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Novedad editorial

Introducción del libro Las nuevas tecnologías en los límites del capital

Fuentes: Rebelión

Presentamos a continuación la Introducción del libro «Las nuevas tecnologías en los límites del capital», de Paula Bach, que acaba de ser publicado por Ediciones IPS.

La investigación sobre el estado actual, la dinámica y las perspectivas de las llamadas “nuevas tecnologías” constituye el nudo del presente libro. El problema, sin embargo, no está abordado como cuestión técnica sino como asunto fundamentalmente económico y por ello mismo, político y geopolítico. Es de imaginar que, por este sendero, las nuevas tecnologías se cruzan rápida e inexorablemente con la nueva-vieja tesis del “fin del trabajo”. Las distintas aristas en juego tiñen la indagación, necesariamente, de un tono frecuentemente polémico que incursiona en diversos desarrollos teóricos.

¿Están las nuevas tecnologías dando a luz una revolución industrial? Es el interrogante principal que emerge de esta trama multifacética y que, naturalmente, carece de respuesta binaria. Nuestra primera definición es que el asunto no puede examinarse solamente desde las “cualidades útiles” alcanzadas por el desarrollo tecnológico sino que clama un tratamiento asociado a las posibilidades de su aplicación en gran escala o, dicho de otro modo, a las de la transformación de la matriz económica en su conjunto, tal como sucedió en revoluciones industriales anteriores.

Esta definición nos conduce a explorar el problema desde las distintas dimensiones aludidas ensayando primeras respuestas al interrogante a través de la disección del trabajo en cuatro secciones.

En la primera de ellas, “El legado de Lehman Brothers y la teleología de la Cuarta Revolución Industrial”, indagamos las posibilidades de aplicación tecnológica en gran escala en el contexto del largo período abierto por la crisis económico-financiera de los años 2008/9. Un suceso que modificó el statu quo ya sea abriendo paso o entrelazándose con los múltiples acontecimientos convulsivos de los últimos, aproximadamente, quince años. Pero alertamos al lector: el tratamiento no emergerá aquí bajo la forma de un relato. No exento de desarrollo empírico, el abordaje del período que siguió a la crisis de Lehman Brothers y que continúa hasta nuestros días se plasmará fundamentalmente en dos nudos conceptuales que, consideramos, lo caracterizan como fenómeno singular y se encuentran en relación íntima con nuestro objeto de investigación.

Un primer nudo reside en la incapacidad de la economía mundial de retornar a los parámetros previos a aquel suceso. Circunstancia que se puso de manifiesto a pesar de haber sido conjuradas las tendencias catastróficas que dominaron el escenario inicial y aun las que con mayor agudeza se expresaron en el contexto posterior de la crisis pandémica. Una impotencia que se hace particularmente gráfica en la evolución de variables como la inversión y la productividad, en las cuales los países centrales adquieren un rol protagónico. La tesis del “estancamiento secular” –a cuya evaluación, crítica y contraste con la versión original de Alvin Hansen, dedicaremos parte importante de la sección– nace en gran medida de esta suerte de debilidad fundante. El abordaje de la evolución de aquellas variables y sus derivaciones despliega un escenario que pone de manifiesto el roce entre el actual desarrollo y la aplicación parcial de las nuevas tecnologías, por un lado, y la realidad de que nos encontremos frente al desarrollo de una nueva “revolución industrial”, por el otro. Un contraste que, aun cuando guarda similitudes con la llamada paradoja de Solow de los años 1990, discurre sobre un sustrato significativamente diferente. Aquel dualismo determina a su vez un primer choque polémico con aquellas posturas que de la simple evolución de las nuevas tecnologías derivan de manera abstracta y mecánica el advenimiento de una “Cuarta Revolución Industrial”.

