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El hilo invisible que une a Ucrania contigo

Fuentes: El salto [Imagen: BYRON MAHER]

Esta guerra está dejando muchas incógnitas que alguien podría considerar existenciales para nuestras sociedades.

En su momento, Einstein planteó que “Dios no juega a los dados” para oponerse a las implicaciones de la mecánica cuántica sobre la capacidad que teníamos para conocer exactamente las propiedades de la materia. Esto venía a decir que renegaba de la idea de que no se pudiese llegar a un conocimiento absoluto de las cosas y de que todo estuviese gobernado por la probabilidad, algo que en la época de esplendor de la física era difícil de admitir. Más aún después de haber desarrollado la teoría de la relatividad.

Ha pasado alrededor de un siglo de este debate y, a pesar de que ahora parezca imposible que en ese momento ya se sabía desde hacía mucho tiempo que el planeta tiene forma semiesférica, ha habido muchos avances en el campo de la ciencia y la tecnología. Tantos como para saber que una cara de eso avances nos facilita la vida y la otra cara provoca crisis globales intergeneracionales como el cambio climático.

En realidad, el conocimiento de la verdad no ha sido coto exclusivo de la física, ya que ha sido uno de los elementos alrededor del cual se ha ido construyendo un tipo de sociedad como el que tenemos en estos momentos. La verdad científica, pero también la verdad social y política, que descansa en cimientos como las libertades de pensamiento, expresión y prensa. Esta búsqueda de la verdad es la que contribuye a permitir un régimen socio-político deliberativo democrático al estilo occidental. Al menos es lo que se nos enseñó desde 1978, aproximadamente.

Más allá de otras decisiones que vienen a poner en cuestión estas libertades, llama mucho la atención lo que está ocurriendo con una de las medidas más excepcionales de entre las sanciones que se han promovido desde “Occidente” contra los intereses rusos. Se trata de las sanciones contra los bancos rusos, y más concretamente su exclusión del sistema internacional de transacciones bancarias SWIFT.

A través de estos bancos se producen buena parte de las transacciones de gas entre la Unión Europea y Rusia. Tanto Alemania como Italia dependen de ello

En un primer momento las sanciones a los bancos rusos se vieron como una manera de ahogar económicamente a los actores de la economía rusa que soportan el Gobierno que toma las decisiones de la invasión a Ucrania. Más tarde se supo que dichas sanciones económicas excluían en algunas zonas la transacción de artículos de lujo. Posteriormente, se difundió que los bancos necesarios para realizar las ventas de gas ruso a la Unión Europea (UE) quedarían excluidos de las sanciones de interrupción del uso del sistema internacional de transacciones bancarias SWIFT. El Sberbank PJSC es el mayor prestamista controlado en un 50% por el Estado y el Gazprombank está parcialmente controlado por la empresa gasista Gazprom PJSC. A través de estos bancos se producen buena parte de las transacciones de gas entre la Unión Europea y Rusia. Tanto Alemania como Italia dependen de ello.

Russian long term gas

Por otro lado, según la “Directive 2 under Executive Order (E.O.) 14024, “Prohibitions Related to Correspondent or Payable-Through Accounts and Processing of Transactions Involving Certain Foreign Financial Institutions”” del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, las sanciones sobre los bancos comerciales no entrarán en vigor hasta el 26 de marzo de 2022, más de un mes después de la primera incursión del ejército ruso en suelo ucranio (24 de febrero de 2022). Más de un mes para diseñar y poner en marcha medidas alternativas que puedan dejar en inútiles dichas sanciones.

Y finalmente sabemos que en realidad estas sanciones no se aplicarán de manera efectiva porque se han diseñado los mecanismos para que así sea. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos publicó un listado de “general licenses”, es decir excepciones, con respecto a determinados ámbitos en los que podrán seguir operando los bancos comerciales, y entre ellas estaba la energía (además de productos agrícolas y médicos para la pandemia).

Y además, según cuenta Aleix Amorós, también “el Departamento del Tesoro compartió con los bancos comerciales rusos un diagrama que les enseña cómo eludir sus propias sanciones”.

Payment from third

Llegados a este punto no sorprende en exceso saber que desde 2014 el Banco Central de Rusia puso en marcha un nuevo sistema internacional de pagos, el SPFS, que hasta ahora estaba limitado al ámbito doméstico para suplir al SWIFT, pero se conectará junto con otros actores a su homólogo chino, el CIPS, que es mucho más avanzado.

