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¡Es la economia, Kirchner!

Fuentes: Rebelión

Hace tres años y medios que asumió el gobierno de Néstor Kirchner, y mas allá de que las cifras oficiales lanzadas desde el INDEC (organismo estadistico oficial), hablen de una disminución de la pobreza y de la desocupación, lo que se percibe en la calle es mucho más desalentador.El presidente dentro del marco de una […]

Hace tres años y medios que asumió el gobierno de Néstor Kirchner, y mas allá de que las cifras oficiales lanzadas desde el INDEC (organismo estadistico oficial), hablen de una disminución de la pobreza y de la desocupación, lo que se percibe en la calle es mucho más desalentador.

El presidente dentro del marco de una hipocresía y un optimismo típico de los que ocupan el poder, se anima a afirmar que la pobreza según datos propios ha disminuido en solo un semestre un 4 por ciento, bajando así de 38, 5 a 34,5 por ciento. Lo mismo dijo respecto de los índices de indigencia, para lo cual afirma que paso de 13,6 a 12,5 por ciento. Cualquier persona que circule por las calles del conurbano puede darse cuenta que esto no es así, y ante esto muchos pueden afirmar que hago referencia solo a una sensación sin datos concretos, pero los datos existen.

Es un gobierno, que inventando confrontaciones con sectores sumamente reaccionarios de instituciones del medioevo como los militares y la iglesia, pretende ubicarse cerca del campo popular, sin tomar medidas que ataquen la magnifica desigualdad que polariza a la sociedad entre ricos cada vez mas ricos y pobres aun mas pobres. Respecto de este tema, Felisa Miceli y el propio presidente han salido a criticar a su organismo dibujador de números, ya que le disgustaron los datos que dieron sobre desigualdad. Y aprovecharon para afirmar que la desocupación había bajado a cerca del 9 por ciento. La honestidad me obliga a decir que la desocupación ha bajado respecto de lo que sucedía después de la crisis del 2001, pero lo que propongo es que nuestro análisis exceda los límites de los números y que nos permitamos una visión cualitativa del incremento en la ocupación. O me van a decir que los trabajos en hamburgueserías, supermercados, tiendas y servicios, no generan condiciones indignantes de trabajo y esto sin tomar en cuenta los salarios de hambre que pagan. Y si tomamos el incremento en el sector productivo que se vio favorecido por la devaluación, los trabajadores se encuentran en un estado de desprotección social y de precarización nunca visto. Según datos de Claudio Lozano, economista de la Central de Trabajadores Argentinos, la medición de los índices de ocupación incluyen a todos aquellos que hayan realizado alguna tarea temporaria en los últimos meses (changas), a las prostitutas, los vendedores de drogas y todos aquellos que mediante una tareas ilegal generen un ingreso personal, si descontáramos estos números la desocupación rozaría el 30 por ciento de la población económicamente activa.

Si uno compara los datos estadísticos de los últimos años va a ver que al gobierno que le gusta enfrentarse con diferentes sectores de poder entre ellos los empresarios, no hace mas que realizar acciones de distracción para los mas desprevenidos. Por que la transferencia de ingresos hacia los sectores más concentrados de la economía no se ha visto afectada desde que Kirchner asumió. Si tomamos como reales los números que dan los organismos oficiales lo único que demostrarían es la espectacular desatención gubernamental hacia los sectores mas empobrecidos, ya que pese al inédito contexto internacional favorable para la economía argentina, que se refleja en sucesivos superávit de la balanza comercial muy pocas veces registrados en la historia argentina y 3 años ininterrumpidos de crecimiento de la economía, los índices de pobreza siguen siendo muy altos, afectando a casi 2 de cada 5 personas. Del mismo modo se realzan los índices superávit arios en términos fiscales mientras hay gente que muere de hambre y de causas evitables día tras día. Digo esto por que se da por entendido que al estado le sobran recursos luego de haber atendido y cubierto todos los gastos generados por las necesidades de su población.

Según un informe semanal que emite el Instituto para el Desarrollo Social Argentino, aun manteniéndose la economía en crecimiento de no mediar transformaciones profundas en las políticas laborales y sociales, el gobierno terminara su mandato con niveles de pobreza superiores a los del fin de la década menemista, con todo lo que eso dice. El informe es muy concreto y afirma que el crecimiento de la economía argentina es del 9 por ciento en un contexto mundial y de la región muy favorable, donde las condiciones para paliar la pobreza son inmejorables, solo hace falta decisión política. Los datos estadísticos lo demuestran: la incidencia de la pobreza a finales de 1998 era del 30%, en el 2001 había alcanzado el 38% y en la segunda mitad del 2002 explotó hasta llegar al 57%. El buen momento actual apenas alcanzó para reducir la pobreza a poco menos del nivel de finales del 2001″. Mientras tanto, la mujer del presidente y senadora justicialista, que por estos dos espacios que ocupa, considero, que le sobra responsabilidad, se asombra de la cantidad de pobres e indigentes que hay en Argentina y dice que «los índices de pobreza son vergonzantes» y se animo a mas diciendo que «hay resultados positivos», habría que ver que entiende por positivo, tendiendo en cuenta la enorme desigualdad originada durante los últimos años y bajo mandato kirchnerista. Sobre esto mismo hace hincapié el informe de IDESA, cuando dice que la devaluación produjo una acelerada recuperación de la economía pero del mismo modo se produjo una importante redistribución regresiva del ingreso. Y lo preocupante surge de acá, si se tiene en cuenta el contexto de bonanza, que sucederá en momentos donde el crecimiento sea más moderado, tal como lo prevén los indicadores. Los datos oficiales marcan que la diferencia entre el 10% mas rico de la población y el 10% mas excluido es de 26 veces, pero desde diferentes consultoras e inclusive desde el mismísimo INDEC reconocen que estos números serian abruptamente superiores, llegando a superar en 30 veces. Esta diferencia tan abismal, es vergonzante si se la compara con la de la década del 70 donde los ingresos de los que estaban en la cima de la pirámide superaban en 12 veces a los que se encuentran en la base. La diferencia se mantiene o aumenta desde el 2001 a esta parte aun con el marcado aumento en la producción argentina. Y respecto de esta redistribución regresiva del ingreso, el gobierno no parece hacerse eco, ya que como afirma Maximiliano Montenegro, «el Presupuesto 2007 mantiene todas las exenciones impositivas de los ’90. Siguen las que favorecen a la actividad financiera, de la misma manera, los jueces no pagan impuesto a las Ganancias. Después de tres años y medio de gestión al presidente Kirchner no pareciera molestarle que lo llamen conservador en materia tributaria, aunque esa actitud choque no sólo con el declarado objetivo de mejorar la distribución del ingreso, sino también con el más mínimo criterio de equidad. En el Presupuesto 2007 no hay ninguna reforma tributaria que alivie la carga de los impuestos sobre los que menos tienen. Pero además se mantienen exenciones impositivas a la medida de los sectores de altos ingresos. Según los propios números oficiales, si el Gobierno se atreviera a eliminar las exenciones más groseras, fácilmente conseguiría elevar la recaudación en unos 5500 millones de pesos, dinero suficiente para financiar un aumento a los jubilados de casi el 20 por ciento, por ejemplo». Y sigue afirmando mas cuando hace referencia a la exención de impuestos hacia las transacciones financieras y como el sistema tributario afecta a los trabajadores, «esta exención no es la regla, sino la excepción en el mundo. No existe en ningún país desarrollado. En Argentina fue defendida siempre por el lobby bancario y los consultores de la city con el argumento de que el país necesitaba la repatriación de capitales financieros y, por lo tanto, no había que «castigarlos» con impuestos. Sin embargo, esta desgravación es todo un símbolo de los premios que reparte el Estado argentino y de las señales que envía a la sociedad: alguien que vive de rentas, cobrando 100.000 mil pesos anuales de intereses en plazo fijo, no paga nada de impuesto a las Ganancias. En cambio, un trabajador con un sueldo de 3500 pesos está alcanzado por el tributo». Para seguir en este camino de redistribución regresiva del ingreso los ejemplos sobran. La ley de incentivos impositivos a la exploración y explotación de los hidrocarburos aprobada por el Congreso fiel al ejecutivo, es más de lo mismo y también es vergonzante. Carece de sentido para un gobierno popular, subsidiar a empresas privadas, que tienen ganancias millonarias, con recursos del estado. Dentro de este tema lo que se pueden vislumbrar son dos paradojas. Por un lado, teniendo en cuenta que son las empresas petroleras las que más han ganado con la convertibilidad y también con la devaluación, dentro de un contexto mundial inmejorable donde el barril de petróleo esta en valores extraordinarios, no se entiende que se los deba incentivar para que inviertan. Por otro lado, no se escucha la voz de los economistas de la ortodoxia liberal, hablar de la reducción del estado y de la supresión de subsidios. Mientras los beneficios sean para ellos son capaces de renunciar a la Biblia de la economía de mercado. Por esto el analista económico, Alfredo Zaiat, es tajante cuando afirma «teniendo en cuenta ese proceso de acumulación, que el Estado otorgue subsidios o resigne recursos fiscales mediante beneficios impositivos para que inviertan ganadores del modelo (las petroleras) es un tránsito a contramano del objetivo manifiesto de revertir una estructura que reproduce desigualdad».

Hay mucho discurso para la gilada, si tomamos como referencia el problema que puede a llegar a ocasionar la escasez de energía eléctrica en unos meses, vemos que las soluciones que pretenden implementar no atacan la raíz y no pretenden generar igualdad. Alguien con incidencia en las decisiones de las empresas proveedoras de energía, dijo que lo que se debe hacer, si lo que se pretende atacar es la desigualdad en términos energéticos, es cobrar tarifa social a la mayoría de la población y arrancarles la cabeza a aquellos que gastan mas, que son los edificios de lujo, countries y empresas. Del mismo modo, Montoya desde la AFIP no ha atacado a los que mas ganan, sino solo ha producido ciertos actos de relevancia mediática sin mayor efectividad. Según datos de organismos oficiales, solo pagan el impuesto a la riqueza poco mas de medio millón de personas, esto solo nos dejaría la impresión que en la Argentina solo unas 500.000 personas poseen un patrimonio mayor a cien mil pesos. Y si tomamos a los que superan el millón de pesos, solo encontramos a 19.000 personas. Todos estos datos nos permiten realizar un pormenorizado análisis y comparación de las variables de crecimiento de la economía, de la disminución en la desocupación y la enorme desigualdad, lo que nos facilita entender a modo de conclusión que el incremento en los niveles de producción se produce sobre el marco de mayor explotación laboral, y de mayor desigualdad distributiva. Esto deja en claro la falta de decisión política por parte del estado para incidir en el plano económico y generar de esta manera mayor redistribución. De este modo queda claro que mas allá de lo que digan muchos optimistas, no ha existido ningún cambio sustancial en materia económica y social respecto de lo que pasaba en los años ´90, por que como decía Jacobo Timerman al dar origen a La Opinión: «será de izquierda en lo cultural, de centro en lo político y de derecha en lo económico». Mejor definición del gobierno de Kirchner no encontré.