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La burocracia y la oposición silente

Fuentes: Rebelión

La oposición derechista en Venezuela no tiene razones para denunciar los muchos hechos de corrupción dentro de las instituciones públicas, no le interesa ni conviene. La falta de denuncias objetivas por parte de la oposición derechista no es prueba de inocencia burocrática sino de complicidad implícita. Ni a la derecha le interesa denunciar demasiado ni […]


La oposición derechista en Venezuela no tiene razones para denunciar los muchos hechos de corrupción dentro de las instituciones públicas, no le interesa ni conviene. La falta de denuncias objetivas por parte de la oposición derechista no es prueba de inocencia burocrática sino de complicidad implícita. Ni a la derecha le interesa denunciar demasiado ni a la burocracia le interesa confrontar con la derecha. Muchos dentro de la burocracia se dedican a saquear por turnos mientras que en la oposición de derecha ya casi todos tienen la boca hecha agua por el jugoso botín que podrían heredar sin esfuerzo (espero que sepamos rectificar el rumbo antes de que esto pueda ocurrir). La oposición derechista no está interesada en denunciar, la denuncia democrática fortalece la institucionalidad revolucionaria (que no es una utopía!). La crítica constructiva es propia de la dialéctica socialista. La oposición no hace crítica al proceso, ella solo hace pronunciamientos fatalistas y apocalípticos con el único propósito de desmoralizar al pueblo y privarle de esperanzas. La esperanza es lo único que puede hacer libre y fuerte a un pueblo. Las criticas y denuncias oportunas para perseguir a la corruptocracia roja sencillamente no le importan a la derecha, solo le importan al pueblo. El oposicionismo derechista apuesta al fracaso del proyecto socialista y nada más. No hace un esfuerzo ni siquiera nacionalista porque sencillamente no le interesa hacerlo, no le interesa ni el país ni siquiera su desarrollo capitalista. La vieja corruptocracia adeco-copeyana, con sus nuevos socios, solo espera ver caer a la «boliburguesía rojita» y aprovechar la desmoralización popular para asumir el poder fácilmente y sin resistencia, asumir el poder por resignación popular.

La oposición derechista y la corrompida burocracia roja son dos caras de una misma moneda, son socios en la ruina del proyecto nacional venezolano. Los primeros solo siguen su rol histórico y su papel como avanzada del capitalismo financiero y parasitario internacional dentro de Venezuela, mientras los segundos solo actúan de acuerdo a su animalidad, a su ignorancia y su barbarismo. Son como el lumpen que apoyó un día a Bolívar y otro a Páez en la cosiata. La burocracia corrupta roja es una hija mal querida y resentida de la corruptocracia adeco-copeyana. La burocracia roja no tiene ni siquiera la capacidad de entender su papel histórico ni de ver un poco más allá del próximo contrato, de la próxima obra para licitación. La revolución es para ellos una lluvia de contratos sin regulación popular ni institucional, y una gran facilidad para adjudicaciones directas. La revolución es para la burocracia roja una lluvia de créditos agrícolas e industriales con los que acomodar a los familiares y recibir porcentajes sin hacer nada más que gestionar unos pocos papeles para algún «camarada». La burocracia se burla descaradamente de la ilusión popular. Es comprensible que no tengan ni un minuto en su apretadísima agenda, están extremadamente ocupados pensando en que lujos vulgares gastarse sus mal habidos ingresos y parece que no tienen tiempo para atender a nadie que no tenga un tema de conversación con menos de 7 cifras significativas. Gobernadores como el de Mérida se reúnen en privado con los alcaldes de oposición y se burlan de los militantes de base del PSUV que creen en la falsa confrontación que fingen a través de los medios de comunicación, la moneda es una sola y aunque tenga dos caras tiene un mismo valor, o ninguno!.