Un segundo nudo emerge directamente del resultado contradictorio del período post 2008/9. La combinación de una economía mundial relativamente estabilizada pero endémicamente débil reabrió viejos dilemas como los del espacio y el tiempo o, si se quiere, de la división internacional del trabajo. Si China resultó una de las fuerzas centrales que contribuyeron a conjurar la catástrofe de Lehman, la debilidad económica mundial estableció un límite a su “modelo exportador” y por tanto a la cooperación relativa chino-estadounidense como factor equilibrante en la economía global. China fue abandonando su rol receptor de capitales internacionales y comenzó a erigirse en nuevo competidor por los espacios mundiales para la acumulación. Toda esta trama dio lugar al ascenso de tendencias nacionalistas chinas que –mezcladas con una retórica globalista– emergieron en parte como anticipo de sus homólogas en Occidente. La posesión de la tecnología de punta comenzó a transformarse en un campo de batalla entre distintas potencias económicas con Estados Unidos, China y la Unión Europea como principales protagonistas. La reapertura de estos viejos dilemas agudiza los obstáculos para la inversión del capital y, por tanto, emerge como limitante para la aplicación en escala ampliada de las nuevas tecnologías. Esta dimensión nos conduce a una reevaluación de las décadas de 1990 y 2000 como aquellas de la consolidación de un nuevo estatus de la internacionalización del capital, del desarrollo de una Tercera Revolución Industrial “en sentido débil”, de la restauración capitalista, de la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio y del establecimiento de una nueva división internacional del trabajo. Todos elementos íntimamente asociados, en nuestro análisis, a la aplicación en escala ampliada de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). En el largo período abierto por la crisis de Lehman, por el contrario, son estos agentes facilitadores los que entran en cuestión. Los límites que enfrenta la “globalización” del capital, las crecientes tensiones geopolíticas, nuevas guerras como las de Ucrania y Medio Oriente, la crisis del “consenso neoliberal” –todos factores que, a su modo, se cuelan en la tesis del “estancamiento secular”– reabren los dilemas del espacio y el tiempo a los que se enfrenta la posibilidad de consumación de una “Cuarta Revolución Industrial”.

En la segunda sección, “De las capacidades tecnológicas y las fuerzas materiales”, nos dedicamos a la investigación de las capacidades reales alcanzadas en la actualidad por las nuevas tecnologías, sus características singulares y sus posibilidades de aplicación en gran escala, pero desde el punto de vista de su concepto. Esto es, de las contrariedades ontológicas que se plantean entre esas características singulares y las determinaciones del capital –una dimensión en la que empiezan a tomar cuerpo las discusiones relativas al “fin del trabajo”–. Esta sección queda expuesta a través de tres nudos fundamentales.

El primero de ellos entrelaza disquisiciones más abstractas como la oposición escasez/abundancia, la cuestión del “costo de reproducción marginal cero”, los “bienes rivales” y la digitalización o la del “fetichismo tecnológico”, con un recorrido a través del estado actual y las potencialidades de la inteligencia artificial y la robótica, fundamentalmente, además de exponer algunos elementos sobre impresión tridimensional y trazos generales relativos a las dimensiones monumentales de la biotecnología y la nanotecnología. En este recorrido emergen cuestiones como la paradoja de Polanyi, las redes neuronales y los sistemas de aprendizaje profundo (deep learning), así como la paradoja de Moravec, los avances y límites de la tecnología robótica. La exposición de aspectos claves del desarrollo alcanzado por cada una de estas grandes áreas se despliega apelando de manera polémica a las visiones –muchas veces divergentes– de autores especializados como Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, Robert Gordon, Martin Ford, Kai-Fu Lee, entre otros. Introducimos también las miradas de Paul Mason y Nick Srnicek. Para el desarrollo de algunos segmentos fundamentales de la biotecnología y la nanotecnología nos apoyamos en las visiones de autores también especializados, como por ejemplo Hilary Rose y Steven Rose, que ponemos a debatir con las posiciones de otros autores. Como parte de los dilemas y debates generales planteados, traemos al presente aspectos fundamentales del pensamiento de Karl Marx y del fundador de la escuela austríaca, Carl Menger.

