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¿Desempolva la CIA la Operación Mangosta contra Venezuela?

Fuentes: Rebelión

La reciente publicación, el pasado 24 de septiembre, de una información sobre la participación de la ultraderecha venezolana en un plan para entrenar a un centenar de estudiantes venezolanos, pertenecientes a la UVV, la UCAB, la UNIMET, la UNET, ULA, entre otras, para ser entrenados en técnicas subversivas en Miami, en contubernio con organizaciones terroristas […]

La reciente publicación, el pasado 24 de septiembre, de una información sobre la participación de la ultraderecha venezolana en un plan para entrenar a un centenar de estudiantes venezolanos, pertenecientes a la UVV, la UCAB, la UNIMET, la UNET, ULA, entre otras, para ser entrenados en técnicas subversivas en Miami, en contubernio con organizaciones terroristas de origen cubano y por especialistas de la CIA, pone al desnudo la magnitud del plan desestabilizador implementado contra el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela y revive pasadas operaciones de gran envergadura como la Operación Mangosta, usada contra Cuba en la década de los 60 del pasado siglo.

De acuerdo con dicha información, el grupo de estudiantes recibió entrenamiento en Miami sobre preparación de cocteles Molotov, resistencia guerrillera en la ciudad, amotinamiento, así como un fuerte entrenamiento ideológico anticomunista. El plan era, en esencia, que pusieran en práctica estas técnicas luego de su regreso a Caracas. Otro paso posterior, que ya se encuentra en período de implementación, es la multiplicación en talleres y encuentros en las universidades venezolanas de los conocimientos recibidos por parte de representantes de grupos como la FNCA, Alpha 66, Vigilia Mambisa, Movimiento Democracia, Consejo para la Libertad de Cuba y otros. Han participado igualmente varios miembros de la mafia terrorista venezolana de Miami como Rafael Poleo y su hija Patricia Poleo, Donatella Ungreddaen, ex coronel Antonio Semprum Valecillos, los ex tenientes José Antonio Colina, Isaac Solórzano y Henry Clement, el ex mayor Manuel Ramírez y otros, en unión de Pablo Díaz.

El objetivo de esta maniobra golpista tiene un carácter mediático y desestabilizador, presentando ante el mundo una falsa oposición a las reformas constitucionales emprendidas por el gobierno bolivariano. El empleo de los estudiantes de las universidades burguesas por la ultraderecha antichavista tuvo su origen en las movilizaciones previas al referéndum de la reforma constitucional de noviembre de 2007, cuando crearon un aparatoso show mediático alentador de la violencia callejera. Este preparado show mediático desembocó hace unos días cuando un grupo de estudiantes, manipulados por la extrema derecha se declaró en huelga de hambre ante la oficina de la Organización de los Estados Americanos, para atacar una supuesta persecución política por parte del gobierno.

Las orientaciones para los grupos opositores, particularmente los estudiantes en huelga, vienen del Norte y existen varios antecedentes que comprometen a los contrarrevolucionarios venezolanos radicados en Miami y a la mafia anticubana en esa ciudad, así como a la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos.

Como ya señalamos, existen fuertes evidencias de que las actuales ofensivas de la CIA contra Venezuela son la expresión de un intento de revivir la Operación Mangosta, esta vez contra la nación sudamericana, como una manera sistémica de implementar la guerra sucia en un amplio espectro.

John F. Kennedy aprobó la Operación Mangosta el 30 de noviembre de 1962, como un vasto plan de contingencia para derrocar a la Revolución Cubana después de la derrota de Playa Girón. A grandes rasgos, la CIA se propuso el desarrollo de agresiones de todo tipo contra territorio cubano, que incluían los ataques terroristas desde territorio norteamericano, la creación de focos guerrilleros en las montañas de la Isla, la planificación de acciones militares que propiciaran la intervención directa de las Fuerzas Armadas norteamericanas en Cuba, las agresiones económicas y una fuerte guerra ideológica a nivel internacional. En este sentido, se vieron involucradas diversas agencias y organismos estaduales de EE UU, tales como la propia CIA, los Departamentos de Defensa, de Estado y de Tesoro, así como la Agencia de Información de los Estados Unidos y otras agencias especializadas de la comunidad de inteligencia norteamericana.