CIPS

En esta condiciones, ¿cuál era el objetivo de las sanciones? ¿Empujar a “Oriente” a crear un sistema financiero y bancario independiente? ¿Existe la intención occidental de desglobalizar la economía ahora que ya no ganan tanto como los países asiáticos con la integración económica? ¿Ha dejado “Occidente” de ostentar tanto poder como para imponer todas las condiciones de funcionamiento de las relaciones internacionales y los actores “no occidentales” pueden actuar como actores con parecida capacidad y poder de decisión? ¿Qué está ocurriendo?

En clave más local, la búsqueda de la verdad se encuentra en similares condiciones. En noviembre de 2021 Argelia decidió no prorrogar el contrato de suministro de gas que había estado enviando durante décadas este combustible a través del gasoducto que entra por Cádiz a un precio diferente al del resto de Europa. Este hecho, no muy conocido por el público general, ha contribuido a que el precio de la electricidad en el mercado mayorista haya aumentado gracias al infame sistema marginalista de manera aberrante en las últimas semanas.

Parece que esta finalización del contrato anterior con Argelia, agendado desde hacía años, no preocupó en exceso a los think tanks ni a los servicios de inteligencia españoles (ni aliados). O no tanto como para que estuviera en los informativos todos los días a todas horas, como sucede ahora con Ucrania. Pensemos en las consecuencias de la diferencia entre la electricidad a 500€/MWh y a 100€/MWh, tanto para las familias como para el grueso de la economía española (PYMEs fundamentalmente) cuyas condiciones de vida dependen de esas empresas.

Ante esta situación de crisis el nuevo concepto que surge es el del “pacto de rentas”, lo que parece una reedición de los Pactos de la Moncloa, la reconversión industrial, las sucesivas reformas laborales desde los años ’80, el rescate bancario tras la crisis de 2008 que llega hasta los casi 12.000 desahucios de vivienda habitual en 2021, según el INE, o el rescate a las empresas a través de los PERTE de la pandemia del coronavirus iniciada en 2020.

Si bien esta última medida incluía a los y las trabajadoras de manera implícita, se diría que existe un patrón para resolver las crisis en España en el que, por una parte, hay una serie de actores intocables, que casualmente forman oligopolios (bancos y empresas de energía tradicionalmente, y capital internacional también más recientemente), y por otra parte, las familias de diferentes tipos, que terminan pagando de manera directa (vía salarios y condiciones de trabajo) o indirecta (privatizaciones y recortes de servicios púbicos y prestaciones sociales).

Si las sanciones realmente no se aplicarán a los bancos y las medidas para contrarrestar las consecuencias de la crisis provocada recaen sobre la clase trabajadora, ¿cómo podemos saber las verdaderas intenciones de dichas sanciones?

Para quienes fuimos educados en los principios de la democracia se hace muy complicado entender lo que está ocurriendo últimamente. Si las sanciones realmente no se aplicarán a los bancos y las medidas para contrarrestar las consecuencias de la crisis provocada recaen sobre la clase trabajadora, ¿cómo podemos saber las verdaderas intenciones de dichas sanciones? Esta guerra está dejando muchas incógnitas que alguien podría considerar existenciales para nuestras sociedades.

¿Quién decide que se produzcan las crisis y en base a qué intereses? ¿Existe realmente un patrón para resolver todas las crisis, sean del origen que sean, y siempre sale perdiendo la clase trabajadora, independientemente del tipo de gobierno de turno? ¿Existe entonces un incentivo perverso en que se produzcan crisis (sean del origen que sean)? ¿Realmente somos capaces de entender como personas de a pie las complejidades del mundo actual en tiempo real, a pesar de los esfuerzos que hacen los diferentes profesionales de la información de que no sea así? ¿Podemos tomar decisiones democráticas si no podemos entender, por las razones que sean, el mundo actual? ¿Es posible una democracia como la que nos enseñaron en estas condiciones? ¿Nos aboca esto a un futuro no democrático? ¿Cuántas de esas condiciones habría que cambiar para tener esa democracia?

Pablo Cotarelo Álvarez. Ekona

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/analisis/pablo-cotarelo-hilo-invisible-une-ucrania-contigo