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El Banco Mundial busca un presidente

Fuentes: Red del Tercer Mundo

«Se busca ejecutivo para presidir institución financiera internacional con calificación AAA y la misión de erradicar la pobreza del mundo. Salario de medio millón de dólares anuales más un cuarto de millón de beneficios varios. No se necesita experiencia». Este aviso no apareció en ninguno de los diarios del mundo de las finanzas, pero desde […]

«Se busca ejecutivo para presidir institución financiera internacional con calificación AAA y la misión de erradicar la pobreza del mundo. Salario de medio millón de dólares anuales más un cuarto de millón de beneficios varios. No se necesita experiencia».

Este aviso no apareció en ninguno de los diarios del mundo de las finanzas, pero desde que Robert Zoellick anunció su renuncia a la presidencia del Banco Mundial la búsqueda de su sucesor alimenta rumores y desmentidos cotidianos sobre el oscuro proceso de elección en una institución que predica la trasparencia.

El Banco Mundial es la principal institución financiera de desarrollo y, sin embargo, ninguno de los presidentes hasta el momento tenía experiencia alguna en el tema. Zoellick era ejecutivo de Goldman Sachs y luego negociador comercial del presidente George W. Bush. Su predecesor, Paul Wolfowitz, venía de ser el cerebro de la invasión a Irak, desde su cargo de subsecretario de Defensa. James Wolfensohn era banquero, al igual Lewis Preston (Morgan) y Alden Clusen (Bank of America). Barber Conable fue político toda la vida y Robert McNamara venía de haber impulsado la guerra en Vietnam como secretario de Defensa.

El único requisito verdadero no está escrito en ningún lado: el presidente del Banco Mundial debe ser ciudadano de Estados Unidos, tal como el director gerente del FMI debe venir de Europa, según el «pacto de caballeros» establecido en 1944 en Bretton Woods, cuando fueron creadas las dos instituciones que diseñarían la economía mundial al terminar la Segunda Guerra Mundial.

El mundo ha cambiado desde entonces y ahora el Banco Mundial pertenece a casi doscientos países, por lo que muchos opinan que los países en desarrollo deberían poder aspirar al cargo.

Cuando hubo que buscar un reemplazo para Dominique Strauss-Kahn a la cabeza del FMI, se prometió que el «pacto de caballeros» ya no existiría. Christine Lagarde fue elegida, según se alegó, no por ser europea, sino porque al haberse transformado Europa en el principal receptor de los préstamos del organismo, era necesario tener a cargo del mismo a alguien que simpatizara y entendiera a los beneficiarios. Con la misma lógica, entonces, siendo los países en desarrollo los beneficiados por el Banco Mundial con sus préstamos y donaciones, debiera ser alguien del Sur quien sustituyera a Zoellick.

Sin embargo, uno a uno, los candidatos potenciales del mundo emergente se autoexcluyeron de la puja. El ministro de Finanzas de Nigeria y ex director del Banco Mundial, Ngozi Okonjo-Iweala, el ministro sudafricano de Planificación, Trevor Manuel, el ex ministro indonesio de Finanzas y actual director del Banco Mundial, Sri Mulyani Indrawati, y hasta el gobernador del Banco Central de México, Agustín Carstens, único candidato competidor de Lagarde por la dirección del FMI, todos han ido anunciando que no quieren el puesto. Un candidato potencial no identificado le dijo al Financial Times que Estados Unidos ha ejercido presión para que no apareciera ningún representante fuerte del Sur. En un año electoral, Obama no podría regalar a sus opositores republicanos la oportunidad de criticarlo por haber «abandonado» una posición de poder.

El ex asesor de Obama y ex secretario del Tesoro Lawrence Summers es el nombre que más suena. Como economista-jefe del Banco Mundial escribió hace unos años que los países «subcontaminados» harían buen negocio recibiendo residuos tóxicos (porque de todas maneras su esperanza de vida es tan baja que no llegarían a desarrollar cáncer) y como rector de la Universidad de Harvard dijo que las mujeres no estarían calificadas para las ciencias o la ingeniería.

Cuando todo parecía pronto para que los gobernadores del Banco Mundial oficializaran sin chistar a quienquiera designara la Casa Blanca, el economista Jeffrey Sachs de la Universidad de Columbia se lanzó al ruedo y escribió en el Washington Post un artículo autoproclamándose candidato en tanto que «practicante del desarrollo económico, escritor y académico», argumentando que no venía «de Wall Street ni de la política» y que su experiencia con el Fondo Global contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y su campaña a favor de aldeas modelo en África lo capacitarían para hacer del organismo «un puente entre la ciencia, los negocios, la sociedad civil y las finanzas».

La candidatura de Sachs parecía un pretexto ocurrente para señalarle defectos al Banco Mundial, pero Bhutan, Namibia, Kenya y Timor la oficializaron. Además, Sachs dice tener el apoyo de Chile, Colombia, Haití, Jordania, Guatemala, Malasia, México y Uruguay. Lula lo respalda, pero Dilma Roussef no vería con buenos ojos sus planes de promover energía solar en África, en vez de los biocombustibles que favorece Brasil, mientras que muchos economistas de izquierda aun resienten su papel de promotor de los planes económicos de shock privatizadores en los años ochenta y noventa en Bolivia, Polonia y Rusia.

Para no imponer una candidatura con menos prestigio que Sachs, Obama puede tratar de convencer a Hillary Clinton o promover a la embajadora ante las Naciones Unidas Susan Rice (afroamericana) o a la presidenta de PepsiCola, Indra Nooyi, nacida en India. Nombres no faltan, ideas nuevas no abundan.

http://agendaglobal.redtercermundo.org.uy/2012/03/23/el-banco-mundial-busca-un-presidente/