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Interrogantes sobre una devaluación

Fuentes: marcha.org.ar

El pasado 8 de febrero el gobierno venezolano anunció una devaluación de su moneda, el bolívar. Varias son las preguntas que surgen cuando este tipo de medidas son llevadas a cabo bajo un gobierno que se plantea construir otro tipo de economía y sociedad. El viernes 8 de febrero el gobierno de la República Bolivariana […]

El pasado 8 de febrero el gobierno venezolano anunció una devaluación de su moneda, el bolívar. Varias son las preguntas que surgen cuando este tipo de medidas son llevadas a cabo bajo un gobierno que se plantea construir otro tipo de economía y sociedad.

El viernes 8 de febrero el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela anunció, entre otras medidas económicas, una devaluación que pasó de 4.30 a 6.30 bolívares por dólar. Es decir un aumento del 46,5% del precio de la moneda estadounidense.

Varias son las preguntas que surgen ante una medida de este estilo llevada a cabo en un país que se plantea una transición al socialismo. Sobre todo si se tiene en cuenta que, en general, una depreciación de la moneda trae aparejadas consecuencias negativas sobre el bolsillo de los sectores populares. Este artículo intenta desandar el camino de las causas y las posibles consecuencias de esta medida.

¿Cómo se llegó a esta devaluación?

Desde el año 2003 el gobierno venezolano, a través de Comisión de Administración de Divisas (CADIVI), regula el sistema cambiario habilitando la compra y venta de dólares. Este organismo vende dólares al precio oficial acorde a determinados criterios establecidos previamente. Por ejemplo, si una empresa importadora presenta la factura correspondiente a su compra en el extranjero, CADIVI le habilita la compra de esa cantidad de dólares para efectuar la transacción.

Este sistema, que se corresponde con un Estado que interviene en la economía y busca regular la anarquía del mercado, dejó sin embargo abiertas varias grietas. La falta de controles estatales más estrictos permitió que varias empresas, principalmente grandes transnacionales, sobrefacturaran haciéndose así con la compra de una mayor cantidad de dólares a precio oficial que luego revendían en el mercado informal. Esta especulación, sumada a otros factores, catapultó el dólar paralelo que llegó a cuadruplicar el precio del oficial.

¿Por qué devaluar? ¿Y qué onda la inflación?

La especulación y presión de los grandes agentes del capital financiero, acompañado de una fuerte campaña mediática, ha sido una forma de atacar a la Revolución Bolivariana por medios menos visibles que el golpe de Estado (2002) o el paro petrolero (2003). Está claro que esta presión es posible porque el Estado venezolano, en transición al socialismo, aun no ha logrado romper con varias ataduras que lo siguen condicionando a las leyes de la economía de mercado.

La economía de Venezuela, en líneas generales, no ha logrado revertir la matriz productiva rentista, dependiente del petróleo, que existía previamente al gobierno de Hugo Chávez. Esto, en relación a la devaluación, tiene ventajas y desventajas que analizaremos más adelante. Pero no deja de ser un dato a tener en cuenta el carácter dependiente y periférico de la economía venezolana.

Ahora bien, un análisis de la historia reciente de Venezuela da cuenta que el proyecto político de la Revolución Bolivariana apunta a romper con esa matriz productiva. Se han logrado avances al respecto, sobre todo en el desarrollo de industria básica en la región del Orinoco (Ferrominera del Orinoco, Sidor, Alcasa, Venalum, Proforca) y en algunas industrias livianas que apuntan al mercado interno, principalmente en la producción de alimentos. Pero esto no ha sido suficiente y, evidentemente, no es algo tan sencillo a pesar de que la voluntad política existe.

A esto hay que sumar que el anclaje cambiario (mantener el mismo tipo de cambio por tiempo indeterminado), es mucho más viable en economías que tienen una inflación de cero o muy cerca de cero, y que simultáneamente elevan sus niveles de productividad por encima de ésta.

En Venezuela la inflación sigue siendo un problema estructural aun no resuelto. Con la sobrevaluación del bolívar en los años anteriores se logró en parte abaratar las importaciones y mantener la inflación relativamente controlada (en 2012 hubo una inflación menor a 2011). Sin embargo, esto le quitó competitividad a los productos venezolanos manteniendo la dependencia de las exportaciones de petróleo. En definitiva, es un círculo vicioso que no se ha logrado romper.

Retomando, estos ataques financieros, que se enmarcan en las debilidades propias del proceso bolivariano junto a la ofensiva de los sectores que se le oponen, han obligado a realizar varias devaluaciones en 2003, 2004, 2005 y 2010. La última devaluación previa a la de este año, la de 2010, fue mucho más fuerte y en una situación económica más compleja. En ese entonces el bolívar se devaluó un 100% en el medio de una recesión provocada por la crisis financiera internacional y una caída del precio del petróleo.

¿Las devaluaciones son siempre iguales?

A partir de esta modificación del tipo de cambio se va a producir una redistribución del ingreso. La medida supone una transferencia de recursos a favor del sector estatal que prácticamente monopoliza el ingreso en divisas (95% del total), en desmedro del sector que compra dólares. Igualmente desencadenará una transferencia de parte del ingreso de los sectores que viven de un sueldo o ingreso fijo en bolívares hacia los sectores empresariales que manipulan la fijación de los precios.

Ahora bien, a partir de estos datos, hay que tener en cuenta que la misma medida económica, política o social no impacta de la misma forma en todos los países del mundo. A menos que hagamos un análisis ahistórico, las realidades nacionales particulares implican correlaciones de fuerza sociales diferentes que repercuten de distinta forma.

En ese sentido, no podemos suponer (como ha sostenido la derecha venezolana y mundial) que esta devaluación se trate de un «paquetazo rojo» o un ajuste en el estilo tradicional. Si bien la devaluación manifiesta una necesidad de acomodar las cuentas fiscales, nada parece indicar que esto vaya acompañado de una reducción del gasto público y sobre todo el destinado a los sectores populares. Sin ir más lejos, ante la devaluación de 2010, el gobierno venezolano incrementó el gasto público y siguió fortaleciendo las misiones sociales (Barrio Adentro, Robinson, Gran Misión Vivienda Venezuela, etc.). Para poner un ejemplo concreto, desde la última devaluación (2010) a la fecha la inflación acumulada fue del 101,22% y el salario mínimo, en el mismo período, aumentó en un 113,48%.

¿A dónde va la plata cuando se devalúa?

Como explicamos más arriba, la devaluación implica una transferencia de ingresos hacia los sectores exportadores -quiénes adquieren divisas- en detrimento de aquellos que compran dólares (principalmente los importadores). A su vez supone también una redistribución negativa que va de aquellos sectores que reciben un ingreso fijo en bolívares hacia los empresarios con capacidad de manipular los precios.

Sin embargo, es necesario hacer un análisis concreto de la realidad específica de cada Estado, partiendo de la base que el impacto de esta medida en Venezuela no implica necesariamente lo mismo que en, por ejemplo, Argentina. En el país austral los principales exportadores son los terratenientes, pooles de siembra e intermediarios que venden principalmente soja, al mismo tiempo que las empresas transnacionales que explotan recursos naturales como el oro o el petróleo. En Venezuela en cambio, de las exportaciones totales, el 95% las produce Petróleos de Venezuela (PDVSA) una empresa estatal.

Por otra parte, es cierto que la inflación crecerá (aun en los productos que no dependen de las importaciones) afectando el bolsillo de los sectores populares. Sin embargo, hay que tener en cuenta las correlaciones de fuerza sociales específicas de la sociedad venezolana donde además existe un gobierno que responde a los intereses populares, cuestión que se demostró ampliamente con los resultados de las últimas elecciones y la gran participación popular en la vida política del país.

¿Qué pasa con las deudas?

Una de las preguntas posibles respecto de esta devaluación podría ser en cuanto afecta a la deuda pública del Estado venezolano. La respuesta dista de visiones catastróficas sobre la influencia de los organismos de crédito internacional en la economía de ese país: la deuda externa, con intereses incluidos, representa apenas el 5% del Producto Bruto Interno. Por otra parte, la deuda interna nominada en bolívares, ahora será más fácil de pagar ya que es el Estado quién recibe la mayor cantidad de divisas gracias a la renta petrolera.

