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La bomba de neutrones del movimiento «ele não» y las elecciones en Brasil: ¿Por qué el «ele não» sería el mayor regalo que Boçalnaro podría ganar?

Fuentes: Rebelión

En Siete ensayos sobre la realidad peruana (1928), el ensayista marxista peruano José Carlos Mariátegui, al defender la importancia de la unión clasista entre los indios (no, indígenas pues indígena es todo «el que ha nacido allí») del Perú con el movimiento obrero de su país, destacó que el «problema» de las razas (bueno, la […]

En Siete ensayos sobre la realidad peruana (1928), el ensayista marxista peruano José Carlos Mariátegui, al defender la importancia de la unión clasista entre los indios (no, indígenas pues indígena es todo «el que ha nacido allí») del Perú con el movimiento obrero de su país, destacó que el «problema» de las razas (bueno, la única raza es la Humanidad, hecho que en la época de Mariátegui no se planteaba: lo otro son grupos étnicos y poblaciones biológicas,) en América Latina era (y es) fundamentalmente económico y social, posicionándose así al respecto: 

«Habiendo llegado a este punto las constataciones, es posible señalar con objetividad y carácter fundamentalmente económico y social del problema de las razas en América Latina. Es preciso distanciarse de soluciones utópicas, evidenciando la identidad de los obreros mestizos, indios y blancos como elementos de una misma clase productora y explotada. Así, queda explicitado, una vez más, que el pensamiento revolucionario tiene precedencia en relación a las demandas separatistas, en la actualidad, defendidas por indios y por negros, razón por la que tales demandas deben ser llamadas ‘sionismo negro’ en América Latina (MARIÁTEGUI, 2012: 399, 400).  

El libro de Mariátegui, en cuestión, dialoga, por ejemplo, con el ensayo de Karl Marx de 1844, Sobre la cuestión judia, en el que subrayaba que la demanda de los judíos por justicia no podía tener un carácter exclusivo porque se refería al conjunto de la clase trabajadora. Así, en ese contexto, el sionismo puede ser interpretado como la tendencia a transformar demandas, que son colectivas, en plataformas o individuales o de grupos identitarios.

Por lo tanto, no sería errado hablar, hoy, por ejemplo, de sionismo femenino, comprendido como forma de reclamar por justicia, contra machismo y patriarcado, que, en la práctica, se desplaza de la cuestión económica y social. Es en ese sentido que es posible formular una crítica consecuente al movimiento «Ele não», frase de orden que motivó las manifestaciones en todo el Brasil, y en muchas ciudades de Europa y EE.UU, el sábado 29/sept/2018. 

Si, bajo el punto de vista del psicoanálisis de Sigmund Freud, hay, en el sueño, contenido manifiesto y contenido primario (o latente), el primero, manifiesto, como se sabe, se refiere al sueño en tanto narrable, tal como soñamos, recordamos y relatamos, describimos; el segundo, latente o primario, se remite a aquello que el sueño, mostrando, oculta.

En ese sentido, el contenido manifiesto del sueño puede ser interpretado como un mensaje cifrado del verdadero contenido del sueño, a saber: el primario, instancia del trauma que debe ser expresado indirectamente, como descarga (deseo) de energías psíquicas reprimidas. 

Teniendo en cuenta las grandes civilizaciones, desde que el mundo es mundo, el poder, para dominar, divide. En ese sentido, el sionismo negro, indio, femenino, homoafectivo o incluso el sionismo blanco y heterosexual (a la moda Bolsonaro), ¿no podrían ser analizados como tecnología de poder activadas, sobre todo, por el ultra imperialismo estadounidense para dividirnos, en el corazón de lo cotidiano? ¿Cuál es el contenido primario explorado para transformar el sionismo identitarista en una verdadera arma de guerra biopolítica usada conscientemente por el Tío Sam? ¿Por qué el movimiento «ele não» se constituye como un tiro por la culata contra el colectivo femenino y, de ese modo, contra el obrero, brasileño?

