negociar sobre lo legislado». El proyecto «Puente para el Futuro», que en verdad es un atajo hacia el abismo social, dice que habrá negociación sobre lo legislado sin la pérdida de derechos. Solo que es imposible establecer ese principio de negociar sobre lo legislado que no sea para reducir derechos. La idea del gobierno no es negociar sobre lo legislado para avanzar en los derechos, es para reducir los salarios, es para flexibilizar la jornada de trabajo, es para intensificar el banco de horas, es para imponer la reducción de la jornada con reducción del salario.
 
Entonces, es evidente que ese precepto de negociar sobre lo legislado debilita al conjunto de la clase trabajadora y trae la corrosión de los derechos. En los sindicatos que todavía tienen alguna fuerza, la pérdida será menor, pero igual será pérdida. No hay negociación sobre lo legislado en una condición de crisis  y menos que beneficie a la clase trabajadora.
 
Pero usted se imagina, con el conjunto de sindicatos del país entero que tienen menor fuerza organizativa, es obvio que la idea es reducir derechos que fueron adquiridos desde la CLT [1]. Ningún gobierno va a decir abiertamente, mucho menos un gobierno conservador y sin legitimidad, porque resulta de, digamos, una confabulación, en que el programa que quiere implementar no tiene el respaldo de las urnas.
 
El resultado de eso es que, junto con la negociación sobre lo legislado, viene la idea de avanzar en la tercerización del trabajo. La tercerización del trabajo es también anunciada por el gobierno como un camino para crear empleos, pero eso es una enorme falsedad.
 
Alguien puede decir, «pero, profesor, existen hoy 12 millones de tercerizados en Brasil, son 12 millones de empleos». Un número significativo de trabajadores hoy es tercerizado -hombres y mujeres tercerizados-, sólo que los trabajadores tercerizados y las trabajadoras tercerizadas trabajan normalmente más horas semanales que los trabajadores regulados por la CLT. Si ellos trabajan más horas y reciben menos, donde existen tres o cuatro trabajadores o trabajadoras protegidos por las normas de la CLT, van a ser sustituidos por tres o dos trabajadores o trabajadoras tercerizados.
 
Basta un poco de aritmética y de matemáticas para saber que, donde un número determinado de trabajadores realizaba un cierto tipo de trabajo, ahora ese mismo trabajo, esa misma actividad será realizada por un número inferior. O sea, la tercerización desemplea, no emplea. La tercerización empleó 12 millones, pero desempleó 15 o 16 millones, en condiciones más adversas, porque los salarios son significativamente menores y en condiciones de trabajo que frecuentemente burlan la legislación del trabajo.
 
El resultado de ese diseño, de esa propuesta del gobierno es destruir la CLT. ¿Y qué significa destruir la CLT? Es destruir lo que la clase trabajadora considera como su Constitución, porque desde su implementación en 1943 sirvió para diseñar un conjunto de derechos sociales del trabajo.
 
El IBGE [2] publicó que nosotros ya estamos con 11,6% de desempleo, que significan 11,8 millones de trabajadores y trabajadoras sin empleo. Y esos datos minimizan la realidad, porque nosotros sabemos que un trabajador o una trabajadora que en cierto período no busca más empleo, porque no encuentra empleo, desaparece de las estadísticas como desempleado. ¿Y por qué no busca empleo?  Porque es muy caro, sacrificado, arduo y difícil procurar empleo por dos, tres, cuatro, cinco días. Usted necesita tener dinero para salir, pagar el transporte, alimentarse, al final del día usted vuelve de una jornada extenuante sin ninguna respuesta positiva. Un mes después el trabajador desiste, porque se da cuenta de que no hay puertas abiertas. Y entonces él desaparece de las estadísticas como desempleado. Lo mismo vale para quien trabaja algunas horas por semana. Quien lava autos algunas horas por semana no está empleado. Hay una masa enorme de desempleados y subempleados que las estadísticas no contemplan.
 
Por eso el proyecto es nefasto, y es una imposición de los intereses financieros que comandan la economía del país. Eso afecta a bancarios, metalúrgicos, trabajadores de call center, periodistas, profesores, el conjunto de los trabajos acaba teniendo como resultante el debilitamiento.
 
Ahora, si el gobierno dijera «Yo voy a devastar», «Yo voy a hacer una verdadera devastación social», sería repudiado. Entonces, la gran alquimia, la falacia, que es profunda falsedad, es decir que voy a crear derechos, destruyendo derechos. Es de esto que se trata.
 
