Con casi una decena de aspirantes, entre los que destaca el presidente Hugo Chávez, la campaña electoral venezolana comenzó a ganar fuerza esta semana luego de un inicio lastrado por el fantasma de la abstención. Mientras la oposición avanzó hacia un candidato presidencial «unitario», su máxima aspiración, desde las filas «chavistas» llegaron precisiones para ajustar […]
Con casi una decena de aspirantes, entre los que destaca el presidente Hugo Chávez, la campaña electoral venezolana comenzó a ganar fuerza esta semana luego de un inicio lastrado por el fantasma de la abstención.
Mientras la oposición avanzó hacia un candidato presidencial «unitario», su máxima aspiración, desde las filas «chavistas» llegaron precisiones para ajustar a niveles más reales sus aspiraciones en la votación del próximo 3 de diciembre.
Con la juramentación de los comandos de campaña de Chávez y del gobernador de Zulia y líder del partido Un Nuevo Tiempo, Manuel Rosales, quedó conformada la que pudiera resultar la alternativa fundamental para los comicios.
Rosales recibió el apoyo de los otros opositores mejor ubicados, Julio Borges (Primero Justicia) y Teodoro Petkoff (independiente), en lo que constituyó un espaldarazo a la idea de pronóstico reservado de unificar a la oposición en un solo candidato.
Con una agenda populista, en la cual resalta eliminar la política de solidaridad internacional y entregar parte de la renta petrolera en efectivo a la población, Rosales aseguró a sus seguidores que logrará el propósito de erigirse como único candidato opositor.
De otro lado Chávez sigue avanzando en los sondeos para alcanzar el 60,3 por ciento de la intención de voto según estudio de Análisis de Datos (Ivad) difundido hoy, respaldo que los observadores atribuyen al amplio contenido social de su gobierno.
En la juramentación de su comando, el Jefe de Estado aclaró el alcance de su propuesta de obtener 10 millones de votos, un objetivo que, dijo, expuso como meta a buscar, al tiempo que admitió serán muy difícil alcanzarla en esta ocasión.
«La meta es entre seis y 10 millones, al menos seis millones y como máximo 10 millones: menos de seis millones,ni pensarlo. Es un trecho largo al cual nos vamos a seguir acercando», apuntó Chávez.
Asimismo convocó a sus seguidores a una campaña casa por casa para convencer a los indecisos de un padrón estimado en 16,3 millones de votantes, con el propósito de lograr lo que para él es más importante: «darle nocaut a los candidatos del imperialismo».
Una característica peculiar de este proceso electoral es la salida del juego, probablemente definitiva, de los dos grandes partidos que gobernaron Venezuela hasta 1999, Acción Democrática y COPEI.
Mientras COPEI apoyó a Rosales, AD mantuvo su apuesta por la abstención so pretexto de que no existen condiciones para elecciones transparentes, en un intento, según observadores, de ocultar su virtual desaparición como partido.
La abstención es la opción favorecida por la Embajada de Estados Unidos, según denuncias de las autoridades, que todavía advierten sobre la posibilidad de una retirada poco antes de los comicios, como sucedió en las elecciones parlamentarias de 2005.
Esa táctica buscaría deslegitimar el próximo mandato presidencial, sobre la base de la elección del Jefe de Estado sin oposición, debido a la ausencia de condiciones electorales.
Otro elemento del actual proceso es el enorme apoyo del que goza Chávez entre los sectores humildes, incluso de quienes no militan en su Movimiento V República (MVR) ni otros de los partidos que le apoyan.
Al respecto, el analista José Roberto Duque, del semanario Temas, llamó la atención sobre el triunfo arrasador de Chávez en parroquias populosas como la 23 de enero, donde -asegura- «el MVR no existe».
Según Duque, el triunfo del Jefe de Estado está basado en esos espacios y en el respaldo de grupos organizados que hacían vida política antes de la aparición de Chávez como figura pública.
Lo cierto es que el líder de la llamada Revolución Bolivariana cuenta con un apoyo popular que le garantiza un triunfo electoral el próximo diciembre, para un nuevo mandato en el cual prometió profundizar el proceso y fortalecer su orientación socialista.


