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Difícil no desesperar: Sobre los 10 años de la Toma de la Sala de Sesiones de la UCV y el veto a la Ley de Universidades

Fuentes: lubrio.blogspot.com

El próximo 28 de marzo de 2011 se cumplen 10 años de la Toma de la Sala de Sesiones del Consejo Universitario de la UCV, hecho en el cual estudiantes, docentes y trabajadores se unieron para protestar contra las autoridades de la casa de estudios, exigir una Constituyente Universitaria con el fin de reformar los […]

El próximo 28 de marzo de 2011 se cumplen 10 años de la Toma de la Sala de Sesiones del Consejo Universitario de la UCV, hecho en el cual estudiantes, docentes y trabajadores se unieron para protestar contra las autoridades de la casa de estudios, exigir una Constituyente Universitaria con el fin de reformar los pénsum, el reglamentos y el funcionamiento de la UCV, y, más aún, avanzar hacia una nueva Ley de Universidades que acabara con la exclusión.

Lo primero que quiero aclarar es que ese M-28 no es el mismo que el M-28 que hoy aparece constantemente en los medios públicos venezolanos, representado entre otras personas por Vicente Moronta, Fernando Rivero, Damián Alifa y otros camaradas revolucionarios.

El M-28 formado hace 10 años no era un simple movimiento estudiantil: era un frente intergremial donde perticiparon unos 14 o 15 movimientos estudiantiles distintos, unidos además a empleados, obreros y profesores, todos juntos con un fin común, contra un mismo enemigo, y con una misma idea en mente: la Constituyente Universitaria para transforma a las universidades en casas que sí sirvan al país y al pueblo.

Precedentes: El Proyecto de Ley de Educación Superior de 1998 y la intervención de 1970

Muchos de quienes participaron en la toma del 28 de Marzo ya habían luchado juntos en el pasado. Apenas 3 años antes, en 1998, hicieron marchas en contra del Proyecto de Ley de Educación Superior (PLES), una ley propuesta en el segundo gobierno de Rafael Caldera y que, en efecto, autorizaba el cobro de matrículas en las universidades del Estado y abría las puertas a una privatización de las mismas.

La Renovación de 1969 fue uno de los primeros
movimientos en pedir una Transformación Universitaria.
Lejos de responder a sus inquietudes, se allanó la UCV
y se creó una ley neoliberal, que aún sigue vigente.
¿Por cuánto tiempo más?

Caldera fue el mismo que, en su primer gobierno, allanó la autonomía de la Universidad Central de Venezuela, ello como respuesta a los gritos por una Renovación de la casa de estudios. Soldados y tanques de guerra tomaron la universidad el 31 de octubre de 1969, la cerraron durante más de un año, forzaron a sus autoridades a renunciar (entre ellas a Jesús María Bianco, considerado uno de los mejores rectores de esa casa de estudios) y, mientras estaba intervenida, redactaron la Ley de Universidades que aún sigue vigente.

En 1998, los líderes de las marchas contra el PLES tuvieron que desnudarse y pintarse de azul para vencer la apatía política que reinaba entre las y los estudiantes de aquel entonces. Henrique Salas Romer, el contrincante de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de 1998, era gran partidario de la privatización; su derrota afortunadamente enterró el PLES, esperemos que para siempre.

El 28 de marzo de 2001
Los movimientos de izquierda ucevistas aprovecharon situaciones coyunturales que tenían molestos a muchos (problemas de deudas con los obreros, mal funcionamiento del comedor, etc.) y convocaron a una asamblea intergremial el 28 de marzo de 2001, realizada a casa llena en la Sala de Conciertos. Las autoridades habían sido invitadas, pero no asistieron. Allí convencieron a las y los asistentes de que había que trascender los problemas coyunturales, que el problema era mucho más profundo y requería medidas en las raíces del asunto. Así que decidieron el inicio de una Asamblea Constituyente Universitaria, cuyo objetivo sería replantearse todos los reglamentos y normas de la Universidad, su funcionamiento, su filosofía, absolutamente todo.

