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Estados Unidos

¿Estabilizadores automáticos para evitar el abismo fiscal? ¿Es broma, verdad?

Fuentes: New Economic Perspectives

Robert Reich ha escrito una serie de artículos sobre «la gran negociación» y el «abismo fiscal». En este quiero comentar el titulado «El movimiento de apertura del Presidente en la «gran negociación» (II): legislar un estabilizador automático», porque creo que es un buen ejemplo de progresismo derrotista. Reich comienza: «Cuando se reúna con los líderes […]

Robert Reich ha escrito una serie de artículos sobre «la gran negociación» y el «abismo fiscal». En este quiero comentar el titulado «El movimiento de apertura del Presidente en la «gran negociación» (II): legislar un estabilizador automático», porque creo que es un buen ejemplo de progresismo derrotista.

Reich comienza:

«Cuando se reúna con los líderes del Congreso este viernes para iniciar las discusiones sobre cómo evitar el «abismo fiscal» que se avecina, el Presidente debe dejar claro que América se enfrenta a dos grandes desafíos económicos: poner  la economía en funcionamiento una vez más y poner bajo control el déficit fiscal. Pero ambos requieren estrategias opuestas. Volveremos a relanzar la economía si impulsamos la demanda mediante la reducción de impuestos a la clase media y más gasto público. Conseguiremos controlar el  déficit fiscal si aumentamos los impuestos y reducimos el gasto público. (Se pueden aumentar los a los ricos en el corto plazo sin dañar la economía porque los ricos ya gastan tanto como quieren, que es lo que significa ser rico)».

Así, el buen «progresista» define el problema de manera similar que el resto en Washington. Y asume que todos están de acuerdo con ello, especialmente con la idea de que el déficit presupuestario está fuera de control y que tenemos que reducir el déficit aumentando los impuestos y reduciendo el gasto público. Pero así da por perdido la mitad del juego por estar de acuerdo en lo esencial con los halcones del déficit. Pero ¿por qué acepta que el déficit debe ser «controlado», lo que implica que el déficit es un problema? ¿Por qué tenemos nosotros que aceptarlo? ¿Por qué no hay una explicación? ¿Cuando vamos a conseguir que estos «progresistas» expliquen exactamente por qué el déficit, la deuda y la relación deuda-PIB son un problema para ellos?

Después de todo, Robert Reich es lo suficiente viejo como para saber que el Gobierno de los Estados Unidos es un emisor de moneda y que no hay déficit en el que puede incurrir que este más allá de su poder para imprimir más dinero. Así que ¿por qué cree que es un problema? Veamos si somos capaces de tener un atisbo de donde surge la preocupación de Reich sobre «el problema del déficit».

Pero antes de hacerlo, señalemos brevemente que el comentario fácil de Reich de que gravar más  a los ricos no dañará la economía, no es del todo cierto,  ya que por cada dólar que gravan el PIB se reduce aproximadamente 0. 30 centavos. Es fácil arreglarlo, por supuesto, invirtiendo una cantidad equivalente a la cantidad de impuestos exigidos en algo más productivo que los recortes de impuestos a los ricos. Pero ya que podemos gastar fácilmente esa cantidad de dinero en cosas más productivas si se quiere, no hay ninguna razón que venga exigida por una escasez imaginaria de dólares para gravar más a los ricos. Por supuesto, hay muchas más razones para subirles los impuestos:  justicia, equidad, el deseo de hacerles pagar por unos beneficios ilegítimos, etc.. Pero la necesidad de dinero para que el Gobierno lo pueda gastar en otras cosas es una de ellas.

«Todo se reduce a tiempo y secuencia: en primer lugar, relanzar la economía. A continuación, abordar el déficit presupuestario».

Relanzar la economía, sin duda. Pero, de nuevo, ¿por qué hay que «abordar» el déficit?

«Si reducimos demasiado el déficit y lo hacemos demasiado pronto, tenemos un problemas. Por eso es tan peligroso el abismo fiscal. La Oficina Presupuestaria del Congreso y la mayoría de los economistas independientes defienden que eliminará tanta demanda de la economía que nos empujará de nuevo a la recesión. Es la trampa de la austeridad de bajo crecimiento, alto desempleo y caída de los ingresos fiscales del Gobierno en la que se encuentra Europa. No queremos caer en ella».

Ciertamente no queremos ir por el camino por el que Europa transita últimamente. Es un gran ejemplo de cómo no se debe administrar la salida de un gran crac financiero. Pero ¿por qué Reich y otros progresistas creen que pueden evitar acabar como los estados miembros de la eurozona posponiendo la reducción del déficit, o no abordándola? El supuesto aquí es que se debe haber y llegará un momento cuando se pueda reducir el déficit sin dañar la economía. Pero ¿qué pasa si no existe ese momento? ¿Qué pasa si cualquier reducción sustancial del déficit por debajo del 4% del PIB, una cifra que se prevé en la mayoría de los planes de reducción de déficit que se ofrecen, implica hacer más pobre al sector privado en la contabilidad nacional?

No es sólo una cuestión teórica. Ahora mismo Estados Unidos importa más de lo que exporta por un monto superior al 4% del PIB. Si seguimos haciéndolo y el déficit público se reduce por debajo del 4% del PIB, entonces será literalmente imposible alcanzar un superávit del sector privado en la contabilidad nacional, y si seguimos con esa política, año tras año, el sector privado perderá cada vez más activos financieros netos en la medida en que el Gobierno se come la economía privada en un ataque de irresponsabilidad fiscal, que muy lejos ya de 1984, los defensores de la austeridad llaman contradictoriamente «responsabilidad fiscal».

Aunque la economía estadounidense esta recuperándose y el desempleo tiende a disminuir, aún no estamos fuera de peligro. En un futuro previsible (de seis meses a un año, al menos) el Gobierno tiene que seguir gastando, y la clase media en el sentido más amplio tiene también que mantener el gasto, sin que sufra impedimento alguno por cualquier subida de impuestos.

Por supuesto, es verdad, pero la «clase media en el sentido más amplio» puede no tener mas remedio que dejar de consumir por recortes en el gasto público del Gobierno y de la red de seguridad y la reducción del déficit, sin aumentar los impuestos a la clase media, puede suponer en una buena parte que tengan lugar esos tipos de recortes, si se llega a algún tipo de compromiso con los halcones del déficit sobre el presupuesto.

«Pero esperar demasiado para reducir el déficit también dañará la economía – asustando a los acreedores y provocando la subida de las tasas de interés».

Ahora comenzamos a intuir cual es el problema de Reich: tiene miedo de los «vigilantes de los bonos» y de su supuesto poder para elevar las tasas de interés y que nos dejen con un montón de intereses que aumentaren aún más el déficit. Por lo tanto, toda esta preocupación por el problema del «déficit» es en realidad miedo a los mercados y a Reich quizás no le preocupase tanto gestionar el déficit si pensase que el  FED, junto con el Tesoro, controlan los objetivos de tasa de interés, y que los mercados de bonos son impotentes a la hora de imponer su voluntad al Sr. Bernanke y al Secretario del Tesoro, si ambos quieren mantener las tasas de interés cerca de cero, o en cualquier otro tipo de interés que consideren apropiado que Estados Unidos pague. Si ello es cierto, puedo asegurar al profesor Reich que los mercados de bonos y las agencias de calificación son incapaces de elevar las tasas de interés contra la determinación combinada del FED y del Tesoro de mantener las tasas de interés bajas.

Podemos entenderlo si imaginamos lo que sucedería si el FED continua situando el objetivo de los intereses a un día cerca de cero, y el Tesoro emite sobre todo deuda a 3 meses. Sabemos que la deuda a corto plazo condiciona fuertemente la tasa de interés a un día, y que no hay nada que puedan hacer los mercados. Así, si el objetivo del FED es, digamos, 0,25%, y si el Tesoro emite solo deuda a corto plazo, el resultado será que los mercados no pueden elevar las tasas de interés mucho más, incluso si Moody´s es lo suficiente idiota como para reducir la calificación de la deuda de EE UU por debajo de la de Japón.

Por ello, cualquier «gran negociación» para evitar el abismo fiscal debe incluir un estabilizador automático que desencadene los recortes en el gasto y cualquier aumento de impuestos a la clase media sólo cuando la economía sea lo bastante fuerte. En mi opinión, el desencadenante automático debería ser dos trimestres consecutivos de 6% de paro y 3% de crecimiento del PIB.

Los estabilizadores automáticos son una muy mala idea y odiaría estar entre ese 6% de parados cuando se produjesen los recortes y el aumentos de impuestos previstos, ya que esos niveles no son los que se asocian con una economía en auge o lo suficientemente próspera como para soportar durante años de gasto publico recortado por debajo de un nivel de déficit inferior al  necesario para compensar la pérdida de demanda agregada debida a nuestro déficit comercial. Un mecanismo automático de este tipo dañaría a una economía frágil, funcionando lejos del pleno empleo, y haría crecer el paro, al mismo tiempo que reduce los activos financieros netos del sector privado durante los años de reducción del déficit provocado por dicho plan. Dependiendo de los detalles del mecanismo automático y suponiendo que no hay ninguna burbuja crediticia en el sector privado que posponga el día del juicio final, esta asegurada una recesión por un imprevisible, pero relativamente corto, espacio de tiempo.

Y tenga en cuenta, por favor, que esta noción de Reich es una propuesta de oferta inicial de Obama, que presumiblemente está abierta a la negociación. Por lo tanto, ¿esta dispuesto Reich a aceptar una reducción del déficit compatible con una tasa de desempleo (U-3) del 7%? ¡Menudo desastre de «progresista»!

Pero la verdadera equivocación es establecer cualquier tipo de estabilizador automático. La idea es realmente idiota desde un punto de vista económico. La política fiscal debe orientarse de acuerdo con nuestras expectativas acerca de sus posibles efectos en la economía  real; no por algún esquema que asume que los déficits son «malos» y deben ser reducidos. ¡Ya no vivimos bajo el patrón oro, profesor Reich! Un déficit no es nada más que la cantidad en la que el gasto público supera los ingresos fiscales. ¡Es sólo un número!

Para evaluar su conveniencia tenemos que situarlo en el contexto de lo que quiere ahorrar el sector privado, y cuánto quiere importar, asumiendo la voluntad de otros países de exportar a los Estados Unidos. La mejor política fiscal es la que gasta lo que Estados Unidos necesita gastar para resolver sus graves problemas y lograr fines públicos y que al mismo tiempo permita al déficit situarse al nivel que exija ese volumen de gasto público.

Por supuesto, demasiado gasto deficitario puede causar inflación. Pero el remedio adecuado para ello es aumentar ciertos impuestos y reducir ciertos gastos de tal manera que el resultado de dicha política fiscal sea la estabilidad de precios y el pleno empleo. El tamaño del déficit o el superávit no pueden sustituir dichos resultados reales, y una política fiscal responsable debe intentar no maximizar, minimizar u optimizar tanto los déficits como los excedentes, tomándolos por objetivos en vez de los resultados reales de la política fiscal del Gobierno. En otras palabras, hay que gestionar la política fiscal con arreglo a los resultados reales acordados y olvidarse de los déficits y excedentes per se. Deben tratarse como insignificantes efectos secundarios, no como el eje de la responsabilidad fiscal, como lo fueron con el patrón oro.

«Para asegurarse de que esto no se convierte en un medio de evitar la reducción del déficit, ese mecanismo automático debe ser parte integrante de cualquier legislación sobre la «gran negociación» – irrevocable, a menos que cuente con el acuerdo de dos tercios de la Cámara y el Senado, y la firma del Presidente».

Por favor, ¡basta ya de legislación idiota que intenta restringir la libertad de acción de futuros congresos! El contexto de la política fiscal esta en continuo cambio, y el Gobierno debe adaptarse a las condiciones cambiantes. Futuros gobiernos tendrán que tomar en cuenta cosas que han pasado o puedan salir mal. Nosotros no, y no debemos ni podemos condicionarlos con mecanismos automáticos incapaces de tener en cuenta las condiciones futuras que puedan presentarse.

El abismo fiscal es en sí mismo un ejemplo de este principio. El «abismo», después de todo, es producto de un mecanismo automático de frenada. Y ahora, después de que funcionase, ¿ha funcionado para el Congreso y el resto de nosotros? Por el contrario, ha hecho parecer al Congreso muy, muy estúpido y ha hecho más evidente que el abismo fiscal sólo existe en la medida que lo ha creado el Congreso y ahora se niega a solucionarlo de manera que no afecte a la economía. Y ha puesto a la nación en un aprieto, sometido al Congreso a una presión insoportable y a la gente bajo más «doctrina del shock». El acuerdo que lo diseño era lo último que necesitábamos. Pero lo tenemos, porque la gente recurrió a un mecanismo automático.

Ahora Reich quiere recurrir a otro tipo de estabilizador automático. Pero lo que necesitamos de verdad es recuperar la auténtica responsabilidad fiscal y un poco de educación sobre lo que significa tener una moneda no convertible de hecho, un tipo de cambio flotante y carecer de deudas en una moneda que no sea la nuestra.

«El mecanismo automático tranquilizaría a los acreedores que somos serios a la hora de poner en orden nuestra hacienda. Y nos permitiría lograr nuestros dos objetivos en la secuencia correcta: que la economía se recupere y posteriormente controlar el déficit. Es sensato y posible. ¿Pero el Congreso y el Presidente lo harán?»

Si la razón principal para el mecanismo automático es evitar que los acreedores reaccionen mal ante los intentos de crear una economía que alcance el pleno empleo con un salario digno y la prosperidad para todos los estadounidenses, así como una economía moderna capaz de satisfacer nuestras necesidades de salud, educación, infraestructuras, energía, lucha contra el cambio climático y medio ambiente, entonces debemos detener la emisión deuda y acabar con el mercado de bonos relacionado con nuestro Tesoro. Acabaremos de un plumazo con el peligro de que nos desborden los costes de los altos tipos de interés y los «vigilantes de los bonos» perderán toda relevancia para las finanzas de Estados Unidos. Entonces, ni el profesor Reich ni nadie tendrá que preocuparse más sobre lo que piensan o dejan de pensar «nuestros acreedores» sobre nuestro déficit, nuestra deuda nacional o cualquier otra cosa que nos afecte.

La última vez que estudie el asunto, relativamente pocos inversores del mercado de bonos eran votantes estadounidenses. Así que, ¿por qué deben tener la menor influencia sobre lo que queramos hacer?

Joe Firestone es director ejecutivo de Knowledge Management Consortium International (KMCI) y colaborador habitual del blog New Economic Perspectives, que divulga la Teoría Monetaria Moderna (MMT).

Traducción para www.sinpermiso.info: Gustavo Buster

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5443