Para implementarla, el gobierno norteamericano creó la estación JM-WAVE y destinó millones de dólares para lograr su cometido, reestructurando toda la jerarquía de inteligencia. Nuevos halcones pasaron a dirigir la CIA, entre ellos John Mc Cone como nuevo jefe de la misma, el general Marshall Carter, Richard Helms, el general Maxwell Taylor, Richard Bissell y otros; dedicándose a las operaciones específicas contra Cuba William Harvey, como Jefe de la Cuban Task Force; y Samuel Halpern, como su segundo al mando.

El bandidismo desarrollado por la CIA nucleó a cerca de dos mil individuos que cometieron incontables crímenes en las zonas rurales. La Operación Mangosta también concibió la guerra biológica contra Cuba, dirigida a dañar a la población civil y sabotear la producción de la Isla. También la Operación Mangosta contaba, entre sus 32 tareas, con 13 vinculadas a la guerra económica, que incluían el entorpecer el comercio de Cuba con otras naciones, atentar contra las producciones agropecuarias y mineras, atentar contra representaciones cubanas en el exterior, así como afectar la generación energética y las producciones industriales del país.

Durante el período de vigencia del Plan Mangosta, en un lapso de unos 14 meses se registraron de ellas 716 sabotajes de envergadura contra objetivos económicos. Como respuesta, Cuba accedió a la sugerencia de la Unión Soviética de emplazar cohetes atómicos en su territorio, lo que condujo a la Crisis de los misiles de Cuba en octubre de 1962, el momento álgido de la Guerra Fría.

Para los altos personeros de la administración norteamericana estaba claro que todas las acciones de la guerra irregular contra Cuba, desembocarían en un conflicto armado entre las dos naciones, previsto para octubre de 1962. Sin lugar a dudas, el impacto de esta operación de la CIA fue enorme, no solo en la cantidad de daños humanos provocados, sino también en cuanto a afectaciones económicas. Solo en el período de ejecución de los planes de la operación Mangosta, se realizaron 716 grandes sabotajes de envergadura contra la economía cubana.

Aunque teóricamente fue suspendida luego de octubre de 1962, la Operación Mangosta continuó adquiriendo distintos matices hasta el día de hoy. Por un lado sirvió de base a las políticas de las subsiguientes administraciones norteamericanas hacia Cuba y, por otro, preparó a un extenso grupo de terroristas que han causado muertes y daños incalculables a las naciones latinoamericanas, muchos de los cuales participan hoy en las agresiones contra Venezuela.

La guerra sucia contra la Revolución Bolivariana llevada a cabo por los Estados Unidos guarda grandes coincidencias con los planes usados una vez contra Cuba. Examinemos algunos elementos para atestiguar esta aseveración:

Creación y apoyo a una base contrarrevolucionaria en el exterior: La CIA ha buscado entre los cerca de 10 000 venezolanos residentes en Miami, al personal idóneo para desarrollar su guerra sucia contra Venezuela, al igual que lo hizo una vez con los contrarrevolucionarios cubanos que emigraron hacia esa ciudad luego del triunfo revolucionario de 1959.

En tal sentido, se ha apoyado en la base contrarrevolucionaria cubana residente en esa ciudad floridana, de la que ha solicitado apoyo a sus planes contra Chávez. Los grupos terroristas radicados en Miami han prestado financiamiento y entrenamiento a los contrarrevolucionarios venezolanos y han participado, asimismo, en las campañas mediáticas contra su gobierno.

Algunos hechos aseveran esta afirmación: El 29 enero de 2003, se creó una alianza entre los Comandos F-4, organización terrorista del auto proclamado comandante, Rodolfo Frómeta, y la mal llamada Junta Patriótica Venezolana, dirigida por el capitán golpista Luis Eduardo García. Esta alianza entre terroristas ha permitido que se entrenen cerca de cincuenta extremistas en los pantanos de los Everglades, con vistas a desarrollar acciones violentas contra Cuba y Venezuela.

