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Economía y sentimiento popular

Fuentes: Boletin Miguel Enriquez

Uno de los temas recurrentes en la literatura económica neoliberal es la necesidad de garantizar la independencia de la política económica de las impurezas advenidas de las preferencias populistas y corporativistas Las políticas económicas aparecen, en estas construcciones «teóricas» fundamentalistas como una aplicación mecánica, una deducción directa de teorías verdaderas en cualquier ocasión o realidad […]

Uno de los temas recurrentes en la literatura económica neoliberal es la necesidad de garantizar la independencia de la política económica de las impurezas advenidas de las preferencias populistas y corporativistas
Las políticas económicas aparecen, en estas construcciones «teóricas» fundamentalistas como una aplicación mecánica, una deducción directa de teorías verdaderas en cualquier ocasión o realidad regional o local. Tratase de una modalidad de pensamiento religioso extremista, un fundamentalismo impresionante para ganar tanta influencia en una sociedad moderna.

Pero esta postura irracionalista, misteriosamente aceptada por los liderazgos políticos, intelectuales y otros formadores de opinión, parece tener una razón social fuerte para implantarse. De hecho, el razonamiento económico deductivo termina favoreciendo el capital en contra de la mayoría de la población. Según la «teoría» no debería ocurrir así ya que los intereses del capital conducen al aumento de la inversión y favorecen en consecuencia a la población.

Sin embargo hay un factor de trampa en la «teoría». Ella tiene que explicar por qué cuando las personas se manifiestan se oponen a lo que les seria favorable. De ahí la descalificación «a-priori» de la reacción de la gente. Esta es descalificada como expresión de populismo y corporativismo y el gobernante que se somete a ella como demagogo. Esta desconfianza hacia el hombre común es antigua. La resistencia de los liberales al voto universal es conocida por quien estudia los siglos XVIII y XIX y buena parte del siglo XX.

Contra los demócratas que exigían el voto universal como condición de la moderna democracia, los liberales siempre han buscado favorecer el voto calificado y hasta hoy, como vemos en las declaraciones diarias de sus representantes, prefirieron el mundo lógico deductivo de los tecnócratas. «Todo poder a los técnicos que contratamos para trabajar para nosotros».

La victoria del movimiento democrático alcanzó su primer auge en la revolución francesa y fue interrumpida en parte por la restauración monárquica, con la derrota de Napoleón. Parecía que las repúblicas estaban muertas hasta que las revoluciones de 1848 impusieron otra vez en Europa el voto universal. A pesar de sus fracasos las revoluciones de 1848 dejaron contodo la marca del voto universal, que se impuso primeramente en Inglaterra, y progresivamente los trabajadores fueron ganando el derecho de votar, al crear sus propios partidos socialistas y socialdemócratas.

En los Estados Unidos, en la República democrática, nacida de la revolución anticolonial, los «yankees», consiguieron finalmente derrumbar los liberales del sur con la guerra de la secesión, durante la mitad del siglo XIX. Solo entonces terminaron con la vergüenza de una democracia que proclamaba la igualdad entre los hombres y el voto universal y conservaba la esclavitud que impedía a las poblaciones esclavas votar, contando sin embargo sus cabezas para el voto de sus señores.

La democracia se impuso en Europa solamente después de la primera guerra mundial, cuando cayeron finalmente la monarquía alemana e austriaca, cuyo imperio se hizo trizas, además de anunciar su penetración en el mundo musulmán a través de los «nuevos turcos», que soldaron los pedazos que sobraron del Imperio Otomano. Es verdad que en los años 30 Europa sufrió dramáticamente los retrocesos del fascismo pero la derrota del nazismo abrió camino definitivo, hacia la democracia, al final de la Segunda Guerra Mundial.

En América Latina las repúblicas que se independizaron del dominio colonial a principios del siglo XIX no se estabilizaron totalmente con pocas excepciones como Chile y Uruguay. De cualquier forma su fuerte ascendente aristocrático y oligárquico les permitió mantener la restricción al voto universal al máximo. Este era el mundo de los liberales y conservadores por excelencia hasta que el pueblo irrumpió imperativo en la revolución mexicana que se juntó a los demás procesos universales, como la revolución rusa y los grandes movimientos democráticos europeos.

El liberalismo se democratizó. Asumió el voto universal que tanto combatiera y buscó descubrir las leyes de psicología social que permitiera condicionarlo y dominarlo a servicio de sus intereses. No debemos olvidarnos que esto no impidió que el golpe de Estado continuara siendo un arma de los liberales toda vez que el voto de los mayorías alcanzaba sus propiedades. La sucesión de golpes de Estado en América Latina de los años 60 y 70 del siglo XX, son un recuerdo demasiado reciente para permitirnos olvidar de las tendencias antidemocráticas de los llamados liberales. Todos ellos, desde los «udenistas» en Brasil, los «radicales» argentinos, los «democratacristianos» en Chile «et caterva» estuvieron involucrados hasta los codos con los regímenes militares.

No hay que extrañar en consecuencia que defiendan con tanto ardor las tesis del FMI a favor de la independencia de lo económico en relación a lo «político», es decir, a los deseos del pueblo. Los resultados pueden ser apreciados en los estudios de opinión realizados por la corporación Latinobarómetro, con sede en Chile.

Cuál es la economía más elogiada por el FMI en el momento actual en la región? La peruana. Cuál es el presidente de la república más impopular en la región?. El presidente de Perú, cuyo gobierno tiene 16% de aprobación y él tiene 13% de confianza de sus compatriotas. Cuál es la política económica más criticada por el FMI en la región? La Argentina. Su gobierno tiene la aprobación del 71% de la población y su presidente tiene 62% de confianza popular. Superior a él solamente Uruguay del Frente Amplio. Colombia (62%), Chile (67%) y Venezuela (61%) están en seguida entre los más populares. No nos olvidemos de las críticas diarias a las «aventuras» económicas de Hugo Chávez. Lula está entre el nivel más bajo y el más alto (45%) pues aún hay esperanzas en la población de que cambie su política. Fox en México (35%) está aún abajo de Lula, a pesar de todos lo elogios a su «fantástico éxito económico».

Sería bueno que algunos políticos tomasen más en serio estos datos y este background histórico que hemos señalado. La historia del pensamiento social y político ha sido muy deformada a servicio de los más diversos intereses. Pero las versiones falsas solamente pueden imponerse sobre los hechos dentro de ciertos límites de tiempo y espacio.

* Profesor titular de la UFF, Director de REGGEN. [email protected]