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Fitzcarraldo del «futebol» en la selva de Manaos

Fuentes: La Vanguardia

Mientras trabajadores luchaban contra reloj y contra los 32 grados de calor y una humedad superior al 80% para terminar la construcción del Arena Amazona antes del partido de Inglaterra – Italia (1-2) el sábado, aun se debate el futuro a largo plazo del nuevo estadio en la ciudad selvática de Manaos. Dificilmente se amortizarán […]

Mientras trabajadores luchaban contra reloj y contra los 32 grados de calor y una humedad superior al 80% para terminar la construcción del Arena Amazona antes del partido de Inglaterra – Italia (1-2) el sábado, aun se debate el futuro a largo plazo del nuevo estadio en la ciudad selvática de Manaos.

Dificilmente se amortizarán los 200 millones de euros gastados en la construcción del estadio, con aforo para 42.000 personas. Manaos – una ciudad con dos millones de habitantes en la orilla del rio Negro, a más de 1.000 kilómetros de la costa y sin acceso por carretera- tiene una tradición futbolística muy sui generis.

El gran acontecimento deportivo del año es el llamada el Peladão (Peloteo), un torneo de participación masiva de futbol rudimentario sin reglas como fuera de juego, en el cual los saques de banda se hacen con los pies, jugado en campos sin hierba y sin líneas marcadas. (Hubo temores el viernes en el equipo ingles de que las condiciones del campo en el nuevo estadio pudiesen mas del estilo Gran Peloteo que del «padrao» (patrón) de excelencia FIFA).

En el Peladão, participan más de 1.000 equipos y 13.000 jugadores – mujeres y hombres- con la participación también de 500 reinas de la belleza para la ceremonia de inauguración. «El Peladão es el polo opuesto del Mundial» ,dice el escritor y matematico inglés Alex Bellos autor del divertidísimo libro «Futebol» (Ariel, 2014). «Va de inclusión; y en algún sentido recuerda ese sentido del amateur que vino con el futbol a Brasil desde Inglaterra en el siglo XIX», explicó en una entrevista mantenida ayer.

En las amazonas hay otros ejemplos de la extraordinaria capacidad de improvisación del pueblo brasileño cuando se trata de jugar a futbol sin recursos. 600 kilómetros rio arriba, en la desembocadura del gran rio, se celebran torneos de «futelama» (futbol barro) que se juega sobre fango resbaladizo . «El partido se mantiene hasta que suba la marea; no terminas hasta que el agua llega al nivel de la rodilla», explica Bellos.

Pero en cuanto a futbol formal y profesional, Manaos y el estado de Amazonia, no tienen con qué llenar un estadio como el Arena Amazona. El club mas importante de la ciudad es Nacional Futebol Clube que no se ha claisificado para la serie A brasileña desde 1985. El único trofeo que ha ganado al margen de la liga local de Amazonia es la copa Rabat de Marruecos que conquistó en 1984. Además ya cuenta con un estadio. Atlétic Rio Negro hace décadas que no compite en el futbol de alto nivel. Lo cierto es que los clubes locales tienen menos hinchas en Manaos que los grandes clubes de Rio, . «Los gobiernos militares en los años sesenta y setenta fomentaron la afición a clubes como Flamengo o Fiumicino para hacer país en la colonización de las Amazonas», dice Oliver Seitz residente de Curitiba autor de una tesis doctoral sobre el fútbol brasileño para la Universidad de Liverpool. «Hay muchos estadios de discutible ultilidad en este Mundial pero Manaos es un caso extremo; no hay ninguna manera de que van a poder llenarlo», añade. Doce nuevos estadios se han construido ( o reconstruido en el caso del Maracaná en Rio) para el mundial de Brasil cuyo coste total se acerca 3.000 millones de euros.

Lo cierto es que el espectacular estadio de Manaos con su fachada futurista, recuerda en algún sentido al famoso liceo de opera en Manaos, obra del delirio de la fiebre de caucho del siglo XIX antes del gran pinchazo cuando los británicos robaron la semilla para sus plantaciones en malaya. O a los restos de la ciudad Fordlandia, un Detroit en las amazonas creada por Henry Ford para aprovechar el caucho, ahora una incongruente ruina industrial en la selva. Toda la historia del estadio de Manaos, una obra faraónica en la selva realizada heroicamente con no se sabe qué fin, evoca la película Fitzcarraldo de Werner Herzog sobre el empresario que trató de arrastrar un barco de vapor desde un afluente del las amazonas o otra, pese al montículo que los separaba. Al igual que Fitzcarraldo, el alarde ha cobrado las vidas de tres obreros muertos por las prisas de la construcción. «Deberían haber construido el estadio en Belem donde hay suficiente afición local; pero en Brasil la maquinación política siempre decide donde debe construye un estadio», dice Bellos. Concretamente, el ex presidente Luis Inacio da Silva utilizó los estadios para garantizar apoyo en estados aislados como Amazonia para el Partido de los trabajadores.

¿Qué se puede hacer , pues, para que el flamante estadio Arena Amazona no acabe como las fábricas de Henry Ford, tomada por la maleza tropical y estrangulada por lianas?

En septiembre del año pasado el juez Sabino Marques provocó estupor al proponer que el Arena Amazona sea utilizado para reducir el problema de sobrepoblación en las instituctiones penitenciarias del estado. «No veo un lugar mejor para alojar a los presos», dijo Marques, el responsable del comité que gestiona el sistema carcelario. El narco trafico (principalmente cocaína) en Manaos ha provocado un aumento fuerte de la delincuencia violenta, «Hasta que se construyan las cárceles estos dos edificios deben ser usados «, añadió el juez Marques en referencia al estadio y a un edificio construido para celebrar el carnaval. La auditora británica Ernst and Young tiene la difícil tarea de idear posibles usos alternativos para el estadio pero se negó dar información al respecto.

Puede que el Peladão sea una solución mejor para la delincuencia. Gracias a la participación de todas las comunidades de la ciudad en el anárquico campeonato, «la delincuencia baja durante los días de partidos porque todo el mundo esta involucrado», dice el principal organizador del torneo entrevistado en el libro de Bellos.

Esto contrasta radicalmente con el Mundial que paece estar excluyendo a la gente de renta media y baja. . Los precios de entradas para los cuatro partidos que se juegan en el arena amazonia oscilan entre 720 reales (240 euros) a 1400 reales. Entradas para el partido de ayer se vendían en el mercado negro por mas de 1200 euros. El salario mínimo en Brasil es de 740 reales (245 euros) mensuales . La a mano de obra (principalmente mujeres indígenas) en las miles de fábricas de ensamblaje que proliferan en los parques industriales de Manaos suele cobrar este salario minimo y en la economía informal se cobra mucho menos.

En general, en Brasil, «hay un proceso de elitización en el futbol brasileño que el mundial acelera; los estadios no se construyen para el 50% de la población sino el 10%», dijo Renato Consentino de la campaña Comité Popular de Copa y Olimpiadas. La media de espectadores en los estadios ha caído de 17.461 en el 2007 a 12.970 en e 2012 e incluso campos como Maracaná en Rio o el arena Fonte Nova en Bahía tienen sobrecapacidad del 30 o 40% para el publico en un partido medio.. En Manaos, peude serl del 80%. En el Peladão , en cambio, los campos improvisados se llenan de jugadores y espectadores ( que son los mismos). «El Mundial y el Peladão son dos extremos del futbol , medido desde la inclusión total a la exclusión absoluta», dice Bellos.

Fuente original: http://blogs.lavanguardia.com/diario-itinerante/?p=3054