El estruendo de los cañones de la OTAN en Ucrania, el desgarro de un genocidio televisado desde Palestina, la sombra de la intervención militar que se cierne sobre el Sahel y las crecientes tensiones geoestratégicas en el Mar de China Meridional no son fenómenos aislados ni caprichos de la historia. Son las manifestaciones más evidentes y brutales de una lógica sistémica que, lejos de desaparecer, define con una virulencia renovada el mapa del siglo XXI. Esta lógica tiene un nombre que durante décadas ha sido relegado al desván de la historia por el pensamiento hegemónico, pero que hoy retumba con una urgencia ineludible: el imperialismo.
Tras el colapso del bloque soviético, se nos anunció el «fin de la historia». En ese nuevo orden, el concepto de imperialismo fue vaciado de su contenido científico y político, convertido en una reliquia o, en el mejor de los casos, en un insulto vago. Las corrientes posmodernas, con su desconfianza hacia los «grandes relatos», contribuyeron a este desarme teórico, fragmentando la crítica y dificultando para la clase trabajadora la comprensión de la globalidad capitalista. El resultado fue una desorientación estratégica, una incapacidad para conectar los puntos entre la explotación económica, la opresión nacional, la guerra y la destrucción ecológica.
Es precisamente para combatir esta desorientación que nace el proyecto Lume Vivo («Fuego Vivo»). No surge de un vacío académico ni de una iniciativa editorial convencional —no es el lucro económico o el prestigio lo que nos mueve. Es la decantación natural de un proceso colectivo, forjado en las tertulias y debates del colectivo antiimperialistas.com durante los días inciertos de la cuarentena. En aquel encierro global, mientras el sistema mostraba sus costuras más frágiles, un grupo de militantes sintió la necesidad imperiosa de rearmarse teóricamente, recuperando las herramientas críticas para entender un mundo en convulsión. Lume Vivo es, por tanto, la materialización de esa necesidad: una publicación que aspira a ser una llama para el debate, un faro para la acción.
No es casualidad que su andadura comience con la publicación de esta entrevista en profundidad con Iñaki Gil de San Vicente. Para inaugurar un proyecto que busca sentar las bases de un debate antiimperialista riguroso y actual, era necesario recurrir a una de las voces más lúcidas y comprometidas del marxismo contemporáneo. Pensador y militante de una vastísima trayectoria, enraizado en la lucha más comprometida del Movimiento Nacional de Liberación Vasco, Gil de San Vicente encarna la síntesis entre el estudio profundo de la teoría y el compromiso inquebrantable con la praxis. Su pensamiento, afilado en el análisis de El Capital y forjado en las luchas del pueblo vasco, no es una reflexión abstracta, sino una herramienta para la intervención política.
La conversación que se despliega a continuación es mucho más que una simple entrevista, supone un seminario intensivo, un recorrido exhaustivo por la genealogía, la anatomía y el porvenir de la lucha antiimperialista. El diálogo arranca sentando las bases, explorando cómo Marx y Engels anticiparon una teoría que sería desarrollada plenamente por generaciones posteriores. Se sumerge en el aporte monumental de Lenin, analizando El imperialismo, fase superior del capitalismo no como un texto sagrado e inmutable, sino como un método de análisis vivo, cuya esencia sobre la fusión del capital bancario e industrial, la exportación de capital y el reparto del mundo sigue siendo una clave maestra para descifrar el presente.
Desde allí, nuestra conversación avanza para mostrar cómo la teoría se enriqueció y transformó al calor de las luchas concretas. Se examina el papel crucial de la III Internacional en su intento de forjar un frente mundial que trascendiera las fronteras de Europa y, sobre todo, se da el protagonismo merecido a las aportaciones decisivas de los movimientos de liberación del mal llamado «Tercer Mundo». La grandeza de esta entrevista reside en su capacidad para tejer un hilo rojo que conecta la teoría europea con la praxis descolonizadora de África, Asia y Nuestramérica.
Y discurriendo la senda de nuestras más profundas tradiciones de lucha y resistencia, nos adentramos en el pensamiento de Frantz Fanon, para quien la violencia revolucionaria no es solo un acto táctico, sino un proceso catártico de desintoxicación psicológica y de rehabilitación del colonizado. Exploramos junto a Ngũgĩ wa Thiong’o cómo la «bomba cultural», la imposición de la lengua y la visión del mundo del opresor, constituye un arma tan letal como las bayonetas y cómo la lucha por la memoria y la cultura propia se convierte en un frente de batalla indispensable.
El resultado es un mapa conceptual de una riqueza extraordinaria. Gil de San Vicente, con su característica pedagogía militante, desentraña la dialéctica indisoluble entre lucha de clases y liberación nacional, demostrando que un pueblo que oprime a otro no puede ser libre. Nos ofrece las claves para entender por qué la autodeterminación de los pueblos no es una concesión abstracta, sino una condición material para debilitar al imperialismo. Y finalmente, nos interpela sobre las tareas del presente: qué tipo de organización, qué formas de contrapoder y, fundamentalmente, qué internacionalismo político necesitamos para enfrentar a un capital que en su fase senil y cada vez más destructiva nos arrastra hacia la barbarie.
Este texto, por tanto, no es solo el brillante número inaugural de Lume Vivo. Es un documento fundamental, una brújula precisa para navegar la tormenta de nuestro tiempo. Es una invitación a pensar dialécticamente para actuar, en consecuencia, una herramienta para todos aquellos que entienden que el antiimperialismo no es una opción, sino una necesidad histórica. Una llama viva para iluminar los caminos de la emancipación en un mundo que clama, con urgencia, por ser transformado de raíz.
1. ¿Cómo definirías el antiimperialismo desde una mirada
marxista?
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