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El ministro de Trabajo de Italia propone volver a la lira

Fuentes: Americaeconomica.com

El rechazo a la Constitución europea expresado esta semana por los ciudadanos de Francia y Holanda ha vuelto a dar aliento a las instancias antieuropeistas que aún resisten, tanto dentro el Viejo Continente como fuera de él. El ministro italiano de Asuntos Sociales, Roberto Maroni, por ejemplo, ha anunciado en una entrevista al diario La […]

El rechazo a la Constitución europea expresado esta semana por los ciudadanos de Francia y Holanda ha vuelto a dar aliento a las instancias antieuropeistas que aún resisten, tanto dentro el Viejo Continente como fuera de él.

El ministro italiano de Asuntos Sociales, Roberto Maroni, por ejemplo, ha anunciado en una entrevista al diario La Repubblica que su partido, la Liga Norte, va a pedir la celebración de un referéndum consultivo sobre el euro y el regreso de la lira en un régimen de doble circulación.

Las posturas antieuropeístas de la Liga Norte son conocidas. Sin embargo, el resultado negativo de los referéndum sobre la Constitución en Francia y Holanda parecen haber dado nueva fuerza a este partido de la coalición de Gobierno para defender sus posturas. Maroni afirma en la entrevista que «el euro ha demostrado de no ser adecuado frente a la ralentización del crecimiento» y anuncia que el 19 de junio, cuando la Lega celebrará su Consejo Federal, el partido comenzará a recoger las firmas para pedir un referéndum consultivo sobre la abolición del euro.

Un diputado de la Lega que prefirió no ser citado explicó a Americaeconomica.com que la propuesta de Maroni es más bien una provocación y la expresión de una protesta por el hecho de que Italia no celebró un referéndum sobre la Constitución. La Lega fue el único partido que votó en contra de la ratificación de la Constitución en el Congreso «no porque estuviésemos en contra, sino porque no se permitió que los italianos votaran sobre ello», afirmó este diputado.

Aún estando en el Gobierno, este partido tuvo que plegarse a las indicaciones del líder de la coalición y presidente del Gobierno, Silvio Berlusconi. Además, la mayoría de los partidos de la oposición también estuvieron en contra de celebrar una consulta popular sobre la Constitución.

Reacciones. Las declaraciones de Maroni han provocado la inmediata reacción de los democristianos de la UDC, que también están en la coalición que apoya el Gobierno de Berlusconi. El líder de la UDC, Marco Follini, envió una nota de prensa en la que tachaba de «sin sentido» las afirmaciones del ministro de Trabajo. «La idea de volver a las monedas nacionales es simplemente absurda, se anularían de repente todas las ventajas enormes que nuestro país ha logrado en términos de estabilidad económica y financiera», asegura Follini.

Por su parte, el economista jefe del Banco Central Europeo (BCE), Otmar Issing, ha manifestado que la salida de Italia del euro sería un «suicidio económico». Y el comisario europeo para los Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquim Almunia, ha excluído cualquier paso atrás sobre la moneda única.

Del susto a la calma. Las palabras de Maroni causaron un pequeño terremoto en el mercado de divisas. El euro sufrió una caída en vertical que le llevó a marcar mínimos de 1,2231 dólares. Los inversores no tardaron en asimilar el carácter de estas palabras y el euro enjugó las pérdidas, ayudado también por el mal dato de la creación de puestos de trabajo en EEUU, inferior a las previsiones. Al cierre de las bolsas europeas, el cambio entre la moneda única y la divisa estadounidense se situó en 1,2230.

En EEUU, contentos. Entre las filas del nutrido grupo de expertos económicos estadounidenses que se han situado siempre contra el euro también hay alborozo. Ahora, después de un tiempo de discrección y silencio han cobrado nuevos bríos tras los resultados contrarios al tratado constitucional europeo registrados en Francia y Holanda.

En muchas columnas publicadas en estos días en la prensa de EEUU se argumentaba a favor del temor de los holandeses a que el tratado deteriorase más la economía del país, se coincidía con los partidarios del «no» y se justificaba el ánimo de los holandeses y su culpabilización del euro como la causa de la ralentización del crecimiento económico y el paro.

El catedrático de la Universidad de Maryland Peter Morici, por ejemplo, declaraba a la agencia AP que una moneda única en tejidos productivos tan dispares como las que tienen los países del área euro tenía como consecuencia lógica la mala salud que exhiben actualmente las constantes vitales de la economía de la UE.

Y no son sólo los expertos de EEUU quienes se felicitaron por la victoria del «no» en Francia y Holanda. También lo hicieron las principales empresas exportadoras estadounidenses. Se jugaban mucho en el envite, sobre todo por las posibilidades que obtenían Alemania y Francia con el nuevo sistema de votaciones previsto y la obsesión que, según algunos representantes del sector tienen ambos países con conseguir una fiscalidad homogénea en la UE.

La posibilidad de que esta alianza consiguiera a medio plazo limitar los beneficios fiscales vigentes en Holanda y «pulir» su permisiva legislación empresarial resultaban inquietantes, sobre todo a algunos sectores industriales como el cinematógrafico que han usado desde hace años al país del tulipán como plataforma de privilegio para burlar las medidas proteccionistas impuestas por algunos países de la UE.

Sobre todos los franceses con su excepción cultural y sus cuotas mínimas de pantalla para la producción nacional. Las taquillas europeas son vitales para una industria que ya consigue más del 80% de la producción en el exterior. Y más allá de las salas de cine, en la comercialización de Dvds y «merchandising», fuentes de ingresos que, a pesar del avance de la piratería , aún tienen un peso importante en las cuentas del sector.

Hollywood. Muchas de las grandes majors de Hollywood han decidido situar en Holanda las sedes de sus respectivas filiales europeas. El motivo es sencillo. Sus producciones pueden optar a la nacionalidad holandesa y por tanto recibir la catalogación de europeas. De esta manera, las productoras pueden esquivar las limitaciones que muchos países del Viejo Continente imponen a las producciones estadounidenses a través de las cuotas de pantalla y exhibirse en los cines como películas europeas.

Uno de los ejemplos paradigmáticos fue «Instinto Básico», película dirigida por el holandés Paul Verhoeven, que se exhibió bajo la nacionalidad de su director.