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Dilma: El legado de derechos destruidos

Fuentes: Correio da Cidadania

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

En una cena reservada con grandes empresarios el 15 de febrero, el ministro de la Casa Civil Jacques Wagner, habría dicho que la presidenta Dilma quiere dejar como un gran legado de su gobierno la reforma de la Previsión Social. Aunque, según el ministro, la presidenta tendría conciencia de que no iría a recuperar una alta popularidad en lo que resta de su mandato y que le importaba ante todo dejar ese legado.

Convengamos que hay innumerables otras razones para que la popularidad de Dilma nunca más retorne, por ejemplo, la profunda recesión económica y el colapso de los servicios públicos provocados por el ajuste neoliberal. Pero quien pretende dejar ese tipo de legado no puede merecer ninguna popularidad relevante o confianza del pueblo.

Si bien el proyecto de reforma del gobierno no está pronto, la idea es presentarlo en abril al Congreso Nacional con tales ideas llaves: aumentar la edad mínima para jubilarse y buscar unificar en un régimen único hombres y mujeres, trabajadores del sector público y privado, trabajadores urbanos y rurales.

Vamos a resumir la conversación: se trata de atacar el derechos a una jubilación digna haciendo que las personas trabajen más, buscando para eso una unificación que va a retirar derechos constitucionales de sectores como, por ejemplo, los trabajadores y trabajadoras rurales que se pueden jubilar con 60 y 55 años de edad, respectivamente. Por la lógica de la reforma gubernamental el régimen jurídico único de los trabajadores y trabajadoras del sector público también irían a ese espacio.

La trampa que el gobierno, grandes capitalistas y sus portavoces presentan, es que esta reforma sería para las generaciones futuras, para comenzar a regir al final de la próxima década, como se proyecta en la unificación de los regímenes, y que no afectaría los derechos de quién ya está trabajando. De cierta forma, es todavía más grave que un gobierno petista quiera dejar como legado a las generaciones futuras una Previsión Social con menos derechos y más aumento del tiempo de explotación en el trabajo.

Por más que el envejecimiento de la población irá a aumentar los gastos de la Seguridad Social, ninguna discusión, desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores y trabajadoras, puede comenzar con la lógica del mercado y del capital: ésta siempre busca eliminar derechos.

Pero es exactamente eso lo que hace el gobierno Dilma, como hizo el gobernó Lula al inicio de su mandato con la reforma de la Previsión del sector público; que, a propósito, genera un círculo vicioso, pues luego de la reforma en 2003, diversos gobiernos estaduales de la derecha tradicional, especialmente del PSDB, estuvieron años intentando ejecutar la reforma previsional en el sector público estadual, como vimos en los casos notorios y relativamente recientes de San Pablo y Paraná bajo la batuta del PSDB.

Se podría comenzar el debate con otros parámetros, como, por ejemplo, acabar con el verdadero fraude que es el discurso y lo números torcidos del supuesto rombo de la Previsión Social, que no toma en consideración cuanto fue robado de los cofres de la Seguridad Social, por décadas, a través de mecanismos como la DRU (Desvinculación de Recetas de la Unión) al servicio de, por ejemplo, pagar los intereses de la deuda pública. Sin hablar de la creciente precarización de los derechos sociales y laborales, que afecta también a la Previsión Social.

Lo más terrible es que ese puede no ser el único legado que la presidenta pretenda dejar para el futuro. Por lo que fue divulgado, el gobierno desistió de presentar ahora un proyecto de Reforma Laboral por razones puramente tácticas, para no tener que comprarse dos peleas al mismo tiempo con dos reformas tan impopulares. O sea, puede ser que el próximo año, especialmente si consigue pasar la Reforma de la Previsión, venga el otro pilar de la destrucción futura de derechos.

Sería perfecto para el capital: una amplísima nueva clase trabajadora cada vez más precarizada en su derechos laborales y trabajando prácticamente hasta morir. ¡Que legado! Resulta espantoso que todavía haya gente que considere a este gobierno como de «izquierda» o «progresista».

En términos prácticos, la lucha por impedir la Reforma de la Previsión que retira derechos, debe ser uno de los centros de la agenda de los movimientos sociales y representaciones no cooptadas de la clase trabajadora. Reforma propuesta por el gobierno federal (que será apoyada por los gobiernos estaduales del PSDB).Y, por tanto, se trata de una lucha de máxima prioridad contra el gobierno Dilma, no dando lugar a ninguna contorsión política de aquellos que quieran subirse al carro de esa bandera para defender a un gobierno cada vez más indefendible.

El ajuste en el presente

Mientras prepara su futuro legado junto al gran capital, el ajuste del gobierno Dilma destruye derechos y vidas en el presente. Las epidemias avanzan, en la brecha del saneamiento básico precario para más de la mitad de la población; ante el colapso de la salud pública, el gobierno federal y 17 gobiernos estaduales cortan los recursos para prevenir las epidemias. La caída en 2015 de estos recursos fue casi 10% en relación a 2014. Instaladas las epidemias este año, se corre de atrás, movilizando hasta el ejército para combatir al mosquito. Pero el agujero de esta crisis y más hondo y dramático. Recordemos que para el Presupuesto de 2016 el gobierno cortó R$ 3,8 billones a la Salud…No debe espantarnos que en plena carrera de tres epidemias, la atención en la red pública llegue a ser de solamente 10 horas.

Y viene más por ahí. Vamos a ver en marzo, cuándo el gobierno Dilma anuncie el tamaño de los cortes contingentes finales al Presupuesto de 2016. Detalle: de todos los cortes lanzados por el gobierno sobre el Presupuesto de 2016, ya desde el año pasado, de todos los decretos gubernamentales para contener gastos de costeo e inversión (como el publicado el día 12 de febrero), ninguno de ellos, nada, cosa alguna, dice respecto a cortar, reducir o tocar, el religioso pago de intereses de la deuda pública. Las epidemias que devastan al país pueden esperar, los banqueros no pueden esperar. ¡Qué legado!

* Fernando Silva es periodista y miembro de la Dirección Nacional del Partido Socialismo e Liberdade (PSOL).

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