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Según la ONU

El racismo en Brasil es estructural e institucional

Fuentes: Rebelión

La sociedad blanca del país y en especial, su clase media y alta en todos los niveles, usufructuó los beneficios del racismo institucional y los servicios personales prestados por una población descendiente de esclavos que hasta el presente nunca alcanzó el beneficio pleno de derechos y libertades otorgados en la constitución, bajo la falsa ideología […]

La sociedad blanca del país y en especial, su clase media y alta en todos los niveles, usufructuó los beneficios del racismo institucional y los servicios personales prestados por una población descendiente de esclavos que hasta el presente nunca alcanzó el beneficio pleno de derechos y libertades otorgados en la constitución, bajo la falsa ideología de la «democracia racial» que primó durante todo el siglo XX y que recién en el siglo XXI empieza a cuestionarse en profundidad.

Mientras un importante sector de la sociedad brasileña sigue negando la existencia del racismo, -incluidos los grandes medios como la Rede Globo- y las jerarquías raciales son culturalmente aceptadas como normales, especialistas de Naciones Unidas (ONU) que visitaron el país en 2013, a principios de este año elevaron un informe donde afirman que el racismo en Brasil es «estructural e institucional».

Los técnicos de ONU constataron que: los negros y pardos son más asesinados por la policía, son mayoría en las cárceles del país, tienen menor nivel de instrucción, reciben menores salarios, tienen menos acceso a la salud, son los que mueren más jóvenes tanto por violencia como por enfermedades y los que tienen menor participación en el Producto Interno Bruto (PIB). Y los datos fueron extraídos de las propias estadísticas del Estado. Este es un panorama estructural indiscutible de racismo.

La desigualdad social brasileña también se demuestra por las estadísticas. Alcanza mencionar que Brasil, la séptima economía mundial se ubica en el lugar 79 del Índice de Desarrollo Humano (IDH 2014). El 10% más pobre de la sociedad gana en promedio R$ 256 (U$S 64) por mes y representa el 1,4% de todos los rendimientos generados por el trabajo en el país. El 10% más rico gana en promedio R$ 7.154 (U$S 1.800) por mes y concentra el 40,3% del total de rendimientos (IBGE-2014). Esta desigualdad se apoya mayormente sobre una estructura de racismo. Es la etnia negra la que más sufre la desigualdad y la exclusión institucional en todos los ámbitos. Y el ajuste fiscal del actual gobierno de Dilma Rousseff que ataca esencialmente los salarios y los derechos de los trabajadores, al profundizar la desigualdad está estimulando el racismo.

El racismo y la desigualdad, de carácter institucional en Brasil se expresa hasta en el sistema tributario: El 10% más pobre paga el 32% de sus ingresos en impuestos, mientras el 10% más rico mayoritariamente blanco tributa el 21% de su renta. Como en ese 10 más pobre, el 68% son negros y dentro de ese porcentaje más del 54% son mujeres (IBGE), se puede concluir que los ciudadanos negros de ambos sexos pagan más impuestos que los blancos y las negras pobres son las más perjudicadas por la tributación.

Las mujeres negras representan 25% de la población brasileña, lo que corresponde a cerca de 49 millones de personas. Ellas registran los peores índices de acceso a políticas públicas, escolaridad, nivel salarial y violencia doméstica. Según datos del Ministerio de Salud, 60% de la mortalidad materna ocurre entre mujeres negras. Según el Instituto de Pesquisa Aplicada (Ipea) 62% de las víctimas de feminicidio también son negras. En el nordeste ese número es 87% y en el norte 83%. Pero además existe un dato que compromete el futuro: hoy el racismo excluye de las escuelas al 48% de las niñas negras en la región norte de Brasil.

Lia Vainer Schucman, doctora en Psicología Social por la Universidad de San Pablo (USP) afirma que «mientras los negros se encontraban en una posición subalterna, el racismo existía pero no asumía formas tan ostensivas como en la actualidad, porque los negros no disputaban con los blancos el acceso a los bienes públicos y a otras posiciones en la sociedad». Estaba vigente el mito de la «democracia racial brasileña», pero «desde que las luchas de los movimientos sociales negros produjeron ciertas conquistas, un alto porcentaje de blancos pasaron a sentirse amenazados»…»Es común, por ejemplo, que los entrevistados blancos consideren los cupos para negros en las universidades como privilegios. Pero no se les ocurre pensar que el lugar que antes ocupaban con exclusividad fuera un privilegio».

Sin lugar a dudas el plan de desarrollo impulsado por el PT y conocido como «lulismo» que integró cuarenta millones de brasileños en el mercado de trabajo, sacándolos de su antigua función de «servicios personales» o de excluidos, a la vez que los liberaba de los corrales electorales de la oligarquía, produjo un aumento de conciencia en una población denigrada y excluida mayoritariamente negra. Y a pesar que el PT los encuadró en el clientelismo electoral e hizo poco y nada para elevar su nivel político, el sólo hecho de salir de su condición de subproletariado y pasar a integrar la capa más baja del proletariado, los colocó en posición de empezar a hacerse conscientes de la discriminación racial y social que sufrían y los impulsó a demandar y pelear por sus derechos.

Internet con su democratización de la información ayudó a poner en evidencia una jerarquización racial que prevalecía, desdibujada por una ideología cómplice sustentada por los grandes medios de comunicación. Como contrapartida el racismo violento también se expresa en las redes sociales y se han multiplicado los ataques racistas en la web.

En realidad en Brasil casi todo blanco es racista aunque no quiera, porque el racismo es un componente estructural e institucional de la formación social y cultural. En su parecer la ONU sugiere que a la educación le cabe des-construir la ideología de la «blanquitud» que afecta la mentalidad de una porción significativa de la sociedad y que el sistema educativo debe reforzar las disciplinas que encaren la historia y la cultura de la población afro-descendiente, desde la escuela.

En esa transformación el rol de los movimientos sociales negros contra el racismo es insustituible. Como racismo y desigualdad actúan hermanados y se retroalimentan, es imprescindible que ellos sean considerados juntos, como enemigos de los trabajadores blancos, negros y de otras etnias y la población excluida o socialmente «descartable» para el Capital.

También se puede apreciar que las mujeres negras empiezan a cumplir un lugar esencial en esa lucha. Bajo la consigna «Estamos en marcha», millares de mujeres negras brasileñas se movilizaron en Brasilia el 18 de noviembre «Contra el Racismo, la Violencia y por el Buen Vivir» «La construcción del «Julho das Pretas» con ruedas de samba, saraos, charlas, seminarios, debates y mucha música reflejó este hacer político de ocupar los lugares que normalmente nos son negados» nos dicen en su manifiesto. Y con convicción afirman: «Nosotros tenemos mucho para decir sobre feminismo, racismo y política en general». Unificando la mayoría de los movimientos de mujeres negras -cerca de 40 organizaciones-, comienzan a perfilarse como la vanguardia contra el racismo. Ellas son las más golpeadas por la discriminación y la desigualdad. Y sólo se va a poder contar con una verdadera democracia en el país, cuando ésta alcance a contemplar con justicia en sus derechos y libertades a las mujeres y niñas negras, pobres y periféricas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.