Foto: Periódico Proceso

Cuando una representación subió aquel miércoles al Rectorado a pedir un derecho de palabra, para informar al Consejo Universitario de la decisión tomada en asamblea, las autoridades los recibieron de forma muy agresiva. No es de extrañar: el entonces rector Giuseppe Giannetto acostumbraba atacar a los estudiantes más pobres y decirles que debían dedicarse a otras cosas, y no a estudiar en una universidad; que eso no era para ellos. Ya habían tenido fuertes confrontaciones en el pasado; ya se conocían muy bien. Ante el despelote, gritos e insultos de lado y lado, los miembros del Consejo Universitario se escondieron en la oficina del Rector, dejando solos a los camaradas revolucionarios en la Sala de Sesiones, que se negaron a desalojar. Y allí se quedaron por 38 días, hasta el 5 de mayo de 2001.
Las y los tomistas estaban unidos, pero con diferencias notables. Algunas individualidades y grupos se caracterizaban por sabotear y dividir las reuniones, o por romper los acuerdos y tomar decisiones por su cuenta. Hoy se sabe que algunos eran infiltrados de oficio, y hoy militan en la oposición.

Manipulación mediática

RCTV tuvo un papel innegable fomentando las divisiones y mermando el apoyo a la toma. El periodista David Pérez Hansen y sus colegas hacían notables esfuerzos armando expedientes de cada uno de los tomistas, en particular de aquellos que transmitían una pésima imagen del grupo: aquellos 3 ó 4 que parecían estar borrachos, que hablaban incoherencias, que parecían tener más de 30 años estudiando en la universidad, que armaban berrinches por cualquier cosa y que, para más colmo, se hacían llamar «pueblo». RCTV los grababa a escondidas y mostraba a aquellas personas como los «líderes», lo que popularizó el término «los 50 locos», que los medios de derecha dieron a los tomistas.

David Pérez Hansen, alias el lloricón.

En cambio, todos aquellos camaradas que tenían discursos sólidos y convincentes, centrados en la lucha de clases y la necesidad de una Constituyente Universitaria, fueron sistemáticamente censurados por RCTV y demás medios privados. Los discursos políticos, serios y convincentes de Silio Sánchez, Sergio Sánchez, Gustavo Rivero, Fausto Castillo, Angel Arias, Oliver Rivas, Raúl Serrano, Yessiel Reyes, Emilio Silva y Eduardo Sánchez (entre muchos otros) jamás se proyectaron en el canal anticomunista dirigido por Marcel Granier.

El gobierno, Chávez y la toma
Fueron muchos los hechos notables en la toma, como la traición del profesor Agustín Blanco Muñoz, el apoyo (y posterior recule) del entonces ministro de Educación, Héctor Navarro, y las palabras de aliento que la Vicepresidenta Adina Bastinas dio al movimiento unos días después. O las palabras del propio Presidente Hugo Chávez en el Aló Presidente del 29 de abril de 2001. «Apoyamos la constituyente universitaria», dijo Chávez. «Pero, por supuesto, como yo le explicaba a los muchachos, hay que ir haciendo el proyecto por partes, que no se desesperen, que no vayan a caer en acciones desesperadas».
Era la primera vez desde el inicio de la toma que Chávez se pronunciaba al respecto, personalmente.
Así registró El Universal sus palabras: «Yo estoy muy preocupado por este problema. Acabo de hablar con un grupo de estudiantes y unos profesores del Tecnológico de Maracaibo que están impulsando la Constituyente Universitaria. Nosotros estamos a favor de este proyecto, porque aquí hay una revolución en marcha y las autoridades universitarias no pueden oponerse a los cambios. Tienen que oír a los estudiantes y buscar el consenso, no para mantener estructuras que tienen mucho tiempo allí sembradas, que evitan los cambios y que han llevado a las universidades a situaciones lamentables para los estudiantes y para el país».
El fascismo arremete

Giuseppe Gianneto en la asamblea que sus acólitos
organizaron ese 30 de abil de 2001 en la Facultad
de Ciencias de la UCV

Chávez, quien ese día anunció la participación de Luis Miquilena en la mesa de diálogo ucevista, nunca esperó que sus palabras dando apoyo a una Constituyente Universitaria sirvieran de catalizador para que los profesores de derecha, al día siguiente (el 30 de abril), convocaran a sus estudiantes en diferentes escuelas. Los profesores esgrimieron discursos llenos de odio ya no sólo contra los tomistas sino contra Chávez, de quien decían que era el líder de la toma. Indicaban que la universidad había sido intervenida por el chavismo. Justificaron la violencia utilizando el lema de la autonomía, e hicieron llamados a sus alumnos para que desalojaran a los tomistas por la fuerza, sin importar el costo. Un célebre profesor de Ciencias repitió el llamado de David Morales Bello en 1992: «¡Muerte a los tomistas!»