Solo una crítica organizada, patriótica y socialista puede corregir el rumbo de la desorientada revolución bolivariana. El propósito debe ser construir un mejor país, tener un país donde la seguridad social y los derechos fundamentales sean la prioridad y núcleo de todas las políticas públicas considerando a la productividad, la inteligencia nacional, la ciencia y el desarrollo tecnológico como únicos medios válidos para alcanzar esas elevadas metas sociales. Debemos dejar de lado el modelo productivo petrodependiente y mafioso de una vez y por todas. La burocracia rojita nos ha hundido más aún en la petrodependencia. Seguimos anclados en el modelo extractivo colonial en el que Venezuela es un exportador de recursos minerales y un importador de todo cuanto se consume. Cada vez importamos más comida e invertimos más en la industria extractiva primaria, fortaleciendo del modelo monoproductor. Debemos dejar de lado la desmoralización en que nos sumen la burocracia rojita y la derecha traidora y comprender que Venezuela es un país con ingentes recursos humanos y un tremendo capital natural. Los venezolanos somos, en la gran mayoría, personas honestas y trabajadoras que no debemos seguir presos de esta falsa diatriba entre una pandilla de burócratas malandros y una mafia de entreguistas traidores. La democracia participativa y el socialismo (como escala superior) no van a ser construidos por esta burocracia rojita, sino por la acción directa y organizada del pueblo y sus trabajadores.

La burocracia engorda, la salud nacional languidece y la oposición derechista lo celebra. El pueblo no está subsidiando con su esfuerzo al desarrollo nacional, subsidia los negocios asquerosos de la burocracia, la estafa al estado y la disolución del tejido institucional participativo que pudo haber nacido con la constitución bolivariana de 1999. El enemigo del desarrollo nacional es una fracción minoritaria del país que es oportunista y corrupta. Esta mafia ha escalado al poder a través del camino abierto por la criminalización de la critica democrática y el desprecio burocrático por la ciencia y el conocimiento, la experiencia técnica y académica. La Misión Sucre y la Misión Ciencia están siendo asfixiadas por la burocracia, parece que el conocimiento es un enemigo común a la burocracia y a la derecha oposicionista. Todos vemos como las misiones culturales y educativas se marchitan por el saqueo de los corruptillos locales y la mirada indolente de la corruptocracia roja nacional.

Lamento desilusionar a muchos camaradas pero honestamente creo que aquí no hay ya razones para golpes de estado ni invasiones desde Colombia, ni por ahora ni mientras sigamos por este rumbo que vamos. Por este camino que llevamos eso no es necesario para los intereses capitalistas globales (quizás solo para la fracción mas ultrosa que sueña con una petro-desintegración de Venezuela). Quizás antes había razones, el temor ante la insurgencia popular era tremendo dentro del capitalismo mundial, creo que ese temor ha bajado (las bases en Colombia tienen que construirlas pero el propósito es ligeramente distinto al que muchos imaginan). El imperialismo y la oposición derechista no tienen razónes para recurrir a tácticas tan burdas, el gobierno puede implosionar por la incapacidad, la ineficiencia y el despilfarro. La burocracia rojita está haciendo el trabajo y con un tremendo valor agregado en negocios para muchas grandes trasnacionales capitalistas (…).

La oposición celebra el fracaso del proyecto nacional socialista como única forma de tomar el poder sin el riesgo de una revuelta popular. La desmoralización del pueblo a la que juega la burocracia (para que desista de la participación activa) sirve a la oposición derechista mejor que cualquier base en Colombia, mejor que cualquier columna paramilitar uribista (las tácticas militares han sido un fracaso en Irak y Afganistán, EEUU no tiene interés en seguir por ese rumbo). El imperialismo entiende que el trabajo de derrumbar a la insurgencia popular en América Latina puede hacerse limpiamente y sin riesgos económico-militares. Basta que veamos como la burocracia engorda y con ella el lastre de un barco revolucionario que, si no echa a los tiburones de la justicia popular a la pandilla de corruptos, se hundirá más rápido y con mucho menos ruido de lo que pudiéramos haber pensado años atrás.

La esperanza es el arma blindada de los pueblos, la esperanza en un proyecto nacional soberano y socialista es lo único que hace fuerte al proceso bolivariano. Ni los Sukhois, ni los misiles antiaéreos chinos servirán contra el enemigo, ni interno ni externo, solo la esperanza popular hace al proceso invencible. La desmoralización popular sería la mayor victoria para la oposición derechista y el imperialismo. Para mantener la esperanza hay que avanzar en la democracia directa y participativa, no hay otra salida.

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Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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