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El mea culpa del FMI

Fuentes: Viento Sur

El FMI acaba de publicar un informe sobre la política impulsada por ese organismo en tres países europeos: Portugal, Irlanda y Grecia. Este informe es muy crítico, sobre todo en lo que se refiere a Grecia. Resulta útil analizar este informe con la perspectiva del tiempo en el momento en que este país se hunde […]

El FMI acaba de publicar un informe sobre la política impulsada por ese organismo en tres países europeos: Portugal, Irlanda y Grecia. Este informe es muy crítico, sobre todo en lo que se refiere a Grecia. Resulta útil analizar este informe con la perspectiva del tiempo en el momento en que este país se hunde en una regresión.

El informe de la «Oficina independiente de evaluación» del FMI (IOE, Independent Evaluation Office)/1 y el documento que se refiere a Grecia/2 tratan fundamentalmente del acuerdo para el primer préstamo (Stand-by arrangement) en 2010, que trajo consigo el primer «memorándum». Es por eso que resulta importante volver sobre la génesis de este acuerdo y sobre el primer balance que se realizó del mismo en 2013. Hacerlo nos permitirá esclarecer dos cuestiones: ¿Cometió errores el FMI? ¿Tiene razón cuando carga una parte de la responsabilidad en la Comisión europea?

2010: El primer memorándum

Todo comenzó en el 2010: Grecia ya no podía lograr préstamos en los «mercados» porque los tipos de interés que se le pedían eran excesivos. Entonces solicitó una ayuda excepcional de 30 mil millones al FMI que, junto a los 80 mil millones de las instituciones europeas, le permitiría hacer frente a sus necesidades de financiación pública durante los tres años del programa de ajuste.

El 9 de mayo de 2010, el Consejo de Administración del FMI se reunió para discutir esta petición griega: la primera que llegaba de una país europeo que además pertenecía a la zona euro y cuya cantidad era considerable en relación a la cuota de Grecia en el FMI. Las actas de esta reunión se filtraron y ahora son públicas/3. Su lectura es apasionante y pone al descubierto dos sectores entre los directores ejecutivos: de una lado, la mayoría de los europeos y Estados Unidos; del otro, los países del Sur y… el representante suizo.

La discusión giró en torno a dos puntos fundamentales. El primero, sobre el carácter exageradamente optimista de las previsiones económicas asociadas a la puesta en pie de un drástico programa de recortes presupuestarios. El segundo, en torno a la necesidad de una reestructuración de la deuda como condición previa para aceptar el programa, como marcan los estatutos del FMI.

Las reticencias de los directores

Sobre el primer punto, muchos directores expresaron su más profundo escepticismo, y resulta interesante dar a conocer sus comentarios porque resultan premonitorios. Pablo Pereira, el representante argentino, hace una crítica partiendo del enorme fracaso del programa del FMI para Argentina: «Es difícil olvidar las lecciones de nuestras precedentes crisis. En 2001 el Fondo propuso medidas similares para Argentina. Se conocen bien sus catastróficas consecuencias (…) Hay una realidad irrefutable que no se puede cuestionar: una deuda impagable no se podrá pagar sin un crecimiento sostenido (…) Conocemos muy bien los efectos que acarrean las «reformas estructurales» y las políticas de ajuste que terminan por deprimir la demanda global y, en consecuencia, la perspectiva de la recuperación económica (…) Es muy probable que tras la puesta en pie de este programa [Grecia] termine mucho peor de lo que está. Las medidas de ajuste recomendadas por el Fondo van a reducir el bienestar de su población y la capacidad real de reembolso de Grecia«.

No fue el único. El representante de India, Arvind Virmani, teme que los recortes presupuestarios puedan «constituir un enorme lastre» que podría desencadenar «una espiral deflacionista con caída de los precios, pérdida de empleo y menos recaudación fiscal» que, al final, podrían poner en cuestión el programa y hacer inevitable una «suspensión de pagos» o una reestructuración de la deuda.

