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El mito griego de la recuperación económica

Fuentes: Público

La salida de una crisis que dejó a más de un tercio de la población en paro y a cientos de miles de jóvenes en el exilio es la principal carta de Tsipras ante las elecciones de mayo y octubre. Syriza y la Unión Europea se congratulan por «el triunfo» de ocho años de rescates […]

La salida de una crisis que dejó a más de un tercio de la población en paro y a cientos de miles de jóvenes en el exilio es la principal carta de Tsipras ante las elecciones de mayo y octubre. Syriza y la Unión Europea se congratulan por «el triunfo» de ocho años de rescates financieros y drásticos ajustes en el gasto público. Sin embargo, son muchas las voces que en Grecia relatan una historia no tan optimista. 

Un jubilado grita consignas durante un mitin organizado por el PAME, afiliado a los comunistas, que conmemora el 1 de Mayo en Atenas. Reuters

Lejos han quedado las explosiones ciudadanas en Plaza Syntagma, los titulares de todo el mundo preguntándose por el destino de Grecia o las imágenes desoladoras de largas colas para un plato de comida… ¿Lejos? El mensaje que desde el Ejecutivo de Alexis Tsipras se difunde es el de «la recuperación», sobre todo a partir de la salida oficial del rescate, en agosto del año pasado. También el Eurogrupo y la banca internacional se muestran satisfechos: «Grecia está ahora en el buen camino», afirmaba el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, al celebrar en Bruselas el supuesto final de una crisis que hizo tambalear a toda la UE.

Sin embargo, otra es la opinión que circula entre trabajadores de sanidad y educación, pensionistas, autónomos, el 18,5% de la población que aún se encuentra en el paro, el 40% de jóvenes de entre de 15 a 24 años que tampoco encuentra trabajo o las 550.000 personas que han tenido que emigrar en su búsqueda. En pleno año electoral -en mayo son los comicios municipales y en octubre los nacionales- la principal carta del Gobierno de Syriza es la de haber cumplido todas las condiciones impuestas por la troika de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI para la obtención de 289.000 millones de euros y la culminación de la serie de rescates que en 2010 se iniciaron bajo el mando de los conservadores.

«Estamos ganando puntos para la libertad económica», ha remarcado el primer ministro griego esta semana en una entrevista a una cadena nacional, blandiendo el que es su principal lema de campaña: la consecución de los objetivos de superávit impuestos por la troika y su redistribución en políticas sociales. La economía registró en 2018 un crecimiento real del 1,4% debido, sobre todo, al repunte de las exportaciones y el turismo, con un superávit primario del 4,2%, lo cual supone una cifra récord y la superación con creces de los objetivos marcados por los acreedores (1,75%).

Gracias a este excedente, Alexis Tsipras acaba de anunciar un paquete de medidas de alivio fiscal que se aplicará a lo largo de los próximos dos años destinado a «los que en la crisis han ayudado con su esfuerzo, para que puedan beneficiarse de la recuperación económica que empieza a sentirse», según declaró en rueda de prensa el pasado martes. Se trataría de la reducción inmediata del IVA del 24 al 13% en la restauración, la alimentación y la bebida; en los servicios de luz y gas, que bajaría del 13 al 6% y en el IVA reducido en las islas, que pasaría del 13 actual al 11%. Además, el Primer ministro prometió restaurar la decimotercera paga de los jubilados -abolida en 2012- y anular el recorte de las pensiones de viudedad.

Sin embargo, la lectura entre líneas de estos grandes titulares lleva a economistas como Leonidas Vatikiotis a un trasfondo que no es tan alentador. Según quien fue uno de los fundadores de la Comisión por la Auditoría de la Deuda Griega y asesor del reconocido documental Debtocracy (Deudocracia), estas cifras de superávit se están obteniendo solo a costa de la inversión pública.

«No se están haciendo las inversiones que han sido aprobadas por el Parlamento para los presupuestos nacionales. De 2012 a 2017 el programa de inversión pública era de 38.000 millones de euros, de los cuales se robaron 6.460 millones para automáticamente cubrir el superávit», denuncia Vatikiotis. «El Gobierno va a dedicar a políticas sociales, entonces, solo un 0,7% del presupuesto original, pero ellos lo venden como un gran gesto de justicia», remata el economista.

En el acuerdo suscrito en junio con sus acreedores para finalizar con el rescate, Grecia aceptó la obligación de mantener esta senda de crecimiento económico del 3,5% hasta 2022 y del 2% hasta 2060. Semejantes previsiones a 40 años vista despiertan mucho recelo entre los expertos, teniendo en cuenta que el país arrastra una deuda del 180% de su PIB, la más alta de toda la Eurozona (era del 109% al empezar la crisis).

«Con estos tremendos niveles de deuda, nada de lo que digamos cuenta, estamos endeudados por sobre todas las cosas», advierte Vatikiotis. «Aunque tengamos superávit y por tanto no creemos nueva deuda, las tasas de interés serán cada vez más altas para pagar esta que ya tenemos, lo cual es imposible de asumir. Seguiremos acorralados, pues, ante la amenaza de bancarrota».

Desde el punto de vista financiero, agencias internacionales como Bloomberg han celebrado el regreso de Grecia a los mercados -excluida de ellos desde que empezó el programa de rescate en 2010- la subida de sus acciones un 26% en 2019 y el alto rendimiento de sus bonos a 10 años, anunciados también con bombo y platillo por el ministro de Finanzas heleno, Euclides Tsakalotos.

Este éxito en los mercados, que «devuelven a Grecia no solo a los niveles previos a la crisis, sino a los del año 2000», según declaró Alexis Tsipras tras su última reunión de Gabinete, se traduce en un hipotético aumento de las inversiones extranjeras que desde Moodys recalcan con la subida de Grecia de dos niveles en su escala de calificación de riesgo internacional. «Lo que no dicen es que ese nivel lo compartimos con Vietnam, Albania, Armenia, Etiopía, Honduras, Jordania, Kenya, Nigeria, Suriname o Angola y que, desde ese nivel B1, nosotros tenemos que subir 4 niveles para alcanzar el rango de un país susceptible de inversiones… ¡Este es el éxito de Grecia!», puntualiza el economista Leonidas Vatikiotis.