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Europa en la encrucijada

Fuentes: Celag

La deriva de la Unión Europea no se inició con la crisis financiera, económica y social que comenzó a manifestarse en el año 2008. La deriva se produjo con la firma del Tratado de Maastricht. La aprobación del Tratado en 1992 coincidió con la publicación del libro de Francis Fukuyama «El fin de la historia […]

La deriva de la Unión Europea no se inició con la crisis financiera, económica y social que comenzó a manifestarse en el año 2008. La deriva se produjo con la firma del Tratado de Maastricht. La aprobación del Tratado en 1992 coincidió con la publicación del libro de Francis Fukuyama «El fin de la historia y el último hombre» donde el autor defendía que tras la caída del mundo bipolar, las pugnas ideológicas habrían concluido, y la labor de los gobernantes quedaba circunscrita únicamente a la gestión. En definitiva, la disputa política había desaparecido y el neoliberalismo se había impuesto de manera irreversible.

El Tratado de Maastricht recogió esta idea, y los mandatarios de los diferentes países, divididos en una suerte de «populares» (demócrata-cristianos y conservadores) y «socialistas» (social-demócratas abrazados al neoliberalismo), se dedicaron a la gestión tecnocrática de la política europea.

El gobierno de Syriza ha sido el primero en más de dos décadas en cuestionar estos mandatos «tecnocráticos» que conducen sin remedio al austericidio. Tal y como escribía hace unos días Alfredo Serrano, Grecia, con Alexis Tsipras en el Gobierno, ha recuperado «la política en la economía». La decisión valiente del ejecutivo heleno de que sea el pueblo quien decida su futuro causó estupor en el resto de «socios» de la unión, aún postrados en la vieja (anti)política. El resultado ya conocido, el pueblo griego votó masivamente por el NO a las medidas de austeridad, NO a las medidas de ajuste, NO a la pérdida irreparable de soberanía, en definitiva, NO al al acuerdo ofrecido por los «socios» europeos.

Así, el 61,31% de los votantes expresaron su rechazo a seguir aceptando los recortes impuestos por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), frente al 38,69% que aún confía en las fórmulas fallidas. Con la victoria del NO (OXI), Grecia empieza a poner los cimientos para la construcción de una nueva Europa, donde los países centrales del proceso no puedan vapulear a los países de la periferia como si fueran auténticos vasallos.

La disputa por la Unión Europea está servida. Tras el apoyo mayoritario del pueblo griego a la propuesta del gobierno de Syriza, ahora es la Unión Europea la que se encuentra en la encrucijada de seguir ahogando a un pueblo que clama por su soberanía, o escucharlo y sentarse a negociar, sabiendo que sobre la mesa no puede seguir apareciendo la austeridad contra un pueblo que ya ha sufrido demasiado.

Las griegas y griegos han comprendido que las mismas recetas que le han llevado al actual agujero no le sacarán del mismo. La deuda griega representaba a finales de 2014 el 177,1% del PIB, lo que suponía un aumento de más de 70 puntos porcentuales desde el inicio de la crisis; el PIB ha caído en estos últimos años más de un 26% y la tasa de paro es del 25,9%. Esas son algunas de las cifras que ha dejado los años de la no pugna política en Grecia y que se han traducido en el alarmante incremento sin precedentes de la desigualdad y la pobreza.

El mandato del pueblo griego ha sido claro, y ahora es Europa la que debe mover ficha si quiere que la Unión Europea siga siendo el proceso de integración que incluya a la mayoría de los países de la región. El retorno de la política y, sobre todo, la superación de la visión únicamente económica y comercial bajo ese falso sentido tecnocrático que impregna al discurso neoliberal, son las claves para la construcción de una nueva Europa. Una Europa más social, solidaria y justa. Pero si por el contrario, los dirigentes europeos caen en el inmovilismo y siguen sin aceptar este nuevo momento en la construcción regional, la Unión Europea corre el serio riesgo de comenzar a perder parte de sus integrantes. Empezará Grecia, pero el resto de la periferia se irá levantando progresivamente para reivindicar su soberanía y una salida justa a la injusticia impuesta por la Troika. Decía Trinidad Jiménez (política española del PSOE) el domingo tras conocerse los resultados del referéndum «Tsipras no se ha enterado de cómo funciona Europa», el problema, sin embargo, es que Europa se ha olvidado de cómo funciona la democracia.

http://www.celag.org/europa-en-la-encrucijada-por-sergio-martin-carrillo/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.