Por su parte, el representante suizo, René Weber, manifestó sus dudas sobre «las hipótesis de crecimiento, que parecen ser exageradamente optimistas. Incluso una pequeña desviación del escenario previsto conduciría a una deuda insostenible a largo plazo». Paulo Nogueira Batista, el representante brasileño llegó incluso a referirse al carácter «panglosiano» [optimismo ingenuo] del informe cuando espera que «el crecimiento seguirá un modelo en forma de V. Nos tememos que el crecimiento sigue un modelo en forma de L, con una muy fuerte contracción del PIB en 2010 y 2011 y una débil recuperación después».

Todas estas reservas se corresponden como dos gotas de agua con lo que iba a pasar. Ahora bien: no importa quién con dos dedos de frente podría haberlas planteado: ¿quién podía sostener que un programa tan brutal podía desembocar en otra cosa que una profunda recesión? Ello no impidió que la ayuda a Grecia fuera aprobada de forma unánime por sus directores. Y el presidente de la reunión, John Lpsky (que sustituía a Dominique Strauss-Khan) «sintetizó» el debate mediante este admirable fórmula, todo un modelo de retórica: «Globalmente, la deuda [de Grecia] es sostenible a medio plazo, pero, teniendo en cuenta las significativas incertidumbres que existen al respecto, es difícil afirmar de forma categórica que haya una gran probabilidad que sea así. No obstante, el apoyo del Fondo, al nivel de la cantidad solicitada, se justifica en razón del elevado riesgo de los efectos sistémicos que podría acarrear a nivel internacional».

¿Una deuda sostenible?

En 2010 existía un consenso neoliberal alrededor de la idea según la cual la austeridad presupuestaria (la «Consolidación») no tendría efectos demasiado desfavorables para el crecimiento. En julio de 2010, por ejemplo, Christine Lagarde, en aquellos momentos ministra de economía en Francia, inventó el concepto de «rilance», una mezcla imposible de «rigor» (rigeur) y relanzamiento (relance), al mismo tiempo que Jean-Claude Trichet afirmaba que «es un error considerar que el rigor presupuestario es contrario al crecimiento y a la creación de empleo«. El mismo Trichet, a la cabeza del BCE, rechazaba cualquier suspensión de pagos de la deuda: «Los países industrializados jamás han suspendido pagos desde la Segunda Guerra mundial y mi hipótesis es que no lo harán. Esto implica que se comprometen con programas de ajuste presupuestario que les permitirán controlar la deuda«/4.

Dominique Strauss Kahn, directos del FMI en aquellos momentos, no estuvo en la reunión sobre Grecia en 2010, pero también defendía la tesis de la sostenibilidad de la deuda griega/5. En septiembre de 2010, el jefe del Departamento de finanzas públicas del FMI, Carlo Cottarelli, firma la nota que define la posición del staff decretando que la suspensión de pagos sobre la deuda de los países avanzados sería «inútil, no deseable e improbable» (Unnecessary, Undesirable and Unlikely)/6.

La famosa fórmula de mayo de 2010 («La deuda es globalmente sostenible pero es difícil de afirmar de forma categórica que lo sea con una gran probabilidad«) figuraba ya en el documento preparatorio/7 sobre el que debían trabajar los directores. Así pues, la decisión estaba tomada de antemano, a pesar de las opiniones divergentes que se expresaron en ella. Las decisiones habían sido adoptadas previamente, en las negociaciones entre bastidores. Es lo que confirmará más tarde a la Comisión para la verdad sobre la deuda griega el director griego de la época, Panagiotis Roumeliotis: «Hubo dos reuniones secretas, en hoteles, entre los representantes del FMI y representantes franceses y alemanes, para debatir sobre la participación de la banca en una posible reestructuración. Estas discusiones tuvieron lugar antes de la discusión del primer memorándum y la conclusión fue la de no reestructurar [la deuda]»/8.

