Entrevista a Juan Carlos Ruiz Franco sobre el libro El bastardo de Marx

«El fiel Engels, que fue quien mantuvo a la familia durante largos años e hizo posible la obra de Marx, siempre estuvo dispuesto a echar una mano a quien consideraba superior a él»

Fuentes: El viejo topo

J. C. Ruiz Franco es licenciado en Filosofía y DEA del doctorado de la misma carrera. Tiene posgrados en sociología, nutrición deportiva e historia y filosofía de las religiones. Es autor de dos libros publicados en papel, Drogas inteligentes (http://www.paidotribo.com/ficha.aspx?cod=00791) y Albert Hofmann… (http://www.alberthofmann.es), y coautor de otros dos. Ha dirigido la edición de PIHKAL […]

J. C. Ruiz Franco es licenciado en Filosofía y DEA del doctorado de la misma carrera. Tiene posgrados en sociología, nutrición deportiva e historia y filosofía de las religiones. Es autor de dos libros publicados en papel, Drogas inteligentes (http://www.paidotribo.com/ficha.aspx?cod=00791) y Albert Hofmann… (http://www.alberthofmann.es), y coautor de otros dos. Ha dirigido la edición de PIHKAL y TIHKAL, consideradas en conjunto la Biblia de las drogas de síntesis. También ha elaborado escritos para su difusión libre en internet. Su principal labor en el mundo de la edición es la de traductor, con unos cuarenta títulos traducidos al castellano y publicados. Me centro en esta conversación en su última publicación, El bastardo de Marx.

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Enhorabuena por su nueva novela. Para ayudar al lector, ¿qué editorial la ha publicado? ¿Cómo puede adquirirse?

Gracias. La ha publicado Ediciones Dyskolo y puede adquirirse a través de su página web, http://www.dyskolo.cc/cat%C3%A1logo/lib024. También puede leerse información en el blog de la editorial, http://dyskolo.tumblr.com/post/154067559011/marx-era-un-ser-humano

Gracias. La subtitula: «Una novela documental». ¿Por qué?

Porque la base de la trama son los documentos que escribieron y a veces se intercambiaron (el caso de las cartas) los protagonistas, unos documentos que en su mayoría estaban en su idioma original y que he traducido al castellano. La narración se apoya en ellos para que el libro sea lo más realista posible, sin que el autor se haya inventado ningún acontecimiento, sino que es un simple testigo que ha contado los hechos tal como sucedieron.

¿Quién fue el hijo bastardo de Marx? ¿Cómo se llegó a saber de su existencia? ¿Ningún estudioso ha discutido su existencia?

Fue el erudito Werner Blumenberg quien, estudiando los documentos del archivo marxista del Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam, en 1962, dio con una carta escrita por Louise Freyberger, asistente de Engels en sus últimos años y testigo directo de los hechos. En ella se detalla todo lo que sucedió. Esto, unido a ciertas referencias de la correspondencia entre Marx y Engels en 1851, fecha del nacimiento del hijo ilegítimo, y a que la misma Laura Lafargue-Marx (hija de Karl) se refiriese a veces a Freddy como su hermano, es lo que nos permite atar todos los cabos sueltos y llegar a la conclusión de la paternidad de Karl Marx. Por otra parte, el hecho de que Engels, que accedió a pasar por su padre, pero sin darle su apellido, no quisiera ver nunca a su supuesto hijo nos ofrece otra pista.

Hay estudiosos, evidentemente simpatizantes marxistas, que niegan la paternidad de Karl. De hecho, hace unos años tuvo lugar un exhaustivo debate sobre el tema. De todas formas, tal como hemos expuesto en el libro, la cuestión parece estar clara, al menos desde nuestro punto de vista, y además no parece haber duda sobre la autenticidad de los documentos que establecen la paternidad.

Permítame dos preguntas sobre lo que acaba de señalar. ¿Por qué cree que Engels se negó a ver a Freddy, más allá de que fuera o no su hijo? Esa actitud no cuadra bien del todo con lo que sabemos del talante del autor de La situación de la clase obrera en Inglaterra.

Es cierto, tanto el libro de Tristan Hunt, El gentleman comunista, como los testimonios que se conservan presentan a un Engels muy humano y afable, todo un caballero, y creo que no hay dudas al respecto. La misma Eleanor se preguntaba cómo era posible que no quisiera ver a Freddy, y era consciente de la tristeza que eso conllevaba para éste. La única respuesta que podemos conjeturar es que un gran sentimiento de culpa por haber sido cómplice del engaño, junto al desagrado que le produciría recordar el pasado, es lo que le inducía a no querer verle.

¿Qué argumentos daban en el debate que ha señalado los estudiosos marxistas que negaban esta paternidad de Marx?

