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Gobierno de continuidad, pero más femenino

Fuentes: IPS

En plena cuenta regresiva para asumir la Presidencia de Brasil el 1 de enero, Dilma Roussef terminó de estructurar su gabinete, que anticipa un gobierno de continuidad y donde la mayor novedad es que su rostro será más femenino. No fue fácil para la presidenta electa decidir los 37 ministros de su gabinete y lograr, […]

En plena cuenta regresiva para asumir la Presidencia de Brasil el 1 de enero, Dilma Roussef terminó de estructurar su gabinete, que anticipa un gobierno de continuidad y donde la mayor novedad es que su rostro será más femenino.

No fue fácil para la presidenta electa decidir los 37 ministros de su gabinete y lograr, a la vez, satisfacer a los grupos aliados, reafirmar la fidelidad al Partido de los Trabajadores (PT), puntal del tercer gobierno consecutivo de izquierda, y dar continuidad a una gestión de ocho años, que culmina con 80 por ciento de popularidad.

Pero Rousseff recurrió a las cualidades de buena gestora y técnica, que destaca de ella el electorado y que demostró como ministra de la Casa Civil de su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, y encontró la fórmula para fortalecer la relación con el PT, no entrar en crisis con sus aliados y dar continuidad política y gerencial a los proyectos pendientes.

El resultado es un gabinete con nueve mujeres, varias en sectores determinantes, como planificación, desarrollo social y medio ambiente. Es un número que puede parecer limitado en otras latitudes y que está lejos del tercio que se había propuesto inicialmente, pero que triplica los ministerios asignados a mujeres por Lula.

Además, otros 13 titulares ya integraron el gabinete de Lula, como Guido Mantega, en el estratégico Ministerio de Hacienda, y Antonio Palocci, quien dirigió esa cartera y ahora ocupará el mismo cargo que antes tuvo Rousseff. Una posición muy influyente y donde se toman las decisiones estratégicas.

«Aparentemente la continuidad será la marca más importante. No hay ningún cambio importante a la vista», dijo a IPS Fernando Lattman, del Centro de Investigación y Documentación de Historia Contemporánea.

«La marca de Dilma está en la elección de mujeres para su gabinete. Pero desde el punto de vista político no hay grandes modificaciones», agregó.

Mauricio Santoro, analista político de la independiente Fundación Getulio Vargas, coincidió parcialmente con este análisis.

Consideró que el principal cambio de contenido se refiere a la mayor presencia femenina en el gabinete de Rousseff, la primera mujer en llegar a la Presidencia en esta potencia latinoamericana.

Pero subrayó también la importancia en el cambio de funciones de los ministerios, como por ejemplo el de Planificación.

Santoro recordó a IPS que ese despacho tendrá ahora el control de las grandes obras públicas de Brasil, que antes decidía la llamada Casa Civil (jefatura de gabinete o ministerio de la Presidencia). Al frente de esa cartera reforzada estará una mujer, Miriam Belchior, que ya ocupó otras posiciones en el gobierno de Lula.

Sobre esta mujer, como antes sobre Rousseff, pesará la responsabilidad de continuar obras claves para el gobierno de Lula, como el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), al que diferentes analistas asignan en buena parte la alta popularidad del mandatario saliente.

Un sondeo divulgado este miércoles 22 por la encuestadora Datafolha muestra entusiasmo por su próxima mandataria y por su gabinete. Nada menos que 83 por ciento de los consultados cree que Rousseff lo hará igual o mejor que Lula, mientras que 73 por ciento cree que su gobierno lo hará «bien u óptimo».

«¿Para qué cambiar los jugadores cuando el partido está ganado?», sintetizó alguna vez Lula apelando a sus habituales metáforas con el fútbol.

Su sucesora parece entenderlo así, como demuestra su decisión en el Ministerio de Política Exterior, donde cambió a la figura que dirigió la diplomacia de Lula, Celso Amorím, pero lo reemplazó por otro que tuvo funciones en el área: Antonio Patriota.

Para dirigir la política latinoamericana Rousseff mantuvo, además, a Marco García, un secretario de Relaciones Internacionales que ha estado presente en todas las negociaciones con los países vecinos durante la presidencia de Lula.

Santoro anticipó solo un cambio en cuanto a la política exterior. «Dilma ya habló de la necesidad de cambiar la política internacional de Brasil en materia de derechos humanos, para tener posiciones críticas a la cuestión de la mujer en Irán por ejemplo», analizó.

Las diferencias con la gestión de Lula, explican analistas y economistas, las dará el contexto.

Con una situación económica internacional menos favorable que la de los dos cuatrienios de Lula, será más complicado sostener el mismo crecimiento económico, de 7,5 por ciento anual en promedio, continuar la tendencia descendente del desempleo y combatir la desigualdad social.

Durante el gobierno de Lula salieron de la pobreza 30 de los 198 millones de brasileños, mientras ahora se debate si finalmente Rousseff deberá recurrir al antipático recorte de gastos en áreas tan claves para impulsar el desarrollo y las políticas sociales como el PAC.

Otros pronostican que en el presidencial Palacio de Planalto a partir del primer día de 2011 los cambios serán sobre todo de estilo. Rousseff, reconocida por su eficiencia y menos por su personalidad, deberá lidiar con el fantasma del «carisma» de Lula, al que el presidente de Estados Unidos, Barak Obama, definió como «the man» (el hombre).

En el conjunto de favelas (hacinadas barriadas marginales) del Complexo do Alemao, en el norte de Río de Janeiro, la cocinera Janaima Rosario se lamentaba del fin del mandato de Lula, mientras esperaba paciente su llegada para inaugurar una de las últimas obras de su mandato.

«Para gente pobre como nosotros es muy bueno que venga un presidente porque eso te valoriza. Y el único presidente que hizo eso fue Lula», dijo a IPS.

Lattman apeló nuevamente a las metáforas futbolísticas de Lula para explicar esas diferencias de estilo.

«Dilma no jugará tanto para la platea y sí para el equipo», ilustró al anticipar un gobierno «menos visible» y «más de trabajo adentro, arreglando la casa», que es propio de la cualidad de Rousseff como «gerente administradora».

Otro desafío será articular en el bicameral Congreso legislativo la maraña de fracciones políticas que determinan la gobernabilidad brasileña y mantener cohesionadas a las fuerzas que apoyaron la candidatura de Roussef.

Algunos de los nueve pequeños partidos de esa alianza quedaron insatisfechos con los ministerios asignados. El PT encabezará 17 ministerios, seguido del Partido del Movimiento Democrático con seis. Ocho de los miembros del gabinete no tienen filiación política conocida.

Y ello con las elecciones municipales en 2011 en el horizonte, lo que obliga a Rousseff y al PT a que todos los miembros de la alianza se sientan conformes.

Fuente original: http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=97191

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