No hay ninguna investigación seria, rigurosa, con criterio científico, realizada en las universidades, que demuestre ventajas para la tercerización. Quien defiende que la tercerización es ventajosa es la Febraban [3], son las federaciones de las industrias, etc.
 
No es casual que, algunas semanas atrás, el presidente de la Confederación Nacional de las Industrias llegó al absurdo de proponer que la clase trabajadora brasileña podría tener una jornada de hasta 80 horas por semana, diciendo, un error grotesco, que ya era así hasta en Francia. Quiere decir, es un craso error, porque Francia es un país que, digamos así, a pesar de que el gobierno Hollande esté intentando destruir parte de esos derechos, los trabajadores franceses, con la trayectoria que tienen, consolidaron derechos y, segundo, muestra hasta dónde puede llegar el sueño de sectores del empresariado industrial que quieren y que es  completamente actual: recuperar formas de esclavitud moderna de trabajo. Ni en la esclavitud los trabajadores trabajaban 80 horas por semana, para que se tenga una idea del absurdo.
 
Después nosotros sabemos que el presidente de la CNI negó esos dichos. Pero está grabado, fue citado por los grandes medios de prensa que ciertamente no lo iban a inventar, fue un descuido del presidente que muestra hasta dónde es capaz de avanzar el imaginario empresarial.
 
Por fin, los periódicos muestran también que hasta el número de trabajadores autónomos, los llamados «emprendedores», retrocedió en este último trimestre porque el desempleo no solo alcanzó al empleo formal como también están siendo cerradas actividades pequeñas, creadas por esos trabajadores que creyeron en el llamado «trabajo emprendedor», percatándose de que es mucho más difícil sobrevivir en un contexto de crisis. Y el promedio salarial también se redujo en este último trimestre. Este es el escenario, por lo tanto, muy desfavorable para la clase trabajadora.
 
Pamela Mascarenhas.- Profesor, ¿cómo analiza usted el argumento que dice que es preciso reformar las relaciones de trabajo porque la CLT es vieja y porque sería preciso reducir los costos de producción para impulsar la economía?
 
Ricardo Antunes.- Coloco ese argumento exactamente como el argumento del Consenso de Washington al inicio de los años `90, cuando decía «es preciso privatizar todo, es preciso desregular todo para que haya crecimiento y expansión», y nosotros solo tenemos destrucción, solo tenemos mayor desempleo, mayor empobrecimiento de la población. Porque exactamente donde ese sistema se expandió, más destruyó.
 
Voy a dar un ejemplo, que es emblemático. Existe en Inglaterra, hace ya un cierto tiempo, un sistema de contratos llamado zero hour contract, contrato de cero horas. Es aplicado a trabajadores de cuidados, el llamado care en inglés, enfermeros, médicos, periodistas, transportadores de pasajeros, electricistas, etc., es una gama de actividades. ¿Cómo funciona? El trabajador o la trabajadora tienen contrato de cero horas, lo que significa que no tiene una jornada fija, pero debe estar a disposición de los llamados. Si un día no recibe ningún llamado, no tiene trabajo. Al  segundo día, no recibe ningún llamado, y tampoco tiene ningún trabajo. Al tercero, casi terminando las 72 horas que  está esperando, recibe un llamado, y simplemente va a cobrar por este llamado que atendió.
 
Veamos, un médico va a atender a una familia de pacientes, y hay un aplicativo que va a recaudar por esta atención, y al mismo tiempo el aplicativo, o sea, la empresa que detenta el control de su trabajo -McDonald’s y tantas otras empresas usan ampliamente ese sistema en Inglaterra, grandes empresas-, lo que va a ocurrir es que él va a cobrar por las horas que trabajó, solo que él está 72 horas disponible y cobra, digamos, si su trabajo duró una hora, una hora de trabajo.
 
Eso, evidentemente, es ejemplo cabal de la brutalidad de las nuevas modalidades de trabajo que consideran a los trabajadores calificados, teniendo la disponibilidad total para el trabajo, y solo recibiendo una remuneración cuando efectivamente trabajan. Esto se facilitó mucho por el mundo del trabajo digital, online, que hace que trabajadores asalariados y asalariadas de las tecnologías de la información, y de tantos otros sectores, munidos de un celular, estén en disponibilidad eterna para el trabajo, incluso cuando esa disponibilidad eterna para el trabajo tenga como resultado una remuneración precaria y frecuentemente insuficiente.
 