Un segundo nudo concentra la discusión sobre el concepto de “tecnologías para propósitos generales”. Se despliega aquí la controversia entre los distintos autores que, referenciadas en concepciones distintas del crecimiento económico, suele limitarse en lo esencial a la disquisición de si las nuevas tecnologías resultan portadoras o no de las cualidades necesarias para transformar de manera ampliada y –hasta cierto punto– radical la estructura económica. Oponemos a esta manera de abordar el asunto, insuficiente desde nuestro punto de vista, la crítica al tratamiento de las tecnologías en tanto variable independiente al tiempo que nos tomamos la libertad de recrear el concepto mismo de “tecnologías para propósitos generales”. En este desarrollo investigamos, por un lado, las condiciones históricas que hicieron posibles las anteriores revoluciones industriales retomando, a la vez, los dilemas actuales del capital formulados en la primera sección. Por el otro, significamos la relación compleja entre las singularidades de las nuevas tecnologías y las manifestaciones actuales del valor de uso, el valor y los precios, un vínculo que introduce, a su vez, el lugar decisivo que para el capital adquiere la división internacional del trabajo.

El último y tercer nudo de esta sección se articula en torno a la polémica con las posiciones aceleracionistas/postcapitalistas. Abordamos aquí desde las visiones de autores como Paul Mason, Aaron Bastani, Nick Srnicek y Alex Williams, hasta la del introductor del concepto de “costo marginal cero” e ideólogo de la tesis del “fin de trabajo”, Jeremy Rifkin. El impulso del desarrollo tecnológico en sí mismo emerge en estos autores como vehículo tendencialmente disolutorio de las determinaciones del capital. Asunto que, en la mecánica postcapitalista, también acaba confiriendo a las tecnologías el estatus de variable independiente. Sostendremos, en contraste con estas posiciones, que en la medida en que el capital conserva la propiedad de las tecnologías, aquellas determinaciones resultan, necesariamente, las que conducen las formas específicas de su aplicación. Mecanismos que, lejos de impulsar el fin ya sea del trabajo, del valor o de los precios y el “reino de la abundancia”, requieren subordinar las características “útiles” más revulsivas de esas tecnologías a formas crecientemente reaccionarias funcionales a las necesidades de la valorización del capital. Los conceptos del plusvalor tanto absoluto como relativo y la crítica a la interpretación excluyente del trabajo en su faceta de “costo” adquieren aquí un lugar protagónico. La recreación del concepto de “tecnologías para propósitos generales” se extiende adquiriendo el sentido más amplio de la contraposición de clase que plantean los diversos usos posibles de las nuevas tecnologías. Volviendo al famoso “Fragmento sobre las máquinas”, tomamos y resignificamos la lectura de David Harvey del concepto de “obsolescencia programada” vinculándolo, en términos de necesidad, a las formas a través de las cuales el capital busca convertir “tiempo liberado” en valor adicional. Las dimensiones del tiempo (de trabajo) y del espacio emergen preanunciando los ejes ordenadores de las secciones siguientes.

En la tercera sección, “El devenir del trabajo”, abordamos la investigación del problema del trabajo en sentido estricto. Analizamos las visiones y previsiones más concretas en este terreno de muchos de los autores mencionados, entre otros, y desarrollamos una investigación empírica que luego cerramos con una indagación teórica y polémica. Naturalmente, volvemos aquí sobre la tesis del “fin del trabajo” y discutimos también con las visiones circulares o de repetición de la historia. Nuevamente, esta sección se desliza en torno a tres nudos centrales.

El primer nudo recorre las distintas predicciones sobre el destino del trabajo asociadas al eventual impacto de las nuevas tecnologías. Abordamos aquí las visiones de muchos de los autores tratados en la sección anterior como las de Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, Martin Ford, Kai-Fu Lee, Robert Gordon, Jeremy Rifkin, Paul Mason, Nick Srnicek, Alex Williams y Aaron Bastani. Introducimos también las posiciones de David Autor y Anna Salomons. Ponemos a polemizar a los autores en función de sus distintos pronósticos derivados, en buena parte de los casos, tanto de sus diversas impresiones sobre el estado actual y las potencialidades de la inteligencia artificial y la tecnología robótica como de sus concepciones respecto del crecimiento económico. Destacan en esta polémica las discrepancias relativas a la eventual conexión entre la amenaza para los empleos y los distintos niveles de cualificación; a la conmoción que podrían sufrir las fuerzas de trabajo china y estadounidense según sus características particulares; al problema de si la automatización afectaría ocupaciones completas o tareas específicas; así como al grado de validez de la experiencia histórica en tanto medida actual de la predicción. Hacen entrada, a partir de estas discusiones, las formas en las que el peso adquirido por los servicios impacta sobre el trabajo. Introducimos polémicamente esta cuestión, vinculada a los problemas que plantea la propia definición del “sector terciario” en la actual configuración de la economía capitalista, incorporando aspectos de las visiones de Aaron Benanav, Ricardo Antunes y Kim Moody. Finalmente, discutimos en un terreno algo más concreto las posiciones de Jeremy Rifkin y las de la izquierda postcapitalista sobre el “fin del trabajo”. Entre otros aspectos, atraviesan esta polémica desde las tensiones entre “los capitales individuales” y “el capital en general”, pasando por el problema de la “distribución” de las horas o del tiempo de trabajo, la “población excedente” y la “superpoblación relativa”, hasta el lugar del neoliberalismo y las crisis capitalistas.

