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De la fealdad que cosas como el neoliberalismo genera

Fuentes: Rebelión

Vivimos eternamente embelesados por los hechos que acaecen en el mundo; casi todo en nosotros es pregunta y sorpresa. Seguramente aprender, cuestionar, indagar nos inflige de gran goce. Es una actitud, un modo de ser. Y el goce, creo, radica en la belleza que miramos en los distintos fenómenos del mundo. Somos estetas. Es más, […]

Vivimos eternamente embelesados por los hechos que acaecen en el mundo; casi todo en nosotros es pregunta y sorpresa. Seguramente aprender, cuestionar, indagar nos inflige de gran goce. Es una actitud, un modo de ser. Y el goce, creo, radica en la belleza que miramos en los distintos fenómenos del mundo. Somos estetas. Es más, me atrevería a afirmar que para ser un revolucionario se tiene, primero, que ser un esteta. Esto, por dos cosas. Primero, porque esa propensión a querer indagar en todo, arrobados por los hechos y las cosas, es la misma que te lleva a indagar en los fenómenos, horrendos en contraparte, que se tejen alrededor la sociedad neoliberal. En realidad, propendemos a reparar en cualquier clase de fenómenos. Segundo, porque amantes de la belleza como somos, queremos desechar y casi extirpar del mundo la fealdad que cosas como el neoliberalismo genera. Decía Ernesto Che Guevara que al revolucionario lo mueven grandes sentimientos de amor, y yo diría, buscando la generalización, de belleza.

Por otra parte, casi cualquier acontecimiento de la vida pública es buen filón para acontecimientos amargos y lamentables, de manera que uno no podría dedicarse a estudiarlos todos sin afligirse. Son demasiados. Personalmente, creo que varias de las calamidades que en la actualidad nos aquejan son consecuencia del modelo de libre mercado que se viene aplicando en nuestras sociedades desde hace algunos años. Sin embargo, siendo como soy de ideas radicales, considero que lo perentorio es atacar a las causas, combatir el origen de los males y no solamente los efectos. Pero el origen, contra lo que se podría suponer que alguien como yo argüiría, no es en sí el neoliberalismo, pues el neoliberalismo ha sido fraguado por hombres y es tolerado por estos. El origen de todas estas calamidades, somos nosotros mismos, los hombres. Todas estas guerras y matazones por petróleo, las hambrunas, la alienación vía los media, etcétera, revelan no otra cosa sino una crisis del hombre, de lo que somos como civilización.

Y aquí se debate mi espíritu porque no encuentro admisible vivir en una suerte de empíreo intelectual urdiendo teorías que expliquen el asunto, mientras la realidad reclama de soluciones prácticas, así se trate de meros y efímeros parches.

Solventar toda esta situación requiere de una fuerte conciencia pero, también, de trabajo en la praxis.

Temas como el de la defensa de la mujer o de los animales o el de los ecocidios, etcétera son, a fin de cuentas, subtemas del neoliberalismo y el neoliberalismo es un tema de hombres. Por lo regular, quienes a estas causas se dedican, son personas con ideas a las que se suele etiquetar como «de izquierda». Por otra parte, al tratarse de asuntos cuya fenomenología es consustancial a entidades bien concretas del mundo -la mujer, los animales, el ecosistema, etcétera-, termina ello por aportar elementos adicionales a la problemática que, así complejizada, reclama de un tratamiento aparte. En ese sentido, la gente que se dedica a esas causas hace una gran labor, una muy importante que abona en el trabajo éste, práctico, que menciono, y es por esa razón que, a pesar de la superficialidad que hay en muchos de dichos enfoques, considero que es importante atender a dichos movimientos como indicativos del malestar que como sociedad nos permea.

Lamento, aunque eso ya va para otra reflexión, que en algunas ocasiones lo parcelado de la propia problemática abordada lleve a tales personas a observaciones inevitablemente parciales e incompletas de la realidad e impida a la larga la articulación de soluciones más realista. Dudo que alguien quede exime de esto.

Me desbordé levemente y pasé de una idea a otra, todas muy breves. Aquí le paro.


Nota

Publicado en La ciudad de Eleutheria el 26 de febrero de 2011 como parte de un comentario que yo misma hice a el post, La Familia Reyes Salazar y otros hechos, dentro del blog. La familia Reyes Salazar, por cierto, es una de las muchas bajas que durante el sexenio de Felipe Calderón se reportaron gracias a la estúpida guerra que este «mandatario» mexicano desató en contra del narco. El comentario aquí vertido tiene que ver con las causas que hubo detrás de esta y otras masacres.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.