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Euro-BRICS, la oportunidad perdida de Europa

Fuentes: El salto [Imagen: Macron, Xi Jinping, y Von der Leyen durante el encuentro del 6 de abril. ]

Europa desaprovechó la oportunidad de haber buscado un nuevo equilibrio global post-crisis, que pasaba por reforzar e intensificar las agendas y reuniones entre Eurolandia y los BRICS

Nos movemos hacia un mundo multipolar. De eso no cabe ninguna duda. Lo último, la ampliación de los BRICS, donde a los cinco países iniciales -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- se unirán el año que viene otros seis -Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Argentina, Egipto y Etiopía-. Su potencial económico -el PIB ajustado por paridad de poder adquisitivo de los BRICS ampliado supera al del G7-, sus ingentes recursos naturales y demográficos, el potencial investigador y educativo de algunos de ellos, y no solo de China, les dota de la capacidad suficiente para poner punto final al período de control occidental sobre el planeta.

La solución óptima pasaría, sin duda, por asumir desde Occidente esta nueva realidad multipolar, de manera que la cooperación y no el conflicto fuera la estrategia finalmente adoptada, sobre todo por parte del eje Washington-Londres. Por encima de todo hay un nexo común que vertebra a los distintos y heterogéneos países BRICS, su hartazgo del dominio blanco y anglosajón. Nuestras frágiles democracias ya ni siquiera son ejemplo de nada, al convertirse en Totalitarismo invertidos “a la Sheldon Wollin”, incapaces de competir en condiciones de igualdad con la gobernanza china.

India, y, sobre todo China, han aprovechado el hueco y la oportunidad que les dio Occidente, y solo es cuestión de tiempo que el país de la Gran Muralla recupere el trono mundial que ejerció durante milenios

India, y, sobre todo China, han aprovechado el hueco y la oportunidad que les dio Occidente, y solo es cuestión de tiempo que el país de la Gran Muralla recupere el trono mundial que ejerció durante milenios. Los últimos 150 años son, en la interpretación china, un paréntesis del que han aprendido los errores. Estados Unidos lo sabe y trata de ganar tiempo e influencia para, llegado el momento, no quedarse descolocados. Lo que estamos viendo se puede resumir en una frase “China is not emerging. It is re-emerging”.

Nadie, salvo Estados Unidos, puede competir con un país con un desarrollo tecnológico, como es el caso de China, que además tiene un control estatal de la tierra, de la banca y una planificación estratégica de largo plazo. Solo un conflicto de orden militar puede frenar aquello que es inevitable. El peligro es que desde los Estados Unidos se haga esta interpretación, como ya está ocurriendo. Pero tal como advierten los propios militares estadounidenses, ya es tarde para ello. Además, las alianzas que ha tejido China, alrededor de los BRICS, y con distintos países en Latinoamérica, Asia y, sobre todo, en África, lo haría inviable, sino explosivo.

Para entender la eficacia de la gobernanza china, más allá de la imposibilidad de los distintos sectores industriales de occidente de competir en igualdad de condiciones con ella, permítanme desempolvar un hito chino del que apenas se habló en su momento en los medios occidentales: China en 2020 erradicó la pobreza extrema, mientras que en Europa y Estados Unidos crece. Lo logrado por China equivale a más del 70% de reducción de la pobreza global y lo alcanzó 10 años antes del plazo establecido por la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

Y Europa, ¿qué debería haber hecho?

Europa, sin duda, desaprovechó la oportunidad que se le abrió con la Gran Recesión. En vez de haber buscado un nuevo equilibrio global post-crisis, que pasaba por reforzar e intensificar las agendas y reuniones entre Eurolandia y los países BRICS, nos convertimos en una colonia definitiva de los Estados Unidos, ligando nuestra suerte al devenir estadounidense. Para ello, y sobre todo para desgracia de la población ucraniana, se activó el avispero ucraniano.

En plena Gran Recesión, y frente a la actitud defensiva y obstruccionista de Estados Unidos y, muy especialmente de Reino Unido, las reuniones que se produjeron entre expertos de países Euro-BRICS en temas tan diversos como el sistema monetario y financiero, relaciones comerciales, energía y materias primas, o seguridad y gobernanza mundial, representaba un cambio importante de perspectiva en favor de una solución cooperativa tremendamente práctica de salida de la crisis hacia un mundo mejor.

Los europeos, a partir de nuestro proyecto común, con todas nuestras contradicciones y profundas diferencias, teníamos mucho que aportar sobre cómo, desde un punto de vista práctico, poder solucionar conflictos de intereses integrando la heterogeneidad, especialmente ante la cautela de la posición china. Las bases para un acuerdo Euro-BRICS pasaban por ciertas lecciones previas. Cuatro de ellas, en particular, merecían la pena y constituían en su momento un buen punto de partida, y que finalmente el tiempo ha acabado, tristemente, diluyendo.

En primer lugar, la riqueza, variedad, y novedad de los intercambios Euro-BRICS iniciados, eran discordantes con la trivialidad, uniformidad y simpleza de los intercambios tradicionales entre los europeos y cada uno de los países BRICS individualmente. En segundo lugar, se verificaba la ausencia en el núcleo de las relaciones internacionales de las dos últimas décadas de un dialogo equivalente entre la red europea –multinacional, estructural e institucionalizada-, y el rápido desarrollo de la red de carácter multinacional de los países BRICS.

Un potencial acuerdo Euro-BRICS en aquellas fechas hubiese supuesto un poder de influencia potencial en los asuntos internacionales no alcanzado hasta ahora

En este sentido, y en tercer lugar, un potencial acuerdo Euro-BRICS en aquellas fechas hubiese supuesto un poder de influencia potencial en los asuntos internacionales no alcanzado hasta ahora. El diálogo directo Euro-BRICS abarcaba en aquellos momentos la mitad de la población mundial, más de 3.500 millones de habitantes, e implicaba indirectamente a cuatro continentes-Asia, América del Sur, África, y Europa. Finalmente, en las reuniones celebradas en aquellas fechas, las partes reafirmaron la convergencia crítica en muchos temas relativos a la gobernanza mundial y los principales retos globales de las próximas décadas.

Se trataba de puntos esenciales que hubiesen permitido anticipar si nos encaminábamos a un mundo mejor, o por el contrario continuábamos con el caos instalado en las últimas décadas. Tristemente, las acciones de nuestros dirigentes, salvo alguna excepción, como la de Jacques Chirac, Gerard Schroeder, o Ángela Merkel, nos han arrastrado a la solución negativa, la del conflicto. El problema es que ahora el poder de los BRICS ya no lo podemos obviar y para ellos solo somos una colonia estadounidense, sin más. Me temo, por lo tanto, que nuestra suerte final será aquella que se decida desde el eje Washington-Londres, quizás, tal vez con la presencia esporádica de París.

Juan Laborda. @JuanLabordah

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/analisis/euro-brics-oportunidad-perdida-europa