Un segundo nudo se aboca a la investigación empírica preliminar sobre el estado actual del mercado de trabajo. Indagamos aquí, en base a la información estadística disponible, la tesis del “fin del trabajo” desde la formulación de Jeremy Rifkin en la década de 1990 hasta la actualidad. Como marco histórico/conceptual, destacamos el lugar particular que asume en esta materia la nueva división internacional del trabajo. Una reconfiguración íntimamente vinculada a múltiples factores, como las sucesivas derrotas sufridas por la clase trabajadora, los procesos de restauración capitalista y de “apertura” económica, la liberalización de los movimientos del capital y la aplicación en gran escala de las TIC que impulsaron el desarrollo de las cadenas de valor y la logística. En este contexto, exploramos en términos globales y regionales la evolución de la oferta y la demanda de fuerza de trabajo, las formas concretas que adquirió la ocupación y sus características sectoriales, la desocupación y las cuestiones que explican la disminución de la población económicamente activa. Por lo general, los autores que adhieren a la tesis del “fin del trabajo” sostienen que en el curso del período en cuestión se verifica una disminución cualitativa de la demanda de empleo por parte del capital. La indagación nos permite oponer a esta afirmación la conclusión de que el flagelo actual no radica en la escasez de la demanda sino en las características particulares que asume esa demanda capitalista de trabajo. En igual dirección, estos autores tienden a identificar las múltiples formas de empleo degradado con la desocupación lisa y llana, tal como si se tratara de cuestiones de igual naturaleza. Un asunto que, por la vía de considerar a la mayoría de la población dentro de la categoría de “inactivos”, realimenta la tesis de la demanda decreciente. Oponemos a este enfoque la necesidad metodológica de abordar el problema considerando la cantidad promedio mundial de horas efectivamente trabajadas –sean cuales fueren los tipos de empleo– agregando las múltiples diferencias regionales y de relaciones contractuales formales o informales. Esta agregación nos permite verificar que el problema no radica en la escasez de horas efectivamente trabajadas, sino en la distribución de esas horas. Una distribución manifiesta en las múltiples formas de flexibilización, precarización, subempleo y sobreempleo requeridas por el capital para someter bajo sus leyes tecnologías crecientemente ahorradoras de trabajo. En este marco, criticamos simultáneamente la tesis del “fin del trabajo” y la concepción tranquilizadora de la “repetición de la historia”. Introducimos aquí, entre otros, a autores como Richard Freeman, y utilizamos como fuente más recurrente las estadísticas y análisis de la Organización Internacional del Trabajo.

