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Irrigados por los problemas

Fuentes: IPS

Los agricultores de la oriental provincia iraquí de Diyala sufrieron casi todas las crisis posibles. Primero, el desastre de seguridad cortó su acceso a los mercados. Luego, los apagones cortaron la irrigación. Ahora, lo que se corta son sus recursos hídricos.  Nada parece más difícil en este país de antiquísima tradición agrícola que dedicarse a […]

Los agricultores de la oriental provincia iraquí de Diyala sufrieron casi todas las crisis posibles. Primero, el desastre de seguridad cortó su acceso a los mercados. Luego, los apagones cortaron la irrigación. Ahora, lo que se corta son sus recursos hídricos. 

Nada parece más difícil en este país de antiquísima tradición agrícola que dedicarse a esa actividad.

«La escasez de agua es la mayor amenaza que la agricultura iraquí ha afrontado jamás», dijo a IPS un empleado del organismo a cargo de la irrigación en Diyala, que pidió mantener su identidad en reserva.

«Amenaza no sólo a los alimentos, sino también al empleo en la ciudad» de Baquba, capital de la provincia, y «puede atribuirse a la escasez de lluvias y nieve en las principales fuentes», agregó.

Muchos cultivadores dicen temer que el norte de Iraq, controlado por los kurdos, afronte un 2008 seco. Las montañas de esa zona, además de las de Irán sudoccidental y Turquía meridional, constituyen una gran fuente de agua para Iraq.

El gobierno hace poco para paliar esta crisis. El organismo a cargo de la irrigación «es impotente y no puede dar nada a los agricultores. Cientos de miles de acres ahora están desolados, y miles de personas, sin trabajo», dijo el empleado entrevistado.

La mayoría de los pobladores del área trabajan en la agricultura, y ahora que la actividad se ha reducido la calidad de vida está afectada. Los cultivos abastecían al mercado interno y sus excedentes se exportaban. Pero ahora los propios campesinos tienen dificultades para alimentarse.

«La mayoría de los agricultores de nuestra aldea abandonaron la actividad, y el resto los seguirán por los problemas de seguridad, los desplazamientos, la escasez de agua y de semillas y la falta de apoyo gubernamental», dijo a IPS el campesino Nasir Ibrahim.

«La agricultura es nuestro medio de sustento, nuestro trabajo. Vivíamos en la aldea: no podemos vivir en la ciudad para trabajar en oficinas. Pero muchos cultivadores se convirtieron en policías», agregó.

La degradada situación de seguridad en la provincia dejó a los productores rurales con la única opción de vender sus frutas y verduras en pequeños comercios, porque acceder al mercado central se volvió peligroso.

«Ahora vendemos en los pequeños mercados en las afueras de Baquba, así no estamos obligados a trasladarnos al centro de la ciudad. Pero también hay menos que vender, porque se cultiva muy poco dada la falta de agua», relató a IPS el productor rural Aziz Helan.

«Un huerto que producía entre 15 y 18 toneladas de naranjas (por temporada) en los años 90, ahora produce apenas entre 200 y 400 kilogramos. Y en un establecimiento agrícola que producía 40 toneladas de trigo ahora no se cosecha nada», añadió.

En una desesperada búsqueda de agua, algunos agricultores instalaron bombas hídricas privadas en las riberas del río Diyala, que corre cerca de Baquba.

«Este gran río pasa por tierra muy baja, alrededor de 20 metros más baja que la ciudad. Todas las aguas servidas se filtran hacia el río. Ahora el agua de este río no es buena para la irrigación por estar contaminada», explicó el empleado.

«Yo mismo vi los desechos líquidos del hospital público de Baquba canalizados hacia el río. No creo que a los agricultores les sirva usar esa agua», opinó.

Iraq comenzó a importar verduras por primera vez en su historia moderna, a pesar de un rico patrimonio agrícola que data de hace 6.000 años. La Mesopotamia, área alrededor de los ríos Tigris y Éufrates, es considerada la cuna de la agricultura de la antigüedad.

Aparte de las consecuencias directas de una ocupación militar fallida, como la falta de seguridad, combustible y electricidad, las autoridades estadounidenses instalaron un sistema neoliberal, de libre mercado, que ha dejado a los cultivadores iraquíes fuera de competencia.

Las mercaderías extranjeras inundan los mercados. Eso perjudica la economía local y eleva el desempleo.

Las familias también sufren, pues la dieta iraquí depende fuertemente de las verduras de la zona, que se han vuelto costosas y difíciles de obtener.

Una consecuencia es que muchos habitantes del lugar han comenzado a plantar verduras en sus propios jardines, para poder alimentar a sus familias.

http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=88434