Los empresarios dicen «Bueno, pero él acepta el trabajo cero horas si él quiere». Es verdad. Pero, ¿por qué lo acepta? Porque no tiene otro trabajo. El trabajador, cuando está desempleado, acepta un trabajo en que cobre algo, en un sentido cada vez más degradante. Y esa realidad es impulsada por la tercerización, es impulsada por esas reglas de una flexibilización total del mercado de trabajo.
 
En el Reino Unido, ya se llega a la cifra de 1 millón de trabajadores en esa condición. El problema es fuerte, y tiene un debate intenso inclusive en los sindicatos porque es una forma de esclavitud moderna del trabajo online. Si usted combina ese trabajo online con la precarización de los trabajos offline, del trabajo manual, de los trabajos, digamos, más brazales, los trabajos de varios sectores de servicios que también son online pero muy duros como el trabajo de call-center, el cuadro es bastante negativo en lo que respecta al mundo del trabajo.
 
En Brasil, nosotros ya tenemos ese contrato [de cero horas]. Hay médicos haciendo eso. Si usted llama para pedir un electricista para atender su casa, la compañía de seguro llama para el trabajo a un contratado de cero horas. Él presta ese servicio, recibe por esto y se queda esperando otro llamado. Si hay, hay. Si no hay, no hay.
 
Uber es otro caso similar. Yo conocí el sistema Uber el otro día, conversando con un chofer. Él era un veterinario que simplemente había perdido su trabajo en la clínica veterinaria y, como tenía un coche, tenía la alternativa de utilizarlo para atender llamados, de modo de no quedar desempleado y pagar sus cuentas. Esta es una tendencia que, si el PLC 30/2015 [conocido como proyecto de la tercerización], que está hoy en el Senado, fuera aprobado y permitiera el fin de la separación entre la actividad-medio y la actividad-fin, y la consecuente autorización para la tercerización total, nosotros estaremos abriendo todas las puertas para una desregulación general del trabajo.
 
Pamela Mascarenhas.-  ¿Cómo queda la acción sindical en este contexto?
 
Ricardo Antunes.- Son dos elementos importantes. Primero, donde hay resistencia sindical, los empresarios no consiguen implementar [reformas] con esta intensidad. Por ejemplo,  Francia, que tiene tradición de lucha sindical,  Alemania, que también tiene sindicatos fuertes, etc., consiguen contener e impedir la intensidad de estas medidas de desregulación del trabajo. En Inglaterra, por el contrario, donde el neoliberalismo fue devastador, muchos sindicatos fueron profundamente afectados. En Estados Unidos y en otros países, todos ellos son neoliberales, pero algunos son más devastadoramente neoliberales, como inclusive fue el caso del neoliberalismo inglés, un verdadero laboratorio del neoliberalismo en Europa, más agresivo, con Margaret Thatcher, después con John Major.
 
Donde los sindicatos son más fuertes, la resistencia es mayor. Ahora, la defensa de estas medidas [por parte del gobierno en Brasil] es anti-sindical, es disminuir la solidaridad entre los trabajadores, es crear situaciones, donde, digamos, no consigan preservar los lazos de solidaridad. Porque, la tercerización es una contratación entre empresas, la contratante y la contratada, en la cual la empresa contratada va a ofrecer los trabajadores que son solicitados por la empresa contratante. Entonces no hay un vínculo de empleo entre la empresa y los trabajadores que trabajan en ella. Esto permite toda la gama de burlas, violación de derechos y dificulta la organización sindical, en la medida en que existe una tendencia a la individualización de las relaciones de trabajo.
 
El PJ, la «pejotización», es la idea de convertir al trabajador o la trabajadora como persona jurídica y establecer el contrato de prestación de servicios. Cuando se enferma, por ejemplo, si él no tiene un buen sistema privado de salud, no tiene ni siquiera recursos para poder tener una atención de salud. Y esa pulverización, esta individualización, este exacerbar del individualismo y de las relaciones individualizadas entre empresa tercerizada y trabajadores, todo eso tiende a debilitar bastante la organización sindical.
 
Es vital, por lo tanto, que los sindicatos comprendan eso. Para hacer un paralelo, del siglo XIX con el siglo XX, cuando las empresas dejaron de ser empresas más tradicionales, empresas de origen anteriormente manufacturera que se convirtieron en grandes empresas industriales, los sindicatos dejaron de ser sindicatos de artesanos, y tuvieron que crear el sindicato de la gran industria. Hoy los sindicatos están viviendo un desafío semejante, todavía más profundo.
 