En el tercer y último nudo de esta sección, profundizamos conceptualmente el asunto de la distribución de las horas de trabajo como forma necesaria de la valorización del capital frente a la potencia liberadora de tiempo de las nuevas tecnologías o lo que algunos autores denominan “costo marginal cero”. Vinculamos este mecanismo al proceso de compensaciones globales que opera espacialmente entre lo que David Harvey define como “regímenes de producción de alto valor” y “regímenes intensivos en capital de alta productividad”. Utilizamos esta sugerente definición como pista para investigar la contradicción entre las tendencias liberadoras de trabajo humano inscriptas en las nuevas tecnologías y la creciente necesidad capitalista de transformar el tiempo libre en plusvalor. Exploramos algunos de los movimientos a través de los cuales opera esta transformación volviendo sobre la antigua idea de Marx del capital como “contradicción en proceso”. En el curso de este razonamiento, las características que asume la producción –la “obsolescencia programada”– emerge como otra cara de la transformación de tiempo libre en plusvalor. A través de un contrapunto con Harvey recuperamos, y a la vez discutimos, algunas de sus apreciaciones más audaces. Indagamos aquí la pérdida relativa de centralidad del valor limitada por su cualidad organizadora del capital. Relacionamos la creciente desproporción entre la producción de valores de uso y la producción de valores con las características intrínsecas de las nuevas tecnologías y los requerimientos del capital para su aplicación en una escala verdaderamente ampliada. En este contexto, extendemos, de algún modo, las múltiples formas en las que pueden operar las compensaciones asociadas a una acepción particular de las diversas dimensiones del espacio que permiten incrementar la producción de valor y que incluyen pero exceden a la puramente geográfica. Nuestro punto polémico fundamental con Harvey radica en la circunstancia de que si bien el autor podría ser considerado el teórico por excelencia “del espacio y el tiempo”, encontramos su visión de un desarrollo cualitativamente transformador de las nuevas tecnologías relativamente disociado de esas dimensiones. Volvemos aquí a las discusiones de la segunda sección sobre la posibilidad de incongruencia cualitativa entre precios y valores.

En la cuarta y última sección, “Las nuevas tecnologías en su dimensión espacial, geopolítica e histórica”, abordamos algunos aspectos de las tendencias de la economía en el mediano/largo plazo así como las contradicciones que se plantean entre la crisis del neoliberalismo y la “globalización” del capital asociadas a la aplicación tecnológica. Desarrollamos y contrastamos las visiones empíricas de distintos autores relativas al estado del desarrollo de las principales tecnologías en Estados Unidos y China incluyendo la dimensión espacial y, por lo tanto, geopolítica. Finalmente, discutimos el problema de la “hegemonía tecnológica” desde el punto de vista de la clase trabajadora y las amplias mayorías sociales. Desplegamos esta sección a través de cuatro nudos fundamentales.

El primer nudo funge como nexo entre las secciones anteriores y la presente. Buscamos establecer aquí una relación entre las diversas apreciaciones de los principales autores abordados sobre las características, perspectivas y dinámica de las nuevas tecnologías y las distintas visiones –explícitas o implícitas– relativas al crecimiento económico. Esta conexión da pie a la discusión sobre algunos de los principales interrogantes que en el terreno internacional plantea la aplicación tecnológica en el mediano/largo plazo. Presentamos una breve síntesis, necesariamente esquemática, en la que delineamos a grandes rasgos cuatro tendencias que distinguen a los dos sectores principales del mainstream, a los autores postcapitalistas y a los autores marxistas críticos del “fetichismo tecnológico”. Partiendo de considerar a este último sector como el más afín a nuestras posiciones, exponemos algunos aspectos de la visión del historiador económico y autor de La automatización y el futuro del trabajo, Aaron Benanav, con quien desarrollamos un contrapunto como forma de abrir paso a los temas centrales de la sección. Coincidimos en muchos aspectos con Benanav y, en particular, en la crítica a aquello que denomina “la confusión entre la viabilidad técnica de la automatización y su viabilidad económica”. Nuestro principal punto polémico radica en lo que consideramos un abuso del autor respecto de la visión de estancamiento económico, sintetizada en la idea de “estancamiento postindustrial”, hacia el pasado y hacia el futuro. Una cuestión que si por un lado subestima las consecuencias de la “tensión ontológica” entre el capital y las nuevas tecnologías –de primera y segunda generación–, por el otro predice un escenario en el que no debería esperarse mucho más que una continuidad –desmejorada, si se quiere– del escenario actual. Profundizamos, en este contexto, el lugar del “sector servicios” y el estancamiento relativo de la industria en relación con las dinámicas de la economía y del empleo global. Criticamos la tesis de Benanav según la cual las formas del “subempleo” provienen únicamente de las características del sector servicios y del estancamiento manufacturero. Entre otros aspectos, volvemos sobre la importancia de distinguir las particularidades del período post crisis 2008/9 de aquellas de las décadas anteriores, así como sobre el lugar de las “compensaciones” y sobre el de China en particular. Introducimos a autores como Kim Moody y Nick Dyer-Witheford. Finalmente, volvemos sobre la cuestión de los límites espaciales actuales para la transformación de las nuevas tecnologías en “tecnologías para propósitos generales” que el capital intentará superar. Una cuestión que lleva a pensar escenarios mucho más allá de una repetición de la situación actual y que abre, ahora sí, al tema específico de la presente sección.