Los directores del FMI más reticentes se encontraron ante hechos consumados. Sin embargo, el suizo René Meyer planteo un problema real: «¿Por qué no se tomaron en cuenta la reestructuración de la deuda y la implicación del sector privado [PSI, Private sector involvement]?». E insistió: «se debería realizar un análisis serio de la reestructuración de la deuda como medio para garantizar la viabilidad presupuestaria y hacer asumir una parte de la carga del ajuste a los acreedores privados«.

Fue Poul Thomsen, en aquellos momentos jefe de la misión del FMI en Grecia, quien le respondió, invocando la posición de las autoridades griegas, que «desde el principio de la discusión la reestructuración de la deuda estaba excluida de la agenda«. Pero esta respuesta es cínica e hipócrita. Cínica, porque el gobierno griego no podía decir ni pío; e hipócrita, porque la verdadera respuesta estaba en otra parte: el rechazo a cualquier reestructuración de la deuda se basaba en realidad en el hecho de que pondría en peligro a los bancos alemanes, franceses y holandeses, muy expuestos a la deuda pública griega, y que la misma corría el riesgo de desencadenar un fenómeno de contagio a otros países. La respuesta está en la cuestión planteada por Meyer: estaba excluido a priori que los acreedores privados (los bancos) asumieran «una parte de la carga del ajuste».

Por lo tanto no es sorprendente constatar que el programa recibiera el firme apoyo de los principales representantes europeos: Klaus Stein (Alemania), Willy Kiekens (Bélgica), Ramón Guzmán (España), Ambroise Fayolle (Francia), Age Bakker (Holanda) y Per Callesen (Suecia), convencidos de que las medidas propuestas «eran apropiadas para estabilizar la posición presupuestaria y definir los retos de la economía griega de una forma decisiva (…) Somos plenamente conscientes de que esta programa es muy exigente y que no está exento de riesgos. Sin embargo la situación actual hace que esas dificultades inevitables y este programa son la única alternativa si se quiere evitar un escenario mucho peor«.

El súmmum del cinismo se alcanza cuando los representantes de los tres países más expuestos aseguraron, llevando la mano al corazón, que sus bancos no dejarían caer a Grecia. El más prudente fue el alemán Klaus Stein: «Aún no dispongo de una información concluyente. Lo que sé es que los bancos [alemanes] tienen la intención de mantener una exposición limitada en los bancos griegos, lo que significa que no venderán más obligaciones griegas y que mantendrán las líneas de crédito a Grecia. Cuando éstas lleguen a su vencimiento serán renovadas, al menos, en parte«. El representante holandés, Ager Bakker, fue más categórico: «Los bancos holandeses han discutido con nuestro ministro de finanzas y han anunciado públicamente que cumplirán sus obligaciones para apoyar al gobierno y a los bancos griegos«.

No obstante, la palma se la llevó el francés Ambroise Fayolle: «Esta semana ha tenido lugar una reunión previa entre los grandes bancos y mi ministra, la Sra. Lagarde. Quisiera insistir sobre la declaración publicada en relación a esta reunión según la cual los bancos franceses se comprometen a mantener su exposición en Grecia durante todo el tiempo que dure el programa«. En resumen: «los bancos franceses, que están entre los más expuestos en Grecia, harán su trabajo«.

Evidentemente, estas afirmaciones eran una sarta de mentiras: la reestructuración de la deuda griega habría supuesto la «implicación del sector privado»: es decir, la asunción de pérdidas por parte de los bancos. Su rechazo era la condición para que los bancos franceses, alemanes, etc. se desembarazaran sin pérdidas de los títulos de la deuda griega. Como muestra el siguiente gráfico, esta reducción de su exposición empezó antes incluso de la conclusión del primer memorándum. En lo que respecta a la deuda griega, fue parcialmente reestructurada en la primavera de 2012, pasando esta exposición a ser de 240 a 80 mil millones de euros.