Imitando los desfiles callejeros de los escuálidos en Venezuela, tuvo lugar el 18 de enero de 2003 una marcha contra la Revolución Bolivariana, en la que participaron varios representantes de la mafia terrorista de Miami, repitiendo este desfile antichavista, el 27 de marzo 2004 realizaron una nueva marcha en las calles de la Pequeña Habana, en Miami. Confraternizando y vociferando histéricas consigna contra Chávez, se vio en esta ocasión al vendido dirigente sindical Carlos Ortega y al ex ministro de Defensa venezolano, Radamés Muñoz, con «ilustres» representantes de la mafia miamense como Tony Calatayud, reconocido terrorista dirigente del Congreso Nacional Cubano; al ultraderechista Lincoln Díaz-Balart y el alcalde de Miami-Dade, Alex Penelas.

El 7 de junio de 2007 varios grupos de la mafia anticubana de Miami, entre ellos la FNCA, envió grandes sumas de dinero para financiar las actividades antichavistas de los grupos contrarrevolucionarios en Venezuela. En esta campaña también participó la Organización de Venezolanos en el Exilio (Orvex).

El 10 de abril de 2008 la Junta de Directores del Partido Nacionalista Democrático (PND), hizo entrega del premio Paladín de la Libertad a uno de los principales representantes de la contrarrevolución venezolana, el ex general Raúl Baduel, en un almuerzo en Hotel Sheraton Miami Airport.

Otro hecho que atestigua los fuertes vínculos entre estas mafias contrarrevolucionarias tuvo lugar el 6 de marzo de 2009, cuando varios cabecillas terroristas como Huber Matos, Ángel De Fana y otros miembros de Alpha 66, se encontraron con sus socios venezolanos, representados por los conspiradores golpistas Gustavo Díaz, el ex coronel del ejército; el ex capitán Javier Nieto Quintero y el ex teniente José Antonio Colina Pulido, participantes en el golpe de 2002.

No cabe duda, pues, que en este caso Diablo los cría y la CIA se encargó de juntarlos.

Desarrollo de una guerra ideológica basada en el terror mediático: El contar con el sostén de los dueños de los principales medios de comunicación en Venezuela, así como con el apoyo de diversas organizaciones periodísticas internacionales vinculadas a la CIA, han permitido a la contrarrevolución venezolana desarrollar una poderosa campaña ideológica contra el presidente Chávez y la Revolución Bolivariana, encaminada a desinformar y desvirtuar el proceso que tiene lugar en ese país.

Con posterioridad a la victoria de Hugo Chávez en el referéndum revocatorio del 2004, los EEUU endurecieron su guerra ideológica contra el presidente venezolano. En varias declaraciones de prominentes miembros del gobierno como la ex Secretaria de Estado Condoleezza Rice, el ex director de la CIA Porter Goss, el ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, el general Bantz Craddock, ex Comandante de SOUTHCOM, el Director de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas John Walters, así como varias figuras de la actual administración del presidente Barak Obama, se ha acusado al presidente venezolano como violador de los derechos humanos y de la democracia, promotor del terrorismo, dictador anticonstitucional, represor y narcotraficante, vinculado al lavado de dinero y a la corrupción, genocida y otros epítetos, en un ingente esfuerzo por desvirtuar a su figura ante la opinión pública internacional.

En el intento por demonizar a Chávez y a la Revolución venezolana, se han valido de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Reporteros sin Fronteras, National Endowment for Democracy, la USAID y diversas ONG como Sinergia y Súmate, que sirven de fachada a la CIA o se vinculan estrechamente a ésta y acusan al gobierno de Venezuela de violador de derechos humanos y de la libertad de expresión.

Crear artificialmente un diferendo entre Venezuela y Colombia como justificación para un conflicto con Estados Unidos: Antes de culminar su mandato, el presidente Bush declaró que los Estados Unidos defenderán a Colombia en caso de un conflicto militar con Venezuela, esclareciendo de esta forma su pretensión de acabar con la Revolución Bolivariana y, de esta manera, apoderarse de las importantes reservas de petróleo y gas existentes en la región.

Con la complicidad del gobierno colombiano de Álvaro Uribe, los Estados Unidos han creado una zona de tensiones en la frontera colombo venezolana mediante el empleo de miles de paramilitares, quienes realizan reiteradas incursiones para agredir al territorio de Venezuela.

Otro de los elementos del conflicto fabricado por los Estados Unidos es inculpar al gobierno venezolano de apoyar a los grupos guerrilleros de las FARC. El pasado 29 de julio de 2009, la cancillería de Bogotá acuso de manera irresponsable a Venezuela de darle a las FARC armamento sueco para su enfrentamiento armado al gobierno colombiano. Por otra parte, la legítima decisión del gobierno venezolano emitida el 17 de enero de 2008 de reconocer a las FARC y al ELN como grupos insurgentes, rechazando la certificación como terroristas endilgadas a estos por el Departamento de Estado, avivó aún más las diferencias entre las dos naciones.

A pesar de que las diferencias entre Venezuela y Colombia quedaron zanjadas en la Cumbre de Río, celebrada en marzo del 2008 y que los cancilleres de ambas naciones continuaron las negociaciones en junio de ese año, dentro del marco de la XXXVIII Asamblea General de OEA, el gobierno colombiano ha intentado de manera reiterada de recrudecer el diferendo. Un elemento nocivo para calentar la situación en la región ha sido el compromiso del gobierno colombiano de establecer siete bases norteamericanas en su territorio y, paradójicamente, las acusaciones sobre un rearme militar de Venezuela.

Con una cara de complacencia y de hipócrita fraternidad, Uribe se ha reunido con Chávez, primero el 11 de julio de 2008 en Paraguaná, en Venezuela, y, luego, en Cartagena el 24 de enero de 2009, prometiendo a eliminar cualquier diferendo entre ambas naciones. Sin embargo, solapadamente, se presta al rejuego geopolítico de Estados Unidos en la región.

El clímax de este diferendo provocado por Uribe tuvo lugar el 26 de julio del 2009 cuando acusó a Venezuela de armar a las FARC. Chávez respondió con el retiro de su embajador de Bogotá y con un eventual rompimiento de relaciones diplomáticas.

Que los Estados Unidos están usando al gobierno colombiano como futura base de agresiones no cabe la menor duda. Esto lo demuestran las reiteradas visitas de altos jefes norteamericanos a Bogotá en los últimos meses, como fue el caso de la vista realizada por el Almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de EEUU en el 2008. Unos días después, entre el 4 y el 5 de febrero de 2008, tuvo lugar una reunión en Mayport, Florida, entre altos jefes militares colombianos y estadounidenses. Un tiempo después, el 29 de febrero de ese año, el Contraalmirante Joseph Nimmich, director de la Task Force para la inteligencia del Comando Sur de Estados Unidos, visitó Bogotá con el fin de entrevistarse con el Comando General de las Fuerzas Militares colombianas.

La Operación Tenaza: El 20 de noviembre salió a la luz pública un documento confidencial emitido por Michael Middleton Steere, de la embajada norteamericana en Caracas y dirigido a Michael Hayden, Director Agencia Central de Inteligencia (CIA), en el que se informaba al Director de la Agencia sobre el desarrollo de la Operación Tenaza, un plan elaborado por la inteligencia norteamericana para impedir la Victoria del SÍ, en la votación sobre el Referéndum de la Reforma Constitucional, a realizarse el 2 de diciembre de 2007. Este documento reconoce que la actividad contra la voluntad popular venezolana responde a una directiva interna de la CIA clasificada como directiva 3623-g-0217,

De acuerdo con la estrategia de la CIA, una de las direcciones de sus esfuerzos estaba dirigida a impedir el referéndum o al desconocimiento de sus resultados. También contemplaba un manejo de las informaciones preliminares buscando la desinformación y, como resultado inmediato, provocar una situación de caos e incertidumbre, contando con el apoyo de la prensa mediática. Los focos de protestas, preparados por orientación de la CIA, debían crear una situación de ingobernabilidad dentro de los comicios.

