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¿Cómo se originó y quién se benefica con el colapso bursátil mundial?

Fuentes: IAR

De acuerdo con las leyes de su desarrollo histórico, el sistema capitalista se basa en dos pilares esenciales: la búsqueda de rentabilidad (la ganancia y concentración de riquezas en pocas manos, que conforma la base de formación de los monopolios) y la competencia por los mercados (la dinámica por la cual los monopolios capitalistas compiten […]

De acuerdo con las leyes de su desarrollo histórico, el sistema capitalista se basa en dos pilares esenciales: la búsqueda de rentabilidad (la ganancia y concentración de riquezas en pocas manos, que conforma la base de formación de los monopolios) y la competencia por los mercados (la dinámica por la cual los monopolios capitalistas compiten entre sí, y el pez más grande se come al chico).

A estas dos instancias rectoras se agrega, en la era de la globalización, la «regulación darwiniana» del mercado por medio de las «burbujas» (periodos expansivos) y las «crisis» (periodos depresivos), tras las cuales los grupos más poderosos y diversificados (y con mayor control político de la economía a través de los Estados capitalistas) absorben a los grupos más débiles y continúan con una nueva fase del proceso de rentabilidad y concentración de riqueza.

En el actual estado de dominación imperial capitalista, las dos herramientas claves para desatar y controlar las «crisis» y las «burbujas» financieras (donde un grupo fuerte se come al más débil) son el dólar y la Reserva Federal de EEUU, la potencia locomotora regente del sistema capitalista a escala global.

La Reserva Federal, controlada por los grupos más poderosos del sionismo financiero internacional (Goldmam Sach, entre ellos, que actualmente controla el Tesoro de EEUU a través de su presidente, Henry Paulson, ex director del grupo), como veremos más adelante, y por medio del manejo de las tasas de interés, desata las «burbujas» (proceso de ganancias infladas y de gran circulación de dinero), y luego las descomprime desatando las «crisis» (proceso bajista y de retracción del dinero por el cual los grupos superconcentrados compran acciones baratas y se apoderan de activos empresariales y tajadas claves del mercado).

De esta manera, el pez grande se come al chico, y el proceso de rentabilidad y concentración capitalista sigue funcionando en otra fase y estadio de desarrollo.

El origen de la «burbuja hipotecaria»

Veamos el proceso paso por paso:

A) El auge con las tasas bajas

Según lo cuenta el mismo The Wall Street Journal, desde junio de 2003 a junio de 2004 las tasas de interés fijadas por la Reserva Federal llegaron a estar en el 1 por ciento, frente al 5,25 por ciento actual.

Paralelamente, y posibilitado por esta situación, las empresas y los bancos produjeron un boom del sector inmobiliario con créditos baratos y accesibles a las mayorías, y esta situación dio un inusitado auge a la compra de viviendas en EEUU.

Con créditos baratos -según el Journal- , los bancos otorgaron préstamos a manos llenas, incluso a personas físicas que en realidad no estaban en condiciones de contraer una deuda hipotecaria. Estas familias tampoco reflexionaron en que algún día podrían subir las tasas de interés elevando su deuda a niveles estratosféricos.

Tan sólo en los últimos dos años, instituciones de crédito estadounidenses otorgaron créditos hipotecarios por más de 3 billones de dólares (para dimensionar esta cifra, baste recordar que el prepuesto anual de EEUU es de 2,4 billones de dólares).

De acuerdo con el Journal, el 20 por ciento de esta cantidad fue concedido a personas de baja solvencia económica en EEUU.

B) La «burbuja hipotecaria»

Los bancos que financiaron originalmente los créditos hipotecarios baratos en EEUU (la base del «boom inmobiliario»), para deshacerse del riesgo a largo plazo vendieron los bonos de esa deuda (hipotecas subprime), a poderosos bancos y fondos de inversión (entre los que se encuentran los grupos controladores de la Reserva Federal), que los colocaron a altísimos intereses en los mercados de capitales globalizados a nivel planetario.

O sea, que del negocio original en EEUU, el «boom inmobiliario» estadounidense derivó (a través del capital especulativo y sin fronteras) en una «burbuja financiera» descomunal que derramaba altísimos niveles de ganancias entre los tenedores de esos bonos, los llamados «inversores», en los mercados de Europa, Asia y América Latina.

Pero este proceso, además de las bajas tasas de interés fijadas por la Fed, fue posibilitado por otro actor central de los procesos de expansión y concentración capitalista generado por los grupos sionistas que controlan la Reserva Federal de EEUU: las agencias calificadoras de riesgo.

C) El rol de las «calificadoras»

En el sistema financiero internacional las agencias calificadoras de riesgo (del cual se «nutren» y sacan sus pronósticos los llamados «analistas de mercado» de la prensa sionista) cumplen un papel clave y complementario en los procesos de ganancia y concentración capitalista lanzados por los grupos financieros superconcentrados que controlan la Reserva Federal, el Tesoro de EEUU, el Banco Mundial, el FMI, y el resto de las instituciones crediticias mundiales, incluidos los bancos centrales europeos, asiáticos, latinoamericanos y africanos.