Reparto de los títulos de la deuda griega

 

Fuente: Wyplosz et Sgherri (voir note 2)

Sobre la elasticidad de las reglas

Tras la desastrosa experiencia de Argentina, el FMI se planteó no conceder préstamos mas que a países cuya deuda se consideraba sostenible «con una gran probabilidad». El problema estaba en los detalles, en la cláusula citada más arriba, según la cual «resulta difícil afirmar de forma categórica que se dé esa fuerte probabilidad», que tendría que haber llevado a rechazar el programa de ayuda a Grecia. Así pues, se trataba de modificar de forma subrepticia las reglas del FMI. Varios directores levantaron la liebre, pero la modificación se realizó con el aval de la representante de Estados Unidos que confesó no haber reparado en ese punto durante su «lectura rápida» del documento. Esto confirma que el Consejo de Administración no era más que una cámara de registro y que las verdaderas decisiones se tomaban en otras partes. Pero también pudo existir la presión de los países europeos. En efecto, este cambio de la norma estuvo motivado por los posibles «efectos sistémicos a nivel internacional«; dicho de otro modo, por la voluntad de impedir cualquier contagio de una reestructuración de la deuda griega a otros países en dificultad, como Portugal, España, Irlanda e, incluso, Italia. Esta norma ah hoc, denominada, «exoneración sistémica«, que se introdujo de tapadillo, será abolida en 2016.

2013: los economistas «idiotas útiles»

Casi por todas partes encontramos gráficos como el que reproducimos aquí que muestran como las previsiones del FMI sobre el PIB griego se revisaban constantemente a la baja. El error es enorme -todo un record-; ahora bien ¿se trata de un error?

 Fuente: FMI

Este debate atravesó todos los trabajos de la Comisión para la verdad de la deuda griega. Sin duda, para resolver esta cuestión hay que distinguir dos polos en el seno del FMI: de un lado, «los economistas»; de otro, el staff o, dicho de otro modo, la dirección real del Fondo. Existen distintas interacciones entre estos dos polos, o más bien vínculos mas o menos distendidos que no afectan de la misma manera al conjunto de los economistas pagados por el FMI. En determinados casos, se afloja la brida y se logran estudios que rozan la heterodoxia. Algunos, por ejemplo, se plantean si no se «sobrevaloraba» el neoliberalismo y otros muestran que «la reducción del salario mínimo incrementa las desigualdades»/9.

Cuando se pasa a las cuestiones serias, la correa de transmisión funciona a la inversa y en ese momento los economistas tienen la función de garantizar la defensa e ilustrar las orientaciones políticas. Pero el mecanismo se atraganta periódicamente, como lo muestra la cuestión de los «multiplicadores». Si el multiplicador presupuestario es igual a 1, eso quiere decir que una reducción del gasto público de 1 punto del PIB hará bajar el PIB en un punto. Y como la recaudación pública está más o menos indexada al PIB, la recaudación también descenderá en la misma proporción, de forma que, en realidad, no se reducirá el déficit público. La famosa ratio deuda/PIB puede incluso aumentar y se habrá provocado una recesión gratuitamente.

En 2010, un grupo de nueve economistas dirigido por Daniel Leigh estudió esta cuestión y demostró que la «consolidación presupuestaria» de un punto del PIB conducía a una reducción del 0,5 % del PIB, pudiendo incluso llegar al 1 % si esta política se extendía a varios países/10. Unos años más tarde, Olivier Blanchard, el economista jefe del FMI, publicará con el mismo Daniel Leigh un documento de trabajo que constituye en cierta manera una autocrítica/11. Admite que la consolidación presupuestaria condujo a un crecimiento más débil que el previsto: «una interpretación natural es que los multiplicadores presupuestarios eran sensiblemente superiores a las hipótesis implícitas de quienes las pronosticaron«. En resumen, las previsiones se hicieron con multiplicadores cercanos a ½ cuando en realidad eran superiores a 1.

