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Dioses y monstruos

Fuentes: Filmica.com

La red fabrica héroes y supervillanos. Si bien los héroes lo son a causa del enorme esfuerzo que supone ser el centro de atención a la primera excusa, los supervillanos son escogidos por sus verdaderas cualidades. Ayer lo era Teddy Bautista por llamar pendejos electrónicos a los que no compartían su credo y antes de […]

La red fabrica héroes y supervillanos. Si bien los héroes lo son a causa del enorme esfuerzo que supone ser el centro de atención a la primera excusa, los supervillanos son escogidos por sus verdaderas cualidades. Ayer lo era Teddy Bautista por llamar pendejos electrónicos a los que no compartían su credo y antes de ayer lo era Xavier Ribas por las denuncias a usuarios de P2P que al final no fueron. En la actualidad la opinión pública internauta ya tiene nuevo supervillano favorito. Ha nacido Pedro Farré.

Pedro Farré es el jefe de la Oficina de la Defensa de la Propiedad Intelectual de la SGAE y en los últimos días no hay periódico donde no haya dado una declaración que escandalizara a unos, a otros o a todos a la vez. Sus declaraciones tienen todas un punto en común que define a la perfección la mentalidad de la asociación a la que representa: la lógica mercantil.

Farré es una de esas personas que todavía confunde los términos de valor y precio. El valor, es decir, las cualidades de algo o de alguien se miden con dinero. Es esta equiparación de valor y precio la que consigue que los 150 euros que tu amigo ha pagado por su camisa nueva no sean la muestra de un timo sino un sello de calidad. Farré asegura que lo creado por alguien «tiene un valor» y «no puede ser libre y gratuitamente utilizado por cualquiera». Es decir, lo que no cuesta dinero y lo que puede ser usado por todo el mundo sin restricciones no tiene valor. El aire, por ejemplo, no tiene valor. «Es de necios confundir valor y precio» decía Antonio Machado.

Lo más curioso de los devotos de la lógica del mercado es que sus opiniones no son presentadas como una más sino como la única posible. Y es así como lo que no son más que posturas particulares se convierten por arte de magia en verdades absolutas, eternas e inmutables. Cuando las palabras del pensamiento único no están inspiradas en Dios lo están en la Naturaleza. Estar contra ellas es blasfemo o contranatura.

Para Farré copiar obras sujetas a propiedad intelectual es como si «después de haber estudiado muchas horas para hacer un examen, el compañero que se sienta al lado lo copia. De forma natural cualquier estudiante se revelaría contra esto, porque el esfuerzo de cada quien debe significar recompensa para este mismo». La moraleja del cuento es clara: no solo es importante que tu esfuerzo te beneficie a ti sino que sobre todo no beneficie también a los demás. Quítale la careta a tu compañero. Desconfía. Él no es tu amigo es un parásito, es un competidor que se aprovecha de tu esfuerzo. En todas las clases, de todos los institutos de todos los países siempre había uno que no te prestaba los apuntes, que si le mirabas el examen llamaba a la seño y que si le decías que te ayudara con el problema de matemáticas te decía «haber atendido en clase». Al parecer este tipo de persona que coleccionaba dieces y collejas y que veía la vida como una carrera de obstáculos en la que estás solo, es el único que actuaba «de forma natural». El egoísmo, la competitividad y el individualismo feroz no solo no son defectos sino que forman parte del ser humano como las uñas, el pelo y los dientes. Si colaboras, si ayudas, o si tu mirada no está enamorada de tu ombligo, tú y solo tú eres el raro. Eres antinatural. La vida y los palos de la comunidad de los rectos te enseñarán el verdadero camino.

La reforma del Código Penal ha dado un nuevo campo abierto a Farré donde explayarse. Por si alguno vive en otro planeta o es por suerte ajeno al bombardeo mediático les diré que me refiero a esa reforma que ha hecho que los medios de comunicación digan que a partir del 1 de Octubre será delito descargar una canción de Internet basando esa afirmación en lo que creen un nuevo artículo del Código Penal y que en realidad lleva con nosotros desde hace diez años. Como todos saben la confusión es terreno fértil para plantar miedo y las declaraciones que convierten en criminales a medio país no se han hecho esperar. En su texto «La piratería nos afecta a todos» insiste en la «trascendencia jurídico – penal de las plataformas p2p». Sin embargo hace tres meses Pedro Farré aseguraba en la Campus Party que las redes de pares «quizás no tienen un encaje penal, sería muy dudoso…» y tres meses antes de la Campus Party decía que «el fenómeno del P2P tiene encaje en el artículo 270 del Código Penal». Nunca me imaginé que terminaría plagiando a Bush pero la verdad es que Pedro Farré podría tener un debate consigo mismo. ¿A qué se debe este cambio de opinión trimestral? ¿Es una nueva patología desconocida? En mi opinión la respuesta es clara: es más fácil decir que bajar una canción te manda directo a Alcalá Meco delante de un periodista al que no se le va a inmutar ni una ceja que ante cientos de internautas preparados que saben muy bien qué contestarte. Podría achacarse el cambio de opinión a la reforma legislativa del artículo que regula lo que se realiza en las redes de pares, es decir, el artículo 270.1 del Código Penal. Podría achacarse, digo, si la reforma de ese artículo hubiera existido.