Las agencias calificadoras (grupos súper-concentrados que facturan miles de millones), son (junto con las tasas de interés de la Fed) los instrumentos claves por medio de los cuales se desatan indistintamente las «burbujas» o las «crisis» de los mercados financieros globales.

Según The Wall Street Journal, los fondos subprime del «boom inmobiliaro» de EEUU fueron atractivos para inversionistas mientras las agencias calificadoras de riesgo mantuvieron una alta valoración, lo que sucedió mientras la Fed mantuvo bajas las tasas de interés.

Pero cuando las tasas de interés subieron, la calificación bajó drásticamente -dice el Journal- y millones de familias no podían pagar más la hipoteca contraída y los inversionistas (que compraron los bonos en los mercados globales) retiraron con pánico su dinero de dichas inversiones.

De este modo -explica The Wall Street Journal- estalló la «burbuja hipotecaria», arrastrando a los mercados bursátiles del mundo entero.

Cuando los grandes bancos y fondos de inversión comenzaron a colocar los bonos de la deuda inmobiliaria en EEUU en los mercados globales, S&P, Moody’s Investors Service y Fitch Ratings (las tres principales calificadoras de Wall Street) otorgaron calificaciones excelentes a esos valores que, según el Journal, se construyeron a partir de préstamos cuestionables.

De esta manera -sigue el Journal- enviaron una señal que estos valores eran casi tan seguros como los bonos del Tesoro de EEUU.

Además, ganaron millones de dólares con esa labor, y Moody’s, por ejemplo, obtuvo más de US$3.000 millones entre 2002 y 2006 por calificar valores basados en préstamos hipotecarios.

La «crisis hipotecaria»

De acuerdo con las leyes históricas del capitalismo, para que se produzca la concentración monopólica de la riqueza, debe generarse (a través de la competencia capitalista por el mercado y la rentabilidad) un proceso de alta circulación de dinero y de ganancias, primero, y otro de retracción de ganancias con escasez del dinero circulante después.

O sea, debe haber «burbujas» y «crisis» financieras, donde unos pierden y otros ganan, y donde los monopolios más súper-concentrados del sistema capitalista se degluten y/o absorben a los menos concentrados (el pez grande se come al chico).

Esta dinámica es la que ha posibilitado la existencia de bancos y trasnacionales (la mayoría abrumante con asiento en Wall Street) que facturan ganancias y tienen activos equivalentes a los presupuestos y al PBI de decenas de países juntos del llamado «mundo periférico» (los «mercados emergentes»).

Pero, para que haya concentración monopólica capitalista en alta escala, ambos procesos, las «burbujas» y las «crisis», deben estar controlados por el poder imperialista central, en este caso por medio de la Reserva Federal de EEUU y el dólar, la moneda patrón de las transacciones financieras y comerciales a escala global.

En el caso de la «crisis hipotecaria» estadounidense, los bancos y los fondos de inversión que colocaron los bonos subprime en los mercados financieros globales, son de los mismos grupos sionistas que controlan la Reserva Federal y el Tesoro de EEUU, además de estar asociados, por infinitos vasos comunicantes, a las calificadoras de riesgo y a los monopolios de la prensa sionista que concentran la información financiera a escala mundial.

Durante el proceso del «boom inmobiliario» en EEUU que devino en la «burbuja hipotecaria» a escala global, la Reserva mantuvo las tasas bajas, las calificadoras otorgaron «credibilidad» y «seguridad rentable» a los bonos, y la prensa financiera (a través de los analistas de mercado) publicitó la ola inversora de la «burbuja hipotecaria» a escala global.

Pero toda esta maquinaria (controlada por los grupos sionistas superconcentrados de Nueva York) de pronto comenzó a dar un giro progresivo y convirtió la «burbuja hipotecaria» en «crisis hipotecaria».

La Reserva Federal subió progresivamente las tasas de interés, las calificadoras subieron el índice de «riesgo» de los bonos, y las grandes cadenas mediáticas internacionales y los «analistas de mercado» comenzaron a hablar de «crisis hipotecaria» y de posible recesión en EEUU con severas implicancias en la economía global.

Paralelamente, los gurúes del sionismo financiero de Wall Street (Greenspan en primera fila) comenzaron a pronosticar una crisis recesiva de la economía estadounidense con implicancias negativas en la economía mundial.

En consecuencia, y como lo describe The Wall Street Journal, a medida que las calificadoras subían el riesgo de las subprime, aumentaban los impagos de los créditos en EEUU y los inversionistas que compraron bonos u otros valores basados en esas hipotecas veían como su inversión se desplomaba en la desvalorización de los bonos diseminados por los mercados financieros globales.

En resumen, y como resultante del proceso, los tenedores de los bonos subprime «desvalorizados» comenzaron a venderlos en masa generando un colapso generalizado (de todos los índices y acciones) de los mercados financieros en EEUU, Europa, Asia y América Latina.

Vender caro y comprar barato

El primer axioma funcional de un capitalista judío (los padres del sionismo de Wall Street) es vender caro y comprar barato, lo que da como resumen la ganancia capitalista.

