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La «bolsa» y la vida

Fuentes: InSurGente

Los llamados operadores económicos y los políticos reunidos desde el 23 hasta el 26 de enero en la apacible Davos, Suiza -allí donde el escritor alemán Thomas Mann situó la trama de La montaña mágica-, andaban mohínos, alicaídos por completo. Es como si la crisis bancaria y financiera de los Estados Unidos les hubiera calcinado […]

Los llamados operadores económicos y los políticos reunidos desde el 23 hasta el 26 de enero en la apacible Davos, Suiza -allí donde el escritor alemán Thomas Mann situó la trama de La montaña mágica-, andaban mohínos, alicaídos por completo. Es como si la crisis bancaria y financiera de los Estados Unidos les hubiera calcinado tanto los sesos a aquellos que durante años han alentado la liberalización, que no atinan a salir del entuerto iniciado por las temerarias políticas monetarias de Norteamérica.

Y no es para menos: parecen escasas las posibilidades de una recuperación, a pesar de la inusual medida, tomada por las autoridades gringas el día 22, de reducir las tasas de interés preferencial a 0,75 puntos porcentuales, ubicándolas en 3,50 por ciento, para que se mantengan los préstamos interbancarios y ninguna de estas instituciones tenga que declararse en quiebra; y no obstante el aprobado paquete de estímulo al consumo de 150 mil millones de dólares, con miras a impedir la avistada recesión, o recesión ya en marcha.

¿Cómo respondieron los señores de Davos a la preocupación por la actual situación estadounidense? Sin llamados a los responsables de la crisis de los créditos hipotecarios de mala calidad -a personas sin capacidad de pago-, que signó el destape de un caos previsible, y «olvidando» que cuando comenzó la crisis asiática en 1997, Tailandia, Indonesia y Corea del Sur fueron sometidas a duras, durísimas políticas monetarias y fiscales por el FMI.

Insisto: los de Davos no quisieron ver el riesgo de pérdida de control implícito en la liberalización financiera. No quisieron pronunciarse categóricamente sobre el desbarajuste de la exposición masiva a créditos y títulos hipotecarios de precaria calidad. Y eso que -se sabe; ellos saben-, a causa de la interrelación actual, de la globalización, cualquier inestabilidad se transmite instantáneamente al conjunto de economías de las naciones, por remoto que sea el escenario. Más si la que cojea es una economía como la norteamericana, considerada la principal locomotora mundial, con el 25 por ciento del PIB del planeta. Economía, como advertíamos, ya zarandeada por la recesión, la inflación, la desaceleración.

(¿Qué otra cosa si no pruebas de la recesión serían el decaimiento de la producción industrial, del empleo, de las ventas al por mayor, y -muy importante- del índice de confianza del consumidor?)

Lo cierto es que los citados en la «montaña mágica» se empecinaron en lo contraproducente: la defensa a ultranza del neoliberalismo, ese engendro denunciado en todas las latitudes precisamente el día 26, fin del Foro Económico Mundial, por movilizaciones populares contra la globalización capitalista y su criatura, la guerra. El Foro Social Mundial como alternativa.

En fin, es como si los dirigentes y los heraldos del Sistema cerraran los ojos, al menos parpadearan, ante el cataclismo de las caídas de las bolsas, los problemas derivados de la desmedida burbuja inmobiliaria, las hipotecas basura, la inflación desatada por los especuladores, la posibilidad de que el valor del dólar en los mercados internacionales acabe de rodar por el suelo, con el consiguiente crescendo de la inflación…

Pero si estos caballeros no alcanzan a ver un antídoto eficaz, tal vez salvo la keynesiana salida de la guerra, sobre la que alertan analistas como Eduardo Dimas, hay otros que sí desean ver. El complejo panorama internacional encontró prioridad en la agenda de la VI Cumbre de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), celebrada en Caracas, del 24 al 26 de enero.

Claro que atinaba el vicepresidente cubano Carlos Lage al afirmar que la agrupación es un mecanismo nuevo y real de integración, basado en la solidaridad y no en la competencia de las reglas del mercado. Baste un ejemplo: el Banco del ALBA, creado con un capital de mil millones de dólares, descarta por completo los condicionamientos a la hora de diseñar políticas crediticias. Asimismo, los aportes se determinan conforme a las condiciones financieras de cada miembro. Un elemento novedoso resulta la toma democrática de decisiones, con independencia del capital accionario.

Esto podría eliminar el fantasma de recomendaciones o yugos del FMI como vía de acceder al financiamiento. Se acabarían los recortes obligatorios en el aparato público, la depresión del gasto social y los ajustes en detrimento de amplios sectores de la población. Desarrollo y erradicación de las asimetrías económicas son el Norte del ALBA. No, mejor decir el Sur. Porque en el norte están los dirigentes y más conspicuos heraldos del sistema neoliberal, la mar de nerviosos porque las soluciones de una entidad emergente, gregaria, irían contra ellos mismos, que, a no dudarlo, están situados entre la pared y la espada del tiempo.