Principalmente niegan la autenticidad de la carta de Louise Freyberger. En lugar de atribuírsela a ella y a la época correspondiente, dicen que se trata de un documento muy posterior que se «fabricó» para inculpar a Marx. Sin embargo, tenemos la suerte de contar con los otros testimonios que citamos, que encajan con la autenticidad de la carta y de su contenido, en concreto todas las alusiones veladas de la correspondencia de la época inmediatamente anterior al nacimiento de Freddy. Y además sabemos que Laura Marx se refirió a él en varias ocasiones como «su hermano», aunque sin contárselo nunca. Por otra parte, después de que Engels desvelara el secreto a Eleanor, a pesar de que ésta decidiera no decírselo a Freddy, su relación con él se hizo mucho más estrecha, le trataba de verdad como a un hermano, se lamentaba de lo mucho que debió sufrir y llegó a decir que era la única persona de la que se podía fiar por completo.

Le pregunto por el título ¿No es «bastardo» una expresión demasiado fuerte?

Ciertamente, «bastardo» tiene un matiz peyorativo, pero si acudimos al Diccionario de la Real Academia Española tenemos que:

hijo, ja bastardo, da

1. m. y f. hijo nacido de una unión no matrimonial.

3. m. y f. hijo ilegítimo de padre conocido.

En cualquier caso, al leer el libro el lector adivina enseguida cuál es el verdadero tema, y con ello se deshace la ambigüedad del título y se hace evidente que no es mi intención lanzar ningún insulto contra Karl Marx. Ahora bien, sí reconozco que en parte lo elegí para llamar más la atención, algo que espero que me perdonen todos los marxistas.

No creo que haya nada que perdonar. No lanza usted, desde luego, ningún insulto sobre Marx. ¿De dónde su interés por el tema que, en general, salvo error por mi parte, no ha sido tratado muy frecuentemente en la propia tradición marxista?

No, la tradición marxista no ha tratado el asunto, a no ser para negarlo, bien por desconocimiento, por desinterés; o tal vez precisamente por interés. Después del descubrimiento de Blumenberg ha sido objeto de eruditos, en exclusiva.

Mi deseo de escribir sobre él surgió por la época en que decidí leer varias biografías de Marx para descubrir el lado más humano de un personaje histórico tan importante, y en algunas de ellas se mencionaba de pasada al hijo ilegítimo de Helene Demuth, la criada. Acudí a la obra de Blumenberg, después encontré la carta original escrita por Louise Freyberger y consulté la correspondencia Marx-Engels de los años 1850 y 1851, acumulé información y testimonios, y me di cuenta de que de ahí podía surgir un libro, que poco después me dispuse a escribir. Y para que el tema no se atribuyera a mi fantasía decidí montar lo que he llamado «novela documental», con narración, pero con un continuo apoyo a base de cartas y otros escritos históricos reales.

Abre usted su novela dando la voz a Tussy Marx. ¿Quién fue Tussy? ¿Se llegaron a conocer Tussy y el hijo de Marx, Freddy (Marx) Demuth?

Tussy era el sobrenombre cariñoso de Eleanor Marx, la hija menor de Karl. Sí, Eleanor y Freddy se conocieron y se trataron afectuosamente durante muchos años, hasta la muerte por suicidio de la primera. Eleanor supo, por el testimonio de Engels en su lecho de muerte, que Freddy era hijo de Karl. Eso fue en 1895, año de la muerte de aquél, así que Eleanor tuvo relación con Freddy durante tres años sabiendo la verdad, pero en ningún momento se lo confesó. Pensó que viviría más feliz sin la carga de conocer que era el hijo de alguien tan importante históricamente como Karl Marx, además de la decepción de saber que le había repudiado. Ninguna de las otras pocas personas que sabían la verdad dijo nada a Freddy, ni siquiera Laura Lafargue-Marx. Freddy, después de mucho esfuerzo y algo de estudios técnicos, logró convertirse en lo que actualmente consideraríamos un trabajador especializado, se involucró en cierta medida en acciones sindicales, pero no fue socialista ni comunista.

Por lo que explica en su novela, Edward Aveling no es un tipo con el que se tomaría un café, aunque fuera descafeinado. ¿No se exageran las aristas grises del que fuera compañero de Tussy?

Es seguro que Edward Aveling aportó escritos interesantes sobre diversos temas, pero todos los que le conocían íntimamente sabían sobre su carácter y le evitaban. Sólo se le acercaban aquellos que no le conocían bien y la pobre de Eleanor Marx, que tuvo la desgracia de enamorarse de él, seguramente (como ella misma sabía y reconocía) porque, una vez muerto su padre, necesitaba alguna figura paterna. Un psicólogo diría que era una persona con necesidad de dependencia, que no podía vivir sin alguien a su lado, protegiéndola. Buscó esa figura en Aveling, lo cual fue su perdición. Por otra parte, en sus primeros años de relación, Aveling se portaba correctamente con ella. Pero con los años fue maltratándola psicológicamente cada vez más, sobre todo después de morir Engels.

