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La enfermedad como arma

Estados Unidos bloquea las vacunas del covid para Venezuela

Fuentes: Counterpunch [Imagen: Rafael Urdaneta en Pixabay. Fumigación en los “ranchos” de Caracas]

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Según el secretario general de las Naciones Unidas Antonio Guterres, el 75% de las vacunas distribuidas desde febrero de 2021 han ido a parar a los 10 países más ricos del mundo. En la reunión de la hermandad del G7 la pasada semana, los dirigentes se comprometieron a “compartir” hasta 2.000 millones de dosis de sus vacunas “sobrantes”. La OMS ha declarado que no son suficientes, pues se necesitan 11.000 millones de dosis (1). La organización World Vision también teme que sea muy poco y llegue muy tarde (2).

Biden promete apenas medio millón de dosis, pero ninguna para Venezuela (3). Y no solo eso, sino que EE.UU. está intentando por todos los medios que no llegue ninguna vacuna al país. Si esto no es un crimen contra la humanidad, nada lo es.

Estados Unidos ha intentado derribar el gobierno del presidente Nicolás Maduro con golpes de Estado, ciberataques, sabotajes a las infraestructuras, intentos de asesinato, invasiones “humanitarias”, invasión por paramilitares y mercenarios, manipulación de la moneda nacional, financiación de bandas urbanas violentas y una infame campaña mediática de calumnias. Ahora, en mitad de una pandemia, Estados Unidos no vacila a la hora de utilizar la enfermedad como arma. Ha presionado a la alianza COVAX de la ONU, cuya única misión es facilitar el acceso a las vacunas a países de renta baja y media, para que no permita que lleguen a Venezuela. Estados Unidos ha bloqueado cuatro transferencias de Venezuela a la COVAX por valor de 10 millones de dólares  pendientes de cobro, del total de 120 millones destinado a pagar 11 millones de dosis. Esta despreciable interferencia ha sido confirmada por la propia COVAX y por la Organización Panamericana de la Salud (4).

El presidente Maduro lo ha llamado robo. El banco suizo UBS alega con desvergüenza que se limita a seguir los requisitos legales y reguladores, lo cual es una farsa y un embuste, pues las llamadas sanciones de EE.UU. son ilegales, unilaterales y coactivas, y no tienen ninguna base en el derecho internacional. Pero los bancos suizos no tienen ningún escrúpulo en aceptar el blanqueo de dinero, el dinero de criminales, mafiosos y narcotraficantes, pero cumplen servilmente las medidas de odio de EE.UU. contra un país que solo pretende comprar vacunas en mitad de una pandemia devastadora de alcance mundial.

Así que mientras los “líderes” se comen una barbacoa y posan para las fotos en la pintoresca localidad de Cornualles, mientras descargan su bilis contra China y Rusia, no hacen sino adoptar  una pose sobre cómo dirigen el mundo, mientras los acontecimientos reales les pasan de largo.

China y Rusia les eclipsan a todos ellos en términos de solidaridad internacional y humana. Desde los mismos inicios de la pandemia Rusia y China han compartido medicinas, mascarillas, oxígeno, equipamiento médico y ahora vacunas, con las naciones pobres. Rusia y China han donado millones de vacunas a los países más necesitados. Casi la mitad de los 250 millones de dosis producidas en China han sido enviadas a 49 países (118 millones). Rusia ha donado a 22 países: Italia, Serbia, China, Irán, Corea del Norte, las naciones de la antigua Unión Soviética y, por supuesto, Venezuela. Y está cooperando con Sudáfrica para la producción de la Sputnik V. Comparemos estos datos con Estados Unidos, donde de los 164 millones de dosis producidas, solo han ofrecido 4 millones a México, y son las sobrantes, que EE.UU. no necesita (5).

La historia ya ha reservado un lugar para estos hombres y mujeres del G7 por su incapacidad para dirigir. Deberían abrir los ojos y ver lo que está escrito en la pared: su actuación es muy deficiente. Pretenden actuar como Lady Bountiful, que daba limosna a los pobres, cuando lo que deberían hacer es renunciar a las patentes –llamadas eufemísticamente derechos de propiedad intelectual– y colaborar con los países para que pudieran producir ellos mismos las vacunas. Pero eso desmerecería el gran espectáculo humanitario de su supuesta generosidad.

La sitiada Venezuela no puede comprar o vender en el mercado internacional. Se le ha despojado de los activos que posee en 33 bancos internacionales, Estados Unidos le ha robado su compañía petrolera CITGO, le han incautado ilegalmente sus depósitos de oro en Gran Bretaña y ni siquiera puede vender su propio petróleo. La crisis económica no tiene parangón, y no ha sido causada por el socialismo sino por las sanciones económicas y financieras y la manipulación de la moneda de Estados Unidos –que ha sido admitida abiertamente por el senador Murphy (6) y por el New York Times (7).

En medio de esta crisis económica y ahora de la pandemia de coronavirus ¿de dónde ha venido la ayuda? De Rusia, China y Cuba. Ya han llegado a Venezuela 2.730.000 dosis de vacunas en 9 remesas: 7 de Rusia y 2 de China. En unas pocas semanas se espera que lleguen otras 900.000 dosis de Rusia y 1,3 millones de China. Y cuando empezó la pandemia estos países donaron a Venezuela todo tipo de medicamentes y equipos que eran necesarios. Irán también ayudó con alimentos y especialmente con la muy necesaria gasolina.

Pero lo mejor de todo es que estos países verdaderamente humanitarios van a ayudar a Venezuela a producir sus propias vacunas. El país acaba de firmar un contrato con la compañía rusa GeoPharm para producir 10 millones de dosis de la EpiVacCorona, la segunda vacuna rusa tras la Sputnik V. Además Venezuela fabricará también la vacuna cubana Abdala en un laboratorio de Caracas ya identificado.

Hay 77 puntos de vacunación en todo el país y ha habido un alto nivel de participación en el proceso de vacunación. Casi el 11% de la población ha recibido ya la primera dosis de la vacuna Sputnik V o la VeroCell china.

Estaba previsto que COVAX enviara más vacunas en julio y agosto. Venezuela ya ha pagado la mayor parte de los 64 millones de dólares necesarios para sufragar 11 millones de dosis, que cubrirían otro 20% de la población. Sin embargo, los 10 millones que constituían la última cantidad adeudada han sido retenidos por el banco suizo UBS por orden de Estados Unidos. Con las dosis del COVAX, Venezuela esperaba completar la vacunación del 70% de la población.

Pero Venezuela es un caso singular, pues tiene uno de los datos de contagio más bajos de la región. Las estadísticas internacionales de Worldometer a fecha de 15 de junio de 2021 indican que Venezuela, con una población de 28,5 millones había tenido:

* 252.883 casos de covid-19 y 2.845 muertes. Eso significa 8.917 casos por millón de habitantes y solo 100 muertes por millón.

El número de casos en los países de la región son del orden de millones y el número de muertes por millón es incluso más desastroso:

Perú encabeza la lista con 5.655 muertes por millón de habitantes y el resto de los países están entre 1.000 y más de 2.000 por millón (véase el cuadro).

Si la economía venezolana se encuentra en una situación tan deplorable y el gobierno ha perdido el 90% de los ingresos por petróleo ¿cómo pueden ser sus estadísticas tan envidiables en comparación con las de los países vecinos? ¿Cómo obtiene unos resultados tan buenos un país bloqueado que  no puede comprar medicamentos o equipos médicos en el mercado internacional? ¿Por qué ha habido tan pocos casos y muertes en Venezuela, muchos menos que en los países vecinos?

Estos datos indican que las medidas preventivas adoptadas para salvaguardar a la población venezolana parecen haber dado muy buenos resultados, a pesar del bloqueo económico que EE.UU., Canadá y la Unión Europea le han impuesto ilegalmente y a pesar de no contar con suficientes vacunas. Corrobora la lección de que, aunque sea importante y necesario, tener equipo y servicios médicos no es suficiente.

Las investigaciones muestran de manera consistente que la salud de una población se basa en la organización de su sociedad, en el modo en que se distribuyen los recursos y en el apoyo y los cuidados de que dispone la colectividad. A estos factores clave se les denominan los determinantes sociales de la salud y entre ellos están no solo los servicios sanitarios y médicos específicos, sino también la seguridad alimentaria, la educación y la alfabetización, la vivienda, la renta, una red de protección social y respaldo comunitario, así como la eliminación de la exclusión y la desigualdad social y un sentido de pertenencia social.

Durante los últimos 21 años, la transformación social experimentada en Venezuela con la Revolución Bolivariana ha actuado más concertadamente sobre estos determinantes sociales de la salud general de la población. No ha logrado por completo alcanzar sus metas, ha sufrido serios contratiempos, algunos debidos a la ardua tarea de transformar un país arruinado política y económicamente por las élites que utilizaban la inmensa riqueza petrolera en beneficio propio, dejando a la abrumadora mayoría de la población en la pobreza. Pero, además de ese tremendo desafío, los gobiernos de Chávez y de Maduro han tenido que defenderse continuamente de la agresión económica y política del imperio más poderoso de la Tierra, Estados Unidos, Canadá y sus otros aliados. A esa agresión externa ha contribuido desde el interior una élite supremacista, rica y antidemocrática, empeñada en debilitar los avances de la revolución y aliada con los enemigos del país con la esperanza de que estos les retornen al poder.

Venezuela ha sido capaz de hacer frente a la pandemia mejor que los países vecinos con una economía centrada en el mercado por muchas razones:

* Tiene un gobierno cohesionado que ha centralizado la campaña contra el covid-19 siguiendo los mejores consejos de sus expertos médicos y epidemiológicos.

* Ha promovido la cooperación de todas las jurisdicciones: gobernadores, alcaldes y consejos municipales.

* Ha desarrollado durante dos decenios un sistema público de salud accesible e integral, desde las clínicas de barrio y de pueblo hasta los hospitales secundario y terciario, financiados íntegramente por el Estado.

* Ha obtenido la cooperación de las clínicas privadas con los hospitales públicos, lo cual, en un entorno polarizado políticamente, ha sido una auténtica bendición para la población.

* Ha compartido las medicinas y equipos médicos que ha sido capaz de obtener con pacientes de la sanidad privada: todas las medicinas para el covid-19 son gratuitas para los individuos.

* Las escuelas, todas las instituciones públicas, la radio y la televisión, el ejército, los bomberos y la policía han desarrollado una incansable campaña de salud pública para informar a la población sobre la enfermedad y sus medidas de protección.

* Innumerables organizaciones de voluntarios se han unido a esta campaña: consejos comunales, comunas, todo tipo de colectivos, organizaciones de base y comités de barrio.

* El sistema de confinamiento 7×7 ha demostrado su eficacia: siete días de confinamiento absoluto seguidos por otros siete de menores restricciones pero, en cualquier caso, manteniendo la distancia social y las mascarillas.

* Las calles y los edificios públicos se limpian y desinfectan regularmente; los visitantes extranjeros que llegan a los aeropuertos u otros puntos de entrada al país se someten a un examen médico y deben pasar cuarentena. Hay un seguimiento y rastreo de todos los pacientes covid.

* Ha promovido la agricultura y realizado fuertes inversiones en seguridad alimentaria.

* El gobierno ha sido capaz de desempeñar estas funciones gracias a la admirable dedicación y trabajo de voluntarios y organizaciones populares.

Pero todo este trabajo no quita que, por culpa de las sanciones de EE.UU. y sus aliados, los venezolanos diabéticos no puedan conseguir insulina, los pacientes con glaucoma sus gotas oculares esenciales, los enfermos de sida los antirretrovirales y muchas operaciones quirúrgicas no puedan realizarse por falta de los medicamentos necesarios. El Dr. De Zayas, experto en Derechos Humanos de la ONU, ha afirmado que más de 100.000 venezolanos han muerto directamente  a causa de la falta de medicinas producto de las sanciones ilegales de EE.UU. (8).

El presidente Biden, que se presenta como demócrata y católico, tiene sus manos manchadas de sangre venezolana, lo mismo que su predecesor, pues está continuando su agresión asesina contra un país que no ha causado ningún daño a Estados Unidos o a su pueblo.

Notas:
[1]
  TELESUR, https://www.telesurenglish.net/news/G7-Vaccine-Donation-Is-Not-Enough-To-Fight-COVID-19-WHO-Says-20210615-0003.html.

[2] Palabras del portavoz de World Vision Michael Messenger, citado in M. Brewster, “G7 meeting ends with promise on covid-19, climate, mentions China”, CBC News, 13 junio 2021)

[3] Biden afirma “No Strings Attached” to Vaccine Donations, But Venezuela Is Blocked from Getting Any”, Democracy Now, 11 June 2021

[4] “Outrage as COVAX Reports Blocked Vaccine Payments, US Sanctions Blamed”, Paul Dobson, Venezuelanalysis.com, 15 June 2021

[5] https://www.nbcnews.com/news/world/russia-china-are-beating-u-s-vaccine-diplomacy-experts-say-n1262742, https://healthpolicy-watch.news/russia-and-chinas-bilateral-vaccine/

[6] “US-Venezuela Policy has been an unmitigated disaster”,  https://www.murphy.senate.gov/newsroom/press-releases/murphy-us-venezuela-policy-has-been-an-unmitigated-disaster-we-played-all-our-cards-on-day-one-and-its-been-an-embarrassment-ever-since, 4 agosto 2020

[7] “Even The New York Times Now Admits That It’s US Sanctions, Not Socialism, That’s Destroying Venezuela” Peter Bolton, 8 junio 2021, COUNTERPUNCH

[8] Alfred De Zayas, “ Former Un Rapporteur on Human Rights: US Sanctions Have Killed more than 100,000 Venezuelans”, Black Agenda Report, 4 marzo 2020,  https://www.blackagendareport.com/former-un-rapporteur-human-rights-us-sanctions-have-killed-more-100-thousand-venezuelans

María Páez Víctor es una socióloga nacida en Venezuela y residente en Canadá.

Fuente:  https://www.counterpunch.org/2021/06/18/disease-as-a-weapon-has-the-us-blocked-vaccines-for-venezuela/

El presente artículo puede reproducirse libremente siempre que se respete su integridad y se nombre a su autora, a su traductor y a Rebelión como fuente de la traducción