Algunos meses más tarde de este mea culpa técnico, el FMI publicó, en junio de 2013, un documento que realizaba el balance del primer memorándum del 2010/12. El FMI constató que «la crisis y la recesión tuvieron consecuencias terribles para Grecia». Para explicar ese resultado catastrófico, el FMI retomó el argumento técnico sobre la subestimación de los multiplicadores pero, fundamentalmente, avanzó argumentos más políticos. Deploró que «en el debate público, los socios europeos evocaran» la posibilidad de un Grexit, que el programa no había previsto privatizaciones y una lucha más decidida contra la evasión fiscal. En resumen, plantea toda una serie de factores más o menos exógenos que habrían dificultado la buena marcha del programa. Por último, el FMI trata de sustraerse a toda responsabilidad afirmando que «ni los gobiernos [europeos], ni la Comisión Europea, ni el BCE contaban con la experiencia necesaria«.

Pero encontramos en filigrana la cuestión de la deuda. Entre las lecciones a retener, el FMI subraya la necesidad de evitar «retrasos injustificados en la reestructuración de la deuda«. En el mismo parágrafo, podemos leer que la reestructuración de la deuda no se podía realizar al inicio (de golpe), pero que el Fondo comenzó a plantearlo a partir del momento en el que «el programa descarriló a principios de 2011«. Una reestructuración antes «habría aligerado el peso del ajuste sobre Grecia y conducido a un retroceso menos dramático de la producción«. Pero ese retraso se realizó en beneficio de los acreedores privados «para reducir su exposición y transferir la deuda a las instituciones públicas» y todo ello, «a un nivel considerable«.

Nos encontramos de nuevo con una de las conclusiones del primer informe de la Comisión para la verdad de la deuda griega/13: » el primer acuerdo para el préstamo de 2010 tenía como primer objetivo salvar los bancos privados griegos y europeos y permitir a los bancos reducir su exposición a los títulos públicos griegos«.

Los límites del mea culpa de 2016

Periódicamente, el FMI hace que su actividad sea examinada por la «Oficina independiente de evaluación» (Independent Evaluation Office). Una práctica saludable, aún cuando se trate de un control a posteriori, si bien la cuestión está en saber si las lecciones de las autocríticas planteadas sirven para algo. Como hemos visto, este no es el primer mea culpa del FMI y no escapa al comentario de Yanis Varoufakis, para quien se trata de «confesar el pecado para volver a cometerlo«/14.

Durante su última reunión oficial de 2015, la Comisión para la verdad de la deuda griega declaró que el tercer memorándum era por lo menos «tan insostenible como los dos precedentes«, fundamentalmente porque se basaba en los mismos postulados invalidados por la experiencia/15.

El documento anexo consagrado a Grecia no aporta nada nuevo. Se trata de un relato evidentemente bien documentado que se resguarda sobre elementos de autocrítica ya realizados por el Fondo. Los autores tratan incluso de limpiar la cara al FMI por los errores de previsión: después de todo, dicen, se trataba de un programa que debería conducir a un ajuste «particularmente ambicioso» (challenging). Por lo tanto, la evaluación resulta «complicada» y no se podría «basar en una comparación entre las previsiones y los resultados«. Ahora bien, no sabemos en qué otros elementos se podría basar.

Para justificar esta táctica de distracción, los autores invocan, sin definirlos, a «desarrollos imprevistos en el entorno de la zona euro«. Sostienen que es «imposible construir un escenario alternativo» comparando la evolución constatada de la economía griega con los eventuales resultados de otra estrategia. Esta afirmación es desconcertante, pues esos estudios ya existían/16. Además, el FMI puede poner en marcha modelos de previsión para desarrollar test de sensibilidad/17 y que, por tanto, podrían haber servido para examinar escenarios retrospectivos.

