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China es el modelo para una potencia mundial latinoamericana

Fuentes: Rebelión

1. Avance geopolítico chino, estancamiento criollo Hace tres décadas, el problema geopolítico de China y América Latina era estructuralmente el mismo: salir del status de una región subdesarrollada e insertarse como potencia mundial en el orden global. Hoy día, la diferencia entre ambas regiones no podría ser más dramática. Mientras China ha resuelto exitosamente ambas […]

1. Avance geopolítico chino, estancamiento criollo

Hace tres décadas, el problema geopolítico de China y América Latina era estructuralmente el mismo: salir del status de una región subdesarrollada e insertarse como potencia mundial en el orden global. Hoy día, la diferencia entre ambas regiones no podría ser más dramática. Mientras China ha resuelto exitosamente ambas tareas, América Latina está en peligro de perder en el 2009 los pocos avances integrativos alcanzados y, de seguir como actor geopolítico cero en el ajedrez mundial.

Las lecciones del exitoso modelo chino son claras. Para salirse de una economía nacional subdesarrollada se requiere un Estado fuerte con una clase política capaz de aplicar inteligentemente la estrategia económica del modelo desarrollista de Friedrich List. Ambos requisitos se cumplieron en China, lo que, aunado al gigantesco poder territorial y demográfico del país, lo convirtió en treinta años en la tercera potencia económica del mundo.

Con una economía competitiva y poderosa China decidió proyectarse como ascendente potencia regional que buscaba insertarse en el orden global de la pax americana, the American Century. Tal decisión significa marcharse a la guerra, como muestra la historia del Siglo XX, cuando las potencias ascendentes Alemania y Japón no lograron reconfigurar políticamente el sistema mundial dominante, terminando sus intentos de inserción en la Primera y Segunda Guerra Mundial; o, como lo revelan las constantes guerras de Israel, cuya clase dominante está plagada de tal idiotez y ceguera que no encuentra su lugar en el tablero del ajedrez mundial.

China, con la sabiduría de Sun Tzu, ha evitado (hasta ahora) tales cataclismos, avanzando dialécticamente con firmeza estratégica y flexibilidad táctica en la conquista de posiciones geopolíticas, dando todo un ejemplo de política exterior expansiva para los gobiernos progresistas latinoamericanos.

2. África: ejemplo de inserción geopolítica – el Consenso de Beijing

La inserción de China en África en los últimos ocho años mediante una magistral estrategia de afianzamiento regional-global, sirve de paradigma. Esa inserción comenzó sistemáticamente con el «Foro para la cooperación China-África» que reunió en enero del 2000 a 44 altos políticos africanos en Beijing, bajo el lema «beneficio mutuo, resultados factibles, multiplicidad de formas y desarrollo conjunto».

Sobre esta plataforma programática comenzó el desarrollo de la interacción económica. El volumen comercial de apenas 10 mil millones de dólares se incrementó hasta el año 2008, a 108 mil millones de dólares, y las inversiones chinas a más de cinco mil millones. La construcción de infraestructuras y fábricas de buena calidad y bajo costo; de prestamos blandos; de inversiones energéticas; de aranceles cero para 190 mercancías africanas; de decenas de miles de becas para estudiantes y trabajadores, en China; la condonación de casi 10 mil millones de dólares en deudas bilaterales y el envío de alrededor de 15 mil médicos, crearon una sistemática presencia china en todo el continente.

El 12 de enero del 2006, un nuevo documento estratégico chino refinó la relación con el continente africano como un «nuevo modelo de asociación estratégica» que abarca no sólo la economía, sino también la política —un centro de convenciones por valor de 150 millones de dólares, regalado a la Unión Africana en Adis Abeba— la cultura y múltiples otras áreas de cooperación. En noviembre del 2006, una nueva reunión del Foro reunió en la capital china a 48 jefes de Estado africanos, reforzando el Consenso de Beijing.

3. Proyección geopolítica militar

El envío de tres barcos de guerra de China hacia las costas de Somalia en diciembre del 2008, inició la proyección militar de la nueva potencia mundial a escena internacional. No fue un acto aislado, sino el inicio de una presencia militar global de China, como corolario de su presencia económica global, tal como indica el «libro blanco militar» del Consejo de Estado, dado a conocer por el Ministerio de Defensa el 20 de enero, 2009.

El documento de 105 páginas define como amenazas a la seguridad china a ciertos movimientos independentistas relacionados con Taiwán, Tibet y Xinjiang y a la política militar estadounidense (sic). Afirma que «encontrándose en una fase de transición económica y social», China necesita contrarrestar la presencia militar estadounidense en la región: Washington «ha incrementado su atención estratégica e insumo en la región del Pacífico y Asia, consolidando sus alianzas militares, ajustando sus despliegues militares y aumentando sus capacidades militares». La construcción de «nuevos tipos de submarinos, destructores, fragatas y aviones de combate», es la respuesta del dragón chino al águila occidental.

4. Proyección geopolítica mediática

La cuidadosa proyección militar extra muros va acompañado de una nueva proyección global del poder mediático chino. Consciente de la importancia de la opinión pública mundial y de la guerra propagandística —en el ascenso como flamante sujeto codecisorio del orden global— el gobierno chino ha decidido expandir mundialmente sus medios impresos y televisivos. Con un presupuesto de 6.6 mil millones de dólares se tratará de crear «una imagen de una nación nueva y fuerte», para el mundo entero: mediante un canal noticiero de 24 horas de la China Central Televisión (CCTV), modelado según Al Jazeera; de la apertura de nuevas oficinas de la agencia de noticias Xinhua y de nuevas ediciones del diario People´s Daily.

5. Orfandad geopolítica criolla

En la política latinoamericana no hay nada remotamente cercano a esa concepción estratégica de inserción en la geopolítica global, sobre los componentes del poder real: el económico, el político-diplomático, el cultural y el militar. No lo hay en lo estratégico-conceptual, ni en la eficiencia de ejecución de incipientes proyectos. Es más, la diplomacia latinoamericana como cuerpo doctrinal no existe, como tampoco existen las instituciones (think tanks) que deberían conceptualizar sus componentes estratégicos.

6. Sin geopolítica post-monroeista, en la globalidad multipolar

La política exterior de las presidencias y cancillerías latinoamericanas se centra en lo nacional y es, generalmente, de carácter reactivo y ad hoc, exceptuándose, en cierto grado a Cuba y Brasil. Sin embargo, la esencia de la diplomacia cubana es defensiva (romper el bloqueo) y la de la brasileña, nacionalista, hecho por el cual no pueden llenar el vacío que deja la ausencia de una visión geopolítica post-monroeista en el nuevo sistema global multipolar.

Esa orfandad geopolítica estratégica criolla es la diferencia fundamental entre la política de los gobiernos desarrollistas latinoamericanas y la política del modelo chino: no hay software de altura ni centros estratégicos de pensamiento ni una clase política criolla con una visión geopolítica viable, a la par de las condiciones objetivas de la Patria Grande. El tablero del gran ajedrez mundial que sería ipso facto un factor decisivo de constitución e identidad del sujeto latinoamericano de la política mundial, no existe para los gobiernos latinoamericanos.

7. La guerra de inserción y el gran Sun Tzu

Y esto significa, como enseñó el gran Sun Tzu, ir a la guerra (de inserción contra Washington y Bruselas) sin preparación. «La guerra es tema vital para el Estado, es la frontera entre la vida y la muerte, la diferencia entre la sobrevivencia y la aniquilación. Se debe estudiar», dice el sabio chino y cita a Li Ch´uan: «Las armas traen problemas. Hay que darle su lugar a la guerra y reflexionar antes de lanzarse a ella».