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Presentación del libro de Eric Toussaint Sistema deuda. Historia de las deudas soberanas y de su repudio

Entre buitres y garras: la deuda como arma de dominación

Fuentes: CADTM

     Presentar un libro debe tener como propósito invitar a la lectura. Más aun cuando nos enfrenta a importantes aspectos de la intensa crisis que vivimos y los discute a fondo, permitiéndonos una abarcadora comprensión de la actual situación histórica. Me complace, por consiguiente, presentar el libro de Eric Toussaint, Sistema deuda. Historia de […]

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Presentar un libro debe tener como propósito invitar a la lectura. Más aun cuando nos enfrenta a importantes aspectos de la intensa crisis que vivimos y los discute a fondo, permitiéndonos una abarcadora comprensión de la actual situación histórica. Me complace, por consiguiente, presentar el libro de Eric Toussaint, Sistema deuda. Historia de las deudas soberanas y de su repudio, publicado por Editorial Icaria, en 2018.

Desde su primera oración, el libro de Éric Toussaint establece una relación entre las crisis de los países de la periferia y las crisis de los países capitalistas más poderosos. La deuda opera al interior de esta relación como un arma de dominación: fortalece la subordinación del proceso de acumulación de riqueza de los países de la periferia de dos maneras: 1) erosiona su soberanía y refuerza el traslado de riqueza hacia los países capitalistas más poderosos, y 2) beneficia a sectores de las clases dominantes de los países de la periferia, que se convierten en cómplices de los acreedores. Por consiguiente, la deuda fortalece la supeditación de la acumulación de capital de los países de la periferia a la acumulación de capital en los países más poderosos. Por tal razón, Éric Toussaint se refiere con precisión a esta compleja estructura como el sistema deuda. No se trata de casos aislados, enlazados externamente por los agentes en juego, sino de una estructura que establece una jerarquía, con unas reglas rigurosas de juego, que si bien se pueden quebrantar, exigen el movimiento de fuerzas sociales también poderosas para oponerse a ellas y tener éxito.

El sistema deuda como arma destacada que pone en acción efectos de dominación a favor de los países más poderosos siempre ha tenido una dinámica vinculada con las crisis cíclicas del capital y con la manera en que los movimientos del ciclo se enlazan para propiciar el estallido de las ondas largas del capitalismo. Por esta razón, Toussaint se refiere a cuatro grandes crisis de la deuda en América Latina que se relacionan, a su vez, a las cuatro ondas largas que han caracterizado la historia de capitalismo. Lo importante de este señalamiento es que con la caída de la Bolsa en Londres, en 1825, el momento en que se abrió paso la crisis moderna inaugural de sobreproducción de mercancías, comenzó la primera crisis de la deuda en América Latina (1826-1827). Es decir, que los países que apenas salían de su proceso de ruptura colonial, desde su comienzo histórico como países soberanos, entraron en una relación de subordinación por vía de la deuda. Lo mismo sucedió con Grecia, desde su independencia durante esa misma década de 1820-1830, y posteriormente con Egipto. Las cuatro crisis de la deuda en América Latina se ensamblan con el final de la fase de crecimiento acelerado de las ondas largas del capital: en 1825 con la caída de la Bolsa de Londres, en 1873, con la caída de la Bolsa de Viena, en 1929 con el colapso de la bolsa de Wall Street, y en 1982 con el efecto combinado de la recesión mundial de 1980-1982, la reducción de los precios de las materias primas y el aumento de los tipos de interés impuestos por la Reserva Federal de Estados Unidos. Es evidente que el sistema deuda, como arma de dominación, es una estructura importante del engranaje de la acumulación del capital a nivel mundial. Para captar la complejidad de este movimiento cito directamente a Toussaint:

Una de la ideas que adelantamos es que hay una relación estrecha entre las fases de expansión fuerte del capitalismo global y la acumulación de deudas en los países periféricos (principalmente en los países de América Latina), estimuladas, en particular, por la voluntad de los países más potentes al aumentar los flujos de capitales hacia la Periferia – ahora hay que colocar a China entre las economías capitalistas más fuertes -. La crisis de la deuda en los países de la Periferia son consecutivas al retorno de la fase de crecimiento fuerte, se podría decir sin exagerar que «provoca» una crisis de la deuda. El período actual es de bisagra (sin crecimiento fuerte en las economías capitalistas), que podría desembocar en una nueva crisis de la deuda en América Latina y en otros países periféricos, tanto en África como en Asia (…) Debemos añadir a esa lista de países periféricos aquellos que están dentro de Europa o en sus márgenes: Grecia, Portugal, España, Irlanda, Chipre, Ucrania, y otros países del bloque del Este, etc. Además de los de la esfera de Estados Unidos como Puerto Rico. (22)

Hay un aspecto destacado por Toussaint sobre la dinámica de la deuda. Sus protagonistas fueron los banqueros europeos, originalmente con su sede principal en Londres. Las políticas de estos banqueros se apoyaron en la plétora de capital disponible que el proceso de acumulación generaba en Europa. Para resolver el problema del exceso de capital, necesitaron la expansión. En otras palabras, Gran Bretaña, Francia, y otros países capitalistas dominantes tuvieron la urgencia de colocar sus capitales en los países de la periferia. Por esta razón, Toussaint establece un vínculo estrecho entre el movimiento de la deuda y la adopción del libre comercio. Libre comercio y deuda fueron dos factores claves, íntimamente entrelazados, por ejemplo, para la subordinación de América Latina a partir de su independencia. El excedente de liquidez disponible en Londres encontró en la nueva configuración de los países recién independizados un espacio de inversión. Por consiguiente: los dos aspectos destacados por Toussaint, el endeudamiento externo y el libre comercio, se combinaron para constituir el factor principal del subdesarrollo de América Latina. Cuando un país intentaba salir de esta estructura de subordinación, o desarrollaba un proyecto alterno, como fue el caso de Paraguay, Gran Bretaña se las arreglaba para impedirlo. Con el fin de erradicar del escenario el ejemplo paraguayo, Inglaterra promovió y consiguió una alianza entre Argentina, Brasil y Uruguay que le declaró la guerra a Paraguay hasta destruir el importante desarrollo económico que había logrado este país. Como consecuencia de la guerra, los países de la alianza incrementaron su deuda con los banqueros ingleses.

¿Cómo es posible explicar esta contradicción? Toussaint expone una conexión entre endeudamiento exterior y el comercio libre como una necesidad para el desarrollo de los países capitalistas porque las nuevas repúblicas de la América libre no hubiesen podido absorber el excedente de mercancías producidas por Inglaterra. El aumento de la deuda latinoamericana acentuó la magnitud de las compras de mercancías británicas. En otras palabras, los países endeudados de la periferia, caían en la trampa de la deuda y gastaban una parte sustancial del dinero prestado en la compra de mercancías del mismo país que los subordinaba. La estructura descrita tenía, por consiguiente, un efecto decisivo sobre la economía de los países deudores que veían subordinado su proceso interno de acumulación de riqueza a las necesidades económicas y políticas de los países acreedores dominantes. Toussaint ofrece citas reveladoras de Simón Bolívar al observar cómo las nuevas repúblicas quedaban enredadas en el laberinto de la deuda. Si no fue el primero, sin duda estuvo entre aquellos que comenzaron a llamar buitres a los dueños internos y externos de la deuda pública. La poderosa metáfora, que hoy ha adquirido nuevas resonancias, se fundamentaba en la capacidad de los acreedores de despedazar las entrañas de los países entrampados.

Nos queda por exponer un aspecto principal de este proceso. Los canallas y ladrones de que hablara Bolívar no se reducían a los banqueros ingleses, franceses o alemanes. Incluían a sectores dominantes internos de los países endeudados que habían desarrollados relaciones económicas muy complejas y lucrativas con los países poderosos e incluso algunos lograban obtener la nacionalidad francesa, o británica o española.

Con los cambios en las economías de las nuevas repúblicas, mediante la articulación dependiente de sus procesos de acumulación interna, además de la corrupción política propiciada por el endeudamiento, se desarrollaron sectores sociales dominantes que funcionaron, y todavía lo hacen, como aliados efectivos de los países poderosos. Esta compleja relación permitió, desde la primera gran crisis de la deuda latinoamericana en la década de 1820-1830, provocada por Londres, como destaca Toussaint, que el Reino Unido, como luego harían otros países dominantes, pudiera someter las economías de las nuevas repúblicas a los designios de los banqueros. Pero la relación de subordinación, como hemos visto, también respondía a la libertad de comercio, lo que requería también una subordinación mayor a las necesidades del proceso de acumulación de capital de los países poderosos. El caso de Paraguay, con su intento de desarrollo auto-centrado, como modelo distinto y peligroso, fue aniquilado entre 1865 y 1870.

Eric Toussaint no solamente expone la situación de los países de América Latina. Le dedica dos importantes capítulos al caso de Grecia. Para financiar su guerra de independencia iniciada en 1821 contra el Imperio otomano, la naciente república helénica se endeudó con los banqueros de Londres. El nuevo estado griego nació subordinado y un aspecto destacado de su situación subalterna tuvo que ver con la complicidad y colaboración de sus clases dominantes. Ya desde el siglo XIX, nos indica Toussaint, Grecia estuvo bajo el mandato de una Troika : el Reino Unido, Francia y Rusia. La subordinación griega, como la de otros países, podía desembocar en situaciones que atentaban severamente contra su propia soberanía, como sucedió en 1854 cuando Francia y el Reino Unido ocuparon el puerto del Pireo para controlar la aduana que allí se encontraba. Se podría pensar que la necesidad de re-estructurar la deuda era una forma de aliviar la condición de subalternidad. Pero tales procesos, como fue la reestructuración de 1878 en Grecia, desembocaban en lo que llama Toussaint «una ganga para los acreedores». En realidad la deuda se extendía como una maldición. Todavía en 1878, Grecia llegaba a acuerdos con banqueros que poseían títulos de propiedad de los préstamos de 1824-1825. Cuando Grecia volvió a adquirir otro préstamo en 1898, cayó bajo la tutela de la Comisión Financiera Internacional. Desde los orígenes del estado griego hasta su historia más reciente, Grecia ha estado dominada por las grandes potencias europeas. Toussaint lo resume con un enunciado contundente: «La deuda externa constituyó un arma permanente para ejercer esta dominación.» (110) Una dominación que ha determinado el desarrollo de la economía griega y el bienestar de su población.

Otro estupendo capítulo del libro de Toussaint analiza el caso de Egipto. Aunque todavía bajo la tutela otomana, Egipto hizo un notable esfuerzo de industrialización apoyándose en recursos internos durante las primeras décadas del siglo XIX. Entre 1839-1840, una intervención militar anglo-francesa y luego otra intervención anglo-austriaca le arrebataron al virrey de Egipto los territorios de Siria y Palestina. Ya en la segunda mitad del siglo, Egipto se adaptó al libre comercio, quedaron desmantelados los monopolios del Estado y el país recurrió a cuantiosos préstamos externos. En 1876 la deuda egipcia alcanzó un nivel insostenible y Francia e Inglaterra crearon el mecanismo de la Caja de la Deuda Pública para asegurar la tutela de Egipto. Finalmente, en 1882 Inglaterra lo invadió militarmente, lo transformó en un protectorado y bloqueó su desarrollo económico. Como puede observarse, el binomio deuda externa-comercio libre operó, de forma parecida a muchos otros casos, con un carácter sistemático. La Caja de la Deuda Pública extendió sus existencia hasta 1940.

Toussaint le dedica otro capítulo al caso de Túnez. En este país, el tutelaje se hizo bajo poder de Francia. En 1869 se creó la Comisión Internacional Financiera y el pueblo de Túnez quedó sometido al poder de los banqueros hasta que finalmente Francia, con el visto bueno de las otras grandes potencias, invadió el país en 1881. Las diferentes historias de subordinación de los países de la periferia se repiten, claro está, con las características propias de cada formación social y su particular composición de clases, pero en todas opera, con sus variantes, la estructura ya señalada: la combinación de la deuda externa y el comercio libre. Los banqueros se destacan como protagonistas del proceso, con sus intereses siempre protegidos por los poderosos aparatos de estado de los países capitalistas desarrollados.

Aunque no puedo entrar en múltiples aspectos del libro de Eric Toussaint, no quiero terminar sin hacer un breve recorrido por un tema de actualidad e interés común: el surgimiento y desarrollo de la doctrina de la deuda odiosa . Toussaint señala que el primero en formularla fue Alexandre Nahum Sack (Moscú 1890-Nueva York 1955). La doctrina sobre la deuda odiosa ha provocado una compleja jurisprudencia. Si bien se ha intentado marginar, sepultar en el olvido, ha sido objeto de una gran cantidad de artículos y libros especializados. La vida de esta doctrina ha recibido la atención de importantes instituciones internacionales: desde el Fondo Monetario Internacional , el Banco Mundial , organismos de las Naciones Unidas, hasta el actual Comité por la Abolición de las deudas ilegítimas. Sack tuvo como objetivo reforzar el orden internacional, no cuestionarlo. Planteó el asunto de las deudas odiosas en un libro publicado en 1927 en París. Toussaint nos revela, en las propias palabras de Sack, la importancia que tuvo en su concepción la revolución rusa de 1917. A pesar de que Sack adoptaba una posición conservadora, a favor de los acreedores, cuyos intereses estaban por encima de los intereses de la nación, consideró que hay casos excepcionales en que las deudas pueden ser anuladas. Según Sack, los acreedores deberían aceptar la anulación de la deuda si quedara demostrado que el gobierno que obtuvo el préstamo lo utilizó en contra de los intereses de la nación. Además, integró a la concepción de la deuda odiosa la demostración de que los acreedores no habían actuado de buena fe y tenían conocimiento del uso de la deuda.

Toussaint les recuerda a los lectores que cuando Sack elaboraba su obra, tanto la Unión Soviética, como los Estados Unidos, había adoptado el derecho de la autodeterminación de los pueblos como doctrina oficial. Se trata de una doctrina que se opone al colonialismo y a las anexiones territoriales ejecutadas por las grandes potencias. Así como Sack, conservador y reaccionario, tuvo que elaborar su concepción al calor de los hechos históricos, sin poder darle la espalda a la revolución rusa con las transformaciones que trajo, intentando siempre garantizar la continuidad de la deuda más allá de los cambios de régimen, Toussaint estudia sus criterios y añade las aportaciones de otros juristas que expusieron argumentos diferentes porque se colocaron en la posición de los estados endeudados. Así el lector o lectora puede constatar las aportaciones valiosas del argentino Luis Drago, el uruguayo Carlos Calvo, y el belga Gustave Rolin a la concepción de la deuda odiosa.

Los últimos tres capítulos (X, XI, y XII) son capítulos de gran importancia por los temas tratados. Sus títulos son: «El repudio de las deudas entre 1830 y 1930», «La victoria de México sobre sus acreedores (1914-1942)», «El repudio de las deudas por parte de los Soviets». No tengo tiempo para atender los argumentos y conflictos contenidos en estos tres capítulos. Pero les sugiero que obtengan el libro y los lean con el mayor rigor posible debido a la riqueza de las enseñanzas históricas contenidas en ellos.

Sin embargo, no quiero terminar sin hacer referencia a dos casos destacados en el capítulo X. El primero fue el repudio por Estados Unidos de la deuda reclamada por España a Cuba al finalizar la guerra del 1898. En la doctrina de Sack, cuando un estado anexaba otro estado heredaba el deber de adoptar las deudas del estado anexado. Sin embargo, Estados Unidos rechazó la intención española de exigir a Cuba que le pagara su deuda. Sus argumentos fueron los siguientes: 1) España fue la que emitió títulos españoles en bancos franceses a nombre de Cuba y la mayoría de los préstamos se quedaron en España; 2) por ser colonia, Cuba no tenía derecho a emitir títulos por iniciativa propia; 3) no hay pruebas de que los títulos garantizados por los ingresos de Cuba hubieran sido utilizados en servicios útiles para la isla; 4) como resultado del segundo y tercer argumento, Estados Unidos destacó que Cuba era una ficción, como prestataria, y las deudas asignadas a la isla en realidad ocultaban el endeudamiento de España. Si hacen la lectura del libro, podrán enterarse de la relación que establece Toussaint entre el repudio de la deuda cubana por parte de los Estados Unidos en 1898 y la situación actual de Grecia en el siglo XXI.

El libro es un buen ejemplo de cómo el conocimiento histórico puede convertirse en una arma poderosa para organizar la resistencia en nuestras luchas actuales

El segundo caso que me interesa comentar fue el repudio unilateral de las deudas hecho por Costa Rica en 1919, defendido por Estados Unidos. En 1917 el gobierno de Costa Rica fue derrocado por el secretario de Estado de Guerra, Federico Tinoco, quien convocó elecciones e instauró una nueva constitución. El gobierno de Tinoco cayó en septiembre de 1919, pero este personaje abandonó el país llevándose una gran suma de dinero que acababa de pedir prestado a un banco británico establecido en Canada. Aunque el presidente Julio Costa, inicialmente vetó la ley que incluía el repudio de la deuda del gobierno de Tinoco, el Congreso mantuvo su posición debido a la presión popular y al fin y al cabo el presidente Costa retiró su veto. La reacción de Gran Bretaña fue amenazar a Costa Rica con una intervención militar. Costa Rica mantuvo su posición de repudio y aceptó la intervención de un árbitro internacional en la persona de William Taft, entonces presidente del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Si bien Costa Rica sabía que Estados Unidos tenía interés en marginar a Gran Bretaña en la región, Taft rechazó el argumento de Costa Rica con respecto a la naturaleza del gobierno de Tinoco. Sin embargo, Taft elaboró otros argumentos para apoyar el repudio de la deuda. Las deudas y otras obligaciones contraídas por Tinoco eran nulas por no respetar la constitución que este mismo gobernante había impuesto. Otro argumento de Taft fue exigirle al banco que demostrara que el dinero se prestó para usos legítimos. La sentencia de Taft, por consiguiente, se basó en la utilización del dinero prestado y en el respeto de las normas jurídicas existentes en el país. Toussaint destaca la importancia de esta «referencia internacional en materia del derecho con respecto a las deudas y otras obligaciones», independientemente de que afirma no simpatizar con Taft, ni con los intereses que se ocultaban en su decisión de apoyar a Costa Rica. Reconoce, no obstante, la importancia de la decisión para repudiar deudas odiosas recientes en Grecia, Portugal, España, Chipre, e Irlanda, en la que los acreedores no podrían demostrar que el dinero prestado fue para usos legítimos, porque sirvió para rescatar a los bancos de los principales países prestamistas y para imponer políticas contrarias a los intereses del país deudor.

El libro de Eric Toussaint, Sistema deuda. Historia de las dudas soberanas y de su repudio, es un buen ejemplo de cómo el conocimiento histórico puede convertirse en una arma poderosa para organizar la resistencia en nuestras luchas actuales . La deuda como sistema de subordinación ha caminado de la mano con el proceso de acumulación de capital de los países dominantes. En este camino ha encontrado obstáculos y resistencias, pero siempre ha contado con las enormes fuerzas económicas y militares de los gobiernos que protegen los intereses de los banqueros. Pueden ser derrotados, pero para posibilitar esa victoria hay que poner en marcha una gran movilización social, como hizo México por vía de su revolución, entre 1914 y 1920, o como lo lograron los soviets después de la revolución de 1917. En los diferentes casos en que se ha podido derrotar a los acreedores, una gran presión popular ha estado empujando y dándole forma a la victoria. El libro de Eric Toussaint consiste de una articulada y seria investigación, escrito de forma clara y asequible, con un mensaje optimista: los acreedores pueden y deben ser derrotados. 

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