Para explicar la enorme brecha entre las previsiones y la realidad no queda sino referirse a la pérdida de «confianza» de los mercados y el error técnico sobre los multiplicadores, un último argumento que lleva a levantar una terrible sospecha. El FMI habría despreciado el hecho de que la economía griega es una economía pequeña y encerrada, de la que solo una pequeña parte de las exportaciones es sensible a la competitividad. Así pues, habría sobrestimado la contribución potencial de las exportaciones al crecimiento. Pero, en principio, los parámetros de los modelos que servían para realizar las previsiones integraban este tipo de características, como, por ejemplo, el débil valor de la elasticidad-precios de las exportaciones.

Por ello, la duda que se ampara del lector o la lectora sobre esos mea culpa sucesivos es la siguiente: ¿El FMI basa sus previsiones sobre modelos macroeconómicos correctamente detallados y «acabados»? Los errores de previsión ¿más que un fallo técnico, no serán reflejo de opciones orientadas a priori a definir un escenario que produjera los efectos deseados, incluso a ajustar el modelo, o dicho de otro modo, a hacerlo funcionar a la inversa? Sólo un tránsfuga podría responder a estas preguntas, pero la experiencia de las sucesivas previsiones, ilustradas por los famosos gráficos reproducidos más arriba, muestra que no solo existen «errores» sino que se repiten persistentemente. Cada ola de previsiones se desplaza en relación a la precedente sin que, manifiestamente, se haya corregido el modelo.

Esta persistencia en los «errores» nos remite a los elementos políticos que sólo han aparecido en la evaluación propuesta. La falta de confianza de los mercados se presenta como un factor subjetivo imprevisible mientras que la brusca retirada de capitales se explica simplemente por la voluntad de los inversores de retirar su dinero. Los autores subrayan correctamente «la interacción tóxica» entre la deuda soberana y el balance de los bancos: el riesgo de una suspensión de pagos habría puesto en peligro la «solidez del sistema bancario europeo«. Como hemos visto, es este argumento del «riesgo sistémico» el que pesó en la voluntad propiamente política del FMI de hacer abstracción de la no sostenibilidad de la deuda griega a la hora de elaborar los escenarios.

El trabajo sucio del Eurogrupo

La intervención del FMI en Grecia (como en Irlanda y Portugal) fue desde muchos puntos de vista una novedad: por primera vez [la crisis de la deuda] afectaba a países europeos, además miembros de la zona euro y, por tanto, sin posibilidad de devaluar su moneda. Además, el programa de ayuda se estableció conjuntamente con las instituciones europeas. En tiempos normales el FMI habría organizado un ajuste drástico. Pero eso no era posible: la reestructuración de la deuda estaba excluida y la devaluación era imposible. Y el FMI tuvo que transgredir sus principios.

Aún sin dar credibilidad a las recriminaciones del FMI hacia las instituciones europeas, es preciso señalar la terrible responsabilidad de estas últimas en la tragedia griega. En lo que respecta al BCE, las cosas son bastante simples: fue el «brazo armado de los acreedores»/18. Cerró el grifo de la liquidez cuando quiso presionar sobre el gobierno griego y lo abrió de nuevo cuando el gobierno griego se doblegó. En cuando a la Comisión Europea, sirvió de fachada institucional: fue en el Eurogrupo donde realmente se tomaron las decisiones, aún cuando «no existe legalmente»/19. Su papel se puede precisar a partir de las discusiones de la primavera pasada.

