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Hugo Chávez y la Iglesia Católica

Fuentes: Narco News

Cuando la gente me pregunta sobre la relación entre la Iglesia Católica Romana y el Presidente Venezolano Hugo Chávez, yo respondo que la Iglesia lo apoya fuertemente. Hace algunos años, tuve el privilegio de entrevistar a Samuel Ruiz, ex obispo de Chiapas, México. Luego de hablar con él por más de una hora sobre los Zapatistas, […]

Cuando la gente me pregunta sobre la relación entre la Iglesia Católica Romana y el Presidente Venezolano Hugo Chávez, yo respondo que la Iglesia lo apoya fuertemente.
 
Hace algunos años, tuve el privilegio de entrevistar a Samuel Ruiz, ex obispo de Chiapas, México. Luego de hablar con él por más de una hora sobre los Zapatistas, le pregunté si podíamos hablar sobre la Iglesia Católica. Él respondió algo como: «creí que estábamos hablando de la Iglesia Católica. Si lo que quieres es hablar sobre nosotros los obispos, está bien; pero nosotros no somos la Iglesia. Nosotros sólo somos una parte de la Iglesia».
 
En Venezuela es la gente que vive en los barrios y en las zonas rurales quienes constituyen la mayoría de la Iglesia Católica. Por lo tanto, cuando le digo a la gente que la Iglesia Católica apoya mucho a Chávez, estoy hablando de ellos, y aclaro que la mayoría de los obispos no lo apoyan.
 
El 19 de Octubre, los obispos y arzobispos de Venezuela emitieron un comunicado con el título «Llamados a Vivir en Libertad». Se trata de un documento muy crítico a la propuesta de reforma de la Constitución de Venezuela y termina diciendo que los obispos consideran la reforma «moralmente inaceptable a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia.»
 
Esas son palabras bastante duras. Para mí, «Moralmente inaceptable» es lo mismo que decir que la reforma es inmoral. He leído varias veces el comunicado y me pregunto si los obispos tienen la misma copia de la propuesta de cambios que yo tengo. Por ejemplo, ellos hablan de un Estado «marxista-leninista,» pero en ninguna parte de la propuesta consigo ninguna mención a Marx o a Lenin.
 
Ellos también dicen que «un Estado Socialista es excluyente, e implica el cese del pluralismo y de la libertad política y de conciencia de los ciudadanos.». Personalmente, no veo la relación. Especialmente cuando uno lee en la reforma propuesta para el Artículo 158: «El Estado promoverá como política nacional, la participación protagónica del pueblo, transfiriéndole poder y creando las mejores condiciones para la construcción de una Democracia Socialista.»
 
No voy a criticar cada párrafo o línea de su planteamiento. Lo que los obispos han hecho es construir un castillo de arena que se puede derrumbar. Ellos hablan acerca de cómo las constituciones en los países democráticos son el resultado de una amplia consulta. ¡Mentira! La constitución de los Estados Unidos al igual que la mayoría de las constituciones en el mundo fueron obras de un puñado de hombres. Hasta donde yo sé, solamente Venezuela ha tenido tal grado de participación en el tema. En 1999 todos los ciudadanos aptos para votar tuvieron el derecho de aceptarla o rechazarla. Creo que esa fue la primera vez en la historia del mundo que haya ocurrido un evento tan democrático como ese.
 
Sin embargo me gustaría plantear una interrogante que me parece pondría las cosas más en perspectiva: ¿qué derecho tienen los obispos y arzobispos de hablar de democracia, cuando la Iglesia Católica Romana es uno de los mejores ejemplos de una organización vertical y autocrática que no tiene nada que ver con la democracia?
 
En el primer párrafo ellos comienzan con la afirmación de que ellos son «ciudadanos y… legítimos pastores de la Iglesia». ¿De dónde viene su «legitimidad? ¿Quién los eligió? La Iglesia Católica es una estructura jerárquica basada en una determinada interpretación de la Biblia y en la Tradición. Es extremadamente exclusiva y excluyente. ¿Por qué sintieron ellos la necesidad de incluir la palabra «legítimos»?. Básicamente, ellos están hablando a sí mismos sobre ellos mismos.
 