Tras los discursos, los grupos derechistas salieron iracundos de sus escuelas y facultades. Filas indias de estudiantes, capitaneados por sus profesores, cual borregos siguiendo a su pastor. Al llegar al Rectorado, vimos escenas tan dantescas como muchachos y hasta muchachas tomistas siendo pateadas en el piso por estudiantes de Medicina, o al hoy difunto profesor Manuel Caballero cayéndole a bastonazos a jóvenes de izquierda.

El canal RCTV enalteció la acción, en un reportaje que aún puede verse en Youtube. En VTV vimos a los tomistas capturar a alguien de Bandera Roja portando un arma de fuego en esos violentos disturbios. Unas bombas lacrimógenas ayudaron a salvar la vida de muchos camaradas en aquel momento, cuando nuestros «dignos profesores» trataron de reventar amartillazos la puerta de vidrio del Rectorado y entraron al edificio a sacar a golpes a los tomistas.

Uno de los engaños usados por los profesores de derecha para arriar estudiantes «nini» (a quienes inicialmente no les interesaba el conflicto) era decirles que, si no sacaban a los tomistas, no volverían a ver clases.

Aún cuando las clases habían continuado normalmente en toda la universidad durante la toma, el Consejo Universitario las suspendió el 26 de abril, alegando ese día que «los tomistas intentaron tomar la sede de la FCU» (en realidad un autoatentado de Bandera Roja).
Si bien ellos no pudieron ser desalojados aquel 30 de abril, la toma estaba sentenciada. Habían perdido apoyo considerable, en parte debido a sus divisiones internas, las acciones de los infiltrados, el fortísimo apoyo mediático de RCTV a las autoridades, y el hecho de que muchos profesores que apoyaban la toma querían hacerlo en secreto, por miedo a represalias académicas.

Además, no se trabajó en lograr que el principal excluido de las universidades autónomas (es decir, el pueblo) se incorporara masivamente a esta lucha, que básicamente era por ellos, sus hijos e hijas.

Se perdió la oportunidad

Los tomistas hicieron una pequeña marcha el 5 de mayo, abandonando así la Sala de Sesiones. Por semanas, las y los miembros del M-28 continuaron reuniéndose en algunos salones de la Escuela de Ingeniería, buscando formas de extender y continuar la lucha. Tras algunas reuniones llenas de gritos e insultos, se comprendió que la oportunidad había pasado. Cada quien se disgregó y retornó a su pequeño grupo estudiantil (**), los obreros regresaron a sus sindicatos, y la derecha preparaba su venganza: 17 de los tomistas fueron expulsados, algunos por 6 meses, otros por 5 años. Al profesor Emilio Silva, uno de los pocos que apoyó públicamente la toma, no se le renovó su contrato.

En aquel momento muchos no supimos valorar los logros que aquel M-28 había conquistado. Hoy sabemos que no hay nada más difícil que unir a decenas de pequeños grupos y movimientos de izquierda en una causa común. Diferencias respetables y comprensibles a nivel ideológico, cultural y reivindicativo, muchas veces se unen con egos personales, peleas territoriales y hasta problemas de faldas, lo que termina causando que jóvenes proletarios con muchas ideas y aspiraciones comunes terminen enfrentándose entre ellos mismos y no contra el enemigo, que ha tomado las universidades para ponerlas al servicio de la gran empresa y las oligarquías que las manejan.

Hoy, vemos la lucha universitaria en la UCV totalmente dividida, con pequeños movimientos estudiantiles de izquierda fuertemente enfrentados entre sí, haciendo pequeñas acciones sin mayor repercusión. En algunos casos, pareciera que la lucha es por lograr más tiempo en las pantallas del canal estatal VTV, y no el impulsar la lucha dentro y fuera de la casa de estudios.