El pasado mayo, según Wall Street Journal/20, el FMI concibió un plan de reestructuración de la deuda griega previendo una moratoria del reembolso hasta 2040, el establecimiento de un tipo de interés máximo del 1,5 % y, a partir de ahí, una extensión de los reembolsos hasta el 2080. La cuestión es que el detalle de este plan ya se conoce, porque forma parte del documento preparado por el staff del FMI/21 y fue distribuido en la reunión de su Consejo de Administración del 23 de mayo de 2016. Sin embargo, como señala el documento, el mismo «no fue discutido, ni aprobado». Entre tanto, el FMI se vio enfrentado al rechazo del Eurogrupo por una razón bastante simple: el FMI no posee mas que el 5 % de la deuda griega, contra un 73 % de las instituciones europeas (Tabla 1).

Por consiguiente, la moratoria propuesta por el FMI afecta fundamentalmente a su «socios»· europeos, que no la quieren. Además, el funcionamiento interno del FMI se modificó. En 2010, todo se negoció de golpe y el Consejo de Administración no hizo más que tomar nota de las decisiones. En 2016, la situación ha cambiado: el staff prepara un plan de reestructuración, pero es rechazado por el Consejo de Administración, porque son los europeo quienes tienen la mayoría de los votos y cuentan con el apoyo, de hecho, de Estados Unidos. Esa es la razón por la que el documento que hemos citado más arriba ni siquiera fue discutido.

Queda una cuestión. ¿Por qué el gobierno griego no retomó por su cuenta las reservas del FMI y sus llamamientos para una reestructuración? En un momento, Tsipras incluso exigió que el FMI no participara en las negociaciones, incluso cuando sus propuestas era más favorables que las del Eurogrupo. A través de este último, es Alemania seguida de Francia/22 quien exigió a los sucesivos gobiernos griegos que avalarán las previsiones ultra-optimistas asociadas a los diferentes programas. Como explica el staff del FMI en su documento no discutido, fue lo que ocurrió en 2012: «el gobierno griego, apoyado por sus socios europeos [sic] insistió en mantener los objetivos muy ambiciosos en materia de crecimiento, de excedente presupuestario y de privatizaciones, haciendo valer que disponía de un amplio apoyo político para dicho programa». Lo mismo en 2015, siempre según el FMI: «el nuevo gobierno ha afrimado, como su predecesor, que está capacitado para lograr el apoyo político para las reformas planteadas».

Así pues, la Troika ha sido el escenario de una confrontación entre el FMI y el Eurogrupo. Pero el futuro de Grecia no era el problema principal, para ella se trataba de ir de Málaga a Malagón. En medio de esta cacofonía, cada cual ha seguido su guión, con una mezcla de brutalidad total, de cinismo, de sumisión, de fingida contricción y de hipócritas mea culpas.

Notas:

1/Independent Evaluation Office, The IMF and the Crises in Greece, Ireland, and Portugal, July 2016.

2/ Charles Wyplosz y Silvia Sgherri, The IMF’s Role in Greece in the Context of the 2010 Stand-By Arrangement, IEO background paper, February 2016.

3/Le verbatim : «Minutes of IMF Executive Board Meeting«, May 9, 2010 ; el informe y la lista de decisiones: «Board meeting on Greece’s request for an SBA«, Office memorandum, May 10, 2010 ; el relato de Paul Blustein, «Behind the scenes at the IMF on a fateful day in the Greek crisis«, cigionline, July 7, 2015.

4/ Jean-Claude Trichet, «La BCE n’est en aucun cas là pour réparer les erreurs des gouvernements«, entrevistado por Jean Quatremer, blogs.liberation.fr, 13 juillet 2010.

5/ En su presentación (principalmente no-económica) en la TF1 el 18 de septiembre de 2011, DSK reviene sobre esta posición: «La deuda griega (…) hay que reducirla cueste lo que cueste. Cueste lo que cueste, salvo al precio del estancamiento, incluso de la recesión (…) Se puede decir: Grecia pagará todo ella sola. Pero no puede. O se puede decir, porque estamos en la Unión, que podemos compartirla (…) El problema es que para eso es necesario aceptar y reconocer que cada cual va a perder su parte. Existen pérdidas, hay que asumirlas (…) Para asumirlas, todo el mundo tiene que hacerlo. Los Estados, Vd. tiene razón, y los bancos.» Ver «Dominique Strauss-Kahn sur la dette grecque«, Samuel Laurent, Le Monde.fr, 27 de octubre de 2011.