Eso exactamente es lo que hicieron los bancos y grupos financieros sionistas que controlan la Reserva Federal y las tasas de interés, con la «burbuja hipotecaria», primero, y con la «crisis hipotecaria» después.

Primero venden caro:

-Mientras la Reserva Federal mantenía la tasa de interés baja las empresas y bancos cosecharon multimillonarias ganancias con el «boom inmobiliario» en EEUU.

– Luego (en un frente de «multi-negocio financiero» a escala global) los mega-bancos y fondos de inversión de Wall Street colocaron esos bonos a valores altísimos en los mercados mundiales, generando una burbuja ganancial especulativa de billones de dólares.

Luego compran barato:

Pregunta: ¿Dónde están los bonos (y acciones de bolsa) devaluados vendidos en masa por los tenedores en los mercados globales durante el colapso bursátil detonado por la «crisis hipotecaria» en EEUU?

Respuesta: Eso bonos y acciones están (o van a estar) en los bolsillos de los mismos grupos súper-concentrados que detonaron la «burbuja» y luego detonaron la «crisis», que los compraron (o los van a comprar) para apoderarse de activos empresariales a precio devaluado.

O sea, vendieron caro y ahora compran barato.

La estrategia de control

Las «crisis financieras globales» (o colapsos de los mercados bursátiles) activadas por los monopolios súper-concentrados de Wall Street, les sirve a esos mismos monopolios para comprar acciones y bonos devaluados en los mercados globales apoderándose de esa manera de los activos y porciones del mercado de las empresas y grupos financieros perdedores.

Esto, a su vez, genera más concentración monopólica de los grupos financieros que controlan el Imperio sionista desde la Reserva Federal, el Tesoro de EEUU y los bancos centrales de Europa, mientras las leyes de rentabilidad y concentración capitalista siguen funcionando desde un nuevo estadio de desarrollo.

De esta manera, en un proceso de conversión dialéctica del positivo al negativo, el sistema capitalista sionista, controlado desde la cima del Imperio norteamericano, genera ganancias y concentración de riquezas en pocas manos, tanto con las «burbujas» como con las «crisis».

Esto se posibilita por la concentración de riqueza y de poder de los grupos financieros que controlan la Reserva Federal, las tasas y el dólar, la moneda donde (según los expertos y las estadísticas) se refugian los inversores globales cuando estallan las crisis en los mercados globales.

Además, está harto probado que cuando hay crisis económica o bursátil (en cualquier país del mundo) la gente no corre a comprar yenes o euros, sino dólares.

Y de ahí deviene precisamente (en forma práctica) el poder del dólar y de la Reserva Federal como instrumentos claves de regulación y control de la economía a escala planetaria: Cuando la Reserva abre el grifo de los dólares con tasas bajas, se producen las «burbujas» (especulación con las ganancias), cuando la Reserva cierra el grifo de los dólares con tasas altas, se producen las «crisis» (especulación con las pérdidas).

Y un dato clave para terminar de entender el circuito: Los que abren o cierran el grifo del dólar son los grupos financieros sionistas súper-concentrados que controlan la Reserva Federal, el Tesoro y los bancos centrales a escala global. O sea, el poder económico sobre el cual se sostiene el Imperio político y militar: Washington y su arsenal nuclear-tecnológico-militar con más de mil bases militares distribuidas por todo el planeta.

Tal cual como lo predijo Alan Greenspan (el gurú más emblemático de los grupos sionistas que controlan el dólar y la Reserva Federal), y lo acaba de afirmar el presidente del Tesoro de EEUU, Henry Paulson, (ex director de Goldman Sach), la «crisis hipotecaria» estadounidense va a dar como resultante una quiebra generalizada de empresas, tanto en EEUU como en el resto del mundo.

Y como en el sistema capitalista todo se compra y se vende (incluidos los activos empresarios y las acciones devaluadas en los mercados globales), los mismos grupos sionistas que lanzaron y se beneficiaron de la «burbuja hipotecaria», hoy ya están comprando, a precio de regalo, los bonos y acciones devaluadas por la «crisis hipotecaria».

Como estaba previsto por los expertos, el viernes pasado, luego del colapso bursátil del «jueves negro», la Reserva Federal bajó en medio punto las tasas de interés e inmediatamente Wall Street y las bolsas europeas y latinoamericanas cerraron la semana con alzas moderadas (esto prueba todo lo afirmado anteriormente).

No obstante, desde la Reserva Federal, desde el Tesoro y desde las centrales sionistas de Wall Street y de Europa, se arrojaron señales claras de que los mercados seguirán «volátiles» y de que la economía de EEUU puede ser afectada en su crecimiento.

Esto, en lectura decodificada, quiere decir que la «crisis hipotecaria» está «bajo control», y que seguirá hasta que los grupos súper-concentrados terminen de apoderarse de las acciones y los activos de las empresas y grupos quebrados (perdedores) del «boom inmobiliario».

El lector que quiera comprobarlo, no tiene nada más que tomar este instrumento de análisis que le facilitamos y comenzar a investigar «entrelineas» en la información diaria.

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(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica.