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Israel, guerra por el agua

Fuentes: Rebelión

La guerra desatada por Israel contra el Líbano con el pleno respaldo de Estados Unidos, tenía varios motivos: destruir la resistencia contra el sionismo en el Líbano; fortalecer las posiciones político-militares de Israel en la región; preparar al ejército de Tel Aviv para una incursión futura contra Siria e Irán; buscar un mayor control estadounidense […]

La guerra desatada por Israel contra el Líbano con el pleno respaldo de Estados Unidos, tenía varios motivos: destruir la resistencia contra el sionismo en el Líbano; fortalecer las posiciones político-militares de Israel en la región; preparar al ejército de Tel Aviv para una incursión futura contra Siria e Irán; buscar un mayor control estadounidense sobre las reservas petroleras de la zona, y la captura por parte de Israel de fuentes de abastecimiento de agua.

La resistencia de las fuerzas de Herbolah, apoyadas por el pueblo libanés, dieron al traste con las pretensiones de los agresores que no pudieron alcanzar sus objetivos pese a los bombardeos contra poblaciones civiles del país de los Cedros.

Pese a que algunos analistas insisten en negar la importancia del control de las reservas acuíferas de la región, lo cierto es que los abastos de agua han sido una constante preocupación para las aspiraciones hegemónicas y expansionistas de los diferentes regímenes israelíes desde que en 1948 una Resolución de Naciones Unidas dio paso a la creación del Estado hebreo.

A principios de la década del 60 del siglo pasado, Israel bombardeó sin previo aviso una represa siria en construcción que desviaría parte de un afluente del río Jordán en las Alturas del Golán lo que limitaría la llegada del líquido a Israel; después el estado sionista bombardeó un canal que levantaba Jordania para aprovechar otro afluente del Jordán.

La Guerra de los Seis Días o la Guerra del Agua en junio de 1967 entre Israel y las naciones árabes, le permitió a Tel Aviv ocupar Cisjordania, la Franja de Gaza, el Sinaí egipcio y las Alturas del Golán sirio.

De esa forma se apoderó de todas las fuentes de abasto en Palestina que generan 80 millones de metros cúbicos de agua renovable, además de la cuota proveniente del Río Jordán de unos 250 millones de M3.

Mientras la asignación del líquido suministrada a los habitantes de Gaza y Cisjordania se situó en 40 litros al día, a los cientos de miles de colonos israelíes llegados a la zona se les entrega de 450 a 500 litros. Además 250 comunidades de un total de 650 ciudades, poblados o campamentos como Jenin y Tammun no disponen de redes hidráulicas y los pozos que abren en la tierra están prácticamente salinizados por la explotación indiscriminada.

Los ríos Jordán, Hazbani y Litani son esenciales para la sobrevivencia humana en el Medio Oriente donde las precipitaciones, en temporadas cortas, no sobrepasan los 300 milímetros anuales.

En 1967 Israel se adueñó de las Alturas del Golán sirio donde se halla el lago Tiberias y también de la mitad de las riberas del valle de Yarmouk, cuyo río del mismo nombre es el principal afluente del Jordán. En total, el régimen sionista controla 930 millones de metros cúbicos de agua ubicados en los territorios árabes ocupados.

Tras las conquistas, Israel instrumentó varias leyes y resoluciones militares que prohíben perforaciones de nuevos pozos; reglamentó el uso del agua para los residentes árabes y otorga abundantes privilegios a los ciudadanos israelíes y a los colonos recién llegados.

Las pocas precipitaciones convierte en crítica la situación para Israel, Jordania y los territorios ocupados palestinos, mientras que el Líbano con el Litani y otros afluentes no tiene todavía que afrontar graves problemas, y Siria recibe una importante cantidad de suministro de los ríos Eufrates y Yarmouk.

El Litani nace y fluye íntegramente en el Líbano a través de 140 kilómetros desde el valle de la Bekaa hasta el mar Mediterráneo y sus caudalosas aguas son navegables en casi toda su extensión.

La potabilidad de sus aguas con bajo grado de sal que alimentan el rio Hasbani, afluente también del Jordán, han convertido al Litani en una presa sumamente codiciada para la teoría sionista de crear el Gran Israel.

Las ansias de apoderarse de esa fuente fluvial llevaron a Israel, (bajo el pretexto de sacar a los guerrilleros palestinos del Líbano) a atacar ese país en 1978 y extender su agresión más allá del Litani. La resistencia del movimiento Hezbolah dio al traste con la ocupación sionista del sur libanés, el cual debió abandonar en 2000. En aquella ocasión Tel Aviv denominó la operación Río Litani.

Ahora Israel volvió a cometer el mismo error al tratar de adueñarse del Litani, a 30 kilómetros de su frontera. El resultado ha sido peor que el anterior pues sus tropas sufrieron grandes pérdidas en los enfrentamientos con Hezbolah durante el engorroso avance por el territorio libanés.

Terrel E. Arnold, ex funcionario del Departamento de Estado y ex director de la Oficina de Estado de Contraterrorismo, en un reciente artículo explicó que «una de las principales carencias del Estado hebreo es el agua y la recompensa de la invasión al Líbano la constituyen las aguas del codiciado y estratégico río Litani».

Y agrega el escritor: «En términos brutales, en una tierra donde el agua es vida, los israelíes están dispuestos a matar, herir y desplazar a miles de personas y rehacer el mapa regional para obtener el agua».

Pero la invasión no dio el resultado esperado y las aguas del Litani, gracias a Hezbolah, continuarán perteneciendo al Líbano, aunque sobre sus cauces siempre penda el peligro de una nueva incursión israelí.