6/ Carlo Cottarelli et al., «Default in Today’s Advanced Economies: Unnecessary, Undesirable, and Unlikely«, IMF Staff Position Note, September 1, 2010.

7/ IMF, Greece: Staff Report on Request for Stand-By Arrangement, May 2010.

8/ Emilie Paumard, «Audition de Panagiotis Roumeliotis du 15 juin 2015«, CADTM, 17 de juinio de 2015. El testimonio de Roumeliotis es realmente precioso, pero ello no debe hacernos olvidar lo que escribió en 2010 en tanto que representante de Grecia: «El programa comprendre medidas orientadas a proteger los sectores más vulnerables de la población. ¿Están mis autoridades preparadas para istribuir los costes del ajuste de forma equitativa y justa? La presión fiscal va a aumentar para los ricos, mientras se garantizarán las pensiones y las ayudas familiares (…) La fuerte implicación de las autoridades en la puesta en pie de este programa cuenta con el apoyo de la gran mayoría del pueblo griego». Fuente : » Statement by Panagiotis Roumeliotis, Alternate Executive Director for Greece » en annexe du document du staff del 9 de mayo de 2010 citado en la nota 7.

9/ Verr Michel Husson, «Si c’est le FMI qui le dit !», Le progrès social, 18 de junio de 2016 ; y: «Les «danseuses «du FMI«, nota hussonet n° 95, 21 de marzo de 2016.

10/ IMF, «Will It Hurt? Macroeconomic Effects of Fiscal Consolidation«, World Economic Outlook, octobre 2010, chapter 3.

11/ Olivier Blanchard y Daniel Leigh, «Growth Forecast Errors and Fiscal Multipliers«, IMF, January 2013.

12/ IMF, Ex Post Evaluation of Exceptional Access under the 2010 Stand-By, June 2013.

13/ Commission pour la vérité sur la dette publique grecque, Rapport préliminaire, juillet 2015.

14/ Yanis Varoufakis, «IMF: Confessing to the sin in order to repeat it«, July 31, 2016.

15/ Michel Husson, http://www.vientosur.info/spip.php?article10542, 3/10/2015.

16/ Ver, por ejemplo: Sebastian Gechert, Ansgar Rannenberg «The costs of Greece’s fiscal consolidation«, IMK Policy Brief, March 2015.

17/ Ver por ejemplo el trabajo de la Troika : Greece: Preliminary Debt Sustainability Analysis, February 15, 2012.

18/ Romaric Godin, «La BCE, bras armé des créanciers«, La Tribune, 2 juin 2016.

19/ Como su secretario explicó a Varufakis cuando fue excluido de la reunión el 27 de junio de 2015: «se trata de un grupo informal y, por tanto, ninguna ley escrita limita la capacidad de su presidente». Ver el relato de Varufakis: «Leur seul objectif était de nous humilier«, Le Monde diplomatique, août 2015,

20/ Marcus Walker, «IMF Proposal on Greece Sets Up Battle With Germany«, The Wall Street Journal, May 17, 2016

21/ IMF, «Preliminary Debt Sustainability Analysis. Updated Estimates and Further Considerations«, May 2016.

22/ «Solo el ministro de finanzas francés [Michel Sapin] se diferenció de la línea alemana y sus diferencias era muy sutiles. Se veía que cuidaba sus palabras para no aparecer como opuesto. Y a la hora de la síntesis, cuando Doc Schäuble concluyó y fijó la línea oficial, el ministro francés terminó por someterse y aceptarla». Ver: Yanis Varoufakis, «Our battle to save Greece«, New Statesman, 13 July, 2015.

Traducción Viento Sur

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article11675