La Ley de Educación Universitaria y el veto

El Presidente Chávez, luego de superar la crisis golpista de 2002 y 2003, utilizó los recursos tras la nacionalización de PDVSA para crear nuevas universidades, ampliar otras y crear misiones educativas para que medio millón de bachilleres sin cupo pudieran tener acceso a la educación universitaria. La enorme mayoría de estas nuevas universidades, sin embargo, carecen del abultado presupuesto que sí tienen la UCV y otras universidades autónomas, ello a pesar de que varias de ellas (la UNESR, la UNEFA y la UBV) tienen muchos más estudiantes que la UCV.
El anuncio en diciembre de 2010 de la inminente aprobación de la Ley de Educación Universitaria nos llenó por algunos días de expectativa, alegría y esperanza. Parecía que la larga espera de 10 años había llegado a su fin. Pero no fue así.

Desde hace meses que sabíamos que había gente redactando la ley, pero su texto no apareció públicamente sino el 20 de diciembre, cuando el Ministerio de Educación Universitaria lo entregó a la Asamblea Nacional. Al leer el proyecto de ley, la alegría de quieren participamos en la lucha estudiantil era máxima: contenía una cantidad inmensa de reivindicaciones, de cosas por las cuales lucharon nuestros predecesores de los años sesenta, setenta y ochenta, por las cuales nuestra generación había luchado por más de 10 años, y por las cuales luchan hoy nuestros sucesores.
Sobre esas reivindicaciones escribí un largo artículo al respecto: El cambio a los mecanismos de ingreso, el voto igualitario para todos, incluidos empleados, obreros, profesores y estudiantes; los principios de la ley; el que cada universidad tuviera que crear una Asamblea de Transformación Universitaria con obreros, estudiantes, empleados, profesores para decidir la estructura de la universidad; el forzar a las universidades a trabajar con las comunidades para el estudio y resolución de sus problemas; el que todas las universidades (incluidas privadas, experimentales, etc.) pudieran escoger sus autoridades; el proteger a estudiantes de los abusos de profesores; el que las matrículas de las universidades privadas quede regulada y no se restrinja la entrada a clases a los estudiantes por no pagar alguna cuota, etc.

A nivel legal, la ley iguala a las y los profesores, empleados y obreros, al usar un sólo término para todos: el de «trabajadores». El profesor pasa a ser denominado «trabajador académico», que forma una misma comunidad junto a los trabajadores administrativos y trabajadores obreros. En los salones de clase tal vez los seguiremos llamando profesores, pero el recordarle que él es un trabajador más, es una excelente forma de igualar a los miembros de la Comunidad Universitaria, y de romper el claustro ucevista actual, gobernado por una élite. Hicimos un micro radial al respecto. Lamento mucho que al Presidente Chávez no le guste ese término… ojalá él mismo se convenza de lo conveniente que es.

Críticas
He leído muchas de las críticas a la ley. Una crítica válida podría ser que el Ministerio de Educación Universitaria tiene demasiado poder sobre las universidades… algo que no se iba a saber con certeza hasta que dicho ministerio redactara los reglamentos.

La Sala de Sesiones del Consejo Universitario de la UCV, el sitio donde se realizó la toma en 2001.

Pero también he leído de profesores de nuestro lado críticas realmente terribles: por ejemplo, en la Universidad de Los Andes (ULA) muchos profesores de izquierda se han pronunciado en contra del voto 1 a 1, diciendo que el mismo «nos quita el poder a los profesores». Un profesor chavista escribió un artículo días antes del veto, diciendo que «el aspecto más cuestionable en la Nueva Ley de Educación Universitaria, es el principio: ‘una persona, un voto’. Al ser los estudiantes la abrumadora mayoría en todas las universidades (…) indefectiblemente hemos puesto exclusivamente en las manos de nuestros estudiantes, el destino de toda la educación universitaria».
Opiniones como esas son realmente lamentables. Los revolucionarios deberían ser los primeros en querer acabar con el régimen que prevalece hoy en las universidades, según el cual los doctores y la gente con muchos estudios tienen más poder de decisión que los obreros y estudiantes. Nuestra democracia abolió esa forma de pensar en el siglo XIX… ¿por qué mantener ese sistema si estamos en una revolución que promueve la democracia participativa, protagónica y popular? Queremos derechos igualitarios a todas y todos no sólo para votar, sino para participar en el día a día de la toma de decisiones.

