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Corporación-Estado versus Estado-partido (II)

Fuentes: Rebelión

“Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano (George Orwell, 1984)

La humanidad está en una de las mayores crisis de su historia, incluso mayor que la peste negra que asoló a Europa, África y Asia o la Segunda Guerra Mundial. Desde el ataque a las torres gemelas en Nueva York en 2001, se vienen sucediendo diversos acontecimientos que han influido en cambiar las relaciones políticas, económicas y sociales:  la guerra contra el terrorismo (Afganistán 2001, Irak 2003); 2008, crisis subprime con el impacto en el sector financiero; 2011, guerra civil en Siria y aparición del Estado Islámico; estallidos sociales en diferentes partes del mundo con protestas contra el sistema político y la desigualdad en Chile, Ecuador, Colombia, Perú, Francia, Hong Kong  en el 2019; 2020, pandemia; 2022 comienza la guerra en Ucrania; 2022, aparición del OpenAI que lanza ChatGPT, comenzando la masificando de la nueva tecnología; 2023, genocidio en Gaza; 2025, guerra de los 12 días contra Irán; 2026, guerra en Medio Oriente.

La velocidad y la violencia de los acontecimientos reflejan una convulsión permanente, un desajuste sistémico que no logra descomprimir las contradicciones del capitalismo. El desarrollo tecnológico acelerado prometía una era de abundancia marcada por el consumo donde las desigualdades podrían ir disminuyendo, creando las condiciones de riqueza para satisfacer las necesidades de un amplio abanico de la población mundial.

La realidad es que para mantener las ganancias tanto como la supremacía de la élite, el mundo está sometido a un caos permanente. La desaparición de la izquierda revolucionaria ha sido factor determinante para que el capital extirpe todo tipo de escrúpulos a la hora de imponer su racionalidad/irracionalidad de mercado. El neoliberalismo incluyó a la educación, la salud y la defensa como sectores para ser explotados como cualquier otro para las posibilidades de negocios.

Existen tres componentes claves para creer que lo peor está por venir, que la continuidad de la crisis no dará respiro sucediéndose los acontecimientos de forma acelerada en una humanidad que se mueve al ritmo de los impulsos eléctricos y cada vez más al compás de la IA, donde los desequilibrios no encuentran solución, donde las contradicciones se mantienen larvadas esperando el momento propicio para estallar:

1) El declive imperial que lleva a la guerra permanente como una forma de impedir el mundo multipolar y el ascenso de China como primera potencia mundial. El estado perpetuo de uso de la fuerza militar por parte de los Estados Unidos en áreas sensibles desde el punto de vista energético, como Rusia y Medio Oriente, interrumpen el flujo de combustibles fósiles y la cadena de suministros de fertilizantes.

El encarecimiento de la energía afecta a todos los países, pero centralmente a la producción de alimentos en momentos que los agricultores del hemisferio norte comienzan el periodo de siembra necesitando ingentes cantidades de fertilizantes. El hambre se convierte en una amenaza real. El encarecimiento de la vida con el alza de la inflación, la escasez de productos básicos para la subsistencia se aprecia como una certeza que llegará en los próximos meses. Diversos economistas mencionan que aunque la guerra en Medio Oriente terminase ya el efecto en las cadenas de suministros de energía y fertilizantes se encontrarán por largo tiempo afectadas.

En épocas pretéritas, la conjunción de elementos disruptivos creaba las condiciones objetivas donde la izquierda -representando al grueso de los trabajadores-, imponía la lógica social por sobre el capital, morigerando la codicia de éste o derrocándolo en acciones insurreccionales. En nuestros tiempos, la inexistencia de una izquierda con capacidad creativa ideológica deja a merced del radicalismo de derecha la presentación de alternativas políticas, las que, irremediablemente, están en el favorecimiento de la élite y en la eugenesia como lógica meritocrática para los trabajadores.

2) El salto de las corporaciones a controlar los Estados en una colonización de la administración de los gobiernos con una agenda de poder propia (manifiesto de 22 puntos de Palantir). La deliberación de los militares en política y su uso como herramienta de poder por el imperio, llevó a la proliferación de golpes de Estado y regímenes militares en una peste negra uniformada de fascismo. El sistema democrático liberal impide o busca eliminar la deliberación militar. En el caso de las corporaciones no existe esa prohibición, convirtiéndose en un peligro real de toma del poder por parte de éstas en lo que llamamos la corporación-Estado (ver columna anterior de este autor) con la imposición de la guerra permanente en un cambio de enfoque paradigmático desde el capitalismo de consumo de bienes a uno de consumo de armas.

La colonización del gobierno es un golpe de Estado encubierto por parte de las corporaciones tecnológicas, donde se manifiestan sus principios y aspiraciones políticas, pero preferentemente de control social. El manejo de los datos y la vigilancia de las personas les entrega una herramienta que supera cualquier poder que tuvieron las agencias de seguridad o las policías secretas del Estado en los regímenes terroristas de las dictaduras militares. Una superación de los engranajes de terror con el maridaje entre dato y represión; una unión entre corporación vigilante y los agentes del Estado.

3) La inteligencia artificial como amenaza de deshumanización. El uso generalizado de IA limita la capacidad crítica y creativa humana, convirtiéndose en una herramienta al servicio del capital que ve con ojos codiciosos la posibilidad de mayores ganancias. La pérdida de millones de empleos es una realidad que ya comienza a prefigurar. La eliminación masiva de puestos de trabajo en las principales compañías tecnológicas como Meta, Amazon, Microsoft y Oracle son la punta del iceberg. Estas compañías de la mano de la IA lograron un cambio de paradigma económico. Anteriormente, las empresas que tenían que despedir a miles de trabajadores mostraban un indicativo de que estaba en graves problemas, ahora es modelo de sus capacidades de hacer mucho con menos, lo que es visto por el mercado como un signo de fuerza y habilidad.

Las compañías de otros rubros replicarán lo que hacen las grandes empresas tecnológicas, al ser reconocido como signo de éxito corporativo, creándose una crisis de empleo generalizado. La protesta, la guerra civil, el hambre y las guerras entre naciones parecieran efectos posibles. Aquí es donde interviene la manipulación algorítmica de la corporación para el control social.

La IA crea una prisión intelectual: si no la usas quedas fuera del mercado del trabajo, si la usas alimentas a la máquina, se crea una condición aporética donde todos los caminos conducen a la dependencia, al poder de lo artificial por sobre lo humano.

Los despidos masivos con el paro generalizado, crearía la posibilidad de que se llegue a una aprobación política de un ingreso de subsistencia, que buscaría el control total de quienes lo reciben, pero antes de que eso ocurra, el hambre generalizada y la pauperización de las condiciones de la vida humana aparecen en el horizonte.

Ante este panorama desolador de las amenazas que enfrenta el mundo, recordamos lo que George Orwell indicó en su novela 1984, cuando creía que el peligro provenía desde la deshumanización de los regímenes de corte estalinista, sin poder imaginar el totalitarismo que presenta la máquina al servicio del capital para el devenir: “… mantente humano”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.