Si yo fuera Chávez, tomaría el comunicado y usaría cada una de las críticas y aseveraciones que hacen de la reforma y las aplicarías a la propia jerarquía eclesiástica.
 
He aquí parte de uno de sus párrafos: «…el verdadero sujeto de la Constitución es el pueblo, no el Estado y menos aún el gobierno; por eso ella debe expresar el acuerdo de todos los sectores, corrientes e ideologías.  No puede ser la consagración de las ideas o propósitos políticos de un determinado grupo partidista.  Consiguientemente, una modificación de la ‘Carta Magna’ debe apoyarse en el mayor consenso posible.»
 
Bueno, prueben esto: «…el verdadero sujeto de la Iglesia Católica es el pueblo, no el Vaticano y menos aún la jerarquía; por eso ella debe expresar el acuerdo de todos los sectores, Corrientes e ideologías.  No puede ser la consagración de las ideas o propósitos teológicos de un determinado grupo parcial.  Consiguientemente, las enseñanzas básicas de la Iglesia Católica deben apoyarse en el mayor consenso posible.»
 
Los obispos dicen que ellos son «portadores del clamor y preocupación de muchas comunidades y personas,» pero yo no sé de ningún esfuerzo que ellos hayan hecho para consultar a nadie fuera de su propio grupo al preparar el comunicado. Ellos se reunieron y lo elaboraron. Yo no vi ninguna consulta después de las Misas a las que asistí en Venezuela. Simplemente no hubo consulta por parte de «la Iglesia».
 
Por otro lado, sí ha habido amplia consulta por parte del gobierno venezolano. Y como en 1999, todos los venezolanos en edad de votar tendrán la oportunidad de votar si quieren o no aceptar los cambios.
 
En los años 60 hubo un Concilio Vaticano y hubo consulta con el pueblo que luego salió en los documentos que los obispos finalmente publicaron. Ninguno de la jerarquía actual de Venezuela participó como obispo en esa época. Pero yo, como católico, sentí que sí participé porque nuestro obispo en Cheyenne, Wyoming (sí, la pequeña Cheyenne, Wyoming) estuvo preguntándonos qué creíamos que nuestros obispos debían plantear cada vez que volvieran a sus reuniones en Roma.
 
Hoy, a los obispos les gustaría olvidar que el Segundo Concilio Vaticano alguna vez existió, excepto para sacar de vez en cuando una o dos frases y acomodarlas a sus propósitos. Los ideales que fueron presentados sobre el «Pueblo de Dios» han sido olvidados. Creo que puede ser eso por lo que la propuesta de reforma constitucional les crispa los nervios. Ella expresa el mandato de dar más poder al pueblo.
 
No voy a negar que la reforma dé más poder al Presidente de Venezuela, en este momento Hugo Chávez. Pero si es aprobada lo será porque la mayoría de los venezolanos sienten que tendrán más poder porque Chávez tendrá más facultades. Y serán quienes le hayan dado el poder los responsables de que él se mantenga ejerciéndolo de forma apropiada.
 
En el caso de los obispos, solamente Dios será el responsable. Sólo que no estoy seguro de que Dios tenga nada que ver con eso de hacerlos a ellos los pastores «legítimos» para conducir la sociedad anti-socialista que ellos quieren.
 
Cuando le pregunté al obispo Ruiz si la «teología de la liberación» todavía existía, él respondió: «¿Será que existe una teología de la esclavitud?». Para él, la única teología digna de su nombre es aquella que libera. Haciendo una pregunta similar, preguntaría si todavía podría existir un estado verdaderamente socialista. Y respondería que «¿hay algún estado digno de ese nombre si éste no es socialista?».
 
 
(Charles Hardy es un ex-sacerdote Católico que vivió durante ocho años en una casa de cartón y lata en el barrio de Nueva Tacagua en Caracas. Es autor del libro «Cowboy in Caracas:  A North American’s Memoir of Venezuela ‘s Democratic Revolution, publicado por Curbstone Press.  Otros escritos de Hardy pueden leerse en su blog personal Cowboyincaracas.com.  Puede escribirle en [email protected].)