En el segundo nudo, los límites espaciales y la discordancia entre innovación y aplicación tecnológica se entrelazan como dos aristas de un mismo asunto. En términos del capital, la cuestión del espacio emerge como condición del tiempo de trabajo de una manera más radical que en revoluciones industriales anteriores debido a las características liberadoras de esfuerzo humano inscriptas en las nuevas tecnologías. Sin embargo, a la vez que las propias dimensiones del espacio se multiplican –incluyendo el ámbito de la acumulación de datos o el espacio satelital– la disputa por esos espacios internacionales para la acumulación del capital se complejiza. Ensayamos una redefinición del concepto de globalización como fenómeno surgido en estrecha relación con la aplicación en escala ampliada de las TIC, el desarrollo de las cadenas globales de valor y la nueva división internacional del trabajo. A modo de primeros apuntes, abordamos aquí la contrariedad actual entre la necesidad de conflictos bélicos de gran envergadura tendientes a la ampliación (redistribución) de los múltiples espacios y su posibilidad real sujeta a diversos atenuantes y limitantes. Discutimos las tensiones entre la internacionalización de capitales y el rol de los Estados nacionales frente a un problema espacial que asume dimensiones novedosas. Desarrollamos esta cuestión como expresión de las contradicciones que se ponen de manifiesto entre la multiplicidad de capitales, el capital en general y el protagonismo creciente de los Estados nacionales. En términos algo más empíricos, investigamos el asunto desde la relación entre las cadenas globales de valor, la economía mundial y el lugar de las economías nacionales a través de tres temporalidades –por momentos superpuestas– que se desarrollan entre el inicio de la recuperación post Lehman y la actualidad. Finalmente, retomando el problema de la disputa por el espacio y las particularidades de las nuevas tecnologías, reflexionamos sobre las contrariedades que presupone la idea de la “desglobalización” –en una magnitud suficiente como para suponer un cambio cualitativo de la estructura productiva internacional– planteando los límites de conceptos como el de reshoring, nearshoring o friendshoring. En este contexto, emerge la significancia de la debilidad de “los consensos” y de la ausencia de un proyecto hegemónico alternativo frente al declive de la hegemonía neoliberal. Introducimos desarrollos de Gary Gereffi y utilizamos como fuente estadística más recurrente los informes de la Organización Mundial del Comercio.

En un tercer nudo, partiendo del estado actual de la invención, ensayamos un mapa sobre las posiciones relativas y las disputas que se plantean por el espacio y el tiempo de la aplicación tecnológica (o de la innovación) entre las principales potencias, especialmente, Estados Unidos y China. Desarrollamos para ello, in extenso, tanto las visiones de Kai-Fu Lee –una de las figuras más destacadas del sector de internet de China–, como la de Jonathan Hillman –miembro principal del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, un think tank con sede en Washington D. C.– y la del historiador económico estadounidense Chris Miller relativa a la cuestión de los semiconductores. La mirada de Lee se enfoca en la distinción de aquello que define como las “cuatro olas” de la inteligencia artificial (IA de internet, IA empresarial, IA de percepción, IA autónoma) en las que incluye los principales desarrollos tecnológicos analizando el estado alcanzado y las fortalezas y debilidades de Estados Unidos y China. Hillman, por su parte, centra su mirada en un abordaje esencialmente geopolítico/espacial de las tecnologías abordando el estado de situación y la competencia entre Estados Unidos y China a través de un recorrido por aquello que denomina la “huella de la infraestructura digital” que divide en “cuatro capas” definidas por las redes inalámbricas, los dispositivos conectados a internet, las redes troncales y los satélites. En los diversos sectores abordados por ambos autores, la cuestión del mercado de datos o de la necesidad de acceder a la mayor cantidad posible de información aparece como una constante. Se trata de un espacio que influye de manera sustancial en el desarrollo de todos los sectores tecnológicos. Incorporamos aquí el abordaje de Miller que enfoca la cuestión de los datos desde la problemática de la “escasez de semiconductores” y los múltiples escollos que plantea la creciente competencia por la hegemonía interestatal y espacial para su producción. A lo largo de estos recorridos, contrastamos las posiciones de los autores e intercalamos múltiples contrapuntos retomando y complejizando, en varias oportunidades, problemáticas abordadas en esta y otras secciones. Finalmente, retomando y polemizando con algunos de los autores abordados e incorporando a otros, presentamos una conclusión preliminar a modo integrador.

En el cuarto y último nudo, y en parte a la manera de conclusión general del libro, discutimos la necesidad de la disputa por la hegemonía tecnológica desde el punto de vista de la clase trabajadora y las amplias mayorías sociales. Volvemos aquí sobre el contenido del concepto de “tecnologías para propósitos generales” y el fetichismo que esconde su aparente neutralidad. Partiendo de reafirmar la circunstancia de que la expansión y la profundización de estas tecnologías a escala de toda la economía exige convulsiones radicales en las dimensiones del espacio y el tiempo de trabajo, concluimos que el decurso de este proceso abre la posibilidad de que todo sea puesto en cuestión, incluidas las condiciones mismas de la innovación. Retomamos la relación inalienable entre el tiempo de trabajo y las características que asume la producción, la cantidad y la cualidad de los bienes y servicios. En un sentido inverso a la retórica distópica del “fin del trabajo” sostenemos que, más que en cualquier otro período anterior, la realización de la potencia radicalmente liberadora de tiempo que las nuevas tecnologías llevan “en sí” resulta indisociable de una organización de la producción orientada hacia los valores de uso o, dicho de otro modo, hacia el contenido material de la riqueza social. La mecánica de la producción de valor, por el contrario, menosprecia simultánea y crecientemente el valor de uso de la fuerza de trabajo, el valor de uso de los bienes y servicios creados y el propio valor de uso de la naturaleza. El capital traduce la actual posibilidad inapelable de crear igual o mayor riqueza liberando sustancialmente tiempo de trabajo a escala mundial en su opuesto. Esto es, en perversos sistemas de compensaciones, en formas infinitas de degradación del empleo, en obsolescencia programada, en desigualdad, en pobreza y deterioro medioambiental. En la dicotomía valor-valor de uso se juega el contenido de los “propósitos generales”. En el curso de este desarrollo recorremos y realizamos una apropiación crítica de la idea de “hegemonía tecnológica” formulada por Srnicek y Williams. Reivindicando el llamado de los autores a reestablecer los usos de las tecnologías como territorio de batalla, sostenemos a la vez que esta pretensión deviene un contrasentido si no se pone en tela de juicio el carácter privado de la propiedad de esas mismas tecnologías o, dicho más abarcativamente, de los medios de producción. La disputa por la “hegemonía tecnológica” exige definir, como problema fundamental, los sujetos o las fuerzas sociales que se enfrentan en ella. Cuestión que nos conduce a una polémica detallada con Srnicek y Williams y por su intermedio, con otros exponentes del aceleracionismo postcapitalista y el amplio arco de autores que comparte una mecánica común de razonamiento en torno al espinoso asunto de la renta universal. Una política que discutimos desde múltiples ángulos y que, en su formulación estratégica, consideramos opuesta a la contienda por la “hegemonía tecnológica”. En este contrapunto introducimos, de algún modo, otra dimensión espacial asociada a la necesidad de unir tras demandas comunes las múltiples modalidades de empleo, subempleo y desempleo como condición indisociable de la contienda en torno a la utilidad social de las nuevas tecnologías. Utilidad que lleva inscripta en sí una distribución racional de las horas de trabajo y la consecuente apropiación del tiempo libre resultante.

El libro puede adquirirse a través de la página de Ediciones IPS

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