En vez de grandes empresas tayloristas y fordistas del siglo XX, que magistralmente Chaplin caricaturó en su obra prima «Tiempos modernos», hoy esta idea de que cada uno debe tener una relación de trabajo con una empresa que contrata, sin la mediación del colectivo, va a obligar a los sindicatos a reconfigurar, a rediseñar, las formas de organización sindical. Eso no llevará, en mi entendimiento, al fin de los sindicatos, pero lleva a una necesidad imperiosa de que los sindicatos se reorganicen.
 
Por ejemplo, en el pasado, teníamos los sindicatos de las telefonistas que eran fuertes, en Río de Janeiro estaba la empresa estatal de telefonía, la cual correspondía al Sindicato de los Trabajadores Telefónicos de Río de Janeiro, así valía para San Pablo y para otros estados sucesivamente. Con la creación exponencial del trabajo online, del llamado trabajo digital de las tele-operadoras -70% del contingente es femenino en Brasil-, con ese trabajo de las tele-operadoras, online, digitalizado, nació una categoría, que es la de los trabajadores y trabajadoras de telemarketing. Muy diferente del antiguo trabajo del sistema de telefonía pública que existía en varios estados de Brasil en los años `60 y `70. Eso está obligando a que, o los sindicatos reelaboren y comprendan esa nueva forma de ser, esa nueva morfología del trabajo, o está dando el nacimiento de nuevos sindicatos que ya están tratando esto como una realidad.
 
Se sabe que muchas trabajadoras de telemarketing están aisladas unas de otras, hay mucha rotación, mucha informalidad, todo eso es una vía que dificulta a los sindicatos. Los sindicatos están obligados a repensar, a comprender esa nueva morfología del trabajo y cómo es posible representarlas con autenticidad, con sentido de clase, y enfocado para los reales intereses de las categorías que los sindicatos representan. Es por cierto el desafío vital, un desafío global.
 
Se usted va a China, si usted va a India, a Inglaterra, si vamos a los Estados Unidos, a Francia, Italia -he viajado a todos esos países, he tenido la suerte de que mis libros hayan sido publicados en todos esos países a los que me he referido-, esa realidad es global, y los sindicatos también sufren un desafío global. Y hay experiencias, sindicatos que procuran dentro de este cuadro nuevo reorganizarse, aunque en una situación más adversa.
 
Pero voy a dar una pista, aunque la clase trabajadora esté profundamente heterogeneizada, bastante fragmentada y en una situación bastante compleja, hay una tendencia común entre tantas y diversas categorías profesionales. ¿Cómo es esa tendencia común? Relativamente homogénea, en medio a tanta heterogeneidad. ¿Cómo esa tendencia es homogeneizante? Es la lucha contra la precarización del trabajo, que incumbe a los periodistas, a los trabajadores de la tecnología de la información y la comunicación, a los trabajadores de la industria de software, afecta también a los trabajadores de call center, a los trabajadores metalúrgicos, a los trabajadores de las cadenas productivas globales.
 
Hoy, las empresas madre, las empresas centrales,  tienen sus marcas y van tercerizando  su producción en varias partes del mundo. Apple, por ejemplo, tiene como gran montadora a Foxconn, en China -Foxconn también tiene una unidad en Brasil-. Esto crea, inclusive, una dificultad, porque Foxconn realiza todo el montaje de los productos de Apple, pero no aparece la marca Foxconn, aparece la marca Apple. Y ni todos saben que Apple es montada por Foxconn.
 
En el 2010, en la Foxconn de China, en la unidad de Shenzhen -los salarios eran entre 100 y 200 dólares, dependiendo del nivel de horas extras-, hubo 17 tentativas de suicidio de trabajadores dado el estrés, la súper-explotación del trabajo. De las 17 tentativas de suicidio, 13 trágicamente ocurrieron. Lo que llevó a una protesta generalizada, que inclusive alcanzó a Apple, porque no solo se presionaba a Foxconn como también a Apple que contrataba a Foxconn. Entonces, qué es Foxconn ? Una gran empresa transnacional de tercerización global.

Es verdad que, en el caso de China, hay ausencia de sindicatos libres, eso ha desafiado a la clase trabajadora china a pensar en alternativas, a pensar en otras formas de movimiento, así como la clase trabajadora en tantas partes del mundo.
 
