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Cómo los conflictos globales afectan a los pueblos del mundo

Fuentes: Rebelión

Mientras las tensiones geopolíticas escalan peligrosamente, el impacto más profundo no siempre se mide en el campo de batalla, sino en la vida cotidiana de millones de personas en todo el planeta.

En medio de la creciente tensión en Oriente Medio, producto de la brutalidad de la agresión de los Estados Unidos y los sionistas genocidas de Israel a Irán. Gran parte del debate público se centra en escenarios militares, intervención directa en los países, con amenazas de posibles nuevas invasiones (Cuba, Groenlandia, Canadá), escaladas regionales o incluso con el posible uso de armamento nuclear como hicieron los EE.UU. en Hiroshima y Nagasaki. Sin embargo, para la mayoría de la población mundial, el verdadero impacto de estos conflictos no llega siempre en forma de enfrentamientos directos, sino a través de un deterioro progresivo de las condiciones económicas y las carencias de la vida diaria.

Lejos de las decisiones estratégicas y los discursos políticos, el ciudadano de a pie suele ser quien paga las consecuencias más duraderas de las acciones de las oligarquías políticas, militares y grandes consorcios empresariales, ligados a un sistema capitalista mundial en decadencia.

Uno de los primeros efectos de cualquier conflicto en una región clave como Oriente Medio es la subida de los precios de la energía. El petróleo y el gas siguen siendo pilares fundamentales de la economía global y cualquier interrupción prolongada, amenazas en su suministro, genera reacciones inmediatas en los mercados y los países.

Este aumento no se queda en el sector energético. Se traslada rápidamente al transporte, a la producción industrial, fertilizantes y finalmente al precio de la canasta básica. Lo que comienza como una tensión geopolítica, termina reflejándose en algo tan cotidiano como el costo de la bencina (nafta) o hacer las compras básicas de productos alimenticios. Al momento de escribir esta nota el precio dólar del barril de petróleo oscilaba en 101,28, lo que significa que cada día de prolongación del conflicto de Oriente Medio, el valor del crudo va creciendo progresivamente.

A diferencia de las crisis abruptas, muchos conflictos generan un efecto más lento pero persistente, la inflación sostenida. No siempre se percibe como un shock inmediato, sino como una acumulación de pequeñas subidas graduales y especulativas que, con el tiempo, erosionan el poder adquisitivo de los sectores sociales populares.

Los salarios, en muchos casos estancados, no suelen crecer al mismo ritmo, producto de las políticas neoliberales del capital usurero internacional. El resultado es una pérdida gradual de capacidad económica que afecta especialmente a los estratos sociales medios y a la clase trabajadoras de cada país.

La incertidumbre geopolítica global, también influye en las decisiones empresariales. En contextos de inestabilidad, las compañías tienden a retrasar inversiones, reducir riesgos y ajustar costos. Esto puede traducirse en menor creación de empleo o incluso en recortes de plantilla en determinados sectores de la economía.

Aunque este impacto suele ser menos inmediato, sus efectos pueden prolongarse durante años.

En un escenarios de inflación elevada, los bancos centrales suelen responder con subidas de tipos de interés, que afectan a todos aquellos que tienen deudas de créditos diversos. Esta medida, destinada a contener los precios, tiene efectos colaterales, pues encarece las hipotecas, dificulta el acceso al crédito y presiona al alza el mercado del alquiler, todo se encarece, producto de la guerra del emperador Trump.

Para muchos hogares, esto supone una carga adicional en un contexto ya tensionado por el aumento constante del costo de la vida, en aquellos países donde se han implementado las políticas económicas neoliberales, muy atractivas para los gobiernos de derecha.

Una de las percepciones más extendidas y no carente de fundamento es que los efectos más duros recaen sobre quienes tienen menos margen económico (medianos y pequeños empresarios). Mientras grandes corporaciones y actores con mayor capacidad financiera pueden adaptarse mejor, las economías domésticas tienen menos herramientas para absorber el impacto que genera el capital trasnacional en los hogares.

No se trata de una división absoluta, pero sí de una tendencia clara, la vulnerabilidad económica amplifica las consecuencias de cualquier crisis, en este caso gatillada por la agresión al pueblo de Irán.

Aunque los escenarios más extremos, como una guerra total, siguen siendo poco probables, pero no imposibles, el deterioro económico progresivo es una posibilidad mucho más tangible. Y a diferencia de las decisiones políticas o militares de los belicistas del capital, este impacto se filtra lentamente en la vida diaria, afectando a millones de personas que no tienen absolutamente nada que ver con este y otros conflictos.

En este contexto, la preocupación social no gira únicamente en torno a quién gana o pierde en términos geopolíticos, sino a cómo estos acontecimientos redefinen las condiciones de vida a cada ciudadano a nivel global.

En definitiva, el coste real de los conflictos modernos, generados por los capitalistas en función de sus propios intereses, no siempre se mide en victorias o derrotas, sino en algo más cercano y persistente, la capacidad de las personas para mantener su nivel de vida en un entorno cada vez más hostil e incierto.

Miles de productos dependen de materiales derivados del petróleo y el gas natural o están fabricados con ellos. Si bien el uso más común del petróleo es como combustible, el petróleo y el gas natural también se utilizan con frecuencia para generar electricidad y una diversidad de otros productos.

El sistema capitalista estadounidense y europeo comienza a dar gritos desesperados ante la generación de su propia decadencia y va generando una gran incertidumbre a escala global, afectando a los estratos sociales más indefensos en sus condiciones de vida, para empujar la proliferación de más guerras o el ocaso final del genero humano. No olvidemos que todos los imperios a través de la historia siempre han caído de forma violenta, brutal y esta no podría ser la excepción.

Eduardo Andrade Bone, analista político, comunicador social. WMP/PP/AIP                                                                                                                                                                       

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.