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Chávez y su arma petrolera o El don de dar

Fuentes: Rebelión

Mucho se ha hablado del poder petrolero de Chávez, del uso que hace de ese petróleo caído del cielo para influir en los países que no lo poseen. Venezuela saca a relucir ese concepto tan poco usado por nuestros amigos: el principio de la solidaridad. Estados Unidos, el otro país que ha incursionado de una […]

Mucho se ha hablado del poder petrolero de Chávez, del uso que hace de ese petróleo caído del cielo para influir en los países que no lo poseen.

Venezuela saca a relucir ese concepto tan poco usado por nuestros amigos: el principio de la solidaridad.

Estados Unidos, el otro país que ha incursionado de una manera dominante en el siglo XX, lo hizo con criterio de someter a los demás y seguir aprovechándose de sus riquezas para sí mismo, siguiendo el mismo modelo que aplicó España en el siglo XIX. Lo hizo con nuestro azúcar, con el guineo, con el café, con cualquier producto. Y el resultado era siempre el mismo, seguíamos en la pobreza.

El mas benévolo de sus presidentes, Kennedy, intentó aplicar una política diferente, por lo menos en apariencia. Se inventó aquella famosa Alianza para el Progreso, que consistía en traernos productos que serían repartidos a los pobres. Se ha probado que la miseria de cualquier país no se resuelve con limosna y mucho menos con productos descalificados para el consumo.

Yo tenía 10 años cuando le llegó a mi madre, vía la Iglesia, la parte que le correspondía de esa ayuda. A ella porque era maestra de escuela y debía preparar el desayuno escolar. Los productos eran: leche en polvo, queso, harina, aceite de soja y unos folletitos 8 ½ x 5 ½ sobre hortalizas. La leche en polvo venía en unos sacos de papel grueso de doble envoltura y había que recurrir a la mano del pilón para desbaratar los turrones. Muchas veces se quedaban empegotados en el fondo de la paila, al hervirse la leche. El queso venía en unos envases cuadrados de aluminio y el comentario que recuerdo de la gente es que sabía a hormiga. Era un queso amarillo con sabor indescriptible. La harina no tenía las mismas características que la de la panadería o de la que estaba en el mercado en aquel entonces, que era la harina Primavera. Además, tenía gorgojos y unos puntos negros que había que quitarle antes de prepararla. El aceite despedía un olor del mismo demonio cuando se hacían frituras. Mi mamá estaba que botaba humo, porque además de atender las tandas matutina y vespertina, tenía que hacer de cocinera, con el mismo salario de miseria (70 pesos). Luego le agregarían la tanda de alfabetización de adultos en la noche, con el mismo sueldo. Los folletos eran como si te regalaran un manual para manejar un Mercedes; pero sin Mercedes.

Cuando se habla de solidaridad se habla de compartir, de dar; pero no de deshacerce de los excedentes podridos e inservibles que se posean. De nada sirve enviar a Haití abrigos de invierno o botas forradas con lana. Mucho menos soldados a violar niñas.

Muchas son las teorías que tratan de explicar el malestar de los pueblos hoy en día. Y me convenzo cada vez más de que uno de los grandes factores tiene que ver con el don de dar. Tanto a nivel individual como en cualquier colectividad. Si soy lavaplatos quiero ser mozo, luego gerente, y sin perder de vista que es a dueño del restaurante a lo que quiero llegar. Una vez dueño, quiero ser dueño de todos los restaurantes del país y luego de todos los del mundo. Veremos si en Marte hay agua bajo la superficie.

Claro que nadie esta obligado a dar nada; pero estoy convencido de que con esta práctica somos mas humanos, y vivimos en mejor armonía.

Siempre pensé que la Iglesia estaba para ayudar a los pobres hasta que terminé mi bachillerato y me confronté a la dura realidad de saber que en Santiago de los Caballeros no había universidad pública. La única era católica y privada. Había tres grandes colegios secundarios dirigidos por la Iglesia (más uno que era evangélico). Sigo siendo cristiano; pero no católico. En la Epístola a los Corintios se habla de ese don; pero la Iglesia, más que para dar fue concebida para recibir. La misma filosofía del boxeador.

Los grandes países desarrollados, más que para dar o ayudar a los países a desarrollarse, se programan para dominarlos y así sacar siempre beneficios para sí mismos.

La generosidad no existe para ellos y se constituyen en agresores para poseer lo que no les pertenece. Si EEUU hubiese estado interesado en ayudar a Iraq lo habría bombardeado con pan y no con bombas.

El año pasado, las comunidades autóctonas de Chiapas, en México, enviaron a Cuba un enorme cargamento de maíz. Como regalo, por pura solidaridad. Y que conste que no era maíz con gorgojo ni pasao, ni mucho menos transgénico.

Fidel le ofreció al pueblo dominicano una escuela en Baní como gesto de agradecimiento histórico por la solidaridad que recibió Cuba del general Máximo Gómez.

Igual ha ocurrido con la Operación Milagro. Una campaña continental, mundial, para operar gratis a millones de gentes sin posibilidades económicas. La ley del mercado es que si tu no tienes dinero para operarte, te quedas ciego. Es la misma ley de la privatización.

Y la campaña YO SI PUEDO para ayudar a salir de la ignorancia a tantos y tantos habitantes de este continente. ¿Qué recibe Cuba a cambio? ¿Influencia política? ¿ Votos en la OEA? Si precisamente por esta vocación de hermandad y solidaridad es por lo que la sacaron de ese organismo manipulado por EEUU.

Cuando EEUU quiere aplicar su tratado de libre comercio, ¿busca con ello ayudar a resolver los problemas de los demás países ? Evidentemente que no. Pretende acaparar el comercio y destruir a los productores locales. Tan simple como eso.

¿Se solidarizan los países que mantienen ocupado a Afganistán con él ? Si fuese solidaridad, no habría un solo soldado, sino miles de médicos, enfermeras; cargamentos de alimentos y no de armas.

Si Chávez ofrece facilidades a países tiene todo el derecho de condicionarlas. De hecho, y es un ejemplo, no hubiera debido venderle ni una sola gota de gasolina a la República Dominicana mientras Hipólito refugiara a Carlos Andrés Pérez.

Con la venta de gasolina a Santo Domingo se descubrió el verdadero rol de la Shell, de la ganancia por el transporte, por ser intermediaria. La socia a 50% de la refinería resultó ser la dueña de todo el negocio.

A pesar del bloqueo y de limitaciones económicas, Cuba ha sobrevivido enarbolando un proyecto político diferente y justo para situarse por encima de cualquier país de América Latina. Me refiero al país en su totalidad. No hablo de sectores que gozan de privilegios en cada una de nuestras sociedades. Y con todas esas limitaciones, nunca ha renunciado a ese don de dar. ¿Cuántos estudiantes becados hay en las universidades cubanas? Becados quiere decir gratis. ¿Cuántos becados tiene EEUU? Por el contrario, éstos esperan que se graduen para que ejerzan en su territorio, evitando así los enormes gastos de formación en que incurren los países pobres.

Cuando se instala una planta de Coca-Cola en un país. ¿Quién gana? ¿El país por los 300 o 500 empleos ? ¿Empleos o esclavos sin derecho a sindicatos ? Gana la intoxicadora.

Lo que le da más rabia a los poderosos es que Chávez esté dilapidando el petróleo en los barrios de Caracas. Se parece a una viñeta de Chumy Chúmez: hay una hilera de carros en un tapón de tráfico y uno de ellos, viendo a un campesino a caballo, dice: «Lo que mas me jode es que ÉSE VA A LLEGAR PRIMERO».