La participación de un reducido grupo de estudiantes vinculados a la derecha venezolana en la Operación Tenaza, por indicaciones de la CIA, quedó evidenciada en una parte de este memorándum: «En cuanto a las movilizaciones de calle, tal como lo contempla el Plan, hemos logrado persuadir a importantes sectores estudiantiles vinculados a las instituciones educativas privadas para que se incorporen orgánicamente a nuestras iniciativas para salir de Chávez. En la tercera semana de Noviembre se logró un acuerdo marco con los lideres emergentes que han acogido nuestro ideario de democracia y libertad, varias reuniones de trabajo hemos realizados, bajo la coordinación de los rectores Rudolph Benjamín Scharikker Podolski de la Universidad Simón Bolívar y Ugalde de la Universidad Católica Andrés Bellos. Estas autoridades han constituido un equipo donde participan unos grupos de profesores entre los que destacan Ángel Oropeza y su equipo del post-grado de Ciencias Políticas. A las reuniones han asistido dirigentes estudiantiles de varias universidades: Yon Goicochea de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Juan A. Mejías de la Universidad Simón Bolívar (USB), Douglas Barrios de la Universidad Metropolitana, Ronel Gaglio de la Universidad Monte Ávila, Gabriel Gallo de la Universidad Santa María. Entre estos líderes hay consenso en términos generales, pero con algunas diferencias en cuanto a las acciones concretas para los próximos días. Ha resultado halagador la postura asumido por dirigentes estudiantiles de un grupo denominado Bandera Roja, antiguamente enemigo jurado de los intereses nuestros en el país. Su dirigente Ricardo Sánchez, de la Universidad Central de Venezuela, fue uno de los que apoyo nuestra propuesta de acciones de calle directas contra las instituciones: CNE, Tribunal Supremo de Justicia y el Palacio de Miraflores.»

La participación de agencias de prensa y otros medios mediáticos en apoyo al Operación Tenaza, quedó también evidenciada: «En la esfera de la propaganda y las operaciones psicológicas contempladas en el Plan en curso, es donde hemos cosechado los mayores éxitos, hasta tal punto que en las últimas semanas hemos impuesto nuestra agenda y dominado la escena publicitaria. Los aportes de la SIP y de las agencias internacionales han sido clave. Especial reconocimiento merece Benjamín Gregg ZIF, AAPP de la Embajada, por este trabajo. El y el equipo organizado por Ravell vienen rindiendo sus frutos y requiere en esta última fase mayores aportes nuestros.»

Inicialmente, la Operación tenaza le costó a la CIA cerca de 8 millones de dólares, aunque la suma final fue mucho mayor.

Este documento es una prueba fehaciente de cómo Estados Unidos financia, planifica y organiza la actividad de los grupos ultraderechistas en Venezuela, particularmente a los estudiantes de la universidades de la burguesía.

● La Operación Peter Pan II:
En un artículo firmado por Randy Alonso, el 16 de junio de 2009, se denunció que la CIA pretende repetir la ignominiosa operación Peter Pan, mediante la cual 14.000 niños fueron enviados a Estados Unidos entre 1960 y 1962 por sus familiares en Cuba, luego de una campaña desinformativa en la que se acusaba al gobierno de robar la patria potestad a los padres. Esta operación fue montada para desvirtuar el contenido de Ley Orgánica de Educación en Venezuela, creando entre los ciudadanos fuertes temores y reacciones de oposición.

Tal como hemos analizado en el presente artículo, muchas cartas tiene la CIA a su disposición para tratar de revertir el proceso bolivariano. Sus planes contemplan desde las alianzas con la mafia terrorista de Miami y los paramilitares colombianos, hasta la organización y financiamiento de la contrarrevolución interna. Desde la provocación y subversión desde Colombia, hasta la amenaza con bases militares alrededor del territorio venezolano y de la presencia de fuertes flotas navales frente a sus aguas jurisdiccionales. Asimismo, no ha descartado el empleo de una guerra ideológica sin cuartel sin parangón en la historia, solo comparable con la que se mantiene constantemente contra Cuba.

Los planes de la CIA, muchos de ellos repetidos luego de sus fracasos en Cuba, mantienen su ignominiosa esencia, tal como lo ejemplifica el intento por reverdecer la criminal Operación Peter Pan.

No caben dudas que se quiere revivir de sus olvidados rincones a la Operación Mangosta. Por suerte para los venezolanos, los planes de CIA están destinados otra vez a un rotundo fracaso. Esa es una verdad de Perogrullo.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.