Remarca usted en la narración, lo acaba de comentar, que Freddy Marx no llegó a saber con seguridad quién fue realmente su padre. ¿Debió ser muy duro para él ignorar una cosa así? ¿Lo supieron sus descendientes?

En las cartas que se conservan no se dice nada sobre los sentimientos de Freddy al respecto. Tan sólo que, para ir a visitar a su madre, Helene, en los años en que ésta vivió con Engels, una vez muertos Karl y Jenny Marx, sólo entraba en la casa cuando Engels no estaba, por la puerta de atrás y nunca accedía a la parte principal, sino que se quedaba con su madre en la cocina o en el sótano. Freddy, como la mayoría, creía que Engels era su padre, ya que en el momento de los hechos (1851) éste accedió a echar una mano a su gran amigo y quiso reconocer públicamente que era hijo suyo. Es de suponer que creía que, dado que pensaba que su madre se había quedado embarazada sin haberlo deseado nadie, el que tomaba por su padre, que ni siquiera le había dado su apellido, no quería verle ni saber nada de él. Y así fue durante todos los años en que estuvieron vivos Engels y Freddy.

No contamos con testimonios que nos digan si los descendientes de Freddy Demuth supieran sobre su paternidad. La figura de Harry Demuth, hijo de Freddy, y la de David, el nieto, están documentadas en los epílogos de algunas de las biografías consultadas. En lo que respecta a la narración de David, todo está documentado, excepto que él y su padre (Harry, hijo de Freddy) sí supieran que Marx fue su ilustre antepasado: se trata de una licencia mía para completar la narración.

Claro, claro, estamos hablando de una novela. ¿Por qué cree que Friedrich Engels aceptó pasar como su padre? ¿Por lealtad exagerada? ¿Para proteger a Marx de cualquier crítica? ¿Para ayudar a subirlo a los altares revolucionarios? ¿Para proteger a Jenny? ¿Para guardar las apariencias?

En las preguntas están las mismas respuestas: por todos esos motivos, aunque lo de los altares revolucionarios quizás sea un poco exagerado. En la Inglaterra victoriana era muy importante guardar las apariencias, y en cualquier caso no sería nada recomendable para su prestigio, ni para su fama póstuma, tener un hijo ilegítimo. Sus adversarios siempre tendrían una razón para atacarle. Y el fiel Engels, que fue quien mantuvo a la familia durante largos años, y por tanto hizo posible la obra de Marx, siempre estuvo dispuesto a echar una mano a aquel a quien consideraba superior a él, protagonista de la historia. Él siempre se conformó con ser el segundón y ayudó constantemente de buena gana a los Marx, excepto en la ocasión en que contó a Karl la muerte de su amante y éste no le dio ninguna importancia, lo cual molestó mucho a Engels. Ése fue el único momento en que pudo haberse roto la relación entre los dos.

Mirado desde ahora, ¿no soportó Jenny Marx, la mujer del autor de El Capital, más de lo prudente? ¿No provocó lo que describe una gran separación entre ambos?

Es de suponer que, cuando Jenny se enteró de la verdad, quisiera guardar las apariencias, como pasó con todos los demás. Al principio fue un secreto compartido por sólo cuatro personas: Marx, Engels, Jenny Marx y Helene Demuth. Después se enteraron Louise Freyberger y los que estaban atendiendo a Engels, ya moribundo, cuando le reveló la verdad a Eleanor. Y ésta se lo contaría a su hermana Laura y al marido de ésta, Paul Lafargue. Ninguno de ellos hizo correr la noticia ni publicó nada al respecto. Y así siguió la historia, hasta que el señor Blumenberg encontró la famosa carta en 1962 y se ataron los cabos sueltos de las veladas referencias de la correspondencia Marx-Engels de los años 1850-1851.

Jenny Marx, ante todo, se consideraba una aristócrata, aunque a los marxistas no les guste esta afirmación. Marx también se sentía orgulloso de que su mujer fuera baronesa por herencia. Seguramente por ello prefirió callar, seguir viviendo con su esposo e impedir que nadie más se enterase de lo sucedido. Sobre si el hecho les separó afectivamente, no hay constancia de ello, y según sabemos Karl siempre impuso su condición de macho necesitado de sexo.

Descansemos un momento. Prosigo a continuación.

De acuerdo, cuando quiera.

Fuente: El Viejo Topo, febrero de 2017.

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