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Infancia de alto riesgo

Fuentes: El País

Miles de niños en Centroamérica son víctimas de abusos sexuales y explotación laboral ante la pasividad de los Gobierno

Mientras en el primer mundo ser niño es un privilegio, en Guatemala constituye una situación de alto riesgo. Los menores son explotados laboral y sexualmente. Según datos recogidos por la organización Casa Alianza, sólo en Honduras se estima que alrededor de 10.000 niñas son víctimas de la explotación sexual. En Nicaragua, centenares de menores son vendidas cada año para ser comercializadas en burdeles de México y Guatemala. En este útimo país, donde los atropellos infantiles se agravan por la presión demográfica, un promedio de 47 niños y adolescentes son asesinados al mes tan sólo en la capital. Los crímenes permanecen en la impunidad en el 98 de cada 100 casos.

La situación se agrava si tenemos en cuenta que poco más de la mitad de la población centroamericana está constituida por niños y adolescentes, sin que el Estado tome conciencia alguna de que «cierra el futuro de la región», según afirma el director de Casa Alianza de Honduras, el asturiano Manuel Capellín. «La infancia se deja en manos de las primeras damas esposas de los mandatarios] lo que refleja la escasa importancia que se da al tema. Es un enfoque absolutamente machista, que pone de manifiesto que los Gobiernos de la región no tienen ninguna política de Estado para atender a este sector mayoritario de la población». Se habla de niños que nacen y crecen en el umbral de la pobreza, rozando la más absoluta miseria y que, de acuerdo a estadísticas oficiales, son el 80% de la población.

Cuando no se tiene para comer, resulta muy difícil hablar de educación. Su promedio de escolaridad, en el mejor de los casos, apenas alcanza el tercer grado de la enseñanza elemental. La principal causa de la deserción escolar es el hambre. «Los niños se van porque no tienen nada que comer», afirma Capellín y añade que tan sólo en Honduras el número de niños menores de 13 años explotados laboralmente llega a los 500.000.

Esta situación de pobreza se traduce en que cada vez más niños intenten emigrar clandestinamente hasta Estados Unidos. Casa Alianza ha trazado una ruta desde Costa Rica hasta EE UU, lo cual les ha permitido detectar que en torno a este fenómeno social ha crecido una mafia que utiliza a los adolescentes para su explotación sexual en prostíbulos. En Guatemala, la organización humanitaria logró rescatar, en 300 burdeles, a menores centroamericanas, en su mayoría hondureñas, quienes eran obligadas a ejercer la prostitución.

«Cada vez son más los niños y adolescentes que emigran clandestinamente a EE UU. Cerca de 25.000 niños centroamericanos son deportados de México cada año. Durante su travesía hacia el norte y en su proceso de repatriación, niñas y niños son víctimas de violaciones por parte de los coyotes [traficantes de personas], personas particulares y hasta por las mismas autoridades migratorias», puntualiza Arturo Echeverría, director de Casa Alianza en Guatemala.

Por otro lado está el problema de la violencia doméstica. Las estadísticas revelan que un 15% de los asesinatos de menores de 18 años en Nicaragua son atribuibles a conflictos en el seno del hogar; un fenómeno que se expande por toda Centroamérica. La acción punitiva de los Estados de la región deja sin protección a las víctimas de estos abusos.

«En la mayoría de los países de Centroamérica y México la legislación no castiga de manera puntual este fenómeno, ya que todavía existen muchos vacíos legales y poca denuncia para proteger a todos los niños y niñas víctimas de maltrato y violencia doméstica», se denuncia en un boletín distribuido ayer por Casa Alianza, con motivo del 25 aniversario de la llegada de esta organización humanitaria a Guatemala.

Según este documento, en un país como México, con un mayor desarrollo económico, social y político que los países centroamericanos, «hay aspectos que agravan la situación de la infancia, como son el desplazamiento del campo a la ciudad, el crecimiento de zonas marginales, el aparecimiento de la epidemia del sida entre los niños de la calle y la falta de respuesta estatal para los miles de bebés que nacieron como una tercera generación que creció en las calles de las ciudades».

La Casa Alianza denuncia además que, en los últimos años, los niños y los jóvenes de Guatemala y Honduras son víctimas de la llamada «limpieza social», y son asesinados de manera violenta y a veces a través de ejecuciones arbitrarias. Aunque no se puede asegurar que estas muertes sean una política de Estado, la falta de castigo convierte a los Gobiernos en cómplices de esta situación.