Sí, la ley tenía algunos problemas, no lo pongo en duda. Pero si sopesamos sus posibles problemas junto con los logros y reivindicaciones avanzadas, sigo pensando que la decisión correcta hubiera sido aprobarla y luego avanzar sobre la marcha, reformarla de ser necesario. Ni la Ley de Tierras, ni la Ley de Pesca, ni la Ley Resorte, ni las leyes relacionadas con los consejos comunales, la participación pública o similares… ninguna de ellas fue perfecta desde el principio. Todas han requerido reformas y cambios sobre la marcha.

Reconozco, por otro lado, las difíciles condiciones para lograr que la LEU se cumpliera, de haberse aprobado. Nadie pudo darme una respuesta convincente sobre qué íbamos a hacer si Cecilia García-Arocha se negaba a implementar la ley, y su posición era clara: esa ley no se iba a implementar en la UCV. Punto. Y sencilla y llanamente no podíamos hacer nada, dada la poca fuerza de nuestros movimientos revolucionarios allí adentro.

Aún así, el re-escuchar las palabras de nuestro Presidente Hugo Chávez el pasado 4 de enero me produce temor. De verdad me preocupa mucho que se formen comisiones donde participen Cecilia García-Arocha, el rector de la Universidad Metropolitana o la familia Scharifker, donde sus opiniones puedan llegar a tener más peso que las del pueblo que no logra entrar en estas universidades, o que aquellos camaradas que lucharon a brazo partido por tantas reivindicaciones. Sin querer meterme en las guerras entre corrientes internas del PSUV, me preocupa que algunos que trabajaron en el pasado en los entes de Educación Superior, sean amigos de Luis Fuenmayor Toro (también amigo de Cecilia), de Luis Miquilena y otros señorones de derecha, y me preocupa que estos vínculos puedan echar para atrás muchas de las reivindicaciones alcanzadas en la ley.
Es posible que la decisión del Presidente Chávez busque que las reivindicaciones de la Ley sean conocidas por todas y todos. Si nuestra gente conoce la ley, se apropia de su contenido, entiende sus revindicaciones y la apoya de corazón, y si logramos que gente no necesariamente revolucionaria pueda al menos entender sus beneficios y dejen de reaccionar visceralmente contra ella, pues habremos dado un gran paso en su aprobación.

El Consejo de Ministros y Ministras del 4 de enero de 2011.

Pero eso mismo lo decíamos en mayo de 2001: que teníamos que internalizar la lucha por las universidades en el corazón del pueblo. Son más de cuarenta años desde que comenzó a hablarse de la Renovación. Y son más de 10 años desde que comenzó a hablarse de la Transformación Universitaria, por lo que el debate no ha faltado.

«No desesperen», nos dijo el Presidente Chávez en abril de 2001. Nunca creí que diez años después de aquellas palabras, estaría escribiendo un artículo expresando mi tristeza y frustración porque la Casa que Vence la Sombra, y el resto de las universidades autónomas, continuarían con una derecha más enquistada que nunca, consumiendo valiosos recursos mientras que las universidades revolucionarias funcionan con un presupuesto mínimo. Sí: sé que la existencia de nuestras universidades revolucionarias y las misiones educativas, en sí misma, es una gran victoria. Sí: sé que cientos de miles de estudiantes han logrado graduarse gracias a las acciones del Proceso Revolucionario. Pero tenemos que seguir avanzando.

Sobre la UCV y la Transformación Universitaria, el sentimiento ya no es desespero; es impotencia y decepción. Y temor de que este debate sobre la Ley de Universidades caiga en el olvido, que se engavete por 10, 20 o 30 años más, o peor aún: que la derecha termine apropiándose de la discusión, y anule muchas de las luchas y reivindicaciones por las cuales se han luchado tantos años.

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(**) Vale la pena recordar que, en aquellas reuniones post-toma, se había acordado no volver a usar el nombre «M-28», pero un par de años después, uno de los grupos decidió retomar el nombre. Creo que los demás no estuvieron de acuerdo con eso, pero así se hizo.

Fuente: http://lubrio.blogspot.com/2011/01/no-deseperen-dijo-chavez-los-tomistas.html