Pamela Mascarenhas.- Usted también había comentado sobre el potencial que, cambios como el proyecto de tercerización, inciden en la tendencia a rebelarse de los trabajadores y trabajadoras.
 
Ricardo Antunes.- Hay ejemplos de empresas de call center y telemarketing donde ha habido manifestaciones, huelgas. Por ejemplo, la Foxconn, de la que yo cité esos suicidios y la intensidad de la explotación del trabajo, eso vale para muchas otras empresas similares. Eso ha llevado a las más distintas formas de rebelión. En el caso de la Foxconn de China, el uso de internet mostrando las dificultades de las condiciones extenuantes de trabajo e intensificación de la expansión del trabajo.
 
Yo recogía la semana pasada el testimonio de una trabajadora de montaje de productos digitalizados en Brasil. Ella decía «Mire, una tiene la sensación de que un trabajo es separado del otro, que yo estoy poniendo un vidrio aquí de un equipo que yo ni sé lo que es», pero solo el hecho de que ella se haga esa pregunta ya es señal de una percepción de que algo no va bien.
 
Hay huelgas en el sector de telemarketing en Brasil. Nosotros tuvimos huelgas. Hay investigaciones nuevas, hay esbozos de organización sindical, hay descontento que va desde el uso de la internet hasta huelgas, paros, revueltas. Es por eso que estamos teniendo diferentes tipos de revueltas, las huelgas todavía son recurrentes, la idea de tener un sindicato que represente a los trabajadores y trabajadoras también es vital.
 
¿Por qué ellos buscan el sindicato por más que la campaña anti sindicato sea fuerte? Porque el sindicato es una herramienta de defensa de la clase trabajadora. Los sindicatos tienen que representar, porque si no representan, esos trabajadores van a buscar otros caminos, otras formas de manifestación de rebeldía, de lucha, sea en el plano sindical, sea haciendo huelgas, sea a través de declaraciones por internet y otras, la clase trabajadora demuestra la forma de la intensidad de la explotación a que están sujetos.

Pamela Mascarenhas.-  ¿Puede hablar sobre la cuestión del desempleo que ya venía diseñándose debido al agotamiento de un ciclo económico, y el desempleo que podría ocurrir ahora; y la precarización del trabajo que ya teníamos antes y la precarización del trabajo que puede haber ahora en Brasil?
 
Ricardo Antunes.- Nosotros tuvimos en Brasil entre 2003 y 2013 un crecimiento importante de los empleos, de más de 20 millones, porque el país tuvo un ciclo de expansión económica fuerte. Sucede, sin embargo, que a partir de 2013, 2014, la crisis económica global pasó a tener repercusiones más profundas en los llamados Brics, en China, en India, en Rusia, en Brasil, en África del Sur, en varios otros países, especialmente India, China, Brasil. Este primer movimiento, aliado a una serie de equívocos que venían siendo practicados por la política económica vigente, terminaron llevando a un agotamiento del ciclo, a un cuadro donde el mito del país del gran crecimiento, el mito del país de la gran expansión, el mito del país que iba para adelante, comienza a zozobrar.
 
Nosotros [Brasil] comenzamos a tener, entonces, a partir de fin de 2014, inicio de 2015, una acentuación de las tendencias declinantes y el resurgir fuerte del desempleo. Solo para tratar de este último período, una política completamente equivocada, ¿qué hizo el gobierno de Dilma? Fue a buscar un ajuste fiscal bastante nefasto, comandado por [Joaquim] Levy, que era el segundo hombre de un gran banco en Brasil, o sea, completamente imbuido de un proyecto neoliberal de desregulación del trabajo y de un ajuste fiscal privatizador, que disminuye los efectivos de estado en la economía.
 
Ese ajuste fiscal brutal retrajo fuertemente la economía, porque fue exactamente el recetario utilizado por el sistema financiero para preservar superávit primario, primero pagar intereses de la deuda, después intentar un nuevo ciclo de expansión. Cuando el gobierno de Dilma entra en la crisis política profunda en que entró -eso comienza en 2015, en un cuadro que se va acentuando- la política recesiva también es implementada, eso hizo que aquella tendencia declinante se fuera expandiendo, y el desempleo pasa a aumentar.
 
Cuando Dilma sufre la apertura del proceso de impeachment en la Cámara de Diputados, quiere decir, en el medio de una crisis política profunda, hubo una retroalimentación, crisis política y crisis económica. Sube, inicialmente en forma de interina, el gobierno Temer, y este gobierno va a comenzar a tomar una serie de medidas claramente de desregulación del trabajo, de colocar el pie en el freno, e implementar una política de ajuste, de tal modo que usted tuviese como consecuencia ya no el incentivo a la producción, sino un desincentivo a la producción y el consecuente aumento del desempleo.
 
Por eso que, desde que Temer asumió, hace más de 100 días, el desempleo no para de aumentar. Su recetario es aún más destructivo que el del primer año de Dilma. Es un recetario de la privatización, de la desregulación y de la precarización del trabajo, los tres tomados en un acelerador en ritmo alto.
 
Entonces, ¿qué está ocurriendo en este último período? El crecimiento del desempleo que estamos viendo en este último trimestre -mayo, junio y julio- es, por un lado, todavía saldo de las medidas tomadas por el ministro banquero Levy en el primer año del gobierno Dilma. Ese trimestre ya trae un aumento de ese desempleo porque las medidas tomadas por el también banquero [Henrique] Meirelles en el gobierno Temer, son medidas destructivas en relación al crecimiento del empleo y destructivas en relación al trabajo.
 
¿Cuál es el resultado? Nosotros llegamos hoy a niveles oficiales de casi 12 millones de desempleados, cuando en verdad tenemos niveles mucho mayores. Y en el movimiento de la economía que estamos hoy… hoy mismo, ¿cuál fue la medida del Banco Central? Mantener La tasa de interés alta. Intereses altos, remuneración del sistema financiero, recursos son drenados para garantizar el superávit primario, y el Estado perdió aquel impulso que daba para el incentivo de nuevos empleos.
 
Por eso, cualquier análisis serio reconoce que el escenario que vamos a tener en los próximos dos trimestres, que comprenden el año de 2016, es desalentador, y va a hacer que el movimiento sindical y los movimientos sociales luchen ardorosamente para impedir que esas medidas sean aplicadas. Porque esto también es verdad, esas medidas no son inevitables, el movimiento sindical puede impedirlas, los movimientos sociales pueden impedirlas.
 
Lo que vimos en el Senado es expresión de eso. Se creó el pretexto de deponer un gobierno por el conjunto político de su obra, por una oposición que no gana las elecciones. Eso no depende de la evaluación que se haga del gobierno que cae. Yo, por ejemplo, soy muy crítico en relación al gobierno que cayó, muy conciliador y prácticamente sin ninguna osadía para intentar cambios más profundos. Solo que el gobierno que gana, que sale de ese proceso de impeachment, en verdad, es la pura representación de esos intereses dominantes. La tendencia de este gobierno es aumentar la represión, como se vio en Sao Paulo [en las manifestaciones contra el gobierno de Michel Temer].
 
Vamos a entrar en una época de confrontación social, de manifestaciones sindicales y sociales, lo que no depende ni de lejos de imaginar que el gobierno va gozar de calma y tranquilidad. El período que va de 2016 a 2018 será una sucesión amplificada y articulada de crisis sociales y crisis políticas, porque este gobierno no tiene legitimidad.
 
Lo decisivo en este momento sería que un proceso de nuevas elecciones fuese realizado, un plebiscito popular decidiría si se quieren o no nuevas elecciones, y a partir de eso intentar salir de esta crisis. Un gobierno sin legitimidad no apunta a una salida de la crisis, porque la salida de la crisis tiene elementos de profundidad que no son resueltos en el discurso de Temer y sus ministros. La crisis tiene causas estructurales mucho más profundas.
 
Traducción: Armando Vivas, para Herramienta (Argentina).
 
Notas
(1) CLT: Consolidación de las Leyes del Trabajo. Ley laboral que rige en Brasil desde el 1º de mayo de 1943, por decreto del gobierno de Getúlio Vargas.
(2) IBGE: Instituto Brasilero de Geografía y Estadísticas. Organismo de la administración pública encargado, entre otras funciones, de realizar los censos nacionales.
(3) Febraban: Federación Brasileña de Bancos.

Nota de Rebelión
Esta entrevista fue publica, en su idioma original el 4 de septiembre de 2016, pero no permidió actualidad, por eso la poblicamos un año después.

Fuente (Original): http://www.jb.com.br/pais/noticias/2016/09/04/brasil-vai-entrar-numa-epoca-de-manifestacoes-sindicais-e-sociais-diz-sociologo/

Fuente (Traducción): http://www.herramienta.com.ar/content/brasil-entrara-en-una-epoca-de-manifestaciones-sindicales-y-sociales