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IV Cumbre de las Américas

Cumbre borrascosa en Mar del Plata

Fuentes: Rebelión

Las posiciones en Latinoamérica están cambiando vertiginosamente y como todo parece indicar, la IV Cumbre de las Américas, a celebrarse los días 4 y 5 de noviembre en Mar del Plata, Argentina, pondrá sobre la mesa más desavenencias que convergencias entre Estados Unidos y la mayoría de los países de la región. Ante la posibilidad […]

Las posiciones en Latinoamérica están cambiando vertiginosamente y como todo parece indicar, la IV Cumbre de las Américas, a celebrarse los días 4 y 5 de noviembre en Mar del Plata, Argentina, pondrá sobre la mesa más desavenencias que convergencias entre Estados Unidos y la mayoría de los países de la región.

Ante la posibilidad de fracasar en imponer su agenda neoliberal, de libre comercio y sobre todo tratar de revertir las políticas sociales que preconiza la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) encabezadas por los gobiernos de Caracas y La Habana, Estados Unidos ha lanzado una ofensiva por la zona para intentar de amainar el temporal.

Numerosas delegaciones de Washington están viajando a las diferentes capitales de América Latina para «convencer», con presiones o promesas a las delegaciones que asistirán, mientras se invitan a la Casa Blanca a algunos presidentes como los de El Salvador, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y República Dominicana que han expresado interés de participar en el Tratado de Libre Comercio (TLC).

Un reciente informe del instituto de estudios Oxford Analytic, integrado por más de 1 000 profesores de diferentes universidades, señaló que Washington teme un resultado similar al de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), celebrada en junio pasado en la capital norteamericana, la cual se caracterizó por manifestaciones callejeras, posiciones polarizadas y una débil declaración final surgida de la necesidad de alcanzar un consenso mínimo.

Desde hace algunos años varios gobiernos latinoamericanos se han rebelado contra las directivas políticas y económicas que Estados Unidos ha querido seguir imponiendo.

Uno de los primeros destellos de esa insubordinación ocurrió en la ciudad de Québec en abril de 2001 durante la III Cumbre de las Américas cuyo punto principal de la agenda fue discutir la creación de un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), diseñada por funcionarios de la Casa Blanca y que preveía su entrara en vigor a partir de enero de 2005.

Era el estreno del presidente George W. Bush en un cónclave de ese tipo y aunque no hubo enfrentamientos relevantes, algunos jefes de estado se mostraron fríos e inconformes contra un acuerdo que prescribe la apertura de fronteras en el continente para un flujo libre de capitales y mercancías que no toma en cuenta los parámetros sociales reales y las disparidades existentes en el continente. Mientras los delegados sesionaban, decenas de miles de manifestantes recorrían las calles de Québec para protestar contra el ALCA.

Más tarde, los reveses continuaron para el gobierno estadounidense cuando fracasó estrepitosamente la conferencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún, en septiembre de 2003, y una semana después tampoco alcanzó consenso favorable durante la reunión de cancilleres del ALCA en Miami.

Ya el escenario estaba preparado para un altercado mayor que ocurrió en enero del 2005 cuando en la intervención de apertura de una Cumbre extraordinaria de las Américas efectuata en Monterrey, México, Bush insistió en la necesidad de derrocar al gobierno cubano, presionó para la aprobación el ALCA, comparó la situación política venezolana con las de Bolivia y Haití y planteó, abiertamente que en unión del presidente mexicano Vicente Fox, trabajaría con la Organización de Estados Americanos (OEA) para asegurar la integridad del proceso de referéndum presidencial que se llevaba a cabo en Venezuela. Como era de esperar, ninguna de sus predicciones se cumplieron. Sudamérica no se alineó a Washington, el comienzo del ALCA no fue ratificado, el presidente venezolano Hugo Chávez respondió en varias ocasiones al mandatario estadounidense y en el discurso de clausura el anfitrión argentino Néstor Kirchner denunció la arbitraria política del Fondo Monetario Internacional y a los funcionarios de Bush que lo habían atacado por incrementar las relaciones comerciales con Cuba.

Se hicieron claramente evidentes las discrepancias entre la agenda de Washington centrada en la seguridad, la lucha contra el terrorismo y el ALCA y la de países como Argentina, Brasil y Venezuela, cuyas preocupaciones se centraron más en combatir la pobreza, la soberanía y la deuda externa. Chávez defendió la ayuda cubana a Venezuela y los avances que esta ha llevado a su país en materia social, sanitaria y educativa y puntualizó que la Declaración de Monterrey contenía más de 50 enunciados (algunos de ellos muy lindos) pero sin poner metas concretas, como por ejemplo el compromiso de reducir la mortalidad infantil en un 10 % en un determinado plazo.

Kirchner, planteó que el ALCA debe reconocer las diversidades y que este proyecto no servirá a la prosperidad de los países si no se resuelven las asimetrías existentes, aspectos que no fueron recogidos en el documento final. De entonces a esta fecha el panorama latinoamericano ha cambiado aun más para bien de sus pueblos con una ofensiva económica y social impulsada por Venezuela y Cuba que proveen de asistencia medica especializada a decenas de miles de personas en Latinoamérica, forman gratuitamente a miles de galenos en escuelas de La Habana y próximamente de Caracas; apoyan programas de alfabetización en diferentes países, y Venezuela aporta beneficiosos convenios petroleros con la mayoría de los gobiernos de la región.

En agosto pasado se efectuó en Cuba la primera promoción de 1 610 doctores de América Latina que se formaron durante 7 años en diferentes provincias de la Isla, mientras en el acto de graduación El presidente cubano Fidel Castro y su homólogo Chávez anunciaron que crearán las condiciones para formar 100 000 galenos en los próximos 10 años y devolverán o preservarán la visión de 6 millones de latinoamericanos.

Convenios como PETROCARIBE, PETROSUR y otros avanzan indetenibles por el continente en busca de la necesaria integración económica y social que a la Casa Blanca le parece subversiva porque no se parece en lo más mínimo a su proyectado ALCA.

En este contexto, la IV Cumbre de las Américas se proyecta desde ahora muy borrascosa para el presidente Bush quien fue definido recientemente por el propio intendente de Mar del Plata como «la persona más desagradable del mundo».