A su vez, como planteó Norberto Bacher «las posiciones en reservas del Banco Central de Venezuela son sólidas y suficientes para enfrentar la actividad corriente y prevenir ataques especulativos».

La devaluación ¿más allá de lo económico?

Pero uno de los principales problemas de la devaluación, más allá de las consecuencias económicas planteadas, es la victoria que supone sobre la conciencia de los venezolanos y venezolanas.

La idea de que el mercado termina primando más allá de los intereses de los sectores populares habilita a que la oposición de derecha refuerce su discurso contra el modelo económico socialista. No importa que regulación del Estado se imponga, no puede contra los poderes económicos.

A su vez, este discurso, reafirma que la única economía estable posible es la economía de mercado. Falso. La inestabilidad de la economía venezolana se debe justamente a los resabios de economía capitalista que aún persisten. Basta con mirar la situación en Europa y sus respuestas a la crisis.

¿Qué hizo y puede hacer la Revolución Bolivariana ante esta situación?

Los 14 años de gobierno de Hugo Chávez han dado sobradas muestras de que, a pesar de los ataques del imperialismo estadounidense, el capital financiero y la derecha venezolana, se ha avanzado en victorias fundamentales para los sectores populares.

La pobreza en 1998 (cuando Chávez ganó las elecciones por primera vez) alcanzaba al 50,4% de la población y a fines de 2011, el 31,9%; en el mismo lapso, la pobreza extrema bajó del 23% al 8%. También han mejorado los indicadores de salud y educación: Venezuela logró en estos años ser el segundo país libre de analfabetismo en América Latina después de Cuba.

Por otra parte, y más allá de estos indicadores generales, en lo que afecta directamente al bolsillo del ciudadano «de a pie», existen programas concretos que contrarrestan los efectos de la inflación. Por ejemplo, a través de la red de Mercados de Alimentos C.A. (Mercal) y la Productora Venezolana de Alimentos (Pdval), el Estado garantiza el acceso a la totalidad de los productos de la canasta básica a precios subsidiados. En la actualidad, solo Pdval, suministra el 61% del consumo nacional de productos de la canasta básica llegando a 17 millones de personas.

A esto se suma el suministro de alimentos a los niños de educación primaria, a través del Programa de Alimentación Escolar (PAE) y la promoción de la red de farmacias socialistas Farmapatria.

Por último, pero no menos importante, hay que tener en cuenta las iniciativas que se han desarrollado a favor de los trabajadores. Cuando la propia derecha venezolana se rasga las vestiduras planteando cómo la devaluación es un ataque directo del gobierno hacia los trabajadores, vale recordar que a lo largo de los años, el salario ha aumentado por encima de la inflación permitiendo un crecimiento del salario real. Además, en Venezuela el porcentaje de personas que percibe el sueldo mínimo disminuyó del 65% en 1998 al 21% en la actualidad.

Pero el hecho más relevante sobre las políticas hacia los trabajadores, ha sido la Ley Orgánica de Trabajo sancionada en mayo de 2012. La misma extendió el permiso prenatal a 6 semanas y el postnatal a 20 semanas (en total, seis meses y medio) para todas las mujeres, trabajen en el sector formal o informal, e incluye también los casos de adopción; la inamovilidad laboral para las madres y los padres de un niño recién nacido se incrementó de uno a dos años; eliminó la figura de la tercerización laboral; redujo la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, estableciendo «la obligación y el derecho de los trabajadores de dos días continuos de descanso»; incluyó la vuelta a la retroactividad de las prestaciones sociales, para que éstas sean calculadas en base al último sueldo, aspecto que había sido suprimido en 1997 y retornó el pago de la doble liquidación en casos de despidos injustificados.

Estos datos dan cuenta de la especificidad de la realidad venezolana a la hora de enfrentar los efectos de la devaluación. Si bien no se pueden negar los aspectos negativos, no deja de ser una medida excepcional en un contexto general de ofensiva del proyecto socialista que se consolidó luego de las victorias electorales de octubre y diciembre del año pasado.

www.marcha.org.arg

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