El contenido primario del sionismo identitarista contemporáneo está basado en el uso que, como tecnología de poder, se hace del resentimiento, del chantaje y del deseo de castigo para dividir mujeres de hombres; negros de blancos; homos de heteros. Ese sistema de división es el que hemos llamado bomba biopolítica y con eso respondemos a la segunda pregunta.

Es evidente que la inmensa mayoría de las mujeres (así como la inmensa mayoría de los negros y de la comunidad LGBT) tiene muchos motivos concretos, históricamente constituidos, para cultivar resentimientos en relación a los heterosexuales, a los blancos y a los hombres. Es evidente que ese resentimiento engendra deseos de castigo. Es evidente que el deseo de castigo se expresa en lenguajes cifrados, que amenaza, por medio de chantajes, por medio de los cuales lo que realmente está en juego es la voluntad de vigilar y castigar, ejemplarmente, con el objetivo de estimular una norma de conducta, supuestamente no machista, no racista, no homofóbica.

Por otro lado, ¿será que es tan evidente que el resentimiento, el chantaje y el castigo pueden ser usados por fuerzas externas para que, incluso sin desearnos, nos transformemos en soldados a combatir, quijotescamente, nuestra condición económica y social comunes, como brasileños, colombianos, o de cualquier otro país? ¿El contenido manifiesto del «ele não», siendo el rechazo al machismo, al racismo y a la homofobia de Boçalnaro, no tendrá como contenido primario dividirnos? «Ele não», no significará, más allá del contenido manifiesto, un chantaje y una voluntad de castigo para todos los hombres? ¿Es inteligente de nuestra parte combatir al Boçalnaro dividiéndonos? ¿Vamos a ganar las elecciones así?

Creemos que, para ganar las elecciones, tenemos que parar de dividirnos, enfocándonos en las cuestiones económicas y sociales; esto es, enfocándonos en el golpe.

Los EEUU tienen más de 300 años de formación teórico-militar expan/sionista (sic), jejeje. Saben manipular los datos que ellos mismos crearon. Hemos dicho reiteradas veces que nuestro Talón de Aquiles es habernos transformado en una caricatura de la sociedad estadounidense (qué curioso, en Colombia pasa igual). Estamos divididos entre el Partido Demócrata, que produjo la izquierda identitarista; y el Partido Republicano, el partido de la familia y de la tradición; el partido del patriarcado y, obvio, del machismo. ¿Por qué Lula está preso? Uno de los motivos, tal vez el principal, tiene que ver con el hecho de que Lula no tiene nada que ver con esa división y es por eso que él ganaría las elecciones en la primera vuelta. Ir a las calles para reencarnar la agenda del Partido Demócrata gringo es, además de activar la división, en un contexto en que precisamos de votos, repetir la escena de la derrota de Hillary Clinton. No nos olvidemos, no fueron «las mujeres que fueron a las calles» o las izquierdas sionistas, sino, bien entendido, fueron las mujeres del Partido Demócrata gringo. En el otro lado, también hay mujeres e incluso en mayor número. Nuestra pauta es la cuestión económica y social; es el Golpe; es la cárcel de Lula. 

Nuestro problema histórico es el mismo de siempre: somos colonia. Fuimos colonia de Portugal, de Inglaterra y hace más de 100 años, colonia de EE UU: el caso de Colombia no es distinto, primero colonia de España y ahora, colonia gringa, travestida, además, de democracia, como tanto le gusta al Imperio, en ambos casos, en todos los casos. Tanto el identitarismo liberal como su supuesto revés son made in USA, producidos para desviar la lucha de clases de la independencia nacional. Nuestro desafío es explicar al pueblo los motivos por los cuales nuestro mayor líder está preso, denunciando a las fuerzas (quinta columnas) que lo capturaron, mostrando cómo Bolsonazi representa esas fuerzas golpistas.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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