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¿Desmundialización?

El capitalismo necesita vacaciones

Fuentes: Viento Sur

Los viejos países capitalistas no van bien. Es lo que señalan las últimas previsiones de la ONU /1: «Una ralentización del crecimiento mundial es esperada en 2011 y 2012». Para los países desarrollados, el informe prevé un crecimiento del 1,9% en 2011 y luego del 2,3% en 2012. La Unión Europea (1,5% y 1,9%) y […]

Los viejos países capitalistas no van bien. Es lo que señalan las últimas previsiones de la ONU /1: «Una ralentización del crecimiento mundial es esperada en 2011 y 2012». Para los países desarrollados, el informe prevé un crecimiento del 1,9% en 2011 y luego del 2,3% en 2012. La Unión Europea (1,5% y 1,9%) y Japón (1,1% y 1,4%) se portarían aún peor, y los Estados Unidos (2,2 y 2,8%) un poco mejor. Del crecimiento mundial tirarían los países en desarrollo, con el 6% en 2011 y el 6,1% en 2012. «La recuperación mundial ha sido frenada por las economías desarrolladas», dice el informe. Incluso nos podemos preguntar si habría recuperación en los países desarrollados sin el dinamismo de los países emergentes.

El crecimiento mide al menos una cosa: la salud del capitalismo. Desde este punto de vista, el porvenir parece atascado. En los Estados Unidos, el agotamiento de los efectos de la política monetaria de Quantitative Easing y el despegue de la deuda pública marcan los límites de una política de relanzamiento que no toca las alucinantes desigualdades en el reparto de las rentas. El arranque japonés ha sido reducido a la nada por las consecuencias de la catástrofe nuclear. En cuanto a Europa, va jubilosamente directa contra la pared.

El informe de la ONU señala con razón que: «la austeridad presupuestaria amenaza con desacelerar más la recuperación, el aumento de la inestabilidad de las tasas de cambio sigue siendo un riesgo igual que lo sería un reequilibrio no coordinado de la economía mundial». Bien visto, pero las propuestas planteadas son de una vacuidad casi cómica: habría que «coordinar los programas de relanzamiento; la política presupuestaria debe ser revisada a fin de reforzar su impacto sobre el empleo». La ONU recomienda «una política monetaria más eficaz, un acceso más previsible para financiar el desarrollo, objetivos más concretos y firmes para la coordinación de las políticas internacionales».

En un contexto así, el proyecto de «desmundialización» carece al menos de simetría. Su propuesta central es la de un proteccionismo (europeo en el mejor de los casos, o limitado al hexágono) hacia las importaciones provenientes de los países emergentes que no respeten las normas sociales y medioambientales. Pero ni Montebourg, ni Todd, ni Sapir hablan de las exportaciones. Sin embargo, son hoy los países emergentes los que tiran de la recuperación y la financian: «las transferencias financieras netas de los países pobres hacia los países ricos siguen aumentando», subraya la ONU. Querer unilateralmente reducir las importaciones no puede conducir a una configuración estable.

La desmundialización así concebida debe ser distinguida del altermundialismo, en varios puntos recientemente sintetizados por Jean-Marie Harribey /2. Primero, la mundialización no es la fuente única de la degradación social. La ONU prevé así la «persistencia del paro elevado en los países desarrollados». Con la crisis, la tasa de paro ha pasado en ellos del 6% a cerca del 9% y debería seguir siendo superior al 8% en 2012. Esta recuperación sin empleos (jobless recovery) que es el horizonte de los viejos países capitalistas no resulta de la mundialización que les procura mercados, sino de una voluntad afirmada de restablecer la tasa de ganancia y la sacrosanta competitividad.

El tema de la desmundialización remite a un encadenamiento que no funciona ya: competitividad, por tanto crecimiento, por tanto empleos. Pero si todo el crecimiento va a una pequeña franja de ricos, ¿para qué buscar un crecimiento más elevado? El verdadero asunto está en repartir de otra forma la riqueza, pero, ahí también, ¿es la mundialización la que fuerza a los accionistas a atiborrarse cuando todos los demás deben apretarse el cinturón? Este proyecto apunta en el fondo a volver al capitalismo de los «Treinta gloriosos» a través de un proteccionismo que permita una reindustrialización fundada en un crecimiento productivista. Es volver la espalda a la real alternativa: la gran bifurcación hacia un modelo diferente, que combine la satisfacción de las necesidades sociales y la lucha contra el calentamiento climático.

Regards, verano 2011

http://hussonet.free.fr/capivaca.pdf

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR

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