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Intervención del coordinador general de Izquierda Unida en el Foro Nueva Economía

Es hora de negar, con mayúsculas, el fundamentalismo del mercado

Fuentes: Rebelión

Amigos y amigas: Agradezco la invitación del Presidente de Nueva Economía Forum y a ustedes su presencia. Esta tarde cuando se oculte el sol, toda la población activa de una ciudad de 13.000 personas se incorporará a la cifra del paro en nuestro país. Esta noche, cuando salga la luna, 3.400.000 personas hablarán en sus […]

Amigos y amigas:

Agradezco la invitación del Presidente de Nueva Economía Forum y a ustedes su presencia.

Esta tarde cuando se oculte el sol, toda la población activa de una ciudad de 13.000 personas se incorporará a la cifra del paro en nuestro país.

Esta noche, cuando salga la luna, 3.400.000 personas hablarán en sus casas del drama del paro que sufren en carne propia, y más de un millón masticarán la amargura de no tener ni subsidio de desempleo.

Esta noche, en 827.000 hogares españoles, en los que no tiene trabajo ningún miembro de la unidad familiar, se acostarán con el sueño de que tal vez mañana alguno encuentre un trabajo.

Mientras todo esto ocurre, unos cuantos dormirán tranquilos porque aseguraron sus inmensas fortunas en uno de los 44 paraísos fiscales que hay en el mundo.

Los altos ejecutivos de las empresas del IBEX no se despertarán sobresaltados porque sus salarios medios son 66 veces superiores a los de los 11 millones de mileuristas que hay en España.

Los banqueros no tendrán remordimientos de conciencia por exhibir retribuciones que se mueven entre los 3 y los 6 millones de euros anuales, y otros especuladores se acostarán pensando dónde invertir para ganar el máximo beneficio en el menor tiempo posible.

Yo, hoy, me siento un privilegiado entre los primeros y un asombrado ante los segundos. Asombrado por que el ser humano, por la ambición infinita de acumular, ha renunciado a sus valores y es capaz de generar tanto sufrimiento a millones de seres humanos violando, sin piedad la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Pero hoy no hemos venido aquí a hablar de la reconversión de los capitalistas, ni en éste 23 de Febrero, vamos a hablar de lo que significó de verdad ésta fecha hace 28 años, ni del papel que jugó el Rey.

Hemos venido a hablar de una crisis que lleva a la depresión económica, personal y social. De una crisis del sistema capitalista de producción que es, financiera, energética, económica, climática, alimentaria y de valores, de los valores más nobles del ser humano tal como transmiten a diario los medios de comunicación.

En la llamada sociedad de la información, o del ruido y la confusión, de los espías, de la caza y de la corrupción, no podremos decirles a las generaciones venideras que no sabíamos lo que estaba pasando. Hoy, somos conscientes y, tal vez cómplices de que una parte del mundo esté muriendo por causa del afán y el interés especulativo mundial.

La obsesión por el beneficio inmediato que preside esta fase actual, quizá terminal, del capitalismo, que algunos han definido como turbocapitalismo, nos ha llevado a esta situación, a esta crisis sistémica, una crisis mundial del modelo productivo sustentado sobre la economía financiera, especulativa, donde los grandes capitales y sus intereses han dirigido la política mundial, organizado guerras, decidido la suerte de gobiernos, países, continentes enteros, provocando, entre otras cosas que una multitud errante, un nuevo sujeto histórico, camine por las rutas de la tierra buscando trabajo, alimento, buscando vivir.

El resultado es conocido. Estamos en la crisis económica más grave desde la segunda guerra mundial, una crisis que ha revelado la imposibilidad del capitalismo para organizar el mundo de forma estable, justa y democrática. No es hora de volver la espalda a la crisis. Es el tiempo de plantear alternativas, repensar todo, y definir estrategias radicales, estrategias de ruptura.

Es hora de negar, con mayúsculas, el fundamentalismo del mercado.

Izquierda Unida se define, entre otras ideas, como una fuerza anticapitalista que pretende ayudar a cambiar el modo y las relaciones de producción, a vivir y sentir de otra forma, a conquistar la transformación en la calle y en las instituciones, a pesar de que a una parte del pueblo se nos recorta la voz en el Parlamento por un sistema electoral, tan injusto, que hace que cada escaño nos cueste 7 veces más votos que a cada uno de los dos grandes partidos.

Un sistema electoral concebido hace 30 años para castigar, primero al PCE, y luego a IU. Un sistema electoral que nos empuja al limbo de la marginalidad como reconocieron públicamente los señores Calvo Sotelo y Rodríguez de Miñón.

Permítanme, por tanto, que use, desde esta impuesta marginalidad, términos clásicos, términos que a nuestro juicio describen con gran precisión la situación actual.

Estamos en una crisis de un modelo de producción que se ha mostrado ineficaz para crear sociedades de bienestar, sociedades equilibradas que garanticen los derechos fundamentales del ser humano. No nos engañemos con el espejismo del primer mundo. Cuando aquí ha llegado la crisis, el tercer mundo lleva décadas de agonía incrementándose el hambre hasta llegar a la escalofriante cifra de mil millones de personas.

El capital internacional, las grandes multinacionales y, por extensión, los gobiernos neoliberales, reaccionarios, y los socialdemócratas, siempre temerosos, han secuestrado la política, la capacidad libre de decidir sobre lo esencial a los ciudadanos. Quiero decirlo una vez con claridad, con rotundidad: la democracia, con las reglas de funcionamiento que conocemos, es incompatible con el capitalismo.

En esta situación, y con independencia de las propuestas concretas que desgranaré a continuación, es necesario proclamar sin rubor, que la izquierda transformadora, radical, es más necesaria que nunca. Proponemos un discurso coherente, reivindicamos la ética en la política, aportamos ideas y alternativas y nuestro objetivo sigue siendo el mismo: el socialismo democrático.

Es cierto, que la crisis financiera tiene su origen específico en la masiva concesión de hipotecas conocidas como «sub-prime» en Estados Unidos, hipotecas que se distribuyeron por el mundo en paquetes tóxicos debidamente barnizados por las agencias de calificación de riesgo, produciendo una economía de casino en la que los bancos invertían con el señuelo de una rentabilidad a corto desmesurada y con la ausencia total de control por los gobiernos. El impago de hipotecas llevó a una devaluación de los valores que las sustentaban y hoy nadie sabe a cuanto asciende la burbuja que ha estallado.

En el caso español, aquí, entre nosotros, en nuestra trinchera cotidiana, la crisis mundial nos afecta doblemente por las características propias de nuestro modelo de crecimiento que se ha basado en gran medida en el sector de la construcción, la precariedad laboral y una desfiscalización de las rentas del capital.

Este modelo ha sido defendido e impulsado a nivel estatal y autonómico, tanto por los Gobiernos del PP como del PSOE. Ambos, en esencia, se han dedicado, legislatura a legislatura, a quebrar los instrumentos de intervención pública existentes con el fin de impedir un cambio de modelo. La privatización de la Corporación Bancaria de España (ARGENTARIA), la supresión de los impuestos de las grandes fortunas, o posibilitar la especulación inmobiliaria son un claro ejemplo de ello.

En España, en los años 2005, 2006 y 2007 se han construido 800.000 viviendas anuales, aproximadamente el 95% en el mercado libre. Tantas como se han edificado en Alemania, Francia y Gran Bretaña, cuando España sólo representa el 9,7% de la población europea. Hoy hay un excedente de cerca de 1 millón de viviendas sin vender. El déficit de viviendas de protección pública es clamoroso -lo que impide el ejercicio del Derecho a la vivienda que establece el artículo 47 de la Constitución española y los Estatutos de Autonomía- y cerca de 100 mil familias cuentan con una orden de desahucio por impago de sus hipotecas.

Hace tan sólo un año el Gobierno negaba la existencia de una crisis económica que venía mostrándose desde mediados de 2007. Ocultó la realidad a la población y no dijo verdad cuando afirmó que era una simple desaceleración pasajera. En estos momentos, ante nuestros ojos, la recesión es un hecho. Y se extiende por Europa como la vieja peste. Y se extiende por el mundo.

Esta crisis tiene víctimas con rostro. Las víctimas, los de siempre, los de abajo, son los trabajadores y las trabajadoras -sean asalariados, autónomos o cooperativistas- que ya están pagando en muchos casos, con su puesto de trabajo o el embargo de su casa, los excesos y el abuso de la banca y la especulación. Esta crisis tiene también claros responsables. Aquellos que pudieron evitarla, frenarla, y no lo hicieron.

No debemos permitir que nuestros gobernantes no propongan ideas y se limiten a ofrecernos recetas a corto plazo y alambicados discursos de proximidad con el drama ajeno. El elevado endeudamiento de empresas y familias, el descomunal saldo negativo de la balanza de pagos o el descontrol de la burbuja inmobiliaria, ya anticipaban ajustes al crecimiento de la economía que el Gobierno ha despreciado sistemáticamente. Ajustes cuya duración e intensidad desconocíamos, pero que se han acelerado con la crisis financiera internacional.
Por tanto, el verdadero riesgo de nuestra economía no proviene, únicamente, de la crisis internacional, sino también de la implantación de un modelo de crecimiento basado en la acumulación de capitales y beneficios sin límite, en el que la riqueza creada no se ha repartido adecuadamente para reducir las desigualdades. En suma, un modelo que ha permitido ganar dinero de cualquier forma, en especial a los bancos, que han arriesgado sus depósitos para financiar lo que era más rentable a corto plazo, sin calcular los futuros problemas de insolvencia. Quienes exhibían 19.000 millones de euros de beneficios hace solo un año, ahora, piden ayuda pública.

Ese es el riesgo que tendría que haber subrayado el Banco de España y no, como ha recalcado, la necesidad de reformar el mercado de trabajo con un abaratamiento del despido cuando en nuestro país, las tasas de desempleo, temporalidad y precariedad en el trabajo son las más altas de la Unión Europea.

Pero el Banco de España, corresponsable de la implantación de ese peligroso modelo económico, no puede denunciarlo ya que defiende y se alinea con las grandes empresas y bancos para quienes están diseñadas esas políticas liberales.

La derecha económica (CEOE) pide, sin tapujos, el abaratamiento del despido, el que los ERE´s no necesiten autorización administrativa y control salarial. ¿A dónde llegarán con la siguiente propuesta? ¿Hablarán del trabajo esclavo?

El Partido Popular sigue pidiendo lo de siempre, reducción de los impuestos de los ricos y aumento de los impuestos a los pobres, reducción del sector público, de la sanidad, la educación, los servicios y prestaciones sociales públicas. Piden la privatización de todo ello para tener otro espacio de negocio privado. En definitiva, piden recomponer la tasa de ganancia para volver al punto de partida del capitalismo neoliberal a costa de los derechos laborales y de los costes salariales, o sea, el tipo de medidas que se han venido aplicando hasta ahora y que son, exactamente, las mismas que ha acelerado y agravado la crisis.

En esta tesitura, el Ministro Solbes -que llegó a afirmar que los banqueros no necesitaban lecciones de cómo gestionar la inversión del dinero público de la línea de 50.000 millones de euros que abrió el gobierno- sabía antes de concederlo que el dinero no llegaría a las PYMES y que los bancos lo utilizarían en tapar sus agujeros negros. El Ministro ha anunciado ya su retirada en ésta legislatura. Tal vez le pase lo que a aquel preso que tenía pendientes largas condenas y le dijo a su abogado en el locutorio de la cárcel: «¿Cómo va lo mío» y el abogado le contestó: «Lo tuyo va bien pero si te puedes escapar te escapas».

Pero las consecuencias de la crisis, que afectan al conjunto de la sociedad, no pueden recaer sobre las espaldas de los trabajadores, de las mujeres, de los jóvenes, de los autónomos y de la pequeña empresa ya que, además de injusto, llovería sobre mojado

En la pasada reunión del G-20 -el presidente Rodríguez Zapatero pidió una silla prestada- se intentó refundar el capitalismo, salvar el capitalismo, empezando por su sistema financiero. Se levantó acta de las heridas de muerte que presenta el actual esquema neoliberal, el integrismo de mercado, y se avanzó la hipótesis de la bondad de un capitalismo de rostro humano, dotado de más férreos controles públicos.

Sin embargo, nos enfrentamos a un problema, un planeta con recursos limitados. Por tanto hay que hacer frente a la crisis con otro modelo. Un modelo de desarrollo sostenible, más justo, solidario, que reduzca las desigualdades sociales, respetuoso con la naturaleza. Una nueva forma económica, social y humana, que acabe con el hambre en el mundo y que logre la paz y la transparencia financiera mundial terminando con los verdaderos santuarios del dinero opaco y criminal que son los paraísos fiscales referidos. Este debe ser el objetivo de los sindicatos y de todas las fuerzas políticas transformadoras.

Ante la gravedad de la crisis en nuestro país, Izquierda Unida considera que el objetivo fundamental de toda política económica debe de ser la defensa del empleo existente y la creación de nuevos puestos de trabajo. Con menos fiscalidad, con menos sector público, con ayudas y avales de 150 mil millones a la banca nacional no vamos a ninguna parte.

Si no se actúa de forma enérgica y eficaz, las consecuencias serán dramáticas con una desintegración social desgarradora e insostenible. Si no se actúa de forma enérgica y eficaz la movilización social estallará justamente para exigir un cambio de modelo a otro de rostro humano.

A las puertas de este verano, si no se adoptan medidas urgentes que generen empleo y reactiven la economía es posible que lleguemos a los cuatro millones de parados, cuatro millones de dramas humanos. En esta situación de crisis, de desesperación, los peores sentimientos afloran. No permitamos que la xenofobia, el racismo, se afiance entre nosotros.

Izquierda Unida se ha situado en la protesta y en la propuesta. Ha elaborado un Plan de Empleo plurianual a tres años como alternativa a la crisis. Un Plan para crear 1.900.000 puestos de trabajo que se deberá dotar con 61.000 millones de euros provenientes de reformas fiscales progresivas, de lucha contra el fraude y de incremento de la deuda pública -que tiene margen de maniobra-, con el objetivo de que a final de 2011 nos situemos en el índice de paro que teníamos al 1 de enero de 2008.

Un plan que incorpora una renta mínima de subsistencia a las personas sin recursos, que ayuda a las PYMES, que incrementa el fondo de inversión municipal, sitúa una fuerte inversión en obra pública y crea empleo público directo en educación infantil, dependencia, justicia, salud y agencia tributaria, entre otros, y que queremos discutir con los agentes sociales y con el Gobierno, con el fin de llevar a los parlamentos estatal y autonómicos distintas medidas que conformen una alternativa de la izquierda social y política.

Una alternativa sobre un modelo en el que el beneficio privado esté subordinado al interés social, como establece la Constitución.

Ese modelo debe suponer la mejora de los servicios sociales y el reforzamiento del sector público, la sostenibilidad medioambiental, el cambio de estrategia energética y una apuesta decidida por las energías renovables, un sistema agrario que garantice la soberanía alimentaria y la viabilidad de las empresas agrarias familiares, un enfoque diferente del habitat, del urbanismo y del sistema de transportes, un cambio radical del enfoque de la vivienda residencial hasta llegar al predominio de la vivienda pública en alquiler. La creación de un sistema financiero público, nacionalización de los sectores estratégicos de la economía, (es un despropósito y una vergüenza que Berlusconi controle la luz de nuestros hogares) el control público y social de la economía, la intervención de los trabajadores en la organización del trabajo, el control del excedente económico y una reforma del mercado laboral que tienda al establecimiento de una jornada laboral de 35 horas semanales. Todo ello posible sin modificar la CE.

Un modelo, en definitiva, que contemple el reconocimiento de los derechos sociales básicos como derechos subjetivos y exigibles.

Estas son propuestas concretas.

Algunos dirán que son postulados utópicos, inviables. Es el mismo pensamiento que decía que era utópico acabar con el feudalismo, utópico acabar con el esclavismo. Con el neoliberalismo también se acabará porque la crisis ha llegado y sólo saldremos de ella con una nueva mirada sobre el mundo.

Los que no nos resignamos a pagar con nuestras vidas las facturas de otros, creemos que la salida alternativa a la crisis capitalista pasa por la creación de un movimiento social capaz de imaginar y crear las bases del Socialismo democrático del Siglo XXI.

Estamos convencidos de que es posible convertir la crisis en una oportunidad para superar un sistema caduco, un sistema agotado que ya no da más de sí. El capitalismo ha fracasado. Entre todos los que creemos que otro mundo es posible, busquemos, sumemos ideas, hasta lograr un sistema capaz de crear riqueza y distribuirla con justicia.

Para este empeño Europa debe recuperar su liderazgo en el mundo y ser el pilar fundamental que ofrezca soluciones ante la crisis multidimensional que amenaza el futuro de millones de trabajadores en nuestro país, en el mundo y que llevará, si no se toman medidas urgentes, a seguir incrementando la pobreza extrema a millones de personas en África y otros países del Tercer Mundo.

Las elecciones al Parlamento Europeo, que se celebraran en junio, son esenciales para la construcción de una Europa social, con una fuerte mayoría de izquierda, en la que la política recupere el poder que nunca debió ceder ante el empuje de los poderes económicos.

La política es la única herramienta que tienen los trabajadores y la ciudadanía para decidir su futuro. Los partidos de la izquierda en Europa tenemos el compromiso de construir la Europa de los pueblos, no la Europa de los bancos y de las multinacionales.

Frente a los intentos de refundación del capitalismo decimos que sólo el socialismo democrático puede dar solución directa a los problemas de los trabajadores, de los pueblos y del planeta.

Europa está en una encrucijada. Por eso entendemos necesario rechazar el Tratado de Lisboa, de Niza y de Maastricht.

Someter a control democrático el Banco Central Europeo.

Sustituir el Pacto de Estabilidad por un Pacto de Solidaridad con el objetivo del pleno empleo, el crecimiento y la protección social y ambiental.

Controlar las transacciones económicas y prohibir los paraísos fiscales.

Derogar las directivas que recortan derechos, como la de expulsión de inmigrantes, rechazar el concepto de flexiseguridad y la privatización de los servicios públicos.

Revisar la política agraria europea, hasta asentarla en el respeto a la soberanía alimentaria.

Cumplir con los compromisos adoptados por la Unión Europea relacionados con el cambio climático.

Reafirmar nuestra posición contraria a la OTAN y a la dinámica de bloques y ejes. Las tropas de los países europeos deberán salir de Iraq y de Afganistán.

Proponer una política comercial europea respetuosa con los derechos de los pueblos.

En suma, es necesario reconocer que el modelo neoliberal europeo ha fracasado. Es el momento de abrir un debate público en Europa, y para ello las elecciones europeas son el mejor marco para que la ciudadanía decida y sea consciente de que se puede reconstruir la Unión Europea sobre la base de intervenir en el mercado, con una activa y determinada participación pública en la economía desde postulados de solidaridad, cooperación y ayuda mutua.

El objetivo estratégico es un nuevo Tratado de la Unión con los contenidos que los pueblos de Europa demandan. Es inexcusable que la nueva Europa social lidere una política que intente acabar con la pobreza en el mundo. La crisis ha puesto de manifiesto que cuando hay voluntad política, hay recursos suficientes.

No olvidemos que, en unos meses, los países ricos han destinado 27 veces más dinero para paliar su propia crisis financiera que el reclamado por las organizaciones sociales desde hace décadas, para erradicar la pobreza y el hambre de millones de personas.

La creación de una Europa verdaderamente democrática, debe ser el objetivo para girar la política económica europea, común, orientada hacia el refuerzo de las garantías sociales, coordinando las políticas económicas y armonizando las fiscales. Sólo una Europa fuerte, de izquierdas, podrá ayudar a su cohesión social y al Tercer mundo.

Estamos convencidos que, más pronto que tarde, se cuestionarán los principios de la economía política que se han venido dando como irrefutables. Me refiero a la relación entre el crecimiento y la cohesión social. La tríada del crecimiento se basa en tres pilares que tendremos que repensar: publicidad, que nos obliga a comprar lo que no necesitamos; crédito, que nos ofrece recursos aunque no dispongamos de dinero, y la obsolescencia programada de los bienes de consumo.

La izquierda debe apostar por el progreso, que es mucho más que crecimiento. Es una visión que apunta al perfeccionamiento general del ser humano, con más conocimiento, más sensibilidad, más arte, más ciencia, más cooperación, más solidaridad.

Quiero terminar esta intervención recordando que mientras hoy estamos aquí, reflexionado en voz alta, describiendo el estado del mundo y de España, intentado aportar alternativas concretas a la crisis del sistema, miles de mujeres y hombres, millones, mueren de hambre, de enfermedad, viven en condiciones extremas, huyen, son perseguidos y explotados.

Africa se desgarra ante la indiferencia mundial, Asia es el territorio de la nueva esclavitud laboral, América latina se debate entre la crueldad neoliberal y los nuevos proyectos alternativos, los inmigrantes se multiplican, los recursos naturales se agotan, las mujeres son maltratadas, humilladas, mutiladas y asesinadas en muchos países y miles de niños trabajan de sol a sol. Y, como telón de fondo, la guerra permanente, alimentada por la industria armamentista.

Esto que he descrito ocurre en el siglo XXI, a nuestras puertas, y tiene un solo nombre: barbarie.

Por eso, es cada día más urgente y necesario alcanzar una sociedad justa y democrática. Y nos atrevemos a repetir y a proclamar que: socialismo o barbarie. Un socialismo para el siglo XXI para que algún día, cuando salga la luna, ningún ser humano tenga que hablar en sus hogares del drama del desempleo, la marginación, el hambre o la guerra. Todos tenemos derecho a soñar. Hagamos los sueños realidad.

Gracias por su atención.