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CAFTA: el "test latino" de George Bush

Bush logra la aprobación en el Congreso del tratado de libre comercio con América Central

Fuentes: The Guardian y The New York Times. Especial para Clarín

En los papeles, se trataba de un acuerdo comercial relativamente menor entre EE.UU. y seis países latinoamericanos. Pero en realidad, la aprobación del Cafta se convirtió en una áspera batalla en Washington. El Tratado Centroamericano de Libre Comercio (Cafta, por sus siglas en inglés), logró ser aprobado por la Cámara de Representantes en la madrugada […]

En los papeles, se trataba de un acuerdo comercial relativamente menor entre EE.UU. y seis países latinoamericanos. Pero en realidad, la aprobación del Cafta se convirtió en una áspera batalla en Washington.

El Tratado Centroamericano de Libre Comercio (Cafta, por sus siglas en inglés), logró ser aprobado por la Cámara de Representantes en la madrugada del jueves por un margen minúsculo: 217 a favor y 215 en contra.

En un esfuerzo de último minuto por asegurar la aprobación, el presidente George Bush y su vice Dick Cheney dieron el inusual paso de dirigirse personalmente a los republicanos reticentes. Y una cantidad de votos en duda se habrían asegurado mediante promesas que van desde construcción de rutas hasta prominentes puestos en comités.

El presidente puso también en juego el argumento de la seguridad nacional; sostuvo que el comercio ayuda a cimentar las democracias de la región y que previene migraciones hacia EE.UU.

El Senado ya aprobó el tratado, tras un debate de un año. El acuerdo elimina casi todas las barreras al comercio y la inversión entre los EE.UU. y la Republica Dominicana, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Honduras y Guatemala. El volumen de comercio con la región no es importante: en conjunto, esos seis países exportan a los Estados Unidos en un año lo que México envía en sólo cinco semanas. Y el 80% de ese comercio ya está exento de aranceles.

Y las exportaciones estadounidenses a esos países -unos 17.000 millones de dólares anuales- equivalen a las exportaciones anuales de Nueva Jersey.

El presidente dijo el jueves en un comunicado: «Este acuerdo es más que un tratado de comercio: es un compromiso de naciones amantes de la libertad».

Hueso duro

Los acuerdos comerciales siempre han sido difíciles de aprobar, dado que cualquier reducción de las barreras provoca una intensa oposición de los sindicatos y sectores que quedarán expuestos a más competencia.

Pero el Cafta se convirtió en un test clave para ambos partidos. Los partidarios argumentaron que se trataba de una cuestión de principios, una reafirmación y expansión del mucho mayor Nafta, de 1994, que vincula a EE.UU. con México y Canadá. Igual que el Nafta, el Cafta eliminará la mayoría de las barreras al comercio de bienes y servicios y a la inversión entre las partes. Y a algunas farmacéuticas les da en América Central una protección contra los genéricos mayor de la que tienen en los EE.UU.

Pero los sindicatos y sus aliados demócratas sostienen que el pacto satisface a las grandes corporaciones, mientras que casi no aporta ningún resguardo nuevo a los trabajadores mal pagos de América Central. Como resultado, argumentan, alentará a las empresas estadounidenses a trasladar más empleos a esos países.

Sean cuales sean los méritos económicos, la votación evidentemente no entusiasmó a los políticos. Sólo 15 demócratas votaron a favor. Y 27 republicanos votaron en contra del acuerdo. La mayor oposición entre los republicanos provino de estados sureños productores de textiles, productores de azúcar como Louisiana e Idaho y estados industriales de vieja data como Ohio y Pennsylvania.

Votos raros

Faltaban pocos minutos para la medianoche del miércoles cuando el representante Robin Hayes capituló. Hayes, un republicano cuyo estado, Carolina del Norte, ha perdido miles de empleos textiles en los últimos años, había desafiado al presidente Bush y a los jefes de su bancada pronunciándose en contra del Cafta.

Pero el presidente de la cámara, J.Dennis Hastert, le dijo que si pasaba de «no» a «sí» le prometían impulsar cualquier norma que Hayes considerara necesaria para restringir las importaciones de ropa china.

El viraje de Hayes resultó decisivo para el margen de dos votos.

Los demócratas acusan a los republicanos de comprar votos y obligar a los parlamentarios a votar en contra de sus conciencias.

Nancy Pelosi, jefa de la bancada demócrata, acusó a los líderes republicanos de hacer cualquier cosa para obtener los votos. «Una vez más, el piso de la cámara se pareció a un set del programa Hagamos un trato», dijo.

Cuál fue el costo para los contribuyentes estadounidenses de este minúsculo margen no se sabrá por algún tiempo. Los oponentes del acuerdo comercial dicen que los republicanos tentaron a muchos legisladores asignando miles de millones de dólares a distintos proyectos dentro de una ley de gasto vial de 286.000 millones de dólares.

Traducción de Susana Manghi