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¿Existe un proceso revolucionario en Venezuela?

Fuentes: Rebelión

El siguiente texto es una desgrabación de una charla realizada a finales de Marzo de este año por Nora Ciapponi.


Me quiero referir esencialmente a lo que está en debate, concretamente a si existe o no un proceso revolucionario en Venezuela.  Creo que este es el punto central. Por lo menos fue lo que intentamos responder en el libro que editamos  con Guillermo Cieza, Miguel Mazzeo y Sergio Nicanoff titulado «Venezuela: ¿La revolución por otros medios?». Allí -como hoy-, intentaré salir de dos visiones que desde la izquierda (entendida en un sentido amplio) son para nosotros un tanto limitadas y monotemáticas porque centran todos sus análisis y políticas en el Presidente Chávez, sea para hacer una defensa incondicional, o la crítica más encendida. 

Quién es Chávez, qué contradicciones y límites expresa su figura, qué lugar ocupa en el proceso revolucionario Venezolano, no lo ignoramos ni queremos ocultar. Pero somos enfáticos al afirmar que una mirada dirigida casi exclusivamente a su figura, termina siendo profundamente reduccionista del proceso que con toda su contradictoria riqueza, vive apasionadamente el país hermano. Desgraciadamente, y aún cuando muchas de las críticas son planteadas por organizaciones que se reclaman internacionalistas, se olvida permanentemente que los procesos más avanzados (Venezuela, Bolivia) no son más que dos grandes estrellas en un Continente que con inmensas desigualdades, experiencias y desafíos viene transformando una resistencia más o menos generalizada, en claros bastiones de avanzada. ¿Porqué no ver entonces los límites continentales que influencian y/o condicionan a Venezuela y Bolivia? ¿Porqué exigir todo de esos pueblos y dirigentes, cuando más que nunca su suerte y la de nuestros países dependen de los avances que podamos dar colectivamente a nivel Continental? ¿Cómo y desde dónde podemos aportar a ello? ¿Cómo inscribirnos desde nuestros países al llamado a construir  el Socialismo del Siglo XXI?

 

El llamado proceso revolucionario

 

En primer lugar nos parece muy correcto llamar proceso revolucionario a lo que vive Venezuela desde hace algunos años, ya que no se trata de la revolución entendida como el único y resuelto acto de la toma del poder, sino de cambios y confrontaciones de clases que producen importantes saltos por la acción colectiva a través del tiempo, en la propia vida, organización y conciencia del pueblo trabajador, como de la sociedad toda. Tan es así que la definición «proceso revolucionario» es utilizada cotidiana y extendidamente por los sectores populares venezolanos como la simple forma que permite ilustrar en un sentido dinámico,  algo que se viene construyendo.  

Y aunque innegablemente se puede hablar más claramente de proceso revolucionario a los convulsionados últimos 6 o 7 años, es un hecho que el mismo se inscribe en la ruptura del «orden institucional» producido  con el llamado Caracazo de 1989, cuando transcurridos sólo catorce días de la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez (su segundo mandato presidencial)  se anunció desde  el nuevo gobierno la aplicación de  un programa de ajuste y reestructuración de la economía de clara orientación neoliberal. El intento gubernamental fue respondido con una extendida y violenta rebelión popular en la ciudad de Caracas, la que dejó en extrema vulnerabilidad al supuesto «orden democrático» y a sus instituciones, incluidos los partidos políticos y los sindicatos.

Ello puso de presente el mismo problema que enfrentaron varios países latinoamericanos y nosotros mismos en 2001 (12 años después de la rebelión de Caracas). Nos referimos a la descomposición y crisis de representatividad que corroe a todos los mecanismos e instituciones llamadas «democráticas». Sin embargo, los venezolanos y especialmente los caraqueños tienen una inmensa virtud respecto a nosotros, cual es que el Caracazo puso un freno al proyecto neoliberal antes de su propio desarrollo, y no como en Argentina que la movilización surgió pos privatizaciones, saqueo de los recursos naturales, financierización de la economía, destrucción del aparato productivo y del país todo.

El «Caracazo» instaló por tanto y sin vuelta atrás,  la debacle de los dos viejos partidos que se alternaron en el poder durante décadas, Acción Democrática y COPEI, ahora señalados como responsables de haber llevado al país a una profunda crisis económica, todo lo que dejó un importante espacio para la acción permanente de la protesta callejera protagonizada por amplios sectores populares que reclamaban por sus reivindicaciones y derechos.

Es esta la razón por la que el imperialismo no pudo avanzar nunca en el proyecto de privatizar el petróleo venezolano y otros sectores claves de la economía.

Fue así que el movimiento popular comenzó una incesante búsqueda de líderes u organizaciones políticas que lo representaran, devorándose en cortos períodos de tiempo a las distintas organizaciones que aparecieron con un ropaje «progresista» como Causa R o el MAS, y que ganando algunas gobernaciones apenas surgieron, terminaron con un gran desprestigio por representar en forma creciente los intereses de la burguesía y EE.UU.

La búsqueda por una nueva representación continuó,  por caminos bastante inéditos para nosotros. Estando en Venezuela en 1992 cuando Chávez intenta dar el golpe de estado veía -con no poco asombro- que la mayoría de la población pobre  quería sin dudas, que el golpe triunfara. Bueno, ya existían en sus proclamas y discursos, muy fuertes denuncias contra los viejos partidos, como también propuestas que el pueblo abrazaba como propias. Igualmente, luego del fracaso del golpe, Chávez fue detenido.

El pequeño grupo venezolano con el que milité pero que tenía mucho prestigio e influencia en las fábricas y que dirigía algunos sindicatos (especialmente en las ciudades de Maracay y Valencia y que se llamaba PST-La Chispa), intentó siempre comprender la creciente influencia que Chávez tenía sobre los sectores populares y resolvió darle solidaridad y visitarlo en la cárcel.  De esta manera el actual Presidente Venezolano conoció a Modesto Guerrero, periodista venezolano que vive hace años en Argentina y que pertenecía al PST Venezolano…

Chávez ha sido y es, por tanto, también construcción del propio pueblo, el que no sólo enterró a los viejos partidos del régimen a través de la lucha como buscó tenazmente una nueva expresión política que alcanzara dimensiones liberadoras. Y aún cuando esa unidad (pueblo-líder) esté plagada de contradicciones, resulta evidente que no pueden disociarse fácilmente. 

¿Cómo construye la clase trabajadora una real autonomía para la tarea de transformación social? ¿Desde qué organizaciones que no abdiquen de su independencia política y organizativa? ¿cómo evitar que sean asfixiadas y domesticadas por el peso estatal y gubernamental ? ¿Cómo resolver sin sectarismo o políticas de falso «realismo» la aguda contradicción existente entre el pueblo trabajador como un todo, sus experiencias, organismos, proyectos, y el peso que tienen las opiniones y decisiones de Chávez como líder?  ¿Cómo resolver las permanentes tensiones entre estado y autonomía? ¿Cómo luchar por la necesidad imprescindible de que la clase trabajadora y el pueblo vayan conquistando cada vez mayor protagonismo, autodeterminación y autoorganización?  Palabras más, palabras menos son estas preguntas y sus distintas respuestas las que cruzan los debates entre los sectores de la amplia vanguardia del proceso Venezolano hoy.

 

El regreso de alejadas utopías  

 

Lo que es real, más allá de las características innegablemente caudillistas del Comandante Chávez, es que luego de más de una década de frustraciones y derrotas de nuestros pueblos, ha sabido recolocar con toda fuerza los perdidos conceptos de revolución y socialismo como fundamentales objetivos estratégicos de lucha.

Y confieso que en aquel estadio desbordante de personas hace ya más de tres años en Porto Alegre cuando se cerraba el Foro, me emocioné escuchando su discurso que hablaba de la necesidad de superar el capitalismo y de construir el socialismo, de hacer la revolución, o de luchar por la II Independencia Latinoamericana… Fueron tantos los aplausos, tan lleno de jóvenes estaba ese estadio, tanta fuerza tendrían los ecos de esas  palabras en el Continente (en pequeñísima parte allí presente), que no hice nada por interpretar «intenciones», o para mal pensar en que la acción posterior pudiera no corresponder con dichas palabras. Las sentí mías, y las disfruté…

Porque es necesario reconocer que los militantes que mantuvimos viva la idea de socialismo, durante más de una década no pudimos transmitirla más allá de pequeños círculos. Más aún, cuando caído el llamado «socialismo real» hace ya más de 15 años, la idea misma de socialismo sigue estando asociada a los oprobiosos regímenes del Este.

 

¿Un peligroso interregno?

 

Igualmente, cuando viajé en Enero de este año a Venezuela sentí que las aguas habían bajado bastante, que había una especie de «meseta» en el proceso. Evidentemente, no  representan lo mismo los años 2002/2003 con el intento del golpe de estado y luego el paro sabotaje patronal, o el rotundo triunfo electoral posterior… No existe hoy una confrontación callejera, y los resultados electorales del segundo mandato venían  prácticamente sin contratiempos…

Esto tiene su importancia, porque el permanente hostigamiento de la burguesía al gobierno y al pueblo no logró las derrotas buscadas, como por el contrario, a cada asonada de la reacción hubo siempre una contundente respuesta popular, la que terminaba siempre conduciendo a una mayor profundización del proceso revolucionario, lo que fue sirviendo para que la clase obrera y el pueblo tuvieran mayor confianza en sus propias fuerzas, ya que se hacían fundamentales experiencias y ensayos, como la que hicieron los trabajadores con el control obrero en PDVSA y otras empresas durante el paro sabotaje empresario que duró más de sesenta días, entre diciembre 2002 y enero del 2003.

Fue luego de estos puntos cualitativos de lucha, cuando comenzó a instalarse la idea de superar el capitalismo, de ir hacia la construcción del socialismo del siglo XXI.

La reacción (como señaló Chávez en alguno de sus discursos) los había impulsado y obligado incluso a buscar un horizonte más amplio y emancipador. 

Es a partir del control económico sobre PDVSA (logrado después de la derrota del paro sabotaje patronal en 2003) que desde el estado se lanzan los proyectos conocidos como Misiones, los que sin dudas fueron garantizadas con la participación activa de los pobladores de los barrios. Así, la Misión Robinson I para erradicar el analfabetismo logró que hubiera más de 1.300.000 alfabetizados; la Misión Robinson II, que es la finalización del ciclo primario (en dos años); la Misión Ribas que se ocupa de incorporar a la educación secundaria; la Misión Sucre para la educación superior; la Misión Barrio Adentro, que brinda servicios de salud primaria preventiva y curativa en las comunidades; la Misión Mercal para la alimentación, no sólo en comedores sino a través de mercados en los que se compra mucho más baratos todos los productos básicos alimenticios, etc. etc.

Con estas misiones yo he visto cómo en los barrios los vecinos más activos ponían sus modestísimas viviendas a disposición, sea para dar albergue a un médico cubano, para un comedor[1] (se cocina en un lugar donde se distribuye la comida, para que se dicten clases, o simplemente para puestos de expendio de productos, o para contener a chicos de la calle abandonados…

Por eso apenas se logra establecer un diálogo en cualquier barriada popular, transmiten  cómo se sienten dignificados, reconocidos, respetados, tenidos en cuenta como seres humanos… Se emocionan mucho porque estudian y -dicen- ahora podemos «participar de las reuniones y opinar».  Y es por eso que se anotan en actividades u ofrecen lo poco que tienen para que el proceso avance…

Por todo esto es muy equivocado mirar sólo lo que pasa en las alturas…

Comprender porqué el pueblo trabajador venezolano está dispuesto a luchar a muerte por un gobierno al que considera suyo, tiene una importancia enorme por tanto… 

Y más allá que Chávez diga una y otra vez que sólo representa un instrumento en la lucha de su pueblo (y  seguramente hay demagogia en esta afirmación), es un hecho que la gente lo vive así. Porque el pueblo fue capaz de parar todas las intentonas reaccionarias y defendió al que considera su gobierno; porque derrotaron a los viejos partidos y a sus proyectos neoliberales, porque tras ellos también arrinconaron a EE.UU., y porque ganaron una y otra vez en las calles y en las urnas. Sencillamente, porque son protagonistas de su propia historia.

 

El socialismo que no fue y el que puede ser

 

Es un hecho que respecto al llamado de Chávez a construir el socialismo del Siglo XXI no se sabe claramente qué significa. Pero la sola instalación del debate es una oportunidad inmensa, también para demostrar nuestra utilidad, ya que trasciende a Venezuela, abarcando profundos elementos de balance del pasado siglo y de las revoluciones que en él se desarrollaron, de los cambios operados en la relación capital-trabajo y en el propio mundo del trabajo… Desgraciadamente un debate como éste, de cara al pueblo trabajador y para que el mismo participe, no se está haciendo ni impulsando como se necesita, dado que en gran medida hay una extremada simplificación, ya sea en los discursos de Chávez o en la repetición de viejas fórmulas que la experiencia ya desechó, pero que tozudamente y desde la izquierda se siguen manteniendo como verdades inmutables.

Entrando en las páginas de «aporrea» (www.aporrea.org/) la más importante página web de apoyo al proceso revolucionario, sin embargo, se pueden encontrar aportes muy valiosos a éste y otros debates. Un compañero que yo y otros compañeros respetamos, que se llama Carlos Lanz Rodríguez, (que no viene de la izquierda tradicional ni del trotskismo) y que actualmente es Presidente de CVG Alcasa, (una importante empresa de producción de aluminio en la que se está realizando la más importante experiencia de control obrero), llega a conclusiones teóricas a partir de las valiosas experiencias en las que está inmerso, como también por atreverse a revisar su propio pasado militante.   

Así, correctamente entra al debate de socialismo desde un único y mismo punto de partida y llegada, cuál es la construcción de autonomía de la clase trabajadora. Con ello retoma y recupera las centrales premisas marxistas que el llamado «marxismo soviético» se dedicó a deformar. Y por esa razón no evita realizar un agudo balance de lo que representó la ex URSS y el rotundo fracaso que alcanzó esa burda «alternativa» al capitalismo.

Avanzando en sus reflexiones, coloca una serie de temas nodales en forma de interrogantes, también como disparadores  de una elaboración que permita proyectar una sociedad más allá del capital, y que nos parecen centrales:  

 

 

«¿Puede construirse el socialismo manteniendo la contradicción entre el proceso de trabajo y la valorización o aceptando la primacía del valor de cambio por encima del valor de uso?

¿Puede construirse el socialismo sin poner en discusión la obtención de plusvalía, el pillaje legalizado del plustrabajo, trabajo excedente o trabajo no pagado al obrero?

¿Puede construirse el socialismo aceptando los paradigmas industriales propios del capitalismo, como son el taylorismo, el fordismo o el neofordismo?

¿Puede construirse el socialismo partiendo de la concepción de la productividad del trabajo que se fundamenta en la parcelación del saber y de la tarea, es decir, en la profundización de la separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual del obrero?

Estos son interrogantes -dice Carlos Lanz– que demandan respuestas por parte de los revolucionarios que  creemos en el socialismo. No responderlas es reproducir la vieja conseja gatopardiana: cambiar para que nada cambie». [2]

 

De esta manera se interroga no sólo al Comandante Chávez y a su gobierno, sino también a numerosas organizaciones de izquierda que centrando sus críticas en el gobierno (por no avanzar hacia el socialismo) se siguen negando a cualquier balance de las experiencias del siglo XX, y por lo tanto continúan dogmáticamente centrando toda su política en la única necesidad de expropiar los medios de producción, como si ello representara una llave mágica para llevar a buen puerto la construcción del socialismo. Creemos que no sólo ha quedado demostrado que hubo otras formas de explotación en la ex URSS llevadas adelante desde el Estado mismo[3], sino que esta pesada herencia sigue actuando sobre la conciencia de millones de personas en todo el mundo, lo que nos obliga a enfrentar la difícil tarea de reinstalar la idea de socialismo separando la paja del trigo. Esta tarea no debería ser de Chávez, sino nuestra y debemos asumirla. De lo contrario, y esencialmente por nuestra responsabilidad,socialismo quedará como una palabra vacía de cualquier contenido emancipador, ajena a la comprensión y objetivos del pueblo trabajador venezolano y latinoamericano.

 

Consejos comunales, obreros, cogestión, movimientos

 

En el discurso del mes de Diciembre del año pasado, después de las elecciones Presidenciales, Chávez planteó que había que profundizar y expandir el proceso revolucionario y continuar acelerando la construcción del socialismo.  

Paralelamente se anunció que los consejos comunales[4] que habrían tenido un primer reconocimiento exitoso, serían jerarquizados y extendidos a todo el país con el objetivo de fortalecer el poder popular. Realmente los consejos comunales son organismos vivos, que funcionan con el esfuerzo activo de los pobladores de los barrios, que discuten sobre todos los problemas, de trabajo, de salud, de vivienda, de educación, y los que en sus decisiones enfrentan, no pocas veces,  a los poderes municipales constituidos.  También se habló a principios de este año (por parte del nuevo Ministro de Trabajo José Ramón Rivero), de impulsar en las empresas privadas los consejos obreros, que tendrían que ir avanzando en una forma de propiedad social, enlazando con las poblaciones -representadas por los consejos comunales- que se verían beneficiadas económicamente por el aporte del sector privado.[5] Pero salvo estos primeros planteos, prácticamente no se volvió a hablar de los Consejos Obreros…

Sin embargo en el proceso revolucionario que vive Venezuela, con estas realidades y propuestas a veces muy contradictorias, es un hecho que la sociedad va cambiando, redefiniendo relaciones e instituciones, desafiando viejos hábitos y obediencias, como afirmando  poderes y capacidades en quienes hasta ayer eran mantenidos en la pasividad y sumisión. Y en ese terremoto, no se salvan ni el estado ni el gobierno, por lo que se producen todo tipo de tensiones y confrontaciones.

¿Cómo hacer entonces para que en un sentido socialista el pueblo pueda (a partir de estos u otros organismos que puedan crearse) ir logrando cada vez mayor poder económico, social y político? Los consejos obreros, por ejemplo, tienen una importancia central. Van más allá del capital, hacia la transformación social, a definir quién controla, si el estado burgués o el nuevo poder que se va gestando desde abajo y prefigura la nueva sociedad. Y ello no niega la existencia de los sindicatos, menos que menos que sean autónomos, democráticos, de lucha, que puedan empalmar estratégicamente con los consejos obreros y las experiencias de cogestión y/o control obrero.

Ahora ¿cómo se hace para oponerse a las propuestas del gobierno? Diciendo: «No, en realidad Uds. están en contra de que el consejo comunal o los consejos obreros se conviertan en órganos de poder, porque en realidad pretenden cooptar a estos organismos para mejor controlar todo desde arriba, desde el aparato del estado…»

Si actuamos así, creo que nos equivocaremos y seguiremos siendo un puñado de honestos revolucionarios, pero no transformaremos ninguna realidad.

Seguramente, muchas de estas tensiones no están resueltas. Ni en uno ni en otro sentido. La tensión entre estado y autonomía, por tanto, seguirá siendo una profunda fuente de contradicciones y luchas, y de cómo ello termine resolviéndose dependerá en gran medida la suerte de la revolución y de una verdadera transformación socialista.  Tal vez termine primando con fuerza la figura caudillista de Chávez para enchalecar y domesticar al movimiento popular.  O por el contrario, desde abajo, se avanzará en cada vez mayor autonomía respecto al estado, liberando todas las energías transformadoras contenidas en el pueblo. Continuarán por tanto los enfrentamientos con la burguesía y la  clase media reaccionaria, pero también -probablemente- contra quienes desde el poder intenten frenar o desviar el proceso…

Podremos avanzar también si el continente se dispone a conquistar su independencia y emancipación. No sólo desde Venezuela y Bolivia, sino del conjunto de los pueblos latinoamericanos.

Lo que sin dudas va a estar a prueba, es si los revolucionarios latinoamericanos somos capaces de ponernos a la altura de los desafíos, haciendo todos los esfuerzos necesarios para desechar lo que ha sido negado por la experiencia, mirando las nuevas realidades y la riqueza de los movimientos surgidos, tratando de interpretarlos y desarrollarlos en lugar de anularlos, con el objetivo de que se conviertan en palancas decisivas de transformación social.

La riqueza contenida en los movimientos sociales y culturales autónomos, es por otra parte muy grande en Venezuela, aún cuando la izquierda organizada como tal sea débil. Dichos  movimientos han sido capaces de construirse en medio de inmensas dificultades y existen en diversos ámbitos de la vida social y económica del país. Y aunque no han logrado constituir un espacio político-organizativo común vienen desarrollando acciones conjuntas, compartiendo espacios de solidaridad y respeto, a la par de defender su autonomía respecto al estado y al gobierno. Para nombrar sólo a algunos, nos referimos a la nueva Central (UNT), al movimiento campesino Ezequiel Zamora, al de medios alternativos (ANMTA), y a otros diversos movimientos socio-políticos que avanzan en debates y propuestas que aportan a una real transformación social. No creemos que esta riqueza -parte indisoluble también de la lucha del pueblo venezolano- pueda ser maniatada con facilidad desde las alturas.

 

La decisión gubernamental de construir el PSTUV

En últimas, no me detuve en el tema del partido socialista unido de Venezuela (PSTUV)  porque creo que las discusiones centrales son las que hemos planteado. Sin embargo no ignoro que es un tema importante y que merece una atención especial que no podemos desarrollar aquí hoy.  Qué organización construir debe surgir como resultado de los objetivos de lucha que nos propongamos, qué tipo de sociedad por la que luchamos y prefiguramos hoy, qué socialismo… Y es ello lo que deberíamos priorizar en el debate, pero igualmente sabiendo que tal vez la agenda nos imponga con rapidez discutir sobre el PSUV, porque nos podemos encontrar con la sorpresa de que su misma existencia imposibilita -tal vez- el debate de todas estas centrales cuestiones. El peronismo en Argentina, o el PRI en México por ejemplo, lograron controlar desde arriba a la clase trabajadora, estatizando sus sindicatos y construyendo sus propios partidos, impidiendo de esta manera el surgimiento de otras expresiones sindicales o políticas, lo que terminó por convertirse en un freno para el desarrollo autónomo de los trabajadores. En Venezuela no existían hasta el momento estas dificultades. Se aceptaba la autonomía de los sindicatos y de la nueva Central, pero no existía ninguna expresión organizada de las masas que apoyan a Chávez. 

Igualmente, es fácil comprender que el pueblo venezolano está harto de los burócratas y corruptos que pululan en los distintos sellos de los pequeños partidos de arribistas y que nada expresan en sus barrios o lugares de trabajo. Si el Partido Socialista Unido de Venezuela -dicen- sirve para terminar con esta situación que repudiamos, es bienvenido. .

Pero nosotros, que balanceamos críticamente otras experiencias, aún cuando comprendamos el porqué del rechazo popular, tenemos muchas preocupaciones. Por ejemplo, que el partido único acabe con la actual libertad para disentir y para organizarse de manera autónoma. O de que se intente por la vía de los partidos «unicos» decretados desde arriba, asfixiar toda la riqueza contenida en el desarrollo de las ideas y  movimientos que permitieron llegar a la profundización del proceso revolucionario que hoy vive Venezuela.  O como fue en Nicaragua y que yo viví, que a partir del FSLN se resolvía que la Central Obrera sería Sandinista y la Campesina también, para luego terminar ambos organismos dirigidos por quienes se asociaron con la burguesía.

Chávez insiste que el partido será ultra democrático, que será dirigido desde la base y a favor de la base, para profundizar la revolución e ir hacia el socialismo, que no será  meramente electoral, que será de lucha, de participación, y en el que no tendrían cabida ni acceso los corruptos. Pero las preocupaciones son mayores porque mientras Chávez plantea todo eso dice que no discutirá con nadie cómo debe ser ese partido y que no quiere perder el tiempo en discusiones interminables. A la par de ello, elige un Comité Organizador para el impulso del PSUV compuesto por una mayoría de arribistas y corruptos que nada tienen que ver con la lucha del pueblo… ¿En qué quedamos?  

Aprovechar un momento como éste, en el que los reaccionarios (escuálidos) parecieran  «estar tranquilos» es fundamental.  No desmovilizarnos igualmente implica no dejar de debatir hoy, sin descanso, cada una de las propuestas y medidas que puedan comprometer al proceso revolucionario y a su futuro. Para ello tendremos que buscar la apertura de todos los espacios que permitan abrir el debate y desarrollar todas las confluencias posibles con los movimientos y organizaciones que se mantienen independientes del estado y el gobierno. También para defender -ante eventuales peligro- la más amplia libertad de ideas, la mayor democracia conquistada en la lucha, y las organizaciones que al calor de ella y  trabajosamente, se fueron construyendo, palancas todas fundamentales que es necesario preservar y fortalecer para construir el socialismo del llamado siglo XXI. . 


[1]  Se cocina en un lugar y las familias retiran la comida  para comer en sus casas.

[2] Carlos Lanz Rodríguez, ¿Cuál socialismo?, www.aporrea.org

[3] «No es posible pensar en la emancipación del trabajo de su subsumisión formal y real sin desafiar radicalmente y derrocar la explotación en general, que ha asumido tantas formas diferentes en la historia, conservando siempre su esencia subyugadora. No es de extrañar, entonces, que el desplazamiento jurídico de los capitalistas privados en las sociedades posrevolucionarias de tipo soviético no pudiera ni tan siquiera arañar la superficie del problema» (Meszáros 2001). 

[4] Organizaciones de vecinos que resuelven -democráticamente y en asambleas- las prioridades a tomar en cuenta en la zona, las que abarcan el conjunto de las necesidades sociales (trabajo, salud, educación, vivienda, etc.), y a las que los diversos municipios deben responder. 

